sábado, 10 de noviembre de 2018

Empezando la temporada

Han pasado unos cuantos días desde la última entrada que publiqué en el blog. Reconozco que, en esta ocasión, sí que he tenido unas cuantas ideas en la cabeza, las cuales espero poder reflejar a lo largo de la próxima semana, pero el tema en esta ocasión ha estado en la falta de tiempo. Desde que volví de Soria me he ido metiendo en diferentes historias que, junto a los entrenamientos, me han dejado un poco limitado las ganas, pero, sobre todo, el tiempo para sentarme un rato a escribir. Pero bueno, lo que me gusta es que ahora consigo un ratito para poder juntar unas cuantas letras, que, como he comentado en varias ocasiones, es una de mis aficiones junto a la lectura y el deporte (mejor dicho, correr).
Nos encontramos ya comenzando la temporada. Aunque ahora nos encontraremos con eventos como la Behobia-San Sebastián, que se celebrará este domingo, las competiciones más habituales (y para mi, de las más bonitas que tiene el atletismo) son las de campo a través. En nuestra comunidad autónoma ya se comenzó a competir en esta modalidad en el cross celebrado en Palencia bajo el nombre del atleta que posiblemente más éxitos ha cosechado: Mariano Haro. Una prueba que, tras celebrarse en los años 60 y 70, y que, entre sus ganadores, está el propio Mariano Haro o Mirus Yifter, se suspendió hasta el año pasado, cuando se decidió retomar bajo el nombre del atleta palentino y donde logró la victoria el atleta Sergio Sánchez. Pero bueno, siguiendo con el tema del párrafo, y aunque, por decirlo de alguna manera, el pasado fin de semana ya se empezara a competir, podríamos comentar que, de manera “oficial”, Atapuerca sigue siendo el epicentro del campo a través. Es en esta competición burgalesa donde se juntan los mejores especialistas ya no de la comunidad autónoma o de nuestro país, sino que nos encontramos con los mejores atletas también del continente africano que, al fin y al cabo, son los mejores atletas en este tipo de pruebas. Una vez pasadas estas dos pruebas de cross, prácticamente fin de semana sí y fin de semana también durante un largo tiempo habrá “espectáculo”. Hasta prácticamente los meses de enero, febrero o marzo, nos encontraremos de por medio todos los crosses del País Vasco (Amorebieta, Elgoibar…), los castellano y leoneses (Venta de Baños, Soria, Aranda, Cantimpalos…) y también el prestigioso cross de Itálica, uno de los más valorados. En resumidas cuentas, una época de muchas y muy bonitas pruebas.  
Durante unas cuantas temporadas, recuerdo que solíamos empezar a entrenar en verano, al principio en septiembre y ya las últimas, en agosto, y que, hasta Atapuerca, competíamos en eventos populares por Zamora y alrededores (Mucho X Vivir, El Caracol…) , y a partir de noviembre, empezábamos ya con sesiones de más calidad y pensando en el campo a través. Durante mis primeras temporadas como atleta recuerdo que tan solo participábamos en la competición burgalesa, y no fue hasta diciembre del año 2011 cuando debuto en Aranda de Duero para, unos meses más tarde, hacerlo en el cross de Valladolid. Ya en 2012 “ampliamos” el calendario y, aparte de hacer esos dos crosses “de final de año”, como me gustaba llamarlos, fuimos también a Aranda, Cantimpalos y Venta de Baños, mientras que, por unos problemas en la tramitación de la licencia, me quedé sin poder competir en febrero el cross de Valladolid. A partir de entonces, los comienzos de temporada empezaron a variar, coincidiendo con la época en la que empiezo a “autoentrenarme”. A Atapuerca volví en 2013, y si no me equivoco, desde entonces no he vuelto, mientras que sí lo hice en 2014 a Aranda y Venta de Baños.
Habiendo escrito un poco sobre cross, ya “desfogado” habiendo contado unos recuerdos, voy a intentar centrarme en lo que hoy me traía a escribir esta entrada. Mi manera de entrenar y, evidentemente, de competir, ha variado mucho en estas últimas temporadas. Como decía, en 2013 fue el último año que acudí a Atapuerca, y desde entonces, poco a poco he ido modificando cosas. Para esta temporada que comienza, y después de un largo tiempo parado por mi dichoso tendón de Aquiles, empecé a entrenar a finales del mes de junio, pero tan solo aguanté cuatro días. Una sobrecarga me tuvo diez días sin poder correr. Al volver y tras semana y media, otra me obligó a parar durante una semana justa. Después de éso, conseguí empezar poco a poco a rodar. Tras unos días probando y viendo que el cuerpo respondía, empiezo a elaborar un plan de entrenamiento de doce semanas. Retomo la idea de hacer “la base” que dicen los ciclistas, ese proceso que ya hice a finales de 2016 cuando volví a entrenar después de un par de meses lesionado y que, la verdad, me vino bastante bien. A lo largo de esos tres meses, que completé todo en Soria, el objetivo principal era hacerme de nuevo a la carrera a pie tras prácticamente cuatro meses sin poder encadenar ninguna zancada y, ya de paso, aprovechar para ir cogiendo algo de forma física.

En este tiempo me ha dado el tiempo suficiente para pensar en qué hacer una vez que este plan de entrenamiento se hubiera acabado. ¿Seguir rodando o retomar las series? Después de tanto tiempo sin poder correr, debo reconocer que esas ganas de, al menos, intentar volver a competir habían vuelto. Quería verme de nuevo con un dorsal, más a nivel popular que federado, pero con un dorsal al fin y al cabo. Así, una vez completadas las doce semanas de “la base”, la pasada semana empecé con las primeras sesiones de series. Habían pasado dos años desde la última vez que me había puesto manos a la obra con una sesión de calidad, por lo que opté por, antes de comenzar otra tabla, dejar unas sesiones fuera, igual que hice antes de comenzar con el anterior plan de entrenamiento. De esta manera, tanto la pasada semana las he utilizado para reorganizarme. En un principio tenía pensado ir por tiempo y por sensaciones, aunque, finalmente, el sábado pasado me decidí a volver a entrenar por distancia y pulsaciones.
Sesión de series de 1000 metros de esta mañana.
A lo largo de estas sesiones me he limitado a combinar un día de calidad con otro de carrera continua. Y si bien es cierto que estoy completamente a favor de los entrenadores, en un principio seguiré entrenando por mi cuenta. Lo bueno de no tener un entrenador es que es mucho más fácil modificar los entrenamientos en base a las sensaciones que tengas, pues a la única persona a la que se lo tienes que comentar es a uno mismo. Descarto hacer series cortas (200, 300, 400…) por un motivo sencillo: las odio. Estoy de acuerdo en que hay que hacer entrenamientos variados y tal, pero creo que hay un factor que, bajo el punto de vista de alguien que no es entrenador, es muy importante: adecuar los entrenamientos a los gustos del atleta. Me explico. Si el corredor en cuestión no soporta hacer, por ejemplo, unos 300, posiblemente los haga, pero lo único que querrá es que pse ese entrenamiento y acabará limitándose a hacerlo, sin más. Sin embargo, si a este mismo atleta las series de 200, por el motivo que sea, le gustan más, ¿por qué no hacer más series sobre esta distancia? Posiblemente las haga más cómodo, se esfuerce más y no se limite a hacer el entrenamiento, sin más. Esto me ocurre a mi con las sesiones “rápidas”. Cuando entrenaba con Teo hacía sesiones de 200, 300 o 400 metros, pero debo reconocer que porque era lo que tocaba hacer ese día, pero nunca me gustaron nada. Es cierto que hay que trabajar también los ritmos altos, no solo hacer series largas porque, como me decía un día Ramiro Morán, “toda carrera acaba en un 50”, pero, como digo, nunca he sentido una especial atracción por ellas, así las dejaré bastante de lado. Un tiop de entrenamiento que sí me gusta, y bastante además, son los cambios de ritmo. No descarto hacerlos más de un día, y ahí sí que buscaría trabajar más los ritmos altos, pero, en lo que series se refiere, prefiero hacerlas a partir de los 1000 metros, más que nada, y volviendo al tema de antes, dentro de las sesiones de calidad, son las que más me gustan. 
Sesión de seres de 2000 del jueves.
¿En qué pruebas me gustaría competir? En un principio, descarto hacer las pruebas federadas. Mi estado de forma ahora mismo no está para ir a una competición a menos de 3´50/3’55 como muy rápido, y en pruebas como Atapuerca, Venta de Baños y demás, prácticamente es que los primeros atletas te doblen a la primera de cambio. Recuerdo que la última vez que fui al cross de Valladolid, en 2017, llegaba bastante mejor de forma que ahora (por entonces el tendón de Aquiles estaba bastante entero) y, corriendo en torno a los 3’40, los tres primeros clasificados me doblaron a falta de más o menos vuelta y media para que llegara a meta, así que como para llegar ahora, cuando en los miles de hoy no he sido capaz de mantener esos ritmos ni durante medio kilómetro. Donde sí me gustaría estar es en pruebas populares. No puede faltar la media maratón de Zamora. Este último año me quedé con ganas de ir, y esta nueva temporada quiero quitarme la espinita. ¿Bajar de 1h20’? Reto muy, muy complicado, pero no deja de ser una pequeña motivación para mantener los entrenamientos de calidad. Me gustaría también intentar competir antes de fin de año en alguna prueba de 8-10 kilómetros, por lo que tocará ir mirando a ver qué hay por aquí cerca. Por lo demás, espero que poco a poco pueda ir cogiendo forma, que toda esa racha de lesiones pueda quedar para el olvido, y que pueda seguir disfrutando de mi deporte favorito.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 25 de octubre de 2018

De vuelta

Hace mucho, mucho tiempo que no publico nada en el blog. Entre unas cosas y otras, he dejado muy de lado el tema de la escritura para estar centrado en otras cosillas. Para hoy, me gustaría un poco “liberarme” de tantas semanas sin escribir nada, y comentar de manera general cómo ha sido este verano, un poco diferente a los demás, y cómo está siendo este intento de vuelta a la carrera a pie que, la verdad, ha resultado ser bastante accidentado.
A mediados del mes de junio me llamaron para empezar a trabajar en Soria, lo que me llevó a irme la semana anterior para dejar firmado el contrato y buscar un piso para los casi cuatro meses que me esperaban por allí. Recuerdo perfectamente que fui con mis padres un sábado a conocer la ciudad y buscar un hostal para poder pasar al menos esa primera semana y así encontrar un piso mientras tanto. Recuerdo perfectamente que me fui un lunes por la tarde a Soria, y que estuve hasta el viernes de esa misma semana, días en los que aproveché para firmar el contrato y solucionar diferentes papeles, además de firmar el contrato del piso. Como decía, me volví ese mismo viernes para ir el sábado a las fiestas del pueblo, y el domingo marchar de nuevo a tierras sorianas para incorporarme el lunes. Por delante, algo más de tres meses y medio de trabajo. Reconozco que los primeros días, como suele ser normal cuando llegas de nuevo a un sitio que no conoces, estaba muy nervioso. Además, me veía un poco desubicado. No me había ido nunca a vivir fuera de casa, y de golpe y porrazo, me vi a 300 kilómetros de Zamora y con pocas posibilidades de poder hacer una pequeña escapada para “volver a Granada” que diría Miguel Rios.

Como decía, esos primeros días fueron peculiares. Por un lado, me tuve que acostumbrar a la manera de trabajar de la planta hospitalaria en la que me encontraba, y por otro lado, también debía acostumbrarme a vivir solo cuando, hasta entonces, siempre había vivido con mis padres y mi hermano. Una pequeña aventura que, por un lado, me asustaba un poco, pero por otro, me motivaba, al fin y al cabo me había marchado hasta Soria por motivos de trabajo, y éso de poder decir “me toca trabajar” me gusta. Con el paso del tiempo, me fui acostumbrando a este cambio de vida, y debo reconocer que, al final, he acabado disfrutando muchísimo. Al final, te acabas adaptando, y cuando coges el punto al tema de organizar la vida laboral con las comidas, el piso y demás, al final tampoco es algo tan complicado. Es cierto que a veces se nota el cansancio del trabajo y que cuando te toca la noche, el día siguiente estás un poco “descuajaringao”, pero, como decía, siempre está ahí la motivación de poder decir que “toca trabajar”.

La verdad es que conocía esta ciudad muy, muy de pasada. Recuerdo haber parado en ella a la vuelta de unas vacaciones hará como siete años, pero fue el tiempo justo para tomar un café y recorrer una calle (que ahora sé que es El Collado) durante un ratito. Lo que me quedó entonces bien claro es que en Soria hacía frío, pues en pleno mes de julio de aquel verano nos tocó tirar de manga larga al bajar del coche. Durante esta estancia en la ciudad que tanto inspiró a poetas como Machado o Bécquer, he podido conocer bastante a fondo los rincones de Soria. A nivel de tamaño y población, es una ciudad más pequeña que Zamora. Uno de los primeros sitios que conocí de la ciudad fue el Parque de la Alameda de Cervantes, más conocido allí como “la dehesa”, que, por hacer una comparación, es una versión del Campo Grande de Valladolid, pero en pequeño. Pero debo reconocer que hubo dos cosas que me impresionaron bastante. Por un lado, la famosa ermita de San Saturio, una ermita colocada en la ladera de la sierra de Santa Ana, frente al paseo de San Prudencio. Añado el nombre de la zona preparada para caminar que quedaba enfrente porque la historia de ambos santos es más que llamativa. Por otro lado, uno de mis rincones favoritos fue el mirador de los Cuatro Vientos y la ermita de la Virgen del Mirón, que se encuentra pegando con este mirador. Una zona que permite ver la zona del río y gran parte de la ciudad. Por allí paseaba Antonio Machado cuando su mujer se encontraba ya enferma, de ahí que se levantara un monumento bastante curioso en honor al famoso poeta y su mujer. Tanto la ermita de San Santurio como la de la Virgen del Mirón y el Mirador de los Cuatro Vientos han sido las zonas que más me han gustado sin duda. Para salir a dar una vuelta por Soria, recomiendo los caminos que hay alrededor de estas zonas, que te permiten ir viendo el río y estos monumentos.
A nivel deportivo, mi estancia en Soria ha sido, cuanto menos, peculiar. La semana que tuve que ir a firmar el contrato estuve haciendo natación más un día de bicicleta (el sábado), mientras que el domingo por la mañana, antes de volver a Soria, salí a rodar 45' sin ninguna queja por parte del tendón de Aquiles, que tanta brasa me había dado. Así, aproveché, ya en Soria, para bajar a “la dehesa” y completar unas cuantas vueltas. Así estuve hasta que, el miércoles de la primera semana que trabajé allí, una sobrecarga me mandó parar. Tras cinco días parado por completo y otros cinco haciendo natación, vuelvo a correr, pero el cuerpo sigue empeñado en que no lo haga. Semana y media más tarde, ya conociendo más de Soria y habiendo completado esos últimos kilómetros por la zona del paseo de San Prudencio y por San Saturio, otra sobrecarga me manda parar. Así, me tocó estar otra semana sin parado por completo. Justo siete días más tarde, me volví a calzar las zapatillas y, la verdad, la cosa fue bastante bien, notando poco a poco mejoría, hasta que, el pasado jueves, mientras iba rodando por la zona del camino de Garray, pisé una zona húmeda y me fui al suelo. En un principio, la cosa no fue a más, tan solo unos raspones en un brazo y en la cadera, pero según fueron pasando los minutos, ya acercándome a la parte final de la sesión de carrera continua, empecé a notar una molestia general por la parte trasera del costado, que poco a poco fue localizándose en un punto concreto: una costilla. Tras la experiencia del pasado mes de noviembre con dos rotas y en esta ocasión con esa zona bastante dolorida, acabé en la consulta del médico de urgencias para que me dijera qué era lo que tenia exactamente. Tras la observación correspondiente, tan solo tenía el golpe. El viernes decidí descansar y que éso fuera pasando. El domingo tenía previsto participar en la media maratón de Ávila, pero tras el golpe, la verdad es que tuve muchísimas dudas sobre si podría o no poder hacerla, lo que, la verdad, me hundió bastante. El sábado, aun estando en Soria, bajé, en compañía de mi padre, a “la dehesa” a completar unas cuantas vueltas… La molestia estaba mucho mejor, seguía notando el golpe (ya me advirtieron de que ésto se mantendría unos cuantos días), pero podía correr, ni tan mal.

Una de las cosas que más me ha gustado de Soria en temas de deporte ha sido el poder saludar a los dos mejores atletas de esta tierra, Abel Antón y Fermín Cacho y, además, en el caso del maratoniano, poder cruzarme con él varios días corriendo, lógicamente él mucho más rápido que yo. También vi en un par de ocasiones a Dani Mateo, Jesús España (se desplazó hasta Soria para finalizar su preparación de cara a su última maratón) y con Estela Navascues. Una gozada poder ver a todos estos grandes deportistas. A nivel de zonas de correr, “la dehesa” que comentaba antes es una buena opción siempre y cuando sepamos elegir hora (en las centrales del día suele estar con bastante gente) y momento, porque, por ejemplo, en las fiestas de San Juan suele ser una zona muy utilizada para diferentes actividades. Por otro lado, toda la zona de San Saturio y los caminos que salen a continuación del puente de piedra de Soria. Son dos paralelos que, en un momento dado, se juntan a través de un puente y que, siguiéndolo recto, se llega hasta Garray, famoso por tener las ruinas de Numancia. Lo malo son los tramos de pasarela que hay en ellos, pero, por lo demás, es una zona muy entretenida para rodar. Un sitio del que me han hablado en varias ocasiones, pero nunca he llegado a rodar, ha sido de Valonsadero, lugar habitual de entrenamientos de gente como Abel Antón o Daniel Mateo. Allí estuve en un par de ocasiones en compañía de mis padres y mi hermano, pero tan solo con el objetivo de pasar el día.
Dejando un poco de lado mi estancia en Soria, el pasado domingo tomé la salida en la media maratón de Ávila. Llevaba ocho meses (desde la carrera de Don Bosco de Valladolid) sin colgarme un dorsal. Debo reconocer que tuve ciertas dudas sobre si podría o no participar en esta prueba. Finalmente, con bastante precaución con el tema del golpe del pasado jueves, pude correr los 21 kilómetros por las calles de la ciudad de la muralla. Después de mucho tiempo, volvía a verme metido en una competición. Mi estado de forma no era el mejor como para salir a disputar la prueba y mi cuerpo tampoco estaba para forzarlo, así que decidí ir al ritmo que las piernas (y la zona dolorida) me dejaran. La verdad es que me encontré mejor de lo que me esperaba, completando los 21 kilómetros en 1h34'04. Como es habitual, corrí con el GPS, y a modo de anécdota, me gustaría comentar que, de todos los kilómetros, este aparato tan solo coincidió con los de la organización en el segundo, habiendo una diferencia al final de medio kilómetro (según el aparato, la media maratón tenía 21630 metros. Este año la organización dio una mochila bastante curiosa de la marca Joma, aunque, si soy sincero, el precio de inscripción me pareció un poquito elevado. Pero, en líneas generales, una buena media maratón y en la que recomiendo correr, con un gran ambiente popular, donde se junta la gente que va a competir con la gente que va a disfrutar de una mañana de atletismo.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


sábado, 2 de junio de 2018

Atletismo, otros deportes y Bañobárez


Correr forma parte de mi. Es mi naturaleza. Lo necesito para sentirme vivo”. (Pedro Nimo).


Nos encontramos ya en el mes de junio, lo que indica que la temporada atlética está llegando a su fin. Aun quedan unas cuantas semanas para calzarse las zapatillas de clavos en la pista, y posiblemente junio y julio más de uno los aproveche para competir en distancias como el 1500, pero, aun así, tan solo serán, a lo sumo, dos meses. Luego, muchos seguirán entrenando, con más o menos intensidad, aprovechando para competir en las diversas pruebas populares de los pueblos, mientras que otros optarán por mezclar las sesiones de carrera continua con alguna que otra sesión de, por ejemplo, bicicleta, con la idea de cambiar un poco de deporte, aunque sea por unos pocos de días.

A nivel personal, esta temporada ha sido un auténtico desastre a nivel deportivo. Si valoramos desde septiembre, que suele ser el mes típico para reanudar los entrenamientos (aunque debo reconocer que en 2015 tan solo dejé de correr una semana y, desde entonces, en verano he seguido corriendo), apenas he podido hacer medio año con sesiones de carrera a pie. A mediados-finales de noviembre me partí dos costillas, lo que me llevó a estar durante mes y medio sin poder correr nada. Una vez recuperado, el dos de enero me puse manos a la obra de nuevo con sesiones de carrera continua, pero mi tendón, debido a unas molestias que llevaba arrastrando desde el verano, me hizo parar a principios de marzo, de lo que ya hace tres meses. Ésto me ha llevado a que, desde que comencé a correr allá por el verano de 2009, haya sido, posiblemente, la temporada que menos carreras he hecho (éso asegurado, tan solo una) y la que menos entrenamientos he podido realizar. Lo del tema de las costillas fue algo más o menos inevitable, me caí y me di un mal golpe en el costado, pero lo de la tendinitis me ha pasado por bruto. Como decía, llevaba con alguna que otra molestia desde el pasado verano, pero al tener que hacer el parón obligatorio con el tema de la costilla, esa molestia desapareció, lo que me llevó a ser optimista en cuanto a la recuperación, una esperanza que tan solo duró una semana tras regresar a los entrenamientos, pues decidió regresar, y en esta ocasión siendo algo más intensa. Finalmente, y en resumidas cuentas, a principios de marzo “me rompí”, después de haberlo forzado desde el verano, el tendón de Aquiles me obligó a tener que hacer otro paréntesis en los entrenamientos. Para más “emoción”, si cuando me fracturé la costilla sabía más o menos cuándo iba poder volver a correr, con ésto no ha sido así, y aun llevando tres meses lesionado, no tengo nada claro cuándo voy a poder volver a calzarme las zapatillas.

La verdad es que se me está empezando a hacer muy, muy cuesta arriba esto de estar tiempo sin poder correr. Nunca había estado tanto tiempo lesionado y tampoco había tenido lesiones tan seguidas, que es algo queme fastidia también bastante. Me paro a pensar en las pruebas en las que quería haber participado y no he podido por esta lesión, o veo que llega el buen tiempo y me toca hacer otros deportes, y la verdad es que me fastidia bastante. Es cierto que, en gran medida, el hecho de estar así me lo he buscado yo y, por lo tanto, tampoco puedo tener demasiados motivos para quejarme, porque si hubiera cuidado el tendón desde un principio, posiblemente ahora no estaría así. Pero bueno, si algo nos caracteriza a muchos corredores, y que, por cierto, he criticado en alguna ocasión, es ese “ansia” que tenemos por seguir haciendo kilómetros.

A lo largo de este tiempo, y tras haber estado 18 días sin hacer ningún tipo de ejercicio físico, he estado alternando sesiones de bicicleta con otras de natación. Ambos deportes me gustan bastante, incluso me atrevería a decir que ahora, después de tantas semanas haciendo natación, le estoy cogiendo el “gustillo” y me tira más que salir a dar pedales, pero es cierto que no llega ni de lejos al disfrute de las sesiones de carrera a pie. Es algo que en alguna ocasión he comentado con los compañeros ciclistas, que no acaban de comprender que me guste más gastar zapatilla que montar en bicicleta. Así es, las “sensaciones” que ellos aseguran tener cuando van pedaleando y que aseguran no tener cuando “han probado” a correr, son las que nosotros sí sentimos haciendo sesiones de carrera a pie o incluso compitiendo mientras gastamos zapatillas, pero que no llegamos a notar mientras pedaleamos. Desde hace mucho, pero que mucho tiempo, me considero un atleta o corredor (me niego a utilizar la denominación “raner”, tan de moda ahora, pero ya he escrito de esto en otras ocasiones) muy de la vieja escuela por un lado, y aficionado “televisivo” al ciclismo, que se limita a dar cuatro pedaladas cuando está lesionado. Claro ejemplo de que me limito a salir solo cuando alguna zona del cuerpo no me permite correr es que en 2017 tan solo salí un día en todo el año, y fue con el único objetivo de hacer una salida por el pueblo en compañía de mi padre y mi tío y que en 2016 salí un par de días en verano y en alguna que otra ocasión durante los casi dos meses (faltó una semana) que estuve “tocado” del pie derecho, pero tampoco demasiado, la verdad. Pero bueno, retomando un poco lo que comentaba a mitad del párrafo, como corredor, no noto esas famosas “sensaciones” que me comentan mis compañeros ciclistas, pero, como es lógico, tampoco voy a pedirles a ellos que experimenten lo que los atletas notamos cuando corremos, que, para mi, es mucho más bonito que dar pedales. Sí es verdad que algunos compañeros que han corrido durante cierto tiempo alternándolo con al bicicleta pero que, por diferentes motivos (normalmente las rodillas) han tenido que dejarlo y dedicarse en exclusiva al ciclismo, me han comentado que “la verdad es que lo echo bastante de menos correr” o “cómo me acuerdo de cuando podía salir a correr”. Yo siempre me acuerdo de una frase de un entrenador del club, que cuando estoy lesionado utilizo con mucha frecuencia (que se lo pregunten a mis padres): “Alejandro, si pudiera correr, iba yo a estar dando pedales”. Pero bueno, para gustos están los colores, y si todos hiciéramos el mismo deporte, ésto no tendría gracia.

Para acabar el artículo, ayer hizo un año que corrí en la carrera popular de Bañobárez, la última vez que se celebró esta prueba. Guardo un recuerdo muy especial de esta competición organizada por “Los Piratas”, pues fue mi primera victoria en la categoría Absoluta (y hasta la fecha, la última) y, además, logré algo que para nada me esperaba: batir el récord de la prueba, con un tiempo de 35’12, récord que comparto con la atleta salmantina Gema Martín Borgas, que lo batió con una marca de 42’33. Aquella temporada fue la primera que estuve entrenando por mi cuenta. Ésto me permitió para ir conociéndome un poco mejor a nivel deportivo, y debo reconocer que disfruté mucho de la nueva manera de entrenar. Pocos días antes de ir a Bañobárez volví a las series, después de haber estado tres meses preparando la carrera de El Salvador a base de cambios de ritmo, y la verdad es que llegaba bastante bien de forma, pero no contaba con llegar al nivel suficiente como para poder ganar la prueba. Las sensaciones en el calentamiento eran bastante buenas, lo que me animó a ponerme en primera fila y ver qué podía hacer. En la salida, que, por cierto, no la recuerdo muy rápida, se formó un grupo formado por muchos atletas, que fuimos juntos durante el primer kilómetro, momento en el cual, Ricardo y Serafín dieron un cambio de ritmo. Decidí ir con ellos, a ver qué sucedía. Total, no tenía nada que perder. Tengo el recuerdo de que los tres nos intentamos dar algún cambio de ritmo con la idea de ver qué pasaba con los otros dos, pero no se me olvidará la cantidad de cambios de ritmo que pudo hacer Ricardo mientras íbamos los tres juntos: se ponía delante, hacía unos cuantos metros muy fuertes, y se volvía a poner atrás. En un tramo decidí tomar la iniciativa y subir algo el ritmo, pero vi que me respondían, así que esperé a otra ocasión. Unos metros más adelante, en un tramo en bajada, probé, esta vez con un cambio más fuerte respecto al anterior. Vi que cogía unos metros de ventaja, así que decidí intentar mantenerla. Si no me cogían, de cine, y si lo hacían, pues ya buscaría otras opciones. Fueron pasando los kilómetros y ese trío que habíamos formado ya venía bastante desecho. Ricardo venía varios metros por atrás, mientras que Serafín y yo nos guardábamos cierta distancia, la cual se acortó enormemente en un repecho bastante largo, hasta el punto en el que me convencí de que me daría caza. Los dos últimos kilómetros eran bastante favorables y con aire a favor, así que aproveché para intentar retomar más ventaja respecto a Serafín, aunque para los dos era un terreno favorable, así que no era tarea fácil. Ya por las calles del pueblo me sucedió la anécdota del día: llevaba ya varios metros sin ver qué distancia llevábamos, por lo que no sabía muy bien cuánto nos quedaba para llegar a la meta. Iba centrado en seguir al coche que iba abriendo la carrera para evitar perderme (aunque el recorrido estaba marcado a la perfección) cuando, de golpe, giramos para coger una calle y me encuentro con que a unos 70-80 metros está la meta. Lo primero que se me vino a la cabeza fue “¿estás seguro de que no llevas a nadie delante?” No acababa de creerme que fuera a ganar mi primera carrera en la categoría Absoluta. Mirada para atrás para comprobar la distancia con el segundo, y a entrar en meta. Un tiempo después de celebrar esta carrera anunciaron que para 2015 ya no la celebrarían. Reconozco que me dio mucha pena recibir esa noticia. Independientemente del resultado, la carrera estaba perfectamente organizada y el pueblo se volcó con ella.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


lunes, 28 de mayo de 2018

Negocios en el mundo del deporte

Muchas veces intento no “cabrearme” con muchas de las cosas que leo a través de las redes socailes o medios de comunicación respecto al tema de eventos populares, sobre todo relacionados con el atletismo, que es lo que más sigo, pero resulta muy complicado no hacerlo. En estos he leído una noticia que, posiblemente sea la gota que colma el vaso: resulta que se va a celebrado en el zamorano bosque de Valorio unas pruebas de la famosa Farinato Race y me he enterado de que hay un Campeonato del Mundo. Voy a intentar explicar el por qué de mi “cabreo” y, a la vez, aportar alguna solución.

Puede que sea muy de la vieja escuela en cuanto a temas atléticos se refiere, pero debo reconocer que muchas de las situaciones que veo ahora en este mundillo no acaban de cuadrar en el concepto de atletismo que a mi se me enseñó en su día,, cuando comencé a correr con Teo. Pista, asfalto y cross. Si estamos centrados en el asfalto, por ejemplo, el cross nos puede servir como entrenamiento de calidad, igual para llevar el invierno de cara a ciertas pruebas en pista porque, como muchas veces nos decía Teo, “el cross vale para preparar muchas distancias”. Hacáimos series alternadas con rodajes (casi siempre, también es cierto, pero ésto es otro tema del que ya he hablado muchas veces), y siempre se nos insistía en llevar una preparación acorde a lo que fuéramos a preparar. Consejos lógicos que nos decían siendo ya Infantiles o Cadetes, pero que, por lo visto, se nos olvidan con una facilidad pasmosa.

Aquí es donde comienza la primera parte de mi “enfado”, algo de lo que ya he hablado (o, mejor dicho, escrito) en vairas ocasiones. No comprendo como nos dejamos llevar en muchas ocasiones por el echo de que una distancia nos pueda resultar “llamativa” para coger y apuntarnos sin tener un mínimo de kilómetros, ya no de preparación específica, en las piernas. Una prueba de 10 kilómetros, que en muchas veces nos las tomamos como un “juego”, puede ser muy larga para una persona que lleve dos meses corriendo y no haya hecho rodajes de más de 35 minutos. Lo mismo sucede con la media o la maratón. Pero los corredores (lo digo por propia experiencia, sino ahora no estaría como estoy) somos muy brutos, y en cuanto vemos que hemos corrido tres pruebas de 10.000 metros, nos venimos arriba, hacemos un par de rodajes de 15 kilómetros, ¡y a correr medias maratones! También puede ocurrirnos algo muy habitual: preparar una prueba específicamente y lesionarnos a falta de mes y medio para la competición en cuestión. Si estamos parados u mes, podremos volver a correr dos semanas antes del objetivo. Si no es una distancia muy larga (10 kilómetros, por ejemplo) y en un circuito no muy exigente (cross, cuestas, montaña…) podremos salir con la única y exclusiva idea de hacer un rodaje y ya habrá más pruebas. Pero si ya hablamos de medias maratones, lo suyo sería quedarse en casa, porque, siendo sinceros, no sería muy lógico meternos 21 kilómetros para el cuerpo en estas circunstancias. Aun así, nos encontraremos con casos de corredores que salen en pruebas de larga distancia, publicando tal “azaña” en la red social de turno con comentarios de lo más curiosos. Para mi, ésto no es un indicador de orgullo, sino más de pensar poco en nuestra salud y en las lesiones que pueden acarrear tal salvajada.

Y si ya hay locuras con pruebas de 21097 metros, no imaginemos con la maratón y pruebas de montaña. Está bien que nos motiven estos retos tan largos, pero debemos ser conscientes de cuáles son nuestros límites. Por ejemplo, no veo lógico que muchos corredores se apunten a pruebas de maratón para hacer muchos de los kilómetros caminando y llegar a meta en seis horas. Yo soy de los que piensan que en competiciones tan largas hay que acortar más el tiempo máximo de llegada a meta, porque no entiendo como algo saludable para nuestro organismo lo de participar en pruebas de 42 kilómetros (y en medias, pero en la “entera”, al ser más distancia, todo esto se encuentra mucho más acusado) sin estar debido preparado y pretendiendo acabar a toda costa, poniendo nuestra propia salud en salud e incluso teniendo que para a caminar en un montón de ocasiones. No todo vale para poder decir “que he acabado una maratón”. Hasta no hace mucho, los atletas que se decantaban por esta distancia habían “visto” ya muhco atletismo, llevaban varios años corriendo diferentes distancias, y, en cierta medida, correr los 42195 metros era como llegar a la parte más alta de su carrera deportiva. Gente, a fin de cuentas, ya muy hecha dentro del mundo del deporte. Se hacían muchos kilómetros dentro de la preparación, y, aunque sin miedo, siempre estaba el respeto a la prueba de Filípides. Ahora, todo éso ha cambiado y parece que toro sirve para correr una maratón, y no es a´si. ¿Todo el mundo está preparado para correr tantos kilómetros? Respetando a todo el mundo, me parece que no todos los deportistas están capacitados para acabar estos42 kilómetros. Y no quiero resultar soberbio, no es para nada mi intención, pues, creo que soy el primero no apto para participar en una maratón, pues, por un lado, no he “trillado” lo suficiente la distancia inmediatamente anterior, la media maratón, sino que tampoco me considero una persona capacitada para hacer tantos kilómetros. Me gustaría llegar a poder preparar una media maratón bien preparada, con sus series y demás, pero no hacerlo para esos 42 kilómetros.

¿Soluciones a ésto? Lo primero de todo, mucha paciencia y cabeza. Lo suyo sería buscar un entrenador (con experiencia como atleta, a poder ser con unos cuantos años a la espalda y, además, con una formación) o, por lo menos, intentar leer todo lo que se pueda sobre entrenamientos, contrastando la información que nos encontramos por Internet y, a partir de ahí, empezar a elaborar nuestro propio plan. Pero, sobre todo, apliquemos la lógica y pensemos que lo ideal sería poder estar el máximo tiempo posible corriendo (con “tiempo” creo que queda claro que no me refiero a las horas o minutos, sino a meses y años) sin lesiones y disfrutando con lo que hacemos. Seguir un método progresivo, aumentando poco a poco los kilómetros, y dejando las pruebas de larga distancia para el momento adecuado, no para cuando “nos pueda el ansia”. Puede que yo no sea la mejor persona dando estos consejos, pues soy el primero que mete la pata en muchas de estas cosas y, como muchas veces he comentado, soy muy reacio a tener un entrenador (ya hablaré en otra entrada, entre otras cosas, de esto), pero hay que reconocer que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, se agradece tener a alguien que, aunque no te haga directamente un plan de entrenamiento, al menos te aconseje sobre qué sería lo adecuado para cada momento.

Por otro lado, este fin de semana se ha celebrado en el zamorano bosque de Valorio una prueba del Farinato Race sobre diferentes distancias. A lo largo del circuito, los deportistas tendrían que solventar diversos obstáculos de lo más curiosos. Desconozco quién fue el “inventor” de estos eventos, pero creo que se ha ido mucho de las manos, hasta el punto de hacer un Campeonato del Mundo. Debo reconocer que, bajo mi punto de vista, éste evento no deja de ser un invento más para hacer un negocio vinculado al mundo del deporte y, en concreto, de las competiciones, no tengo muy claro de qué deporte. Puede que yo sea muy de la vieja escuela y no acabe de pillarle el truco a esto, pero muchas veces me acuerdo de un comentario que leí en una red social, en la cual, una persona decía algo así como “ahora la gente pone dinero por hacer lo que nosotros hacíamos obligados en la mili”. Es cierto que también se obligaba a correr, y ahora está de moda, demasiado me atrevería a decir, pero, a diferencia de estas pruebas, una persona puede decidir si pagar o no para salir a correr, basta con calzarse unas zapatillas, ropa deportiva y salir, mientras que para estos eventos, tienes que poner dinero sí o sí, pues es la única manera de encontrarse en esa situación de tener que pasar todos los obstáculos.

La verdad, y aunque pueda parece mentira, en muchos aspectos de este deporte, me gustaría retroceder unos pocos de años atrás, cuando el “ranin” aun no existía, y la gente que practicaba “footing” lo hacia con mucha más cabeza que los actuales “raners” (de hecho, para mi no tiene mucho que ver un concepto con el otro) y lo que predominaba eran los “atletas”, gente que competía, pero que, ante todo, era plenamente consciente de cuáles eran sus límites y de la importancia de llevar un buen entrenamiento de cara a las pruebas para las que se estaban preparando. Una época en la que el atletismo era cross, asfalto y pista y donde primaba el deporte frente al negocio. Nada más y nada menos.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 24 de mayo de 2018

Entrevista a Ángel de las Heras

Mis inicios en el mundo del atletismo se remontan al verano de 2009, cuando me dio por irme hasta las pistas de atletismo de Zamora y empezar a dar vueltas. Poco tiempo después comencé a entrenar con Teo de las Heras. Enseguida me di cuenta de que era una persona que, aparte de transmitir todos sus conocimientos a través de los entrenamientos que nos programaba, también nos contaba alguna “batallita” de situaciones que él había vivido a lo largo del tiempo. De entre las muchas conversaciones que teníamos con él, solía destacar con cierta frecuencia un nombre: Ángel de las Heras. Con el paso del tiempo, me fui dando cuenta de que en el mundo del atletismo, Zamora también ha dado grandes deportistas.

Ángel Heras, el nombre acortado que solía utilizar la prensa, comenzó a destacar desde muy joven, y ya siendo Junior acude al Europeo en la prueba de 4x100, la cual fue su primera prueba a nivel internacional. Desde ese momento, comienza una andadura deportiva más que interesante, que le ha llevado a ser el primer atleta zamorano que participa en los Juegos Olímpicos. Debutó en Montreal (1976). A esta experiencia olímpica le siguen Los Ángeles (1984) y Barcelona (1992).

Pero no todo ha sido un camino de rosas. En 1979, nuestro protagonista hace un parón hasta 1982, en cual apenas entrena. Por entonces, el tema económico en el atletismo no estaba para tirar cohetes, y junto a una lesión en el tobillo, estuve este tiempo un poco apartado de la competición, a la cual volvió para demostrar que seguía teniendo ganas de correr, y muy rápido.

A nivel personal, después de todas las “batallitas” que le había escuchado a Teo y todo lo que había leído en Internet, la verdad es que siento cierta admiración por Ángel. Lo primero, por haber sido el primer atleta de Zamora en acudir a unos Juegos Olímpicos, y por otro lado, por llegar tan alto en el mundo de la velocidad en un país en el que parecemos estar más centrados en el medio fondo y fondo, y en una época en la que el atletismo no era un deporta demasiado mayoritario, por lo menos en sus primeros años de deportista de alto nivel. Hace unos días me puse en contacto con él para saber si podía entrevistarle. Unos días después, aquí está el resultado. Espero que lo disfrutéis. Para mi, desde luego es todo un orgullo haber entrevistado a mi paisano.

1.- ¿Cómo fueron tus inicios en el mundillo del atletismo?
Jugábamos en el recreo saltando en el foso de arena del Claudio Moyano… competiciones en clases gimnasia. Todos los días “correteando “en la calle con los amigos y amigas. Fin de curso: carrera de 80ml en pista ceniza estadio Pantoja (ahora ya no existe zona Tres Cruces) quedé 3º siendo de 1º bachiller corriendo con los mayores.

2.- Desde muy joven logras destacar como corredor de velocidad. En la categoría Junior logras acudir al Europeo en la prueba de 4x100, logrando ser medalla de bronce. ¿Qué recuerdas de tu primera participación en un Europeo?
Hablamos de 1.975 Campeonato de Europa Junior y Atenas con 16 años y la primera competición internacional importante. La 1º medalla…fue una bonita experiencia para aprender y comenzar a ver el mundo… España era muy diferente en todos los niveles al resto de países. Aún no teníamos democracia.

3.- En el año 1979 dejas de lado el atletismo y vuelves en el 1982. ¿Te sirvió este parón para volver a competir con más ganas posteriormente?
La vida tiene su ritmo y necesitas otras cosas que el atletismo no daba… (no había tantos medios económicos). Te casas, trabajas. En 1.980 solo hice el Campeonato de España absoluto, en el 81 parón total…82 entrené muy poco… Aun así corrí 100ml -10.33 con (+2.1 vf) y 21.02 en 200ml. estuve Europeo p.c. Milán y a.l. Atenas. A veces es mejor parar para romper rutinas.

4.- ¿Qué es lo que te llevó a volver a competir tras ese parón?
Las ganas de seguir compitiendo y los ánimos de mi entrenador e intentar vivir y disfrutar haciendo lo que más te gusta.

4.- A lo largo de tu trayectoria como atleta de élite, logras ser campeón de España tres veces en los 200 metros, y nueve sobre la distancia de 400 metros. Viendo que has logrado más veces ser campeón nacional en el 400, ¿era ésta la distancia que mejor se te daba, o eras más corredor de 200 metros?
Con 17 años logré el récord España absoluto 100ml- 10”3. El servicio militar obligatorio: 20 meses y una lesión de tobillo supusieron un parón importante en la progresión. Cuando regresé en 1.983 mi entrenador me convenció para probar el 400. Había déficit de buenas marcas desde hacía mucho tiempo en España. Y el resultado está en mi historial. No dejé de correr 60-100-200-300ml. Como velocista…era el más completo por marcas en diferentes pruebas.

5.- De todas tus victorias en los Nacionales de 400, tres de ellas las has logrado en pista cubierta, exactamente en los años 1983, 1984 y 1986. ¿Qué diferencia hay entre competir en una pista al aire libre y hacerlo en una pista cubierta?
La pista es más pequeña exactamente de cