lunes, 20 de septiembre de 2021

Vacunación y coronavirus

Publiqué la última entrada del blog en enero de este mismo año. Bastante más de medio año después, decido ponerme manos a la obra con una pequeña entrada el blog. No es que hayan pasado demasiadas cosas en mi vida tan importantes como para ser contadas, pero me veo un poco en la necesidad de ponerme a escribir tras tanto tiempo. Me resulta una forma bastante interesante de contar lo que pienso de ciertos temas, y hacerlo así me es mucho más cómodo que hacerlo hablando. Desconozco el motivo, pero así es. Pensado, lo que se dice pensado, no tengo nada, a pesar de todo el tiempo que ha pasado. Dejaré que poco a poco vayan pasando los párrafos y que sea la improvisación la que se encargue de decirme qué contar. Vamos allá.


Un año y medio después de aquel fatídico marzo de 2020, seguimos metidos en una pandemia mundial. En el caso de España empezamos, poco a poco, a ver la salida de una quinta ola que nos ha pillado, por suerte, con una parte de la población ya vacunada, con la dosis completa o, al menos, una parte de la pauta ya inoculada. Y es que sí, por fin llegó el ansiado momento en el que la población hemos tenido la oportunidad de que no solo las mascarillas y el distanciamiento social (algo que, honestamente, ha brillado por su ausencia en demasiados momentos) nos sirvan para combatir al coronavirus. La vacuna que todos ansiábamos llegó por fin, y con el paso de los meses hemos conseguido que un importante número de la población haya recibido las pautas correspondientes. Algo que es motivo más que suficiente para estar contentos, pero que para nada debe llevarnos a una relajación de las medidas, porque una cosa debemos tener clara: la vacuna lo que intenta es reducir la gravedad de los síntomas e incluso intenta “pelear” para que no necesitemos ingresar en una institución hospitalaria, bien sea una Unidad de Cuidados Intensivos (UCJ) o en una planta habilitada para el virus. Pero sí, podemos dar positivo en una PCR y provocar que otros den también positivo. Podemos contagiar y ser contagiados. Y es algo que debemos tener en cuenta. La vacuna sólo es una parte (importante, sí, pero una parte) del proceso encaminado a controlar el virus y que, en un momento esperemos que no muy lejano, no tengamos que lamentar un número de fallecidos como los que hemos tenido hasta ahora. Lo ideal, claro está, sería que nadie más llegara a morir.


Como decía, debemos de seguir con las recomendaciones, que son “cuatro” y muy básicas, para que el proceso de control del virus sea el adecuado. Distanciamiento social y mascarillas. Si lo añadimos a la vacunación, estaremos haciendo un trabajo excelente para evitar contagios. No nos supone ningún problema llevar siempre una mascarilla con nosotros y en el momento de estar en lugares concurridos o cuando nos juntemos con otras personas, tirar de ella. Quirúrgica o FPP2, lo importante es tapar las vías por la que nos podemos contagiar. Seguir protegiendo a nuestros mayores, y evitar que nuestros jóvenes se junten para realizar diferentes fiestas o botellones sin ninguna medida de seguridad. Informar a toda la población de qué hacer y qué no hacer cuando estemos con más gente. Y ser sensatos. Sobre todo eso. Si somos conscientes de todo lo que nos ha ocurrido, de la mucha gente que se nos ha quedado por el camino y que, de no haber sido por esto, podría seguir viviendo, y hacemos todo con coherencia, conseguiremos seguir avanzando. Si creemos que todo ha sido una broma, que es mentira, que en realidad los hospitales han estado vacíos (prometo haber leído “chorradas” así, y peores), el trabajo de mucha gente no habrá servido para absolutamente nada, y tan solo conseguiremos que esta guerra contra el virus se siga prolongando.


Creo que queda bastante claro que negacionista no soy. Me catalogaría más bien de “antinegacionista”, una palabra que en una vez me dijeron y me gustó tanto que la adopté para mi. Lo que hemos tenido en todos los hospitales de nuestro país no ha sido, ni de lejos, una mentira. Un virus, algo microscópico, nos declaró una guerra, sin armas, pero una guerra, y todos los sanitarios debían arrimar el hombro para combatir. Se puso a disposición lo que se tenía, los centros hospitalarios, y los escasos conocimientos, que, por suerte, han ido en aumento a lo largo del tiempo gracias a unos investigadores que se merecen todo nuestro respeto, para que los enfermos que necesitaban de una asistencia sanitaria tuvieran la atención que se merecían. Bastante tenían sufriendo sintomatología lo suficientemente fuerte como para estar en una UCI o planta Covid como para abandonarlos. Necesitaban ayuda y ahí estaban los facultativos, el personal de enfermería, los auxiliares, los celadores, el personal de limpieza y otra mucha gente echando una mano. Había que hacerlo. Había que arribar el hombro. Y es que, si en otras guerras los soldados iban de verde, en esta han ido de blanco. Todos ellos han visto como muchos de los pacientes se iban, con la desesperación que produce ver que, en un principio, el desconocimiento podía hacer dudar acerca de cuál era la actuación correcta. Y es que, aunque mucha gente niegue todo lo que ha ocurrido, lo cierto, y no me cansaré de repetirlo, se nos ha ido demasiada gente.


Las cifras de pacientes hospitalizados han ido oscilando según han pasado los meses. Por suerte, se ha ido recuperando poco a poco las actividades de los hospitales no relacionadas con el coronavirus. Épocas de un aumento de ingresos, coincidiendo con las épocas más fuertes de las olas, se han acompañado de una reducción de los mismos según se ha ido reduciendo el número de contagios. La vacunación, posiblemente, ha echado una mano más que importante a que el número de personas afectadas que necesiten de asistencia hospitalaria se haya visto reducido, pero aun hay pacientes que han pagado las consecuencias de los actos irresponsables de unos pocos y que, siendo “actores secundarios”, sin tener nada que ver con ciertos actos, se han visto afectados. Aun nos queda mucho camino por recorrer, y hasta que no consigamos que los hospitales estén completamente vacíos de este virus y cuando todos seamos coherentes y sepamos que hay ciertas situaciones de riesgo que no podemos asumir, no seremos capaces de tener todo esto controlado.


No vemos… haciendo deporte, claro.


sábado, 16 de enero de 2021

Escribiendo en época pandémica

Han pasado unas cuantas semanas desde la última entrada que publiqué en este espacio. Motivos varios me han ido obligando a dejar de lado el tema de la escritura. Trabajo y entrenamientos, en resumidas cuentas, me han tenido lo suficientemente ocupado como para tener que prescindir de esta afición que, como ya he comentado en otras ocasiones, tan importante es para mi. Hoy, varios días después, logro sentarme para juntar unos párrafos con el único objetivo de ir expresando mis opiniones acerca de todo lo que estamos viviendo con la pandemia del coronavirus y también para intentar tocar el tema de los entrenamientos, parte fundamental de este blog.


Parece que no, pero en apenas dos meses se va a cumplir un año desde que se decretara el estado de alarma en el mes de marzo de 2020. Por estas fechas, el año pasado prácticamente ninguno nos imaginábamos la que se nos venía encima. El coronavirus parecía algo muy lejano, algo que estaba en China y que tardaría mucho, mucho tiempo en aparecer por aquí, si es que en algún momento llegaba. Qué ingenuos fuimos. Este virus llegó muy rápido y prácticamente nos pilló de sorpresa, a pesar de las muchas advertencias que recibíamos por parte de otros países cercanos a España. Puede que el miedo nos llevara a no querer aceptar la situación. O realmente no quisimos asumir que, tarde o temprano, nos tocaría también a nosotros. Esto se fue extendiendo por Europa y no tardando empezamos a ver los estragos que estaba haciendo en países fronterizos con el nuestro, como puede ser Italia. El hecho es que un virus del que no sabíamos demasiado, sólo que tenía una capacidad de contagio más que considerable y que se estaba llevando a mucha gente, estaba cada vez más cerca. Aun cuando empezaron a aparecer los primeros casos, seguimos intentando hacer nuestra vida igual que antes. Nosotros, que vivimos en un país caracterizado por su vida social. En marzo, después de alguna que otra “guerrilla” por el retraso de la decisión y por permitir algunas concentraciones masivas (no voy a entrar a criticar o no esto porque no es el espacio para hacerlo), se declaró el estado de alarma, el segundo que se decretaba en España desde que tenemos democracia. Todos a nuestra casa. Los hospitales, hasta arriba de pacientes ingresados gracias al Covid-19. Los datos, cada vez más aterradores. Más contagios. Más muertes. Veíamos cómo, cada quince días, el Gobierno alargaba por otros quince más el estado de alarma y cómo Fernando Simón compadecía todos los días ante los medios de comunicación para darnos cada vez peores noticias. La cosa no pintaba bien.


Después de mes y medio, en mayo empezamos a ver un levantamiento de las restricciones y, poco a poco, empezamos a poder salir a las calles. Franjas horarias según lo que fuéramos a hacer. Pasado un tiempo, se levantan las restricciones y, con ellas, el estado de alarma. Pero, a pesar de ello, el virus seguía conviviendo entre nosotros. El verano se pasó como buenamente se pudo, pero en los hospitales seguían ingresando pacientes positivos o con síntomas compatibles con el virus. No, la cosa seguía sin acabar de ir bien. Poco a poco fueron aumentando los casos. Se comenzaron a poner de nuevo restricciones. Restricciones en las reuniones con no convivientes o con un toque de queda entre las diez de la noche y las seis de la mañana (ahora en Castilla y León desde las ocho de la tarde). Pero la segunda ola no se pudo evitar. Aun estando metidos en ella de pleno, algunos ya auguraban una tercera oleada. Tan evidente era que la población no íbamos a ser capaces de cumplir con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina que ya se daba por hecho.


Y así fue. Prácticamente empalmamos la segunda y la tercera ola. Los resquicios del verano se juntaron con las reuniones familiares y demás festejos que se han hecho entre Nochebuena y Reyes. Algo complejo lo de evitar juntarnos en estas fechas, pero no hemos sido conscientes de la situación sanitaria que estamos viviendo. No podemos culpar a nadie de las responsabilidades que, como población, no hemos tenido. Se estaba viendo que muchos contagios se estaban produciendo en reuniones en espacios cerrados y cuando nos quitábamos las mascarillas. Porque sí, esos “bozales” como muchos dicen, ayudan a evitar contagios. Pero nos dio igual. Había que juntarse a toda costa. “Malo será”. Y malo fue. A mediados de mes nos encontramos de pleno en la tercera ola. Los datos llevan ya unos cuantos días al alza. Y, lo peor, sigue muriendo gente. Ahora no vale la excusa de que no conocemos el virus. Llevamos casi un año, cuatro cosas fundamentales sabemos. Puede que no sea lo suficiente como para erradicar a la Covid-19, pero sí lo suficiente como para poner nuestro granito de arena en busca de reducir los contagios. Hemos entrado en la tercera ola por falta de responsabilidad y no podemos echar balones fuera. Podemos decir que si se han quitado restricciones y demás, pero en nosotros debería estar el decidir qué es lo mejor para nosotros y nuestra familia. Pero nos ha dado igual. Mejor vivir las fiestas navideñas como si no pasara nada. Eso sí, cuando alguien con quien estuvimos cenando diga que tiene una prueba positiva y que somos contacto estrecho por haber estado en un espacio cerrado, sin mascarilla y durante más de quince minutos, y nos tengan que hacer la prueba con el “palitroco”, nos “cagaremos la pata abajo”.


Vamos a ver cómo va evolucionando todo. Por ahora, seguimos dentro del segundo estado de alarma. Van apareciendo más restricciones. En Castilla y León el toque de queda, desde hoy, ya se ha puesto de ocho de la tarde a seis de la mañana y parecer ser que se ya se baraja también la posibilidad de otro confinamiento domiciliario en quince días si la cosa no mejora. El aumento de casos es considerable y la gente sigue falleciendo. ¿Se están tomando las medidas adecuadas? Como decía, no sirven de nada las medidas si no asumimos la situación y ponemos de nuestra parte que evitar que esto siga al alza. Si queremos evitar otro confinamiento domiciliario, que todo se nos siga yendo de las manos, que la situación económica siga de mal en peor, seamos, todos, consecuentes con nuestros actos. Uso de mascarillas, lavado de manos y distanciamiento social. Evitemos aglomeraciones y juntarnos en espacios cerrados y sin las mascarillas.


Cambio de tercio. En la última entrada comentaba que, por lesión, llevaba parado varios días. A mediados de noviembre, tras algo más de un mes en el dique seco, conseguí calzarme de nuevo las zapatillas. Por fin, me veía de nuevo vestido de corredor y acumulando kilómetros. Lo echaba mucho de menos. Los primeros días, con la precaución correspondiente por llevar unas cuantas semanas parado. Escuchando al cuerpo, dejando que fuera él el encargado de marcar los ritmos, que para nada eran muy boyantes. Dos meses después, parece que el cuerpo no se ha resentido y sigo encadenando zancadas, aunque los ritmos siguen sin ser muy rápidos. En este espacio de tiempo, el rodaje más rápido ha sido en torno a los 5'02 min/km. Por norma general, suelo rondar a una media de 5'20 min/km. No son grandes velocidades, pero me doy con un canto en los dientes. Entre las lesiones de los últimos años y el confinamiento, el simple hecho de poder salir a sumar kilómetros cada día es motivo suficiente para estar contento.


En mi mente tengo la idea de intentar volver a seguir un plan de entrenamiento. Pero, la verdad, no acabo de ver el momento. Al comenzar a rodar después de este parón, tuve unas pequeñas molestias en una rodilla que, si bien no llegaron a impedirme continuar corriendo y que, a base de estiramientos fueron desapareciendo, sí me hicieron aplazar esta idea hasta que no viera que el tema de la rodilla estaba solucionado. Posteriormente, lo he ido dejando hasta encontrar un momento libre en el que poder sentarme y pensar cómo organizar las sesiones, pero debo reconocer que entre jornada laboral, los rodajes, la media hora de estiramientos y aprovechar el resto de tiempo libre para temas varios, lo he estado aplazando. Ahora, con “Filomena” tampoco me ha parecido momento de ponerme a organizar días de entrenamiento, pues, viendo el panorama de nieves, heladas y demás, prácticamente ha sido (y sigue siendo) ir viendo cada día a ver cómo estaba el terreno e ir haciendo lo que se podía. No me ha parecido momento de plantear ritmos ni kilómetros, sino de hacer lo que se fuera pudiendo. Ahora, tengo mis dudas sobre si empezar o seguir como hasta ahora, saliendo e ir viendo el día a día. Si la cosa no mejora en cuanto a la pandemia, veo que en poco tiempo estaremos de nuevo metidos en nuestras casas, saliendo tan solo a compra, trabajar y poco más, y para empezar un plan y tener que parar por completo de quince días o tres semanas, prefiero seguir como hasta ahora, improvisando los entrenamientos. Por ahora, me conformo con poder seguir rodando, sin mayores contratiempos, disfrutando de cada zancada, e ir valorando cómo va la situación con la Covid-19 e ir haciendo las cosas.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.


miércoles, 28 de octubre de 2020

Nueva temporada

Hoy es uno de esos días en lo que me quiero sentar a escribir y no se sobre qué hacerlo. Dada la situación de pandemia, no es que ocurran cosas, al menos a nivel deportivo, lo suficientemente “interesantes” como para ser contadas, más allá de que la temporada de cross este año no creo que vaya a tener muchas competiciones y que, por diversas circunstancias, llevo un par de semanas sin poder salir a rodar. Por lo demás, poco o nada tengo que contar, pero, la verdad, me gusta mantener este blog más o menos activo y, aunque sin ideas, intentaré publicar una entrada.


Como decía, llevo un par de semanas parado. Una inoportuna lesión ha provocado que me toque dejar las zapatillas de lado y esperar que la recuperación de la misma lo antes posible para poder volver a rodar por el bosque de Valorio y la orilla del Duero a su paso por Zamora. Parar nunca es algo que nos guste y la verdad, después de casi medio año corriendo con regularidad, sin demasiados problemas en cuanto a molestias, un poco de rabia sí que me da. Cierto que los ritmos que estaba manejando quizás no fueran los mejores (bajar de 5'10 por kilómetro era misión imposible desde que nos dejaron salir en el mes de mayo), pero me encontraba acumulando cierto volumen de kilómetros, la parte que más me gusta de este deporte y que, por otro lado, tampoco me da mucho derecho a quejarme de ritmos al no variar los mismos, y ésto me llevó, al igual que las semanas previas al estado de alarma de marzo, a estar disfrutando bastante del atletismo.


¿Fecha de regreso a los entrenamientos? La verdad, no lo tengo muy claro. Cierto que empiezo a “ver la luz al final del túnel”, como suele decirse. Ganas por volver, todas las del mundo, hasta el punto de que estos últimos días, aun sin una fecha clara de regreso, ya he estado pensando en los entrenamientos y en cómo organizar las semanas. Porque, no lo voy a negar, la idea de querer seguir un plan de entrenamiento y acabar volviendo a competir (cuando la situación sanitaria lo permita, porque esa es otra) sigue en pie. Pero a lo que iba, que de esto ya escribiré más tarde. El hecho es que los problemas que me llevaron a tener que aparcar las zapatillas han ido remitiendo con cierta rapidez y tengo esperanzas de retomar esos rodajes diarios por San Frontis, el bosque de Valorio, Olivares o la orilla del Duero. Y es que estas sesiones de carrera continua son, para mi (imagino que como para todos los aficionados al simple hecho de correr) una parte muy importante en mi día a día. Disfruto corriendo por las calles de los barrios de Zamora que, durante mucho tiempo también han sido nuestros lugares habituales de entrenamiento con Teo, o por los senderos de Valorio el cual ha visto correr a muchísimos atletas zamoranos a lo largo de los años.


Entre mis objetivos está, desde el momento en el que pueda calzarme las zapatillas de nuevo, organizar los entrenamientos para volver a colgarme un dorsal. Prisa no tengo pues, dada la situación, tardaremos mucho en poder volver a correr una prueba con el concepto que hasta ahora teníamos de las competiciones o con unas garantías mínimas a nivel sanitario y que no afecta demasiado a la hora de tomar la salida o de las llegadas. Esto, como decía,, me da un buen margen para poder realizar una “base” (término muy utilizado en el mundillo del ciclismo) más o menos amplia para, más adelante, empezar a introducir los entrenamientos de cambios de ritmo y, con el tiempo, intentar introducir las series en los planes. Los entrenamientos que más me gustan son los rodajes, sumar kilómetros, pero bueno, hacer alguna cosilla rápida tampoco viene mal, aunque la gran parte de las sesiones estén centradas en la carrera continua.


¿Distancias o tipo de pruebas a preparar? El 10.000 es una de mis pruebas favoritas, posiblemente la que mejor se adapta a mis características como corredor, aunque debo reconocer que, desde hace un tiempo, la distancia de la media maratón me llama bastante la atención y no me importaría en absoluto preparar los 21 kilómetros con la idea, primero, de ver cómo respondo en este tipo de pruebas teniendo el objetivo de “competir” y, posteriormente, valorar y ya empezar a plantear unas marcas. Me encantaría que esa primera media a preparar (medias ya he hecho, pero con la idea de rodar, sin ningún objetivo competitivo) sea la de Zamora, al ser la prueba de casa, aunque me he quedado con ganas de correr la de Soria, y tampoco sería una mala idea, pese a que las fechas son completamente distintas (Zamora en marzo y Soria en septiembre). Ávila no es tampoco una mala opción, con fechas más cercanas a Soria, pero con un circuito que no me gusta cuando la idea es hacer una marca o ir a por un puesto. Pero bueno, todo ésto es, ahora mismo, especular, porque no sabemos cuándo vamos a poder volver a juntar un grupo amplio de atletas para competir, al menos a nivel popular.


Y voy yo ahora y me pongo a escribir sobre qué competición preparar en un momento en el cual estamos viendo cómo gran parte de los eventos populares se están aplazando para 2021 (veremos cómo está la situación, que el próximo año está a la vuelta de la esquina, como quien dice) y los pocos que quedan se están celebrando bajo un estricto protocolo de seguridad. Imagino que estas escasísimas pruebas que se atreven a seguir hacia delante están haciendo un esfuerzo increíble y un trabajo impecable para que todo salga lo mejor posible y así evitar que se produzca un brote en la competición que están organizando, pero debo reconocer que a mi ahora mismo me impone bastante juntarme con más gente, aunque sea bajo ese estricto protocolo, para correr una carrera. Los atletas populares, aunque la persona en cuestión siga un plan de entrenamiento determinado y sea capaz de lograr unas marcas más que importantes, no somos deportistas que nos ganemos la vida de competición en competición, y tampoco creo que se vaya a acabar el mundo porque estemos unos meses sin participar en ninguna prueba.


Soy el primero que, como habéis podido leer a lo largo del artículo, está deseando poder colarse un dorsal y empezar a preparar una competición (lo mismo la desesperación por poder salir a correr tenga también algo que ver). Pero creo que es un buen momento para que los atletas tiremos de algo de lo que solemos carecer, la paciencia, y sepamos llevar esta situación lo mejor que podamos. Me explico. Ahora que tenemos mucho tiempo hasta la próxima competición podemos centrarnos en trabajar y mejorar ciertos aspectos que en otros, quizá por estar centrados de lleno en la preparación de nuestro gran objetivo de la temporada, hemos dejado de lado. La técnica de carrera y más estiramientos. Aprovechar este espacio de tiempo sin objetivos para intentar recuperarnos de esa pequeña lesión que llevamos arrastrando después de haber preparado nuestra última media maratón. O aprovechar este espacio de tiempo desde el confinamiento hasta la próxima prueba para dedicarnos a entrenar con calma, buscar no perder el estado de forma que tenemos, variar los entrenamientos con series, cuestas o rodajes para evitar caer en la monotonía y el estancamiento. No voy a decir salir con gente para poder picarnos, pero, dada la situación de pandemia, creo que lo mejor es seguir saliendo en solitario hasta que todo esto esté controlado.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.

lunes, 5 de octubre de 2020

Nueva temporada y coronavirus

Llegó el mes de octubre. Medio año ha pasado desde el fatídico mes de marzo, cuando el Covid-19 nos obligaba a quedarnos en casa y solo salir para las cosas más imprescindibles (compra, trabajo…). Medio año más tarde, seguimos viendo como este virus sigue haciendo estragos, con un número tanto de contagiados como de fallecidos que asusta. Todo ésto, como es lógico, afecta a nuestras vidas y, por ende, al deporte, donde muchas pruebas se han visto suspendidas a raíz de esta situación que estamos viviendo. Entre esas pruebas, dos de las afectadas son la Media Maratón y la San Silvestre de Zamora. ¿Cuándo volveremos a estar como antes de la aparición de este virus?

El mundo del deporte se ha visto afectado con la cancelación de varios eventos e incluso la limitación de gente en los grupos, como vimos en la famosa “desescalada”. Toca cambiar nuestra filosofía a la hora de entrenar. Sin objetivos a la vista, a mucha gente le ostará calarse las zapatillas y salir a hacer unos kilómetros, pero no podemos estar sin hacer nada hasta que puedan volver a celebrar pruebas como se ha estado haciendo hasta ahora, pues es algo que queda muy lejano. Pero podemos intentar sacar algo “positivo” de todo esto. En muchas ocasiones, los corredores tendemos a obsesionarnos con los resultados de las competiciones en cuanto a marcas o resultados se refiere, y nos olvidamos del camino que nos ha llevado a la prueba y, sobre todo, de la base de este deporte: correr. Este virus nos ha enseñado que, tras un periodo de confinamiento como el vivido en marzo y abril, que lo que más falta nos hacía no era colgarnos un dorsal, sino poder salir al aire libre, poder volver a entrenar por nuestros lugares habituales, a recorrer nuestra ciudad a zancadas o la provincia con nuestra bicicleta, y si encima es con nuestros compañeros, mucho mejor. Y eso se nos quitó. La competición, en estos momentos, debería ser algo secundario, pues no sabemos cuándo volveremos, pero podemos aprovechar para descubrir nuevas calles o carreteras para hacer kilómetros o para recuperarnos de todas esas molestias que nos han provocado varios fines de semana forzando para lograr un buen resultado en las competiciones de turno o en las muchos entrenamientos de series hechos. Tomarnos esto con una marcha menos a la hora de forzar y disfrutemos más de algo tan básico y sencillo como es esto de correr. Eso sí, que no tenga que venir otra cosa de estas para hacernos reflexionar sobre esto.

El tema del coronavirus afecta también al tma de ir en grupo a la hora de hacer kilómetros. Ya lo he comentado en entradas anteriores, pero es algo que no me canso de repetir. Para mi, ahora es un momento en el cual debemos rodar en solitario. Debemos poner nuestro granito de arena para frenar el contagio del virus y, ya que a la hora de hacer deporte no es necesario el uso de la mascarilla, lo ideal (bajo mi punto de vista) es que busquemos lugares abiertos para hacer nuestra sesión de entrenamiento, con el objetivo de poder dejar distancia con la gente con las que nos crucemos, y siempre en solitario, para evitar posibles situaciones de riesgo. Distanciamiento social, vamos. Cierto que hay una parte social en esto del deporte, lo cual es muy importante para mucha gente, hasta el punto de que el mismo entrenamiento pueda suponer, al mismo deportista, un auténtico calvario si lo hace solo o el mejor entrenamiento de la semana en cuanto a sensaciones si lo hace con alguien. Pero debemos tomar conciencia de la importancia del distanciamiento social, más cuando no llevamos mascarillas, forzamos la respiración y vamos rodando junto a más compañeros.

A nivel personal, esta temporada que llevamos alejados de las competiciones tampoco es que me pille muy “de nuevas”. Entre lesiones y temas laborales, llevo bastante tiempo poniéndome un dorsal de guindas a brevas. La última vez fue en el mes de octubre, cuando participé en la media maratón de Ávila, lo cual ya venía precedido de un periodo de poco más de medio año sin tomar parte de una prueba (curiosamente fue en otra media, la de Zamora). Por lo tanto, el hecho de no tener objetivos a la vista no es algo que, ahora mismo, me agobie. Lo pasé mucho peor durante el confinamiento. Como otra mucha gente, estuve el mes y medio que duró esto parado por completo. Ahí sí que eché en falta la práctica deportiva, el poder calzarme las zapatillas y salir a rodar unos kilómetros a la orilla del Duero. Además, se daba la circunstancia de que me tocaba parar en un momento en el que mi “chásis” no se quejaba por nada, sino que era un virus desconocido el que nos obligaba a meternos en nuestras casas. A nivel personal, imagino que como todos vosotros, estaba un tanto “desubicado”, por decirlo de alguna manera. Al volver a rodar en la famosa “desescalada”, lo que más me preocupaba no era cuándo podría volver a colgarme un dorsal, sino que el cuerpo me respondiera después de este tiempo parado. No tenía otra preocupación a nivel deportivo más allá de que un día pudiera salir y al siguiente saliera de nuevo a rodar y no me doliera nada.

Cinco meses más tarde, mi objetivo principal sigue siendo poder salir a diario con el objetivo principal de que no me duela nada, aunque mentiría si dijera que en las últimas semanas si que se me ha pasado por la cabeza en más de una ocasión el hecho de comenzar algún tipo de preparación con la idea no de competir, porque la situación es la que es, sino de intentar ir, poco a poco, mejorando los ritmos e ir acostumbrando al cuerpo a sesiones algo más exigentes. Por ahora, viendo la situación, no se puede pedir mucho más, pues no es momento de participar en las escasísimas pruebas que no se han cancelado. Pero, quizá por eso, porque falta mucho tiempo para competir y a mi lo que me hace falta es tiempo para empezar a estar un poco “entonado” en cuanto a ritmos, sea el momento perfecto para ponerme manos a la obra. ¿Por qué no? Luego, ya habrá tiempo de plantearse pruebas de 10.000 o incluso de media maratón, pero, teniendo tiempo para intentar mejorar…

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


viernes, 21 de agosto de 2020

De vuelta a la escritura

 

Han pasado varias semanas desde la última entrada que publiqué en este blog. Entre unas cosas y otras, he ido dejando “para mañana” lo de escribir y, al final, el tiempo se ha pasado y el momento para escribir no acababa de llegar. En este periodo hemos visto cómo el “famoso” COVID-19 sigue estando entre nosotros, con sus consecuencias en nuestras vidas. Vemos cómo van aumentando de nuevo el número de contagios y los rebrotes, a la par que han ido apareciendo ciertas restricciones e incluso hemos visto cómo algunas zonas de nuestra geografía se han visto obligadas a retroceder a alguna de las etapas de la “desescalada” hacia esta “nueva normalidad”. Y, por supuesto, esta situación ha tenido también sus consecuencias en el ámbito del deporte, viendo cómo un gran número de organizadores se han visto obligados a suspender definitivamente sus eventos. Y desde luego, ésto aun no ha llegado, ni de lejos, a su final, por lo que las consecuencias en todos los ámbitos, por desgracia, seguirán durante muchísimo tiempo.


El COVID-19, ese famoso virus que provocó una gran alerta sanitaria a nivel mundial, nos cambió por completo la vida desde marzo, cuando, en el caso de España, se decretó el estado de alarma que duró en torno a mes y medio, aunque previamente ya había hecho estragos en las vidas de muchas personas. Con esta situación nos tuvimos que quedar confinados en nuestras casas para, de una manera progresiva, empezar a salir a la calle en busca de esa “nueva normalidad”. En el ámbito deportivo, que al fin y al cabo es el tema principal de este blog, comenzamos con una serie de franjas horarias para, desde hace ya unas cuantas semanas, se nos dejara hacerlo a cualquier hora, sin esas limitaciones horarias. Primero debíamos salir en solitario, algo que se cumplió de una manera relativa, para que luego se nos dejara en un grupo limitado en cuanto a número de personas, y desde hace ya un tiempo, sin límite. Ahora mismo, ya más o menos poder salir con cierta tranquilidad a practicar nuestro deporte favorito, aunque no viene de más llevar una mascarilla guardada si nuestro lugar habitual de entrenamientos queda un poco alejado de nuestra vivienda y nos toca caminar unos metros hasta allí.


Pero, aunque podamos hacer deporte con cierta calma y ya nos tengamos prácticamente ninguna restricción, voy a expresar mi opinión acerca de lo de entrenar en grupo. Puede que más de uno se me eche encima por decir lo que pienso, pero creo que, ahora mismo, no es el momento de salir con nuestra “grupeta” para dar la vuelta típica de los fines de semanas para acabar, después de unos cuantos kilómetros, en la terraza de algún bar para tomar la caña, algo muy habitual. Todas las opiniones son respetables, por supuesto, pero también debemos ser consecuentes con nuestros actos. Me explico. Estamos viviendo de nuevo un momento complicado con los brotes que están volviendo a salir. Estamos viendo cómo el número de contagios sigue creciendo, alcanzando ya unas cifras que imponen. O al menos a mi me dan ya miedo. Por lo tanto, debemos tomar unas medidas básicas en nuestra vida en general, como el uso de mascarillas o el distanciamiento social. En el caso del deporte, el uso de mascarillas no es, de momento, obligatorio, y entrenar en grupo está permitido, por lo que tampoco estamos haciendo nada ilegal, pero necesitamos de distanciamiento social para evitar la transmisión del virus. En una grupeta de seis deportistas, un número nada descabellado (de hecho, es más bien un grupo pequeño) con uno que esté contagiado va a infectar a los otros cinco, que a su vez pueden contagiar a los familiares con los que conviva, que si son su pareja y un hijo, ya es un número importante de gente contagiada. Si a esto le sumamos que puede ocurrir no en un grupo, sino en varios, y que muchos contarán con más integrantes entrenando de los que yo he puesto de ejemplo, podemos provocar varios rebrotes más que importantes. Es cierto que los rebrotes que estamos viendo últimamente no suelen estar vinculados a grupos de deportistas entrenando, sino a otro tipo de reuniones, pero tampoco creo que sea momento de andar jugándonos el tipo, y si podemos minimizar los riesgos, mucho mejor para todos. Podría entender el juntarnos con la gente con la que convivimos normalmente en casa, pues no dejamos de ser convivientes y vivir juntos entre cuatro paredes, pero todo lo que vaya más allá, a mi desde luego me da bastante respeto. Puede que ésto del coronavirus me esté convirtiendo en un tipo un poco desconfiado, pero… A nivel personal, y sin querer ser ejemplo de nada, desde que nos dejaron salir a hacer deporte, allá por primeros del mes de mayo, no me he juntado con nadie para rodar. Primero, porque no estaba permitido. Segundo, y ya desde que se permitió salir con más gente, tampoco me quise juntar con nadie porque, como decía, vamos sin mascarilla (algo que veo lógico a la hora de correr o andar en bicicleta) y porque nadie me asegura que corriendo en un grupo pueda dejar la suficiente distancia de seguridad. Y qué queréis que os diga, si voy a salir con otros dos o tres compañeros y voy a tener que dejar cinco metros entre nosotros, prefiero salir en solitario.


En cuanto a la suspensión de gran parte de los eventos deportivos a nivel popular, debo reconocer que lo veo como algo lógico. Al final, supone juntar a un número importante de deportistas. La idea de hacer algo estilo contrarreloj, como se hizo en Zamora con el Cross del Ajo, lo podría ver en pruebas como esta, que contó con una participación más bien escasa, pero lo veo como algo inviable a poco que se junten unos pocos inscritos. Creo que, al menos en el ámbito popular, no va a pasar nada porque estemos un tiempo sin poder competir, pues no nos ganamos la vida con el deporte. Otra cosa es a nivel profesional. Ahí sí que veo que haya ciertos problemas con que haya competiciones que no se celebren. Los deportistas de alto nivel, a diferencia del resto, tienen un sueldo que sí depende de sus resultados en las competiciones. Suspender sus eventos puede suponer que, al igual que está ocurriendo con otros muchos trabajadores afectados por la situación actual, muchos deportistas se vean en el paro. Juntar a una serie de atletas de élite en una pista de atletismo puede suponer que, durante el tiempo que estén compitiendo, no se mantenga la suficiente distancia de seguridad como para evitar contagios, y los que hoy están compitiendo en un punto de nuestro país, mañana lo estarán haciendo en otro lugar a 800 kilómetros y competir con otros atletas, unos locales y otros que también irán desde otros puntos de nuestra geografía, lo que puede suponer una propagación del virus. ¿Medidas? Solicitar los resultados de una PCR con la inscripción podría ser una buena idea, aunque, de ser así, la inscripción debería formalizarse lo más próxima al evento, para que, una vez hecha dicha prueba, el riesgo de que el atleta se haya contagiado entre su realización y la competición sea mínimo. En una pista de atletismo o similar, desinfección, y, por supuesto, durante el tiempo que no se esté compitiendo, mascarilla y distanciamiento social. Pero, la verdad, tampoco se me ocurren muchas más medidas. Ahora, que estamos próximos a que se celebre la primera gran vuelta en el mundo del ciclismo, el Tour de Francia, habrá que ver qué medidas toman y cómo se va resolviendo todo. Un evento de estas características mueve muchísima gente, ya no solo deportistas, sino mecánicos, directores… Por lo que, si todo sale bien, podría sentar un precedente para futuras competiciones de alto nivel. Porque, repito, son los únicos que pueden quejarse por la cancelación de los eventos, pues su sueldo sí depende de esto. A nosotros, los que nos gusta machacarnos por placer, no debería preocuparnos demasiado que no podamos competir hasta dentro de varios meses. Posiblemente, desconectar de los dorsales e intentar disfrutar más del simple hecho de correr por correr pueda venirnos hasta bien. Ahora podría ser buen momento para entrenar con calma, a ritmos más suaves y, sin objetivos a la vista, intentar curar esas molestias que nos hemos buscado después de tanto machacar a nuestro cuerpo a base de series y de competiciones un fin de semana sí y otro también. Con mantenernos activos para tener una base sobra. Luego, ya habrá tiempo de ponernos serios con entrenamientos de calidad.


A nivel personal, sigo con mis rutinas de entrenamiento. Seis días de carrera continua a los ritmos que me pide el cuerpo y que mi chasis me va permitiendo. Me limito tan solo a escuchar al cuerpo y exigirle lo que él quiere en cuanto a ritmos. Sin más. Lo de estar alejado de las competiciones y de preparaciones para ello es algo que, después de tanto tiempo apartado de las mismas, ya me resulta habitual. Lo que sí debo decir que esto de correr es mi vía de escape cuando me encuentro muy cargado y ahora me está viniendo de perlas. En este momento, por suerte, me encuentro trabajando relativamente cerca de Zamora y entre los viajes hasta mi lugar de trabajo, las siete horas de jornada laboral y vuelta hasta Zamora hay días que acabo bastante cansado, “echando humo” como suele decirse, y por contradictorio que pueda parecer, salir a rodar unos cuantos kilómetros me deja el cuerpo como nuevo. No pensar, simplemente calzarme las zapatillas y salir a dar una vuelta por mis lugares habituales de entrenamiento es la mejor medicina que puedo encontrar desahogarme y “quitarme la carbonilla”. Tan solo mirar el reloj para ver cuántos kilómetros llevo y cuántos me faltan para los que tenía pensado completar y así decidir por dónde alargar o acortar la vuelta que voy dando. Sin más. Una gozada. La verdad que ahora mismo me daría mucha pena que nos volvieran a confinar y tener que volver a quedarme en casa sin poder salir a correr, porque me lo estoy pasando genial mientras voy corriendo, estoy disfrutando muchísimo, y verme de nuevo sin poder salir me daría muchísima rabia. Algo semejante me ocurriría si nos volvieran a poner de nuevo franjas horarias para hacer deporte, porque ahí, con los viajes, sí me supondría más trastorno para poder seguir corriendo. Pero bueno, esperemos que no nos tengamos que volver a ver en una situación así, que todos seamos consecuentes con nuestros actos y, tomando cuatro medidas básicas, logremos que todos estos datos que estamos viendo se vayan frenando antes de que se tengan que volver a tomar estas medidas.


En varias ocasiones se me ha pasado por la cabeza aprovechar estos próximos meses que se nos presentan, en los cuales no tendremos prácticamente ningún evento popular (y aunque los hubiera, hasta que ésto no esté más o menos controlado, no tengo previsto participar en ninguno) para intentar organizarme un poco a nivel de entrenamientos y, de una manera progresiva, intentar ir mejorando mi estado de forma. Ahora mismo me encuentro un momento en el que rodar a ritmos de entre 5'15 y 5'20 es lo habitual, pero bajar de ahí me supone un suplicio y siempre que lo intento, me acaba molestando algo. Así, con una preparación más o menos larga, ir en busca de que el cuerpo vaya, poco a poco, “entrando en materia”. Prisa por estar bien para una prueba determinada, viendo el panorama, desde luego que no tengo ninguna, así que puedo ir ajustando todo a lo que me vaya diciendo el cuerpo sin necesidad de estar pendiente de que llegue mejor o peor a una prueba. ¿Nos animamos a organizar unas cuantas semanas? Desde luego, nada de series, como decía un poco más arriba, ahora no veo que sea el momento de hacerlo en nuestros niveles, pues no sabemos cuándo vamos a poder volver a competir, pero ir haciendo una base con los rodajes organizados, una base que durará hasta que todo esto esté controlado, ¿por qué no?


Nos vemos… haciendo deporte, claro. Pero solo cruzándonos, nada de juntarnos para rodar juntos, ¿eh?

sábado, 6 de junio de 2020

Retomando las entradas


Han pasado varios días desde la última vez que publiqué una entrada en el blog. Desde el pasado 20 de abril, para ser exactos. En este intervalo de tiempo de algo más de un mes de duración la verdad es que he ido dejando “para mañana” el tema de la escritura y, al fina, entre unas cosas y otras, el tiempo sin actualizar el blog se me ha ido un poco de las manos. La verdad que, como siempre digo, me encanta escribir y no me gusta demasiado tener este espacio que tanto me gusta así de abandonado, pero, como suele decirse, “es lo que hay”.

En estas semanas sin actualizar el blog hemos tenido que seguir conviviendo con este dichoso virus que tanto nos ha cambiado nuestras rutinas diarias y que, por desgracia, ha acabado y sigue acabando con la vida de tantas personas y que sigue provocando contagios en muchas personas. También seguimos en el estado de alarma decretado a mediados del mes de marzo, el cual aun tendremos, al menos, por otras tres semanas más, tras aprobarse esta semana la prórroga por otros 15 días más. Con todo, poco a poco vamos teniendo ciertas libertades respecto a las que teníamos por las fechas en las que publiqué las últimas entradas. Una de ellas, la que más esperábamos los aficionados a ciertos deportes, se hizo realidad a principios del mes de mayo: poder volver a realizar nuestros kilómetros diarios. Digo lo de “ciertos deportes” porque, si bien correr o andar en bicicleta los hemos podido llevar a cabo, aunque sea con ciertas restricciones respeto a franjas horarias (de 6:00 a 10:00 y de 20:00 a 23:00 horas) y lugares por donde hacerlo (dentro del municipio, algo que ha tenido su controversia, sobre todo dentro del ámbito ciclista), entiendo que algunos deportistas, como pueden ser los aficionados a la natación, no han podido acceder a las instalaciones necesarias para llevar a cabo sus correspondientes entrenamientos. Está claro que solo se permitía el deporte al aire libre y ésto no lo es, y, a mayores, lugares cerrados como piscinas o gimnasios son lugares muy peligrosos si hablamos de transmisión del virus, pero, poniéndonos en la piel de los demás, está claro que a todos nos gusta realizar nuestros entrenamientos, y ellos han estado privados durante mucho tiempo.

Debo reconocer que, cuando me enteré de que el primer fin de semana de mayo iba a calzarme de nuevo las zapatillas y poder completar unos kilómetros me dibujó, de forma casi automática, una sonrisa en la cara. Desde entonces, solo estaba deseando que llegara ese sábado dos de mayo para verme completando unos kilómetros. Ésto fue tal, que esa misma noche tenía más nervios que en las noches previas de hace algunas temporadas, cuando iba a las pruebas de campo a través y estaba todo ese mirando el reloj para no quedarme dormido. Y es que, quieras o no, tras prácticamente mes y medio, saber que vas a poder volver a salir era, al menos para mi, un motivo de mucha alegría. Aunque, no lo voy a ocultar, estaba la cara más “amarga” en cuanto a temas de lesiones. Me preocupaba que, tras tantos días sin calzarme las zapatillas, mi cuerpo, y en especial mi tendón de Aquiles, empezaran a quejarse tras completar los primeros kilómetros. Había pasado muchos días haciendo una vida completamente sedentaria, igual que cuando me fracturé las dos costillas hace un par de años. En aquel momento mi tendón de Aquiles, ya bastante maltrecho antes del parón y que al volver en un principio ya no molestaba, empezó a quejarse por la puerta grande a la semana de empezar a entrenar, y me preocupaba que ocurriera algo semejante en esta ocasión. Por suerte, y a diferencia de lo ocurrido en aquella ocasión, no traía molestias previas en la zona y después de cinco semanas no me ha dado, al menos hasta ahora, guerra ninguna. El resto del cuerpo, alguna pequeña molestia por la zona de la espalda, algo que sí es habitual en mi, esté o no corriendo, pero que, por suerte, no me han obligado a parar y, adaptando los ritmos y el terreno, me han permitido seguir rodando.

Los primeros días corriendo fueron a base de agujetas y por sensaciones, dejando que fuera el cuerpo el encargado de marcar los ritmos de cada kilómetro. No hay (y sigue sin haber) prisa por ningún objetivo competitivo, así que tampoco había motivo que me llevara a forzar más de la cuenta. En resumidas cuentas, estos días consistieron básicamente en calzarme las zapatillas y correr. Sin más. El hecho es que se me pasó por la cabeza la idea de que, completada la primera semana, podía empezar a organizar un poco las sesiones de carrera continua, con la cabeza puesta en hacer, como en otras ocasiones, un pequeño periodo de “base” (una expresión que le gusta mucho a los ciclistas), pero, al igual que me ha pasado con las entradas del blog, he empezado con que “para mañana” y, al final, ha pasado un mes y he seguido corriendo sin una estructura fija, manteniendo los rodajes por sensaciones y sin un orden muy claro. En resumidas cuentas, así podría resumir el mes de mayo. He ido poco a poco aumentando los kilómetros semanales, siempre mirando al cuerpo y tirando mucho de estiramientos para evitar problemas mayores.

Y si comentaba que ahora mismo no hay ningún objetivo en cuanto a competiciones se refiere, ¿por qué estructurar un poco los entrenamientos? La verdad es que en estas cinco semanas sin poder calzarme las zapatillas he tenido el tiempo suficiente como para replantearme un regreso a las competiciones, y me pareció que este podría ser un buen momento. ¿Por qué, si las competiciones, al menos como las hemos conocido hasta ahora, están muy lejanas en el tiempo? Precisamente por eso. Hay tiempo suficiente para tomarme las cosas con calma, sin querer ir más rápido de lo que mi cuerpo puede aguantar, tanto si hablamos de ritmos como si lo hacemos de tiempo. Me explico. Como decía, las competiciones tal y como las hemos estado entendiendo tardarán mucho en volver a celebrarse (o deberían tardar, pues, al fin y al cabo, son lugares donde la transmisión del virus es muy fácil), por lo que tenemos todo el tiempo del mundo para, con calma, ir mejorando cada semana, sin ninguna prisa ni presión por querer llegar bien a un objetivo determinado. En mi caso, hacer una “base”, como ya he hecho en otras ocasiones, pero algo más larga en esta ocasión, y, posteriormente (si no hemos tenido otro rebrote y, por lo tanto, nos haya tocado volver a confinarnos) empezar a ver cómo está el tema de las competiciones y, sobre todo, a ver cómo se está desenvolviendo todo lo relacionado con el virus porque, siendo sincero, creo que es mejor esperar un mes o dos más y poder juntarnos en una competición sabiendo todo ésto ya ha desaparecido que, por tener prisa, provocar un rebrote de contagios. Porque, no nos olvidemos, ya no es solo que se contagien los participantes de una prueba o los organizadores y voluntarios, es luego toda la gente a la que éstos pueden contagiar. De un grupo de 40 corredores en una prueba podemos preparar un rebrote más que curioso. Por eso, todo con calma. Por ahora, mi única preocupación a nivel deportivo es, a partir del lunes, poder empezar a estructurar las sesiones de carrera continua y, poco a poco, ir completando las sesiones diarias. Con el paso del tiempo iremos viendo qué va ocurriendo con esto del virus y, con esos datos sobre la mesa, sabremos cuándo podremos volver a competir. Yo, desde luego, lo tengo claro: hasta que todo ésto no esté controlado al cien por cien, y voy a seguir dedicándome a mejorar en los entrenamientos, pero sin ninguna competición en mente. Ya habrá tiempo para colgarse un dorsal cuando esto esté más calmado.

¿Distancias que me gustaría preparar? La duda está entre el 10.000 y la media maratón, aunque creo que, finalmente, me decantaré por la primera, pues, al final, es la que más me gusta y creo que aun no he participado las veces suficientes en pruebas de 10 kilómetros como para decir que dicha distancia la tengo ya “controlada”. La media maratón es una distancia que, si bien para hacer alguna muy de vez en cuando me gusta (siempre y cuando sea para hacerla rodando), creo que aun se me queda un poco grande si mi objetivo es salir a competir, sobre todo después de todo este tiempo sin colgarme un dorsal. Pero está claro que aun es pronto para plantearse marcas o demás, pues aun no he empezado ni si quiera un plan de entrenamiento (mi idea es ponerme menos a la obra a partir de este lunes). El campo a través también me gusta muchísimo, pero, a mi juicio, aquí ocurren dos cosas. Por un lado, necesito estar federado y ahora mismo no tengo intención alguna de abandonar mi nuevo club, el Mesa de Valorio, para volver a uno que me permita participar en eventos donde se me exija la licencia. Por otro lado, esta temporada he pasado a la categoría Senior después de haber pasado los tres años de Promesa bastante apartado de las competiciones de todo tipo, fundamentalmente por las lesiones (a nivel federado tan solo corrí el cross de Valladolid de 2017), y está claro que en estas dos categorías y en este tipo de eventos necesitas correr a unos ritmos a los que para nada estoy preparado. Se aplica la famosa norma de “atleta doblado, atleta retirado”, lo que te obliga en muchas pruebas de campo a través a aplicar esa estrategia de hacer las primeras vueltas al límite para asegurarte de que no te van a doblar, y una vez que logras entrar en la última, relajarte. Claro, que esto suele suponer hacer varios kilómetros a ritmos de 3'30 como muy lento (mejor ser capaz de correr algo más rápido, no vaya a ser que la carrera en los puestos delanteros sea más rápida de lo normal y nos los encontremos pisándonos los talones) y, a nivel personal, veo eso muy, muy lejos. No sé si llegará el momento de verme corriendo de nuevo a esos ritmos, pero, de lograr volver a hacerlo, desde luego es algo que no está a la vuelta de la esquina.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.



lunes, 20 de abril de 2020

Buscando esperanzas



Correr forma parte de mi. Es mi naturaleza. Lo necesito para sentirme vivo”. (Pedro Nimo del Oro).

Me pongo a escribir cuando faltan apenas diez días para que se acabe el mes de abril. En otras circunstancias, me pondría a escribir encantado de que el buen tiempo ya hiciera acto de presencia o de que los días ya vayan siendo cada vez más largos, pero ahora mismo, éso es algo que, en cierta medida, nos da bastante igual debido a las circunstancias que estamos viviendo al estar confinados durante tanto tiempo en nuestras casas. No tenemos ninguna opción de ocio al aire libre más allá de sacar a los perros (los que tengan), pero siempre durante el tiempo indispensable. Ésto, al menos en mi caso, me lleva a estar constantemente “comiéndome” la cabeza con algo que es muy importante para mi: el atletismo.

Lógicamente, no soy ni de lejos un atleta de alto nivel, por lo que el deporte no es mi manera de ganarme la vida. El cómo me gane la vida nada tiene que ver con el mundillo ya no del atletismo, sino del deporte en general, pero está claro que, a menos en mi vida, éste tiene un papel fundamental. Desde que comencé a entrenar con Teo en 2009, y más especialmente desde que lo hago por mi cuenta (por aquello de haberle dado más preferencia a la carrera continua que a los entrenamientos de series y semejantes), me he dado cuenta de que el simple hecho de calzarme unas zapatillas y salir a hacer unos cuantos kilómetros me sirve o bien para preparar mi cabeza y mi cuerpo para el día que viene (si tengo la opción la salir a rodar por la mañana, momento que, dicho sea de paso, es el que más me gusta) o para “soltar” después de varias horas estudiando o trabajando. Además, con todas las lesiones que he tenido en las últimas temporadas, creo haber aprendido a darle un valor aun mayor a esas sesiones de kilómetros a orillas de nuestro río Duero o por este espacio verde tan bonito que tenemos en Zamora como el bosque de Valorio. Momentos en los que solamente me acompañan mis zapatillas (últimamente, unas GT1000 y unas Vomero que justo antes del confinamiento cumplieron los 1000 kilómetros y que aun están para apurarlas algún kilómetro más, en especial el modelo de Nike) y un reloj GPS que me va diciendo los kilómetros que llevo, el ritmo instantáneo y medio y el tiempo. Nada de pulsaciones, solamente escuchando al cuerpo y a las piernas. Corriendo al ritmo que ellos mandan. Ese rato de kilómetros no me preocupo por nada más que no sea que las zapatillas estén bien atadas, el reloj bien cargado y de cumplir con los kilómetros que tengo previstos para ese día. Y de disfrutar con los kilómetros. Desde luego.

Y, desde luego, últimamente estaba disfrutando mucho del atletismo. De correr. Sin más pretensiones que las de hacer unos kilómetros por mis lugares habituales de entrenamiento. Orilla del Duero, carril bici, Valorio o los barrios de Olivares, Cabañales y San Frontis son algunos de los lugares que normalmente utilizo para hacer los kilómetros de carrera continua diarios. Por estas zonas empecé andando en bicicleta en mis primeras salidas, y luego, con el paso de los años, se fueron convirtiendo en los lugares empleados para machacarme con las zapatillas. Por ahí me he forjado como deportista, especialmente como atleta, que es en lo que más he estado centrado en los últimos años, tras decidir utilizar la bicicleta tan solo en los momentos en los que estoy lesionado y poco más. Pero, volviendo al principio del párrafo, en los últimos meses estaba disfrutando de un momento bastante agradable. No es que estuviera, en cuanto a ritmos, como nunca, pues me seguía manteniendo en torno a los 5'00-5'10 min/km, bajando de ahí en ocasiones muy, muy, muy puntuales. Más bien, me encontraba cómodo. Sin dolores de ningún tipo. Y con eso me valía. Porque, si no me dolía nada, era señal de que podría segur haciendo kilómetros. Y con esto me basta, como mucha gente me ha dicho, para ser feliz. Claro, que eso pensaba hasta que apareció este virus y, sin ningún tipo de afección (por suerte…), tocó volver a aparcar las zapatillas.

Comentaba que ésto del atletismo siempre ha sido una manera de preparar al cuerpo y a la cabeza para el día, bien para afrontarlo en las ocasiones que puedo salir a rodar a primera hora de la mañana, o bien para despejarme cuando me toca hacerlo por la tarde y que ésto funcionó aun más cuando empecé a entrenar por mi cuenta. Debo reconocer que nunca me han gustado los entrenamientos de series, siempre les he tenido algo de “manía”, mientras que siempre he disfrutado muchísimo haciendo carrera continua. Con Teo, como es lógico cuando te gusta competir, solíamos introducir sesiones de series. No es que fueran entrenamientos muy exigentes, más bien diría que en algunas ocasiones eran más bien algo desordenados, con muchos días sin apenas un calentamiento previo a las series (días de no llegar ni a los diez minutos de trote), por no hablar del trote posterior a la parte de calidad para “soltar”, cuando era inexistente varios días. Pero bueno, a lo que iba. Tenía asumido que algunos días a la semana me tocaría hacer series, y, aunque no me gustaban un pimiento, las hacía. Sin más. Me limitaba a hacer lo que nuestro entrenador nos mandaba. Sin embargo, cuando nos tocaba era rodar, ahí entraba “en mi terreno”, donde me lo pasaba realmente bien. Sí debo reconocer que a partir de más o menos 2012 Teo empezó a mandarme días de carrera continua más largos los fines de semana y algún que otro día entre semana, lo que me permitió que mi disfrute aumentara bastante en esta época, la cual coincidía con mi etapa como estudiante en el instituto. Por entonces seguíamos manteniendo los días de series con una estructura semejante, calentamientos cortos en varias ocasiones (aunque en alguna ocasión, para mi sorpresa, tuve que hacer alguno de 20-25 minutos) y algunos días sin trote posterior a las series. Pero a lo que iba, que me disperso. Las series y el ver que hacíamos calentamientos tan cortos (no olvidemos que yo soy un atleta que se empieza a encontrar bien en el kilómetro
cinco del rodaje si no hace un frio excesivo) y lo de “soltar piernas” era algo casi inexistente, a mi me “descuadraba” por completo. Empezaba a hacer la calidad con la misma sensación frío que al principio y, cuando quería entrar en calor, se me habían acabado las repeticiones. Por lo tanto, los días de series, acababa por no disfrutar del entrenamiento y lo de despejarme no acababa de conseguirlo. Más bien todo lo contrario. Acababa más cargado de lo que estaba al empezar el entrenamiento.

Pero bueno. El hecho es que llevamos ya casi mes y medio sin poder hacer nuestros deportes favoritos. Por ahora, las noticias que nos llegan acerca de que se dejen practicar deportes como el ciclismo o la carrera a pie no están confirmadas. Lo más esperanzador que he leído es que son propuestas que están encima de la mesa, barajándose, pero noticias confirmadas en este aspecto, pocas. Está claro que todos los que somos aficionados a estos deportes estamos deseando salir a nuestros lugares habituales para hacer unos kilómetros, pero debemos ser todos conscientes de hacer bien las cosas para que ni nos contagiemos ni nos toque volver a confinarnos en nuestras casas. Lo más lógico es que se nos permita hacer ejercicio físico en solitario, nada de grupos, e intentado dejar la máxima distancia posible con el resto de personas que nos podamos cruzar caminando, corriendo o en bicicleta. Si se nos permite, seamos consecuentes y hagamos bien las cosas, por favor. Todos queremos salir, y debemos ser conscientes de la importancia de poner de nuestra parte para que todo vaya bien. No me arrepiento de decirlo. Todo sea porque, una vez que se nos deje, podamos seguir haciendo deporte sin contratiempos ni interrupciones. ¡Colaboremos, leñes!

En definitiva, debemos llevar esta situación lo mejor que se pueda, y “arribar el hombro” para que las cosas, poco a poco, vayan mejorando. Entre todos podemos ayudar mucho para que todo esto que se ha montado con el coronavirus vaya poco a poco desapareciendo y podamos volver a nuestras vidas normales. A nivel deportivo, estoy convencido de que tarde o temprano podremos volver a calzarnos las zapatillas y a hacer unos cuantos kilómetros.

Nos vemos (o nos veremos)… haciendo deporte, claro.