viernes, 30 de septiembre de 2022

Nueva temporada

Aunque de manera oficial, la temporada atlética no empiece hasta el uno de enero, septiembre suele ser un mes que suele estar marcado en el calendario de varios atletas y entrenadores de cara a comenzar los entrenamientos y, poco a poco, ir cogiendo la forma de cara a la época de cross, en invierno. Retomar los kilómetros con el grupo habitual de entrenamiento, las primeras tomas de contacto con algún que otro ritmo rápido para ver cómo está el cuerpo después del verano e incluso alguna competición con el objetivo de que esos primeros días exigentes se hagan algo más amenos. Algunos habrán aprovechado el verano para tocar otros deportes, como puede ser el ciclismo o la natación, mientras que otros habrán continuado gastando zapatillas, pero, seguramente, con un poco menos de intensidad. Salvo que, claro, se tenga en mente competir en alguna de esas maratones que se puedan celebrar en otoño, pues entonces seguro que habrá tocado seguir entrenando a buen nivel durante una buena parte de la época de calor.


En mi caso particular, estos meses de calor he continuado en mi línea. En mi línea de los últimos años, porque cuando entrenaba con Teo las temporadas estaban mejor estructuradas. Este verano he continuado entrenando, sin ningún plan de entrenamiento más allá que el de correr por sensaciones. Por diversos motivos (no relacionados con el atletismo), esta época estival se me ha hecho bastante pesada, y debo reconocer que los kilómetros hechos con mis inseparables zapatillas me han sido de una gran ayuda para despejarme. Posiblemente no haya sido la mejor opción de cara a querer preparar una temporada atlética en condiciones, pero a nivel mental desde luego que ha merecido la pena. Lo suyo, aunque sin dejar de correr del todo, habría sido incluir alguna sesión de deportes alternativos, como bicicleta, pero debo reconocer que tampoco me he querido andar complicando la vida en exceso. El tiempo era más bien escaso y como no nos ganamos la vida con el deporte y lo que buscamos, principalmente, es despejarnos, he preferido continuar haciendo kilómetros a pie. Seguramente, me habría agobiado bastante más si volvía a hacer como antaño, estar un mes alternando ciclismo y piscina, y el objetivo no era ese, así que a seguir con los que nos gusta, aunque a nivel de entrenamientos no fuera lo más apropiado. Si algo he aprendido en estos años es que no siempre hay que buscar el rendimiento, sino hacer lo que creamos más conveniente en cada momento para nuestro bienestar físico y mental.


También es verdad que, con prácticamente todos los fines de semana ocupados, lo de valorar ir a alguna competición estaba bastante complicado. Por eso, tampoco me he querido agobiar demasiado a la hora de empezar ninguna planificación de cara a alguna prueba en cuestión. La situación me ha estado llevando un poco, en este aspecto, a ir día a día, organizándome “a verlas venir”, según los horarios que tuviera. Como el 99,99 por ciento de la gente que no nos dedicamos de manera profesional al deporte, dicho sea de paso. Bueno, y de algunos deportistas de alto rendimiento también, que también estudian e incluso alternan su etapa como profesionales con una jornada laboral. Podríamos decir que ha sido una cuestión más de preferencias, pues han sido, como decía, unos meses de mucho movimiento y la cabeza tampoco estaba para andar dando vueltas a cómo programar los entrenamientos de una semana. En un momento en el que me encontraba bastante agobiado, no quería complicarme más la vida con una planificación y ver que ni cuerpo ni cabeza estaban para ello.


Pasado este verano tan largo, ya con septiembre terminado, con unas cuantas semanas por delante que se presentan bastante más tranquilas (crucemos los dedos) respecto a julio y agosto en temas de horarios y, sobre todo, con bastantes más ánimos y menos agobios, tengo la impresión de estar en el momento justo para empezar a hablar de competiciones. Bueno, de preparaciones, mejor dicho. Porque si bien físicamente he tenido, en esta última semana, días donde me he podido ver corriendo con mejores sensaciones respecto a días previos, es algo que hay que coger muy pinzas, a sabiendas de que lo más probable es que sea algo transitorio, como ya me ha ido ocurriendo a lo largo de la primavera y del verano, con rodajes bastante majos (dentro del nivel de “paquete trotón”) seguidos de otros muchos con sensaciones más que regulares. Malas en muchas ocasiones me atrevería a decir. Y que tampoco me fío mucho de las posibles averías que pueda dar mi cuerpo.


Con esto quiero decir que, si bien mi mente es empezar ya mismo a organizar esta nueva temporada, no quiero cometer el error de ir con prisa. No es cuestión de que porque haya tenido un par de días con mejores sensaciones, esté para cosas que no son. Uno ya lleva las lesiones y palos suficientes como para darse cuenta de que las prisas nunca, ni en el deporte ni en nada, son buenas. Solo para, una vez más, llevarnos un palo. Y no es la idea. Han sido demasiados meses con lesiones y problemas físicos que nos han ido impidiendo poder correr con continuidad y no estoy dispuesto a volver a pasar el calvario de ver cómo estoy un mes corriendo y tres parado. Ya lo he experimentado en demasiadas ocasiones, como supongo que os habrá ocurrido a muchos de vosotros, y desde luego que no me apetece volver a eso. Claro que no es cuestión solo de no tener prisa, sino también de organizar de una manera un poco decente las sesiones de entrenamiento. Ser consciente de cómo estamos, de dónde partimos, de hacia dónde queremos ir, e ir con buena letra.


Por ahora, antes de plantearme introducir las sesiones de calidad con sus respectivas series, sesiones específicas de cuestas y demás, entrenamientos exigentes que requieren de un pequeño acondicionamiento previo que yo ahora no tengo, me gustaría plantearme una “base”, con el único objetivo de aprovechar las sesiones de carrera continua hasta donde se pueda llegar para ir mejorando poco a poco los ritmos y dar ya ese empujón final, dentro de unas cuantas semanas, con días más específicos para trabajar los ritmos altos. Teniendo en cuenta que yo no soy entrenador, soy de los que piensa que de un rodaje bien aprovechado se puede sacar mucho beneficio y sin tener esa exigencia que pueden tener las series. Alternar un día de carrera continua a un ritmo cómodo con otro donde, dentro de esa sesión de kilómetros rodando, introducir unos cambios de ritmo de más o menos distancia, o unas cuestas, por ejemplo. Algo así hice en 2014, cuando me puse como objetivo principal de aquella temporada la carrera de El Salvador, en La Bañeza, alternando días de cambios de ritmo con otros de carrera continua y, en alguna ocasión, sesiones de bicicleta, tanto de montaña como de carretera. La verdad que la experiencia fue bastante gratificante. Al correr allí, pocos días después, empecé a introducir las series (la planificación que preparé para La Bañeza fue de doce semanas), y las sensaciones que encontré en las mismas me gustaron bastante. Los tiempos serían mejores o peores, pero, al menos, logré que el cuerpo no se me quejara, y disfrutar de los entrenamientos y las competiciones.


El objetivo de aquí de cara a unas cuantas semanas es mejorar los ritmos sin meter la pata y, según vaya viendo los ritmos y pueda ir cuadrando horarios, empezar a plantear alguna prueba. Ahora mismo, por los tiempos que he ido manejando en los últimos meses, veo muy, muy lejos poder llegar a tocar ciertos ritmos que tocaba hace cinco, seis o siete años, pero bueno, no hay que agobiarse, sino disfrutar de los entrenamientos que poco a poco vayamos realizando. Con todo lo que queda por delante, es tontería agobiarse pensando en marcas, aunque no voy a negar que esa idea de poder retomar aquella idea que me acompañó en alguna ocasión de ver hasta dónde puedo bajar el tiempo invertido en los 10.000 metros es algo que se me viene a la cabeza muchos días, igual que probar a preparar una media maratón y ver hasta dónde podemos llegar en los 21,097 kilómetros. Si sirve como motivación para ir mejorando poco a poco, pues bienvenidos sean esos pensamientos, pero siempre con los pies en el suelo, siendo consciente, como decía, de cómo estamos y de lo mucho que nos queda por delante. Pero, por ganas, que no quede. Por ahora, me conformo con ir cumpliendo con lo que esté marcado dentro de la tabla de entrenamientos, con poder colgarme algún dorsal con la idea de hacer algún test y con seguir disfrutando de este deporte.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.


lunes, 30 de mayo de 2022

Zapatillas y bicicleta

Durante esta última semana he estado leyendo el libro “Un hombre en fuga. Gloria y tragedia de Marco Pantani”. He aprovechado que volvía a leer temas de ciclismo para echar un poco la vista atrás y recordar que mi afición al deporte comenzó gracias a gente como el protagonista de este libro, el gran escalador italiano Marco Pantani, lo que me ha animado a ponerme manos a la obra con otra entrada para el blog y tratar un poco este tema.


Hasta que comencé a practicar atletismo a finales del verano de 2009, mi deporte “principal” fue el ciclismo. Estaba muy enganchado al deporte de las dos ruedas, hasta el punto de que estaba constantemente en casa para que me dejaran competir. Siempre obtenía un “no” rotundo por respuesta, alegando que meterse en un pelotón de una competición ciclista era muy peligroso y que éste necesitaba, además, de mucho tiempo para entrenar, un tiempo que tenía que invertir en estudiar. La verdad que ahora agradezco eternamente a mis padres esa negativa para ser ciclista, aunque en aquel momento no acababa de entender la decisión y cada vez que me subía a mi bicicleta BH de montaña me imaginaba subiendo un puerto como Alberto Contador, el ciclista de moda por aquel entonces, o intentando emular los ataques de los ciclistas que veía por la tele cada vez que salía con más gente. Lástima que al corredor del Astana esos ataques le salían bien y a mi, una vez que los compañeros, todos de la edad de mi padre, habían ido un rato por detrás, posiblemente riéndose de mis “brotes”, decidieran tensar un poco y, sin demasiado esfuerzo, pasarme y dejarme por ahí tirado.

Me enganché a las competiciones por la televisión y veía todas las que podía. Además, por casa teníamos varios números de las revistas “Bicisport” y “Ciclismo a Fondo”, los cuales me leía de arriba a abajo. Bueno, miento. En realidad buscaba las entrevistas a los profesionales de aquel momento, para ver cómo eran sus entrenamientos, cómo habían empezado ellos a andar en bicicleta y en qué pruebas iban a estar presentes. También buscaba las noticias de las competiciones que ya se habían celebrado y de las que se iban a celebrar. Juntaba noticias de los años 80 y 90, con los equipos ONCE y Banesto como principales bazas españolas, y con nombres de ilustres como Delgado o Indurain, en Bicisport, con las noticias más recientes de la mano de “Ciclismo a Fondo”, donde aparecían los Alberto Contador y Carlos Sastre. Por medio, los más conocidos, tanto de nuestro país como de otros: Mario Cipollino, Lance Armstrong, Ángel Arroyo, Marco Pantani, Laurente Jalabert, Oscar Freire, Peio Ruiz Cabestany, Chente García, Pablo Lastras… Incluso, aunque ya tenía este blog, hice otro (“Amantes delciclismo de carretera y montaña”) donde tan solo escribía temas relacionados con la bicicleta, llegando a publicar algunas entrevistas que hacía a algunos ciclistas profesionales, como Eduardo Chozas, Sergio Pardilla u David Etxebarría, aunque también tuve la oportunidad de entrevistar a gente como Antonio Alix, uno de los primeros triatletas españoles en competir en el prestigioso Ironman de Hawaii, a Javier Castañer, quien ostenta la segunda mejor marca de la hora tras Miguel Indurain, a Manolo Saiz, director del equipo ONCE y un gran revolucionario de este mundillo, o a Francisco Chico Pérez, director durante varios años de la revista “Bicisport” todo un ilustre dentro del ciclismo a nivel periodístico.


