“Allá,
en las tierras altas,
por
donde traza el Duero
su
curva de ballesta
en
torno a Soria, entre plomizos cerros...”
En
octubre del año pasado escribía una entrada en este mismo blog
acerca del verano que había pasado por tierras sorianas. Motivos
laborales me habían llevado hasta las tierras a las que tanto
escribió Antonio Machado y que, por los senderos del monte de
Valonsadero, vio correr a Abel Antón y Fermín Cacho. Un año
después, los mismos motivos me llevaron hasta Soria. Debo reconocer
que, tras haber estado en las fiestas navideñas trabajando en
Ponferrada, tenía esperanzas de poder acercarme algo más a Soria
este verano, pero, la verdad, no me arrepiento de que haya sido de
nuevo esta ciudad la encargada de “adoptarme” durante algo más
de cuatro meses.
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(Foto: http://www.sorianitelaimaginas.com). |
A
finales del mes de mayo recibía una llamada para ofrecerme en Soria
un contrato de cuatro meses y medio. Como decía, tenía esperanzas
de poder acercarme algo más a Zamora, pero me alegré de que fuera
Soria, y no otra ciudad, a la que me tocara irme. Al fin y al cabo,
era un sitio que ya conocía, al igual que el hospital donde me
tocaría trabajar (aunque el servicio fuera diferente al del año
pasado). Guardaba muy buen recuerdo tanto de la ciudad como de sus
gentes, así que, junto al hecho de volver a tener trabajo, nada
podía echarme para atrás. Tocaba, lógicamente, solucionar ciertos
papeles antes de empezar a trabajar. Al avisarme con cierta
antelación (un par de semanas), me desplacé hasta Soria con
intención de estar allí entre tres y cuatro días, para luego
regresar a Zamora y volverme para comenzar a trabajar. Lo más
complicado era encontrar un piso para alquilar, algo que finalmente
conseguí solucionar gracias a una compañera del año pasado.
Gracias a que se puso en contacto conmigo conseguí un piso, y la
verdad es que es de agradecer. Solucionado el tema de la vivienda,
tocaba dejar todo el tema de papeleo laboral hecho antes de “volver
a Granada” por una semana, que diría Miguel Rios. Con todo
solucionado, y ya más tranquilo, tocó regresar a Zamora durante una
semana. Este espacio de tiempo lo utilicé para repasarme unos
cuantos apuntes, que buena falta me iban a hacer para los próximos
meses, y para empezar a preparar todo lo que me haría falta hasta la
semana pasada en temas de ropa y demás. No podían faltar, por
supuesto, las zapatillas de correr, un elemento indispensable para
cualquier viaje.
Regresé
a Soria una semana después de haber dejado todos los papeles
solucionados. Antes de empezar el contrato tuve la oportunidad de
acudir unos días antes al servicio en el que iba a estar trabajando
para poder ver el funcionamiento del mismo, algo que, la verdad, me
vino de cine. A nivel personal, me encontraba más tranquilo que el
año pasado. Ya sabía, por un lado, lo que era alternar la vida
laboral con tener que cocinar, limpiar el piso, tener que comprar
comida y alternar esto con las sesiones de carrera continua diarias.
Y, para qué engañarnos, lo echaba en falta. Es cierto que en las
fiestas navideñas estuve en una situación parecida, pero a la vez
diferente. Cierto que tuve una opción genial, que fue repetir en el
mismo servicio en el que estuve en la capital numantina el verano
pasado, y eso fue una gozada, pero, aparte de que fue menos tiempo
(pasé de estar cuatro meses o cuatro y poco a estar tres semanas,
algo lógico, las vacaciones en esas fechas son más cortas), estuve
en un hostal, y, al estar en un hostal, debía organizarme en ciertos
aspectos de otra manera. Aquí, para poder correr, trabajar, comprar
o limpiar, dependía todo de cómo me organizara yo en base a los
turnos de trabajo, no dependía de nada más, y la verdad es que,
como decía, lo echaba de menos.
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(Foto: www.visitasoria.com). |
El
tiempo fue pasando, y la verdad que muy, muy rápido. ¡Si parece que
fue la semana pasada cuando me marché para Soria! Guardaba muy buen
recuerdo de esta ciudad y también de su gente. La verdad que si una
cosa he notado en cuanto a los sorianos ha sido el carácter, para mi
gusto, muy diferente al de “mi zona” (Salamanca o Zamora).
Personas, por norma, muy amables y muy buenas personas. Campechanos.
Para mi, gente mucho más abierta que en mi zona. No digo que por
aquí no seamos así, pero sí que es cierto que noté que allí era
mucho más fácil tratar con la gente. Personas muy abiertas,
dispuestas a ayudarte en cualquier cosa desde el primer momento. Por
mi contacto lógico con Zamora y también con Salamanca, al descender
de allí, me he dado cuenta de que tendemos a ser bastante más
cerrados, al menos en un principio, con la gente de fuera. Todo lo
contrario a los sorianos. En resumidas cuentas, gente tranquila,
campechana, agradable y, sobre todo, muy buenas personas. Pero, una
cosa llamativa, en alguna ocasión comenté ésto mismo con algunos
compañeros sorianos y me comentaban lo contrario. La gente que
conocía Zamora (unos cuantos), me comentaban que los sorianos eran
más cerrados que los zamoranos. Sí debo añadir que, para mi, el
soriano que es serio, lo es mucho, muchísimo, pero ocurre al revés
que en “mi tierra”. Como decía, aquí la gente es más seria en
un principio, mientras que es más complicado encontrar a alguien
abierto; sin embargo, allí es lo contrario, para mi lo habitual era
encontrar gente abierta, como la que describía, mientras que la
gente seria era menos habitual, pero claro que la había.
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Con Abel Antón. |
En lo
que a la ciudad se refiere, en cuanto supe que volvía a Soria se me
vinieron a la cabeza un montón de lugares. Y es que Soria, aparte de
ser una ciudad acogedora, le ocurre como a Zamora: es una ciudad
pequeña y de rincones. Enseguida recordé el parque de “la
dehesa”, El Collado, el Mirador de los Cuatro Vientos, la orilla
del Duero, San Saturio, el monte de Valonsadero, las pistas de
atletismo de Los Pajaritos y el edificio del CAEP, la subida al
Castilljo con sus correspondientes vistas de la ciudad, el camino de
Garay… Muchos recuerdos. Y es que ésta es, para mi gusto, una
ciudad muy poco valorada. Creo que es una ciudad de rincones y
también, por qué no, de naturaleza, con la orilla del Duero, “la
dehesa” y el monte de Valonsadero. Y, si sois fiesteros, no os
podéis perder las famosas fiestas de San Juan, “los sanjuanes”
como los llaman allí. Es impresionante como toda la ciudad se vuelca
con las actividades de su ciudad, con absolutamente todas, y en
especial con “los sanjuanes”.
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En el alto de "la dehesa". |
A nivel
deportivo, la verdad que ha sido un verano diferente. Si bien es
cierto que el primer fin de semana que estuve allí me tocó parar
por una sobrecarga, por suerte no fue más de dos días y, más o
menos, he podido salvar el verano. En esta ocasión cambié un poco
mis zonas habituales del año pasado a la hora de rodar. Si bien he
ido en alguna ocasión a la zona del Duero y San Saturio, donde, por
cierto, descubrí un circuito de unos cinco kilómetros por los
alrededores del estadio de fútbol, en esta ocasión tuve la suerte
de tener el carril bici que une Soria con el monte de Valonsadero y,
la verdad, me resultó un sitio de lo más agradable para hacer
kilómetros de carrera continua. Sí es cierto que últimamente las
cuestas se me están atragantando bastante y por aquí tenía un par
de ellas que me dejaban para el arrastre, pero bueno, aun así, un
lugar perfecto para correr. Desde donde lo cogía hasta entrar al
monte tenía apenas cuatro kilómetros, aunque luego, hasta la zona
de la casa del guarda, donde acababa este carril bici, había
bastantes más kilómetros; de hecho, en los rodajes más largos que
he hecho por allí, de en torno a 15,5-16 kilómetros, nunca llegué
hasta allí. Del monte, me llamó la atención la de vacas y algún
caballo que se veía por las praderas. También volví a hacer varios
kilómetros por “la dehesa”, en el circuito de kilómetro y
medio. Este parque está ideal para correr, aunque hay que saber
seleccionar las horas a las que ir, porque, al menos en verano, según
en qué momentos, te la puedes encontrar hasta arriba de gente.
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Con Estela Navascues. |
Y si
hablamos de atletismo, no nos podemos olvidar de los atletas de alto
nivel que han salido y siguen saliendo de allí. Tuve la oportunidad
de ir a ver la media maratón de la ciudad, en la cual, aparte de la
prueba de 21 kilómetros, se celebra otra competición de cinco
kilómetros. Claro, “bautizadas” con el nombre de Abel Antón y
Fermín Cacho. Pues por allí andaban los dos. El de Ágreda, oro
olímpico en el 1500 de Barcelona, corrió la prueba de 5000 metros,
mientras que el gran maratoniano corrió la media maratón haciendo
de liebre para los atletas que quisieran hacer 1h30'. Con Abel
conseguí la foto, pero me quedó pendiente con Fermín. Aparte, la
prueba de cinco kilómetros la ganó la atleta de Tudela Estela
Navascues, la cual lleva ya unos cuantos años entrenando por Soria.
En cuanto la vi me empeñé en hacerme una foto con ella, un objetivo
que se me logró. Por cierto, una chica de lo más agradable, que
accedió sin ningún problema y que me dijo “si ha quedado mal, nos
hacemos otra”.
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Corriendo por "la dehesa". |
En
definitiva, otro verano más por tierras sorianas, que me ha servido
para seguir conociendo algún rinconcito más de la ciudad que tanto
le gustó a Antonio Machado y que, a nivel personal, me ha permitido
conocer otro servicio hospitalario. Ahora, ya de nuevo por Zamora,
toca seguir buscando cosillas para hacer en diferentes ámbitos, pero
a esto ya le dedicaré otra entrada. Y si para el próximo verano
toca volver a esta ciudad, yo, encantado.
Nos
vemos… haciendo deporte, claro.
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