domingo, 12 de enero de 2020

2020 deportivo


Ha pasado más de un mes desde la última entrada que publiqué en este espacio. El motivo principal de que no haya actualizado el blog no es otro que la falta de ideas. Así de claro. No tenía ningún tema que me resultara lo suficientemente interesante como para juntar unos cuantos párrafos. Ahora tampoco es que lo tenga, las cosas como son, pero ya me resultaba un tanto “incómodo” pasar tanto tiempo sin escribir absolutamente nada. ¿De qué voy a escribir, entonces? Pues no lo sé. Imagino que, como vengo haciendo ya desde mucho tiempo, iré tirando un poco de improvisación y, según me vaya viniendo la “inspiración”, iré escribiendo.

El 2019 llegó a su fin hace unos días. A nivel deportivo, que suele ser el tema más habitual de este blog, la verdad que ha sido diferente. Mejor que el último o los dos últimos años para algunas cosas, mientras que, por otro lado, tampoco ha sido una época para tirar cohetes. Por un lado, parece que he podido tener cierta continuidad corriendo. Y digo cierta porque, para variar, también me ha tocado parar durante algunos días debido a las lesiones. Por suerte, en este 2019 no ha sido demasiado el tiempo que he tenido que estar sin correr. Una sobrecarga en la espalda fue la que más tiempo me tuvo parado, y no fueron más de cuatro días. Claro, que para mi supusieron, como es habitual, un auténtico calvario. Pasada esa contractura, otra en la zona de la ingle de ambas piernas (un día rodé 14 kilómetros tan a gusto y al siguiente me levanté dolorido) no me permitió, por un día (ésto fue un sábado y no volví a rodar hasta el lunes) finalizar aquella semana. Éstas serían, a grandes rasgos, las dos que me han hecho parar, aunque tengo la impresión de que me estoy dejando una en el tintero, pero ahora mismo no caigo. Como se puede ver, no han sido demasiado largas y enseguida he podido volver a calzarme las zapatillas. Lo que sí he tenido han sido molestias. Unas cuantas. En especial, a lo largo del verano. Cuando no era un gemelo era de nuevo la espalda o, sino, una pequeña sobrecarga en la zona del glúteo o aductores, que si bien me permitieron seguir corriendo, tuve que hacer bastantes modificaciones en cuanto a ritmos y lugares para hacer los kilómetros correspondientes, buscando sitios lo más llanos posibles y siempre con la ayuda de los estiramientos, que si bien es cierto que no me gustan en absoluto y el rato que los estoy haciendo me supone más esfuerzo que cualquier rodaje, debo reconocer que me han salvado de tener que parar con estas molestias.

Con esto de las molestias me lleva tiempo ocurriendo algo curioso. Y es que, después de todos los problemas que he tenido con las lesiones, en cuanto noto que algo está un poco fuera de lo normal, me “asusto” bastante. Le doy muchas vueltas a esto de las molestias, por mínimas que sean y por muy claro que esté que no van a ir a ningún lado. Me ha costado mucho poder tener cierta regularidad corriendo después de estos dos años plagados de problemas, teniendo que parar cada pocos días y durante bastante tiempo por sobrecargas, tendinitis o semejantes, y ésto me ha llevado a tener cierto “miedo” a volver a verme lesionado. Todo ésto llega al punto de que incluso creo que le he acabado cogiendo cierta “manía” a las piscinas y a las bicicletas, que al fin y al cabo es lo que acabo haciendo cuando parece que la lesión en cuestión va a prolongarse más tiempo del que yo pensaba. Imagino que será algo normal en los que somos aficionados al deporte y hemos pasado una mala racha en cuanto a lesiones se refiere.

Dejando de lado este tema de los dolores, 2019 ha sido un año peculiar en cuanto a ritmos. Quitando los meses que transcurrieron desde que volví a correr tras la fractura de la costilla hasta que me toco parar por la tendinitis en el tendón de Aquiles (entre principios de enero y principios de marzo de 2018), en los que estuve corriendo con bastantes molestias en esta zona (vale, sé que no debe hacerse, pero lo hice), lo que me llevó a prácticamente no ser capaz de bajar de los 5'00 min/km en los rodajes salvo en ocasiones muy contadas, la verdad que siempre que había vuelto a rodar después de una lesión había ido mejorando poquito a poco. El año pasado sin ir más lejos, cuando empecé de nuevo en Soria tras la lesión que comentaba en el Aquiles y otras dos sobrecargas que tuve al intentar empezar y que me tuvieron apartado entre ambas otro mes (aparte de los tres que llevaba con la dichosa tendinitis), muy poquito a poco fui mejorando los ritmos de los rodajes hasta que, tres meses después, era capaz de hacer rodajes a ritmos de 4'40-4'45 sin ningún problema, incluso llegué a hacer alguno a ritmos por debajo ahí. Sin embargo, desde el parón que tuve en diciembre de ese año (2018), no he sido capaz de mejorar. Cierto que ahora me he quedado en un abanico relativamente “amplio”, rodando entre los 4'55 y 5'10, pero me cuesta horrores sacar los rodajes por debajo de esos ritmos. Cuando me encuentro bien (repito, tengo que encontrarme bien o, mejor dicho, muy bien) intento forzar con la idea de sacar algunos rodajes más rápidos y no estar siempre dentro de ese abanico. Algunos días sí que he logrado que en alguna ocasión ciertas sesiones hayan caído a ritmos de 4'45-4'50, pero siempre teniendo que tensar bastante para conseguirlo.

Pero una cosa está clara. Bueno, dos. Lógicamente, no puedo quejarme de que no mejoro si no lo busco en los entrenamientos. Ya no haciendo series, sino aunque sea introduciendo cambios de ritmo (debo reconocer que, a la hora de trabajar la calidad, éstas sesiones son mis favoritas; me aficioné a ellas cuando Teo nos las mandaba en la pista de atletismo o en un circuito que teníamos de unos 300 metros al lado del puente de hierro). No hago nada que favorezca una mejoría, solamente hago carrera continua, por lo que, como decía, motivos para quejarme tampoco tengo. Desde la lesión a finales del pasado 2018 después de llevar un tiempo haciendo series (en torno a un mes), decidí que ese tipo de entrenamientos quedarían aparcados. Casualidad o no, en los últimos intentos de hacer series he acabado amargado por no poder correr, y como lo que me gusta, por encima de cualquier entrenamiento de series y demás, es simplemente eso, correr, no me complico la vida. ¿Podría animarme a hacerlas e intentar hacer este tipo de entrenamientos con más cabeza? Imagino que con mi edad, años corriendo me quedan unos cuantos y, de estar compitiendo, me quedaría toda la categoría Senior por delante (pasé a la misma el pasado uno de enero) y teniendo en cuenta que, posiblemente, esté entrando en los mejores años si los objetivos son hacer mínimas y lograr buenos puestos en diferentes competiciones de cierta importancia (como pueden ser los muchos crosses que tenemos en Castilla y León) o incluso plantear la posibilidad de intentar ir a unos Nacionales, por ejemplo, pues sí, podría retomar esto. Pero, como digo, ahora mismo mis preferencias en cuanto a lo deportivo están enfocadas al puro disfrute a base de hacer rodajes por la orilla del Duero o ese bosque de Valorio que tanto nos gusta a los corredores zamoranos. En estos rodajes busco, aparte de este disfrute que comento, también despejarme por un rato del temario de las oposiciones o de una jornada laboral, si en ese momento tengo la suerte de poder estar trabajando. También me sirve para organizar ideas e incluso en alguna ocasión he llegado a organizar las horas de estudio según iba rodando.

A fin de cuentas, me conformo con poder continuar corriendo a diario mis kilómetros de carrera continua sin ningún de percance y poder seguir disfrutando de este deporte. Ése es mi único objetivo. El tema de las competiciones… según vayan viniendo, pero no me planteo preparar ninguna. Quizá el cambio de mentalidad llegó demasiado pronto, pero qué le vamos a hacer. Ahora los objetivos son disfrutar cada día con esos rodajes.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.




sábado, 7 de diciembre de 2019

Ciclismo y atletismo

Aunque llevo ya bastante tiempo que me limito a tocar la bicicleta cuando estoy lesionado y dicha situación tiene pinta de ir para muy largo, es cierto que mantengo el contacto con algunos de los compañeros con los que he compartido algunos kilómetros dando pedales por las carreteras y caminos zamoranos. Algunos comparten mi afición con esto de la carrera a pie, mientras que otros se dedican “en exclusiva” a la bicicleta. También tengo varios conocidos dentro del mundillo del atletismo que suelen utilizar la bicicleta, al igual que suelo hacer yo, cuando alguna molestia les impide calzarse las zapatillas. Cuando me encuentro con algunos de los compañeros que se dedican solo a dar pedales, muchos suelen recurrir a ciertas preguntas del estilo “¿y la bicicleta dónde está?”. También suelen estar los comentarios (que, por cierto, no me hacen ninguna gracia, las cosas como son) de “déjate de correr tanto y vuelve a montar en bicicleta”, alegando que a lomos de un sillín se viven experiencias que corriendo no se pueden experimentar. Curioso comentario, sobre todo cuando viene de gente que nunca ha salido a correr. Hoy me gustaría dedicar la entrada del blog al motivo por el cual prefiero hacer kilómetros corriendo y no en bicicleta, y por qué no acaban de gustarme esos comentarios.

Ya he comentado en alguna ocasión que, cuando comencé en esto del atletismo, yo era más bien un “ciclista aficionado al atletismo”. Si bien nunca llegué a competir en el mundillo de las dos ruedas, algo de lo que ahora me alegro enormemente, aunque entonces mi objetivo era llegar a tener un dorsal en el maillot, con el paso del tiempo mis preferencias han ido cambiando. Poco a poco, con el paso del tiempo, me fui dando cuenta de que donde más disfrutaba era con las zapatillas. Ésto, más o menos, podría decirse que fue a lo largo del año 2011, aunque en torno a 2013 ó 2014 estuve unos meses alternando (dentro de la temporada atlética) alguna que otra salida suelta en bicicleta (nunca más de un día a la semana), con los entrenamientos corriendo. Aunque, es cierto, por entonces mi prioridad a nivel deportivo ya estaba clara: era el atletismo. Durante alguna semana de 2013 y de 2014 (siempre hablando dentro de la temporada atlética) estuve saliendo un día semanal y cinco corriendo. Pero, como digo, fue durante alguna semana, luego acabé volviendo a mis seis días semanales de carrera a pie. Durante los veranos seguía alternando bicicleta con sesiones de natación, algo que hice hasta que en 2015, tras una semana así, me planté y dije que quería seguir corriendo también en el mes de julio. Así hice. Y, desde entonces, prácticamente solo he pedaleado cuando mi cuerpo no me ha permitido correr y no con todas las lesiones.

Actualmente me considero atleta. Sigo algo el ciclismo a través de la televisión o de las revistas “Ciclismo a Fondo” y “Bicisport”, pero tampoco demasiado. A nivel de práctica, me centro en correr. ¿Y por qué prefiero las zapatillas? La verdad que, con la experiencia de haber alternado ambos deportes y de haber estado durante unos cuantos meses el año pasado saliendo en bicicleta más de lo habitual debido a la lesión que tuve en el tendón de Aquiles, he llegado a la conclusión de que aquello que tantas veces me han dicho mis amigos ciclistas de que “es que corriendo se viven experiencias que corriendo no se ven” en mi caso no acaba de funcionar. Disfruto como un enano corriendo por el bosque de Valorio o por la orilla del Duero. Me encanta. Sin embargo, las salidas en bicicleta, por un lado, se me hacen largas, no las disfruto tanto como corriendo. No tengo ninguna “experiencia paranormal” (qué mal suena esto...) que me atraiga hacia las dos ruedas más que hacia la carrera a pie. No. Las zapatillas tienen un “algo” que provoca que el simple hecho de calzarlas y salir a correr me saquen una sonrisa. Será que, después de tantas lesiones, haya acabado relacionando la bicicleta con lesiones. No lo sé, pero seguro que algo ha tenido que ver. Tampoco me atrae especialmente el tema de ponerme a subir puertos, algo que, según mis compañeros ciclistas, es algo que engancha. No me llama absolutamente nada la atención ya no irme a subir los famosos Tourmalet, Aubisque o Mortirolo (aunque de este último tenemos nuestra “réplica” en Zamora, pues así se bautizó a la famosa “uve” de la Nacional por la zona de Muelas del Pan y que, en su día, fue un lugar habitual para las tiradas largas de los maratonianos zamoranos), sino que ahora me resulta largo hacer la vuelta a Villalcampo, ya no sé si por motivos físicos (no me veo preparado para hacerla) o simplemente por no tener ganas de ponerme a dar pedales.

Respecto a los comentarios que muchas veces se nos hace a los corredores acerca de que dejemos de tanto correr y nos pasemos a la bicicleta (o comentarios parecidos), la verdad es que yo soy de los que gracia, más bien poca.. Muchos, por suerte la mayoría, suelen hacerlo desde la parte más humorística y al final, comprenden que ésto es cuestión de gustos y que cada uno podemos practicar nuestro deporte disfrutándolo, sin más, y con los que se pueden compartir experiencias vividas, cada uno en su deporte, y siempre, por suerte, se acaba aprendiendo algo. Uno habla de las bicicletas y el otro de las zapatillas y pueden salir conversaciones de lo más instructivas (doy fe de ello, me ha pasado en varias ocasiones). Me ha pasado incluso en grupos de ciclistas “curtidos”. Pero siempre hay alguno que insiste constantemente en las grandes bonanzas que tiene el ciclismo (que no digo yo que no las tenga), pero con cierto tono despectivo hacia el atletismo. Los motivos alegados van desde las velocidades que te permite alcanzar la bicicleta (aunque, para que gente como yo, que somos tirando a paquetes, éstas tienden a ser bastante reducidas, las cosas como son) hasta lo que, según ellos, se puede vivir al llegar a ciertos sitios, lo que comentaba de subir puertos, el ir a rueda o metido en un pelotón… Yo para nada cambio lo que he vivido en los crosses que he corrido, cuando ves que vas metido en un grupo corriendo a 3'30 y se empiezan a dar cambios de ritmo, o vas metido ahí y ves que como te quedes rezagado, te vas a dar la paliza del año. Lo mismo en las pruebas populares. Se me viene una imagen a la cabeza de una edición de la carrera de El Salvador, creo que el primer año que corrí la prueba Absoluta, cuando íbamos un grupo cuatro o cinco atletas y por detrás otro recortando cada vez más. La sensación de ir metido ahí intentando que los de atrás no os cogieran, y una vez que ya estaban con nosotros, el salir a por mi buen amigo Quique para que pudiera llegar lo más cerca de él y ver cómo me iba sacando de punto con el paso de los metros… O de ir rodando con un buen grupo de atletas zamoranos por el barrio de Olivares e ir metiendo cada vez un punto más, un punto más, otro… hasta acabar corriendo a 3'30… Ésto ha sido lo que más me ha enganchado al atletismo.

Merece un comentario aparte el famoso “correr es de cobardes”, que se dice en tantas ocasiones. Hasta hace unos años, correr no era una moda como lo es ahora, sino que no era algo habitual y los cuatro que lo hacían eran “raros” o, como una vez leí (me hizo cierta gracia), “sospechosos”, no se sabía de qué, pero “sospechosos”. Y cierto que, por un lado, este comentario suele hacerse en tono humorisitco y que, por otro (y sacando punta y de quicio las cosas), correr suele ser una reacción de los más normal cuando uno tiene miedo, pero creo que a la mayoría de los atletas no nos gusta ese comentario. No sé, pero se da la casualidad de que, hablando con conocidos, no suele ser un comentario demasiado bien recibido, al menos con quien he hablado. No voy a reproducir la respuesta que en alguna ocasión se ha llevado más de uno, porque, la verdad, es un poco “fuerte” y tampoco es plan de meterse uno en líos innecesarios, pero no suele ser bien recibido. A nivel personal, y como creo que ha quedado claro, no me dicen nada frases del tipo “es que llegar arriba de un puerto no lo vives corriendo” (que se lo digan a los que corrieron en su día la subida a la laguna de los peces de Sanabria o a los que van a correr hasta la cima del Angliru) o “donde llegas en bicicleta no llegas corriendo”.

Sí es cierto, y cambiando un poco, que andar en bicicleta y correr son deportes complementarios. Un ciclista, una vez finalizada su temporada, puede utilizar las zapatillas para mantener un poco la forma, siempre y cuando sepa dosificar el esfuerzo en los primeras días. No olvidemos que una persona acostumbrada a salir en bicicleta tiene mucho fondo y a la hora de ponerse a correr juega con esa ventaja, pero con el inconveniente de que viene de un deporte en el que no hay impacto, y juntar un esfuerzo físico prolongado (porque no se va a cansar) con muchos impactos en un cuerpo que no está acostumbrado acaba en lo que no queremos: lesión. Por otro lado, a un atleta la bicicleta le viene bien precisamente por ser un deporte en el que no hay impacto y entre una temporada, cuando se está lesionado e incluso en alguna ocasión puntual dentro de la temporada viene muy bien para que la pérdida de forma no sea tan brusca y el regreso a los entrenamientos sea algo más llevadero. Por éso, creo que son deportes compatibles.

Ahora bien, quiero dejar claro que mi objetivo hoy no ha sido, ni mucho menos, criticar al mundo del ciclismo a nivel usuario. Ni mucho menos. Solo he querido expresar mi opinión acerca de un tema que, dicho sea de paso, he comentado con otros atletas aficionados también a utilizar la bici, pero cuyo deporte principal es el atletismo y que, casualidad o no, también les ha ocurrido en alguna ocasión. Al menos en lo que a mi respecta, la gente con la que he salido a hacer unos kilómetros corriendo, si bien compartimos la idea de que el ciclismo requiere de mucho más tiempo que correr a la hora de salir a hacer unos kilómetros, no he escuchado nunca ningún comentario del tipo “déjate de tanto salir en bicicleta y dedícate más a correr”. Incluso he escuchado ánimos de unos corredores a otros para salir en alguna ocasión a hacer kilómetros a base de pedales. Quizá, otro punto a favor del atletismo, no lo sé. Pero bueno, a lo que iba. No quiero que esto suene a crítica hacia un deporte como el ciclismo, donde creo que tampoco me lo he pasado mal, sobre todo desde que empecé a andar más en bicicleta de carretera (el ciclismo jamás de los jamases se me ha dado bien, pero el de montaña muchísimo menos, quizá por eso he disfrutado más con “la flaca”). Por eso y porque aun conservo muchas amistades de mis compañeros “bicizamoranos” (cuando he estado lesionado y aun no hacía para salir en maillot corto, he utilizado la chaqueta que tengo de la asociación, porque me resulta bonita, se ve bien sobre asfalto y porque, aunque no sea socio, las pocas veces que salgo me sigo sintiendo un socio más, pues lo fui desde bien pequeño hasta hace un par de años) y porque, además, tengo familiares ciclistas… y muchas anécdotas de las salidas de los miércoles.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Nueva temporada

Palencia, Atapuerca y Soria han sido los escenarios elegidos para dar por comenzada la época de campo a través en un momento un tanto peculiar en cuanto a las fechas de las temporadas se refiere, porque la temporada 2018-2019 se prolongará a efectos de licencias y demás hasta el día 31 de diciembre, comenzando la nueva el día uno de enero de 2020. Un cambio de un par de meses respecto a lo que se ha estado haciendo hasta el momento, cuando la temporada comenzaba el uno de noviembre. Aun así, ésto no deja de ser un tema de “papeleos” en cuanto a cambios de categoría (cosa no poco importante) o tramitación de licencias, pues los deportistas seguirán estructurando sus temporadas propias en base a las fechas de las competiciones, que en muchos casos apenas han sufrido variaciones o, de hacerlo, ha sido debido a motivos no vinculados al deporte, como ocurrió con el cross de Atapuerca, que tuvo que ser trasladado a un sábado para evitar coincidir con las elecciones generales.

Por lo tanto, muchos de vosotros tendréis programados ya gran parte de los objetivos para esta nueva temporada, a pesar de que quede un mes para su inicio “oficial”. Unos os habréis decantado por centraros en el campo a través, mientras que otros utilizaréis estas pruebas para sumar kilómetros a un ritmo más alto que el utilizado en los entrenamientos, siendo vuestros “platos principales” las pruebas de asfalto de diversas distancias o las competiciones en pista. Al fin y al cabo, como tantas veces me dijeron cuando participaba en el cross, “las pruebas de campo a través valen para todo”. Y así es. Y es una lástima que ahora mismo no se les valore lo suficiente por parte de muchos corredores, porque, aparte de ser pruebas entretenidas a la hora de competir, son idóneas para ir cogiendo ritmo en la época invernal. También es cierto que este tipo de competiciones suelen estar muy centradas en el ámbito federado y nos podemos encontrar muy pocas competiciones de cross “puro” en el ámbito popular, a pesar de que algunas organizaciones están poniendo cierto énfasis en organizar pruebas paralelas para los atletas no federados. Para mi, lo ideal sería poder organizar sobre un circuito eventos como los que podemos ver en televisión, de distancias semejantes (suelen rondar los 10 kilómetros) a las que van a hacer los atletas que participan en la categoría absoluta. ¿No vendería? Hagamos la prueba y vemos. Lo mismo así mucha gente daría el valor adecuado al cross. Y no, aquello de “es que llego a casa manchado”, como en más de una ocasión me han dicho, no es una excusa que valga.