A nivel de práctica, que era lo que, sin duda alguna, más me gustaba, empecé en esto de la bicicleta de mano de mi padre, aficionado desde joven al ciclismo, de carretera de forma especial. Mis primeras salidas en grupo fueron la gente de Bicizamora, con quien he seguido compartiendo kilómetros incluso ya practicando atletismo como deporte principal, y con quienes aun a día de hoy, cuando he dejado la práctica completamente de lado, aun tengo cierto contacto. A aquellas primeras rutas familiares les acompañaron, primero, las salidas “de los miércoles”, donde completar unos kilómetros con ellos era para mi, muchas veces, un suplicio físico y también técnico, algo que siempre me flojeaba a la hora de salir con la bicicleta de montaña y que me ha acompañado en mi etapa actual como corredor. Poco a poco fueron llegando las primeras salidas también con el grupo de las nueve y media, según iba mejorando un poco y el fondo físico me iba permitiendo aguantar rutas más largas. Una buena manera de iniciarse en el mundillo del deporte.


Sin embargo, en 2009, ante la constante negativa de no poder competir en ciclismo, mi mayor ilusión, comencé, de la mano de Teo de las Heras y el Club de Atletismo Zamora, a competir en atletismo. En aquel momento reconozco que nadie de mi entorno intuía que este deporte iba a conseguir desplazar a la bicicleta. Poco a poco me fui metiendo en el mundillo del corredor, y el gusanillo me picó. Con fuerza. Contribuyeron mucho aquellas anécdotas que nos contaba Teo de su extensa época como corredor, con otros corredores zamoranos, a muchos de los cuales iba conociendo con el paso del tiempo. Cada atleta nuevo que conocía, una anécdota nueva en una competición. Atletas veteranos que nos contaban sus experiencias con los dorsales de primera mano. Estaba metido en lo que me gustaba: la competición. No era en el deporte que en un principio quería, pero es en el que ahora no quiero abandonar. Además, topé con un grupo de chavales de mi misma edad. Con Steven hice “buenas migas”, al ser dos atletas con unas características bastante parecidas. Aunque más rápido que yo, éramos los dos fondistas del grupo, de la misma edad y con una mentalidad muy parecida a la hora de entrenar y competir.

Pasó el tiempo y poco a poco me fui alejando de la bicicleta. Aunque he tenido épocas de estar más vinculado que otras, incluso mis padres llegaron a comprarme una bicicleta de carretera, reconozco que, con el paso del tiempo, he acabado completamente centrado en el atletismo. Ahora, desde la lesión del tendón de Aquiles en 2018, no me he vuelto a vestir de ciclista, y ahí ya venía precedido de varios meses sin salir. Sí que sigo un poco más la competición a través de revistas especializadas, televisión y redes sociales, aunque reconozco que a varios de los ciclistas más actuales ya no los controlo tanto como a los de la época de Alberto Contador y demás.


Actualmente, debo reconocer que estoy agradecido a mis padres de que no me dejaran ser ciclista. Durante mucho tiempo fue mi ilusión. Quería estar en un equipo de cualquier manera. Sin embargo, ahora, echando la vista atrás, reconozco que, como atleta, en estos doce años me lo ha pasado genial, y ha sido un deporte que me ha aportado mucho. Cierto es que durante estos últimos años prácticamente no he estado compitiendo y que las lesiones han sido una constante, pero, como decía, he disfrutado una barbaridad. Aunque no quiero desmerecer a la bicicleta, pues gracias a ella me aficioné al deporte y me ha salvado de varios parones cuando las lesiones me han obligado a dejar de correr durante una larga temporada. Pero, como decía, ahora mismo no cambiaría mis kilómetros corriendo por unos en bicicleta.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.


martes, 24 de mayo de 2022

De vuelta a las andadas

 Hace muchos, pero que muchos meses que no publico nada en este espacio. La última entrada está con fecha del día 20 de septiembre de 2021. Desde entonces, diferentes motivos me han tenido apartado de un espacio al que le tengo un cariño especial. Y es que, si bien soy asiduo en ciertas redes sociales, donde suelo compartir bastantes publicaciones, este blog para mi tiene un significado especial, al haber comenzado con él bastante pequeño y porque se ha acabado terminando en una especia de diario deportivo, donde también han tenido cabida otros temas, como puede ser, con algo más reciente, la famosa pandemia del coronavirus.


Durante todo este tiempo reconozco que he intentando en varias ocasiones ponerme a escribir, pero las diferentes obligaciones me han impedido dedicar el tiempo suficiente a la escritura, dejando al final a medias la mayoría de las entradas que tenía pensado publicar. No es que me hayan ocurrido cosas lo suficientemente importantes como para tener que ser compartidas en este blog, pero sí podríamos decir que necesitaba, de alguna manera, volver a escribir después de este asueto. Y es que, como ya he comentado en varias ocasiones, esto de juntar letras es una de mis aficiones, y no hacerlo de una manera más o menos regular acaba siendo como tener una lesión y no poder salir a corretear, algo, que por cierto, no he dejado de hacer en todo este tiempo.


Y, por qué no, precisamente el atletismo podría ser el primer tema para tocar en esta nueva entrada en el blog. Desde que comenzó la pandemia del coronavirus, reconozco que no me he complicado demasiado la vida y he mantenido, en cuanto a entrenamientos, la misma línea que seguía hasta el famoso confinamiento de marzo de 2020. Carrera continua por kilómetros y sensaciones, dejando que fuera el cuerpo el que marcara los ritmos, y solo mirando el reloj para ver los kilómetros que llevaba y los que quedaban para terminar la sesión correspondiente, utilizando los días de carrera continua para despejarme de la jornada laboral o para oxigenar la cabeza de cara de cara a la misma. Nada de sesiones de calidad, algo que dejé de lado en 2018 de manera prácticamente definitiva y no he vuelto a tocar, y que, siendo sincero, tampoco entra demasiado en mis planes. Porque, la verdad, el cuerpo está para cogerlo con pinzas, y no es plan de martirizarlo más de la cuenta con series, cuando sé que el “estropicio” va a ser bastante mayor que la ventaja que le pueda sacar a estos entrenamientos tan exigentes. Por ahora, la carrera continua me aporta lo que necesito, despejarme y disfrutar de este deporte, así que, por ahora me vale. Además, soy de los que piensa que a los rodajes se le pueden sacar muchos beneficios si se aprovechan. Y, aparte, bastantes taras tiene uno de lesiones pasadas como para andar provocando más.


Lo que no quita es que, a pesar de estar dedicándome en exclusiva a rodar, y por ahora no tenga previsto apuntarme a ninguna carrera (entre otras cosas, porque me toca trabajar prácticamente todos los fines de semana), eche de menos el tema de competiciones y, en un espacio no muy largo de tiempo, mi idea sea intentar retomar, dentro de las limitaciones que uno tiene con las taras que comentaba en el párrafo anterior, el tema de organizar las sesiones de entrenamiento de cara a intentar volver a colgarme un dorsal de la camiseta. Sé que lo de introducir series lo tengo difícil, pero, como decía, a los entrenamientos de carrera continua creo que se les puede sacar mucho partido si se organizan más o menos bien, así que, ¿por qué no? Después de nueve años entrenando de manera autodidacta y, sobre todo, muchos golpes a base de lesiones, espero que algo hayamos aprendido en lo que se refiere a los tipos de entrenamientos que me vienen mejor o peor. En base a ello, a lo que hayamos aprendido en estos años, toca empezar a organizar las sesiones de entrenamiento.


¿Es factible volver a competir a ritmos de 3'30, como hace bastante tiempo? Honestamente, ahora mismo no. Éste es, ahora mismo, un objetivo muy lejano, y habría que quemar varias etapas antes de plantearlo. Lo primero de todo sería mejorar los ritmos diarios, de cada entrenamiento. Durante una gran parte de estos dos años de pandemia he estado tocando ritmos en torno a 5'20-5'30, sin mucha oscilación. Por Semana Santa me propuse que había que empezar a mejorar esto después de tanto tiempo, y sí conseguí, durante unos días, hacer incluso algún rodaje por debajo de 5'00 min/km y completar los últimos kilómetros a ritmos en torno a 4'30 min/km, para luego, quedarme estancado a ritmos entre 5'05 y 5'15, que es a lo que me vienen saliendo los últimos días de carrera continua que he hecho. Por esto digo que lo de plantearnos un tiempo concreto con un dorsal, lo primero que hay que mejorar es esto. Ir, poco a poco, mejorando las velocidades de los rodajes, y según vayamos dominando esto, empezar a pensar en introducir días con algo más de intensidad, bien sea en cambios de ritmo de mayor o menor longitud, algo que me vino muy bien en su día para preparar la carrera de El Salvador de 2014, o rodajes con cuestas, que se me hacen bastante más amenos que coger una subida y liarme a hacer repeticiones sobre la misma hasta aburrirme y que, además, es una manera de hacer kilómetros que también me gusta bastante y que en su momento la apliqué en más de una ocasión. De cara a empezar un plan más o menos específico, por ahora lo único que me queda es “hacer cuentas” sobre el calendario, para calcular las semanas más o menos aproximadas de plan según en qué momento me gustaría empezar a plantearme ponerme en una línea de salida, aunque sea sin estar “bien”, algo que, seguro, tardaré en poder decir, porque ha sido mucho tiempo dedicándome en exclusiva a rodar al mismo ritmo. Finales de verano o principios de otoño sería una buena opción para empezar a plantearnos participar en alguna competición.


Aunque al tema del plan le queda alguna que otra pincelada, si hay algo que se puede confirmar es el cambio de club. Tras pasar por el Atletismo Zamora, mi primer club de atletismo, y por el Mesa de Valorio, con el que un estado de forma muy regular y una pandemia han provocado que solo haya corrido la media maratón de Ávila de 2019 con ellos, llega el momento de cambiar de nuevo los colores. El C.D Zamora Corre-Adarsa es, desde hace unos meses, mi nuevo club. Un club dinámico, federado, con gente joven y, sobre todo, que me permite seguir llevando el nombre de Zamora en la camiseta, porque si de algo me siento especialmente orgulloso es de ser zamorano, aunque últimamente esté parando más bien poco por aquí. Buscaba un club que me permitiera volver a tener una licencia y que, a poder ser, fuera de casa. Me decanté por el Zamora Corre-Adarsa sencillamente porque cumplía con lo que buscaba como corredor popular (no sé si aun estoy para utilizar el término que acuñé hace unos años de “atleta popular machacón”). Por supuesto que no me puedo olvidar de la gente del Atletismo Zamora, especialmente de Teo de las Heras, pues gracias a ellos me aficioné al atletismo y consiguieron que un ciclista que se aficionó al atletismo acabara siendo un atleta aficionado al ciclismo. Con ellos participé en todos los crosses federados que he corrido desde 2009. Y, desde luego, me alegra saber que he sido uno de los muchos atlets que han entrenado de la mano de Teo, un entrenador al que, quizá, muchas veces no hemos sabido valorar todo lo que ha hecho por el atletismo en nuestra ciudad. Con la gente del Mesa de Valorio aprendí otra filosofía de ver el atletismo, más tranquila, sin tanta “complejidad”. Ahora empezamos esta nueva aventura con nuevo club. Solo espero poder verme de nuevo en una línea de salida, con un dorsal y disfrutando de ese ambiente competitivo y, por supuesto, de seguir poniéndome cada día las mallas y las zapatillas para disfrutar de unos cuantos kilómetros.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.