En lo que a mi temporada se refiere, creo que no hace falta ser un “visionario” para ver cómo se desarrollará. Las cosas como son, ahora mismo no me planteo ningún objetivo en cuanto a competiciones se refiere, mucho menos en temas de series. Los últimos dos-tres años han acabado haciendo bastante mella en mi estado de ánimo. Y es no le acabo de coger el gustillo a lo de estar más tiempo sin poder correr que corriendo. Desde finales de 2016 que tuve una lesión en un dedo del pie, todo ha ido cuesta abajo y sin frenos. Cierto que cuando volví a correr de aquella lesión recuperé una parte del nivel previo, llegando a hacer algunas careras en torno a 3'43-3'45, pero a los pocos meses comenzaron las molestias en el tendón de Aquiles, luego la fractura de las costillas, de vuelta a las molestias en el tendón, que ya era más dolor que molestia, lo que me llevó a estar parado unos tres meses, más luego sobrecargas varias me hicieron seguir sin poder correr otro mes hasta que conseguí tener cierta continuidad (ya nos vamos a finales de julio del año pasado, que desde 2016 no está mal), para luego, retomar las sobrecargas por diversos sitios. Suerte que, desde la que tuve el año pasado por estas fechas, que me tuvo apartado tres semanas, las últimas han sido de menos duración, por suerte. Desde principios de junio he podido tener ya cierta continuidad corriendo, y espero que siga así mucho tiempo.

Sin embargo, pese a esa continuidad desde principios del verano, la verdad es que no me veo lo que se dice motivado para colgarme un dorsal en la camiseta o simplemente ir introduciendo alguna sesión de calidad, aunque solo sea algún cambio de ritmo en los rodajes. Simplemente me calzo las zapatillas y me limito a cumplir los kilómetros que tengo pensados para ese día, sin más pretensiones. Si me encuentro bien voy más rápido, y si me encuentro peor, más despacio. Sin más. En varias ocasiones, muchos conocidos me preguntan si no me resulta un tanto monótono limitarme a hacer carrera continua, llegando incluso a decirme que ellos serían incapaces de estar durante demasiadas semanas seguidas solo rodando, les resultaría aburrido. A mi es lo que más me gusta y, siendo sincero, disfruto con ello. Al no tener nada relacionado con la competición en cuanto a objetivos y, siendo sinceros, sin ninguna gana de ponerme a hacer series, salgo a rodar. No me resulta monótono, voy por sensaciones y según lo que el cuerpo pida. Ahora me resultaría más monótono ponerme a hacer series de 1000 o de 400 que salir a hacer kilómetros. Disfruto con lo que hago, que al fin y al cabo es lo más importante. Ahora mismo, mi único objetivo es poder seguir disfrutando de esto. No me planteo nada a corto plazo, mucho menos de cara a unos meses más adelante. Simplemente, poder disfrutar sumando kilómetros a orillas del Duero. Puede que, como en muchas ocasiones me dicen, desde ahora y durante unos años estoy en la mejor época para competir e ir en busca de resultados, pero, como he comentado, ahora mismo mis objetivos están en disfrutar.

En resumidas cuentas, esto tiene pinta de que pocas competiciones voy a hacer esta temporada. Algo que, la verdad, hace un tiempo me resultaría imposible de pensar, pero me conformo con poder seguir disfrutando de este deporte sin ningún problema. Si en algún momento me animo a competir, tocará introducir cambios, pero, mientras tanto, vamos a seguir disfrutando con lo que más me gusta: hacer carrera continua.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Maratones y cross


Si hablamos de atletismo a nivel popular, todo el mundo se pone a pensar enseguida en dos tipos de pruebas: maratones y competiciones de montaña. Desconozco el motivo por el cual ambas modalidades se han puesto tan de moda, porque, desde luego, el hecho de que haya tanta gente participando en ellas así nos lo demuestra. ¿Falta de respeto? ¿Retos demasiado ambiciosos? O, como en alguna ocasión he llegado a escuchar: ¿Falta de “cultura atlética”? Quizá, esta última pregunta sea un tanto arisca, pero, desde luego, nos ayuda a ver cómo está el patio en este deporte. Porque hemos llegado a unos extremos en cuanto a temas de participación en cierto tipo de competiciones que no es para nada lógico. Hablo de las pruebas de 42 kilómetros y de montaña porque se llevan la gran parte de inscritos y estoy convencido de que es ahí donde más locuras podemos observar, pero seguro que si nos vamos a medias maratones también podremos observar situaciones de lo más peculiares. Por no hablar de otro tipo de eventos, como ciertas marchas cicloturistas o pruebas de triatlón. ¿Tenemos “cura” o esto esta plenamente perdido?

Si hay algo que llevo observando mucho tiempo es que es muy, muy complicado no hablar con alguien que esté preparando alguna competición y te conteste: “Pues estoy con un 5000”, “ando a ver si consigo bajar mi marca en 10.000”, “este año voy a probar con el campo a través”. No. Lo más normal es que todo el mundo hable, en asfalto, de medias maratones y, sobre todo, de maratones. Si, sí, nada de medias tintas. Luego, por otro lado, nos encontramos con aquellos que “tiran al monte” y optan por las (al menos para mi) durísimas pruebas de montaña, últimamente denominadas “de trail”, un término que, al igual que los famosos “raner” y “raning”, me chirría bastante. Pruebas, unas u otras, que requieren de muchísimo bagaje, de mucha “escuela”, para poder participar en ellas, y no todo el mundo tiene esa formación física para poder participar, al menos de momento.

Estamos viviendo un momento en el cual parece que hay que correr maratones porque sí, porque es lo que te hace ser un gran deportista dentro del ámbito popular. Lo que te da el “carnet” de corredor. Pues no. No es así. Todo necesita un proceso y, como suele ocurrir casi siempre, no es corto precisamente. Se necesita machacar mucho las distancias inferiores antes de dar el salto a las pruebas más largas. Si nuestra vida deportiva comienza desde pequeñitos y tenemos claras preferencias por el fondo, lo suyo sería empezar alternando pruebas de campo a través en invierno con competiciones en pista sobre distancias de medio fondo (“el corredor de maratón se forma corriendo 1500” me dijo alguien en una ocasión) para, poco a poco, ir aumentando la distancia y ver dónde nos encontramos mejor. Algo semejante ocurre con los deportistas que comienzan en edades más tardías. Comenzar por pruebas de cinco y diez kilómetros y machacarlas mucho, muchísimo. ¿Que vemos que en este tipo de pruebas, tanto con los unos como con los otros, vamos bien? Pues no ocurre absolutamente nada por no dar el salto a los 21 o los 42 kilómetros. Seguimos con nuestras pruebas de 5000 o 10000 metros. Incluso puede que descubramos que, por nuestras características, somos unos buenos corredores de pruebas de 1500 o 3000 metros, y plantearnos la posibilidad de competir en pista o en millas. ¿Por qué no, si nuestro organismo nos ha dotado con más facilidad para esas pruebas que para otras? Como digo, no vamos a dejar de ser menos corredores por ello. Se trata de no querer ir rápido y de saber jugar con nuestras capacidades.

Por otro lado, nos encontramos con el campo a través, que si bien es cierto que está bastante popularizado en el ámbito federado, es más complicado encontrarnos un cross “puro” para los atletas populares. Es cierto que muchas organizaciones de grandes pruebas de este tipo están apostando por hacer, a la par de las federadas, competiciones para los atletas populares. Y, la verdad, me parece una muy buena manera de acercar el mundillo del campo a través a aquellos deportistas que no están tan interesados en sacar una licencia para competir. Nos encontramos con pruebas que rondan los cinco o seis kilómetros de distancia, en las cuales pueden participar todos aquellos atletas que lo deseen. El único requisito es el de apuntarse. Pero, aun así, creo que el mundo del campo a través no está lo suficientemente valorado por parte de muchos atletas. Personalmente, he escuchado comentarios de todo tipo, pero el más escuchado es el de “es que me mancho”. Claro, es que se trata de correr por el campo. De no ser así, seguramente serían competiciones por asfalto. Y no nos olvidemos de que, como muchas veces nos decía Teo, “el cross vale para casi todo”.

Sí me gustaría añadir algo en el tema de los crosses organizados paralelamente a los federados. Como decía en el párrafo anterior, suelen ser pruebas de unos cinco o seis kilómetros por norma general, y creo que sería interesante poder organizar una prueba de campo a través sobre la misma distancia que hagan los atletas Promesa o Senior en sus carreras, que suelen rondar los diez kilómetros. Creo que es uno de los alicientes que tienen este tipo de pruebas, al menos para mi, esas distancias, bastante habituales en las pruebas de fondo en asfalto, pero trasladadas al campo. Al final, estos eventos son pruebas de fondo, donde muchos de los atletas van buscando acumular kilómetros de cara a otras distancias, cuya época fuerte suele ser más adelante. El hecho de, por ejemplo, hacer diez kilómetros a vueltas de 2000 metros creo que tiene su “magia”, y el poder trasladarlo al atleta popular creo que sería algo bastante interesante. Y en cuanto a crosses “de verdad” fuera del ámbito federado, la verdad es que nos encontramos con pocos, o al menos yo tengo el conocimiento de pocas pruebas. El cross de Ávila para mi es un claro ejemplo de cross popular y estaría bien que más organizaciones tomaran este ejemplo.

Algo semejante respecto a lo que comentaba en el párrafo anterior ocurre con el tema de la pista. Nos encontramos con ciertas pruebas para atletas federados, pero es realmente complicado que un popular pueda participar. Creo que sería fantástico poder organizar competiciones de varias distancias para los corredores que no estén federados, con el objetivo de acercar la pista a todo el mundo y, así, saber apreciarla. Es una parte fundamental en la formación de cualquier atleta de fondo, y no siempre se valora lo suficiente. Y si todo el mundo pudiera hacer algo en ella, quizá esa perspectiva cambiara. Puedo entender que puede ser un poco “jaleo” juntar, por ejemplo, en un 10.000 a corredores que sean capaces de hacerlo a ritmos de 3'20 (muchos atletas populares tienen nivel más que de sobra para estar compitiendo a nivel federado) con atletas que vayan a hacerlo a ritmos de 6'00 min/km, pues ésto no deja de ser un óvalo de 400 metros y enseguida empezarían a aparecer corredores doblados, lo que sería incómodo para los participantes después de ciertas vueltas y complicado de controlar de cara a los organizadores, pero imagino que, como suele ocurrir siempre, para todo habrá una solución y buscándola, seguramente aparezca alguna.

En definitiva, y para cerrar el artículo, no nos obsesionemos con la larga distancia y las carreras de montaña. El atletismo va mucho, mucho más allá y no todo es centrarse en esas dos especialidades. Antes debemos machacar mucho otro tipo de distancias y, sobre todo, no tener prisa para llegar hasta ahí. Y si no llegamos a ser maratonianos, tampoco nos va a pasar nada. Aprendamos a valorar el cross, el 1500, la milla, el 5000, el 10.000… Y disfrutemos de estas distancias.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


domingo, 27 de octubre de 2019

VII Media Maratón "Ávila Monumental"


El pasado domingo, después de siete meses, me volví a colgar un dorsal de la camiseta. Después de tanto tiempo, decidí apuntarme a la media maratón de Ávila, una prueba a la que le tengo un cariño especial, pues en ella debuté en la distancia en el año 2015, haciendo una marca que no se me ha logrado volver a hacer en ninguna de las cinco medias maratones que he corrido. Los vencedores en la prueba absoluta fueron Sergio Sánchez y Sonsoles Pérez.

La verdad es que tenía ganas de volver a meterme en una prueba después de tantos meses sin hacerlo. Además, era mi primera competición con el Mesa de Valorio. Desde la media maratón de Zamora, por motivos varios no había vuelto a acudir a ninguna salida. Mi objetivo para esta ocasión, como suele ser habitual en este tipo de pruebas, era simplemente salir a rodar. No me había planteado ningún objetivo en cuanto a marcas se refiere, solamente disfrutar de la mañana y de la carrera. La verdad es que parecía que el tiempo no iba a acompañar, pues durante varios tramos del viaje nos llovió y el día se presentaba bastante fresco. Así, llegamos a la capital abulense directos a los Cuatro Postes, para recoger el dorsal. Me gustaría decir que la entrega de dorsales en esta competición está muy bien hecha, y en muy poco tiempo se puede recoger. Además, a la hora de hacer la inscripción se debe poner en una casilla la talla de camiseta, la cual luego va impresa en el dorsal. Una buena manera de evitar confusiones. El único “pero” que se podría poner es a la hora de aparcar, pues había más de 1000 inscritos y aquella zona se queda bastante pequeña para dejar los coches. Con el dorsal ya colocado, solamente quedaba esperar hasta las 10:30 de la mañana para colocarse en la línea de salida e intentar completar esos 21097 metros de la prueba. Mientras, por allí se dejaron ver varios de los favoritos a la victoria, entre ellos el leonés Sergio Sánchez, a la postre, vencedor de la prueba con 1h08'.
Enseguida llegó el momento de la salida. Cometí el grave error de colocarme en las primeras filas, cuando mi idea era la de salir a ritmos en torno a los 5'00 min/km. Lógicamente, en cuanto sonó el disparo me cayeron codazos por un tubo. Una vez colocado ya en mi sitio, me limité mantener un ritmo al que me viera cómodo y en base a cómo fueran los siguiente kilómetros, ir viendo cómo podía ir. Los primeros kilómetros de la prueba los hice intentando regular, pues no tenía todas conmigo de que pudiera completar los 21 kilómetros, debido a mi pésimo estado de forma. Las sensaciones iban mejorando con el paso de los kilómetros, por lo que, a partir de más o menos la mitad de la carrera decidí empezar a ir incrementando el ritmo. La parte final de la prueba, por las calles del centro de Ávila, resultó ser un tanto incómoda debido a los constantes giros, muchos de ellos en adoquines. El último kilómetro también era bastante incómodo, en una cuesta que, de estar asfaltada, permitiría correr bastante rápido, pero que al encontrarse también en adoquines, resultaba un tanto incómoda. Finalmente, el tiempo en meta fue 1h39'25”, llegando en el puesto 319 de la clasificación general y octavo de la categoría Promesa. El Garmin, al igual que me ocurrió el año pasado, marcó medio kilómetro de más, llegando con 21620 metros. 
La verdad es que acabé contento con el tiempo que hice porque, la verdad, para nada contaba con poder hacer menos de 1h50' viendo los ritmos que estaba manejando en los entrenamientos. La prueba la verdad que, en líneas generales, estaba bastante bien organizada. A última hora tuvieron que modificar una zona del circuito y, para mi, fue un acierto. El problema estuvo con que el suelo estaba bastante mojado y en algunas zonas teníamos que entrar bastante despacio para evitar caídas y resbalones. Lo que sí intentaría mirar para otra ocasión es el tema del aparcamiento. Al lado del hotel donde se entregan los dorsales hay un camino donde muchos de los participantes aparcan, pero en días como el pasado domingo, aquello es una zona un tanto incómoda. Por lo demás, la bolsa de corredor estaba bastante bien y la camiseta de este año, de la marca Joma, me resultó muy bonita. 
Una vez hecha la media maratón abulense, esta semana, y para variar, he seguido entrenando sin un orden claro. El lunes completé una sesión de 10 kilómetros en algo más de cincuenta minutos y, desde entonces, he estado en torno a los 14-15 kilómetros. Hoy, para completar la semana, bajé hasta Valorio con la idea de rodar con el grupo de la mesa. Con Sera como compañero de fatigas, fuimos hasta La Hiniesta y volvimos juntos, unos 15 kilómetros, para luego rodear algo más por nuestro querido bosque para llegar hasta la hora y media, quedándome un poco por debajo de los 17 kilómetros y rodando a una media de 5'18 min/km.
Con Sergio Sánchez, vencedor de la prueba.

Debo reconocer que ahora me encuentro en un momento en el que me apetece bastante volver a competir. Llevo mucho tiempo apartado de las carreras y entrenando de una manera bastante desorganizada. Pensando sobre qué prueba me gustaría volver a preparar, se me ha pasado por la cabeza que perfectamente podría ser la media maratón de Zamora. ¿Por qué no? Este año me lo propuse como objetivo principal de la temporada, y la verdad que, aunque pude correrla, una lesión que me obligó a parar durante tres semanas tiró todo por los suelos y llegué tirando a flojo a esta prueba. ¿Por qué no reintentarlo de nuevo en 2020? Haciendo cuentas y viendo mi estado de forma, tengo por delante cinco meses justos contando a partir de mañana, por lo que, con paciencia y sin prisas, podría ser un objetivo factible. Aunque, lógicamente, de por medio no estaría de más, y de hecho espero poder hacerlo, correr alguna prueba de unos 8-10 kilómetros. ¿Se me logrará esta vez? Espero que sí.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 17 de octubre de 2019

De regreso a Soria


Allá, en las tierras altas,

por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros...”

En octubre del año pasado escribía una entrada en este mismo blog acerca del verano que había pasado por tierras sorianas. Motivos laborales me habían llevado hasta las tierras a las que tanto escribió Antonio Machado y que, por los senderos del monte de Valonsadero, vio correr a Abel Antón y Fermín Cacho. Un año después, los mismos motivos me llevaron hasta Soria. Debo reconocer que, tras haber estado en las fiestas navideñas trabajando en Ponferrada, tenía esperanzas de poder acercarme algo más a Soria este verano, pero, la verdad, no me arrepiento de que haya sido de nuevo esta ciudad la encargada de “adoptarme” durante algo más de cuatro meses.
(Foto: http://www.sorianitelaimaginas.com).
A finales del mes de mayo recibía una llamada para ofrecerme en Soria un contrato de cuatro meses y medio. Como decía, tenía esperanzas de poder acercarme algo más a Zamora, pero me alegré de que fuera Soria, y no otra ciudad, a la que me tocara irme. Al fin y al cabo, era un sitio que ya conocía, al igual que el hospital donde me tocaría trabajar (aunque el servicio fuera diferente al del año pasado). Guardaba muy buen recuerdo tanto de la ciudad como de sus gentes, así que, junto al hecho de volver a tener trabajo, nada podía echarme para atrás. Tocaba, lógicamente, solucionar ciertos papeles antes de empezar a trabajar. Al avisarme con cierta antelación (un par de semanas), me desplacé hasta Soria con intención de estar allí entre tres y cuatro días, para luego regresar a Zamora y volverme para comenzar a trabajar. Lo más complicado era encontrar un piso para alquilar, algo que finalmente conseguí solucionar gracias a una compañera del año pasado. Gracias a que se puso en contacto conmigo conseguí un piso, y la verdad es que es de agradecer. Solucionado el tema de la vivienda, tocaba dejar todo el tema de papeleo laboral hecho antes de “volver a Granada” por una semana, que diría Miguel Rios. Con todo solucionado, y ya más tranquilo, tocó regresar a Zamora durante una semana. Este espacio de tiempo lo utilicé para repasarme unos cuantos apuntes, que buena falta me iban a hacer para los próximos meses, y para empezar a preparar todo lo que me haría falta hasta la semana pasada en temas de ropa y demás. No podían faltar, por supuesto, las zapatillas de correr, un elemento indispensable para cualquier viaje.
Regresé a Soria una semana después de haber dejado todos los papeles solucionados. Antes de empezar el contrato tuve la oportunidad de acudir unos días antes al servicio en el que iba a estar trabajando para poder ver el funcionamiento del mismo, algo que, la verdad, me vino de cine. A nivel personal, me encontraba más tranquilo que el año pasado. Ya sabía, por un lado, lo que era alternar la vida laboral con tener que cocinar, limpiar el piso, tener que comprar comida y alternar esto con las sesiones de carrera continua diarias. Y, para qué engañarnos, lo echaba en falta. Es cierto que en las fiestas navideñas estuve en una situación parecida, pero a la vez diferente. Cierto que tuve una opción genial, que fue repetir en el mismo servicio en el que estuve en la capital numantina el verano pasado, y eso fue una gozada, pero, aparte de que fue menos tiempo (pasé de estar cuatro meses o cuatro y poco a estar tres semanas, algo lógico, las vacaciones en esas fechas son más cortas), estuve en un hostal, y, al estar en un hostal, debía organizarme en ciertos aspectos de otra manera. Aquí, para poder correr, trabajar, comprar o limpiar, dependía todo de cómo me organizara yo en base a los turnos de trabajo, no dependía de nada más, y la verdad es que, como decía, lo echaba de menos.
(Foto: www.visitasoria.com).
El tiempo fue pasando, y la verdad que muy, muy rápido. ¡Si parece que fue la semana pasada cuando me marché para Soria! Guardaba muy buen recuerdo de esta ciudad y también de su gente. La verdad que si una cosa he notado en cuanto a los sorianos ha sido el carácter, para mi gusto, muy diferente al de “mi zona” (Salamanca o Zamora). Personas, por norma, muy amables y muy buenas personas. Campechanos. Para mi, gente mucho más abierta que en mi zona. No digo que por aquí no seamos así, pero sí que es cierto que noté que allí era mucho más fácil tratar con la gente. Personas muy abiertas, dispuestas a ayudarte en cualquier cosa desde el primer momento. Por mi contacto lógico con Zamora y también con Salamanca, al descender de allí, me he dado cuenta de que tendemos a ser bastante más cerrados, al menos en un principio, con la gente de fuera. Todo lo contrario a los sorianos. En resumidas cuentas, gente tranquila, campechana, agradable y, sobre todo, muy buenas personas. Pero, una cosa llamativa, en alguna ocasión comenté ésto mismo con algunos compañeros sorianos y me comentaban lo contrario. La gente que conocía Zamora (unos cuantos), me comentaban que los sorianos eran más cerrados que los zamoranos. Sí debo añadir que, para mi, el soriano que es serio, lo es mucho, muchísimo, pero ocurre al revés que en “mi tierra”. Como decía, aquí la gente es más seria en un principio, mientras que es más complicado encontrar a alguien abierto; sin embargo, allí es lo contrario, para mi lo habitual era encontrar gente abierta, como la que describía, mientras que la gente seria era menos habitual, pero claro que la había.
Con Abel Antón. 
En lo que a la ciudad se refiere, en cuanto supe que volvía a Soria se me vinieron a la cabeza un montón de lugares. Y es que Soria, aparte de ser una ciudad acogedora, le ocurre como a Zamora: es una ciudad pequeña y de rincones. Enseguida recordé el parque de “la dehesa”, El Collado, el Mirador de los Cuatro Vientos, la orilla del Duero, San Saturio, el monte de Valonsadero, las pistas de atletismo de Los Pajaritos y el edificio del CAEP, la subida al Castilljo con sus correspondientes vistas de la ciudad, el camino de Garay… Muchos recuerdos. Y es que ésta es, para mi gusto, una ciudad muy poco valorada. Creo que es una ciudad de rincones y también, por qué no, de naturaleza, con la orilla del Duero, “la dehesa” y el monte de Valonsadero. Y, si sois fiesteros, no os podéis perder las famosas fiestas de San Juan, “los sanjuanes” como los llaman allí. Es impresionante como toda la ciudad se vuelca con las actividades de su ciudad, con absolutamente todas, y en especial con “los sanjuanes”.
En el alto de "la dehesa".
A nivel deportivo, la verdad que ha sido un verano diferente. Si bien es cierto que el primer fin de semana que estuve allí me tocó parar por una sobrecarga, por suerte no fue más de dos días y, más o menos, he podido salvar el verano. En esta ocasión cambié un poco mis zonas habituales del año pasado a la hora de rodar. Si bien he ido en alguna ocasión a la zona del Duero y San Saturio, donde, por cierto, descubrí un circuito de unos cinco kilómetros por los alrededores del estadio de fútbol, en esta ocasión tuve la suerte de tener el carril bici que une Soria con el monte de Valonsadero y, la verdad, me resultó un sitio de lo más agradable para hacer kilómetros de carrera continua. Sí es cierto que últimamente las cuestas se me están atragantando bastante y por aquí tenía un par de ellas que me dejaban para el arrastre, pero bueno, aun así, un lugar perfecto para correr. Desde donde lo cogía hasta entrar al monte tenía apenas cuatro kilómetros, aunque luego, hasta la zona de la casa del guarda, donde acababa este carril bici, había bastantes más kilómetros; de hecho, en los rodajes más largos que he hecho por allí, de en torno a 15,5-16 kilómetros, nunca llegué hasta allí. Del monte, me llamó la atención la de vacas y algún caballo que se veía por las praderas. También volví a hacer varios kilómetros por “la dehesa”, en el circuito de kilómetro y medio. Este parque está ideal para correr, aunque hay que saber seleccionar las horas a las que ir, porque, al menos en verano, según en qué momentos, te la puedes encontrar hasta arriba de gente. 
Con Estela Navascues.
Y si hablamos de atletismo, no nos podemos olvidar de los atletas de alto nivel que han salido y siguen saliendo de allí. Tuve la oportunidad de ir a ver la media maratón de la ciudad, en la cual, aparte de la prueba de 21 kilómetros, se celebra otra competición de cinco kilómetros. Claro, “bautizadas” con el nombre de Abel Antón y Fermín Cacho. Pues por allí andaban los dos. El de Ágreda, oro olímpico en el 1500 de Barcelona, corrió la prueba de 5000 metros, mientras que el gran maratoniano corrió la media maratón haciendo de liebre para los atletas que quisieran hacer 1h30'. Con Abel conseguí la foto, pero me quedó pendiente con Fermín. Aparte, la prueba de cinco kilómetros la ganó la atleta de Tudela Estela Navascues, la cual lleva ya unos cuantos años entrenando por Soria. En cuanto la vi me empeñé en hacerme una foto con ella, un objetivo que se me logró. Por cierto, una chica de lo más agradable, que accedió sin ningún problema y que me dijo “si ha quedado mal, nos hacemos otra”.
Corriendo por "la dehesa".
En definitiva, otro verano más por tierras sorianas, que me ha servido para seguir conociendo algún rinconcito más de la ciudad que tanto le gustó a Antonio Machado y que, a nivel personal, me ha permitido conocer otro servicio hospitalario. Ahora, ya de nuevo por Zamora, toca seguir buscando cosillas para hacer en diferentes ámbitos, pero a esto ya le dedicaré otra entrada. Y si para el próximo verano toca volver a esta ciudad, yo, encantado.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

martes, 7 de mayo de 2019

Cuando los pensamientos negativos aparecen en las lesiones

Lo bueno que tiene esto de la escritura (lo he dicho en más de una ocasión) es que, al menos en mi caso, permite expresar una serie de ideas o sentimientos que de otra manera, estoy seguro, me sería bastante complicado hacer. Y es que hoy, cuando llevo tres días sin poder calzarme las zapatillas, no he podido por menos que sentarme frente al ordenador y juntar una serie de párrafos con lo que va ocurriendo cuando no puedo salir a rodar. O, mejor dicho, con lo que me va viniendo a la cabeza. En resumidas cuentas, no dejan de ser situaciones habituales cuando nos encontramos en una situación en la cual no podemos llevar a cabo nuestra actividad física deportiva, en mi caso la carrera a pie, y que, estoy seguro, ocurren a la gran mayoría de personas en la misma situación. Comenzando por los pensamientos típicos de abandonar la práctica deportiva, son unas cuantas las situaciones que van ocurriendo y que hoy trataré de plasmar en el blog, con el mero hecho, para qué negarlo, de desahogarme un poco.

Como de costumbre cuando estoy en esta situación, los pensamientos negativos suelen hacer acto de presencia con demasiada frecuencia. El más recurrente, especialmente después de esta serie de lesiones que he tenido a lo largo del último año y medio, es el de abandonar por completo la práctica deportiva, ya no del atletismo, que es mi deporte favorito, sino a nivel general. Pero, como de costumbre, me paro a pensar y me doy cuenta de lo mucho que he disfrutado en los pocos meses que he podido estar rodando sin problemas, de lo que me gusta calzarme las zapatillas y hacer unos kilómetros por Valorio, y enseguida intento convencerme de que merece la pena esperar a estar recuperado para volver a corretear por mis sitios habituales. También se me viene en más de una ocasión la idea de cambiar de deporte y centrarme en otros como el ciclismo o la natación, pues, después de tantos problemas, puede que haya llegado a mi tope como atleta, algo que incluso hay quien me lo ha dejado entrever en más de una conversación cuando me he encontrado en este tipo de situaciones. Es cierto que, tras tantos problemas, puede que de la impresión de que mi cuerpo, para el atletismo, no de ya mucho más de sí y que sea el momento de hacer un cambio en cuanto a que deporte hacer, pero, bajo mi punto de vista, no estoy muy de acuerdo con esto. Si con 22 años ya estoy “acabado”, ¿cómo estaré con 60 años? No creo, ni mucho menos, que sea el momento ni de dejar de correr ni de tener que cambiar de deporte, simplemente que me encuentro en un momento en el que, por motivos varios, me encuentro con que el cuerpo no va respondiendo como me esperaba. Pero para nada creo que “esté acabado”. Y, siendo sincero, creo que, salvo el problema con el tendón de Aquiles y la fractura de las costillas (esto último no fue consecuencia de una mala organización de los kilómetros o de un sobreentrenamiento, más bien que tropecé con unas baldosas mal puestas y tuve la mala suerte de caer contra la esquina del bordillo), el resto de lesiones que he tenido en los últimos meses han sido unas contracturas, problemas que cualquier aficionado al deporte, sea el que sea, sufre a lo largo de su carrera deportiva infinidad de veces.

La verdad es que, precisamente que sean unas sobrecargas, y no otra vez problemas con el tendón de Aquiles o con alguna costilla rota, es algo que me tranquiliza bastante. Es cierto que cuando dan guerra nos obligan a parar una serie de días, está claro, no nos hace ninguna gracia, pero no son lesiones que podamos catalogar de graves, sino más bien e habituales en aquellas personas que, como decía, practican deporte con cierta regularidad, aunque está claro que no es algo habitual de los aficionados al ejercicio físico y prácticamente en cualquier trabajo nos podemos encontrar con problemas de este tipo. Lo que sí debería hacer es, quizá, pararme a observar qué debo corregir para que estas sobrecargas se vayan espaciando con el tiempo y pueda volver a disfrutar de cierta continuidad entrenando. Soy reacio a los gimnasios, y la verdad, soy el típico corredor que hace hace una serie de de la distancia que sea cuando le hablan de hacer estiramientos. Cuando empecé a practicar atletismo (a finales del verano hará diez años) no le di importancia ni a una cosa ni a la otra, aunque creo que con doce años la idea de trabajar la fuerza en un gimnasio no fuera lo más apropiado. El hecho es que han ido pasando los años y la cosa ha seguido igual, teniendo o no entrenador. Lo más que he hecho de fuerza, aparte de un tiempo que sí me dio por hacer algo de gimnasio (que me sirvió para confirmar lo poco que me gustan esos sitios), han sido sesiones de cuestas, las cuales, como otros muchos conocidos, las prefiero al hecho de tener que estar en un espacio lleno de máquinas. Por otro lado, además, soy de los que les gusta hacer kilómetros y, las cosas como son, si algo tengo claro es que en este deporte lo que quiero es disfrutar con lo que hago, y que eso mismo me sirva para llegar con una sonrisa y no “amargado” porque no me lo he pasado bien practicando deporte, pues para no disfrutar prefiero dedicarme a otra cosa (precisamente éso fue lo que me llevó, hace ya unas temporadas, a dejar a mi entrenador “de toda la vida” y a empezar a entrenar de manera autodidacta), y lo de hacer kilómetros es algo que me encanta. Y la verdad es que en este aspecto creo que tengo “fama” de ser mucho más “machaca” de lo que realmente soy, porque, hablando con conocidos, hay quien ha estado convencido durante cierto tiempo de que, por ejemplo, he llegado a hacer semanas de más de 100 kilómetros, cuando ni en las épocas de hacer rodajes más largos me he acercado a esa cifra, o como cuando, en conversaciones también, surge el tema de los rodajes largos y algún conocido no acabe de creerse de que esas sesiones no suelen pasar de los 18 kilómetros, a excepción, eso sí, de cuando he participado en alguna media maratón o durante unas semanas hace dos o tres años, cuando hacía 19. Pero ni en esos momentos he sobrepasado, ni tan siquiera acercado, a los 100 kilómetros.

Me gustaría aprovechar un pequeño párrafo a los estiramientos, ya que en el párrafo anterior los comentaba brevemente. La verdad es que soy poco amigo de los estiramientos, y siempre digo que lo que estiro es el tiempo para poder correr más, que es lo que me gusta. Y de ahí, imagino, vendrán gran parte de las sobrecargas que he tenido, aunque de ésta última en la espalda he tenido referencias desde una mala postura corriendo, falta de estiramientos… Posiblemente si hiciera mas estiramientos no tuviera tantos problemas, no lo sé, pero sí es cierto que durante mi estancia en Soria y durante el tiempo que estuve con la primera sobrecarga, aproveché para estirar prácticamente todos los días durante unos veinte minutos, y, al final, volví a acabar lesionado pocos días después de intentar empezar por segunda vez. Sería casualidad y me tocaría volver a estar lesionado, pero el hecho es que ahí está. Con esto no quiero poner excusas, y claro está que no me gusta estirar, igual que tampoco me gusta el gimnasio, pero bueno. Desde luego que estos ejercicios son buenos no sé si para evitar problemas, pero sí para, al menos, estar más relajados, igual que otras cosas. En definitivas cuentas, y para cerrar este párrafo, que seguro que si hiciera los estiramientos me iría mejor, no lo descarto, pero me da que en cuanto pueda volver a correr (al paso que voy, me habré jubilado y seguiré esperando) optaré por seguir estirando… el tiempo para correr más.

Una de las cosas que he aprendido con esto de las lesiones es a saber, o al menos intentar, distinguir los consejos. Porque si una cosa está clara es que, de golpe, aparecen un montón de personas, todas ellas con muy buenas intenciones, dispuestos a aconsejarte, incluso aunque nunca hayan practicado deporte. Todos, claro, convencido de que sus consejos son plenamente válidos. Algunos incluso se atreven a establecer un diagnóstico porque “según Google, esto es así, así y así”. Al final lo más lógico suele ser acudir al médico, pues no deja de ser una persona que se dedica a estudiar los problemas de salud de las personas, ya él se encargará de establecer las pautas a seguir. Y puestos a pedir consejos, conviene que sea de gente que esté metida en el mundillo del deporte, pero no de hace uno o dos años, sino que lleven unos cuantos años y sepan bien de lo que va el tema, porque, al final, toda la información se contradice. Y, por supuesto, de gente que entienda que los consejos son eso, consejos, y según vas teniendo datos e información, en este caso acerca de los entrenamientos, al final es el propio atleta el que, por decirlo de alguna manera tiene “la última palabra” y hará lo que crea conveniente en base a esos datos y a esa información que ha ido cogiendo. Pero, como decía, no podemos dejarnos guiar por los “licenciados en Medicina por la facultad de Google” ni tampoco porque una persona se ponga a dar consejos a diestro y siniestro sobre deporte cuando no es que no sea entrenador, es que no está ni metido en el mundo del deporte.

A fin de cuentas, espero que, dentro de no mucho tiempo, pueda volver a calzarme las zapatillas y retomar mis seis días semanales de carrera continua y, poco a poco, poder llegar a hacer el mismo voumen de kilómetros que estaba haciendo hasta la semana pasada. ¿Que en vez de ir a 4'20 voy a 5'10? Bueno, lo importante es que estoy rodando, sea más rápido o más despacio, y ya habrá tiempo por delante para ir más rápido. Como siempre digo, ahora mismo lo que más valoro es poder rodar una hora a una media de 5'00 min/km que hacer un mil a 3'40. Como realmente disfruto es rodando, a ritmo cómodo pero durante varios kilómetros, y eso espero hacer cuando pueda volver a hacer carrera continua. No me planteo retos competitivos, aunque no descarto que de aquí a varios meses no me de por preparar alguno, pero primero hay que acabar de curarse, pues tengo claro que, cuando me ponga a rodar, no es para tener que parar a los dos días, sino para empezar y no tener que parar ya en mucho tiempo.


Nos vemos… haciendo deporte, claro. (O eso espero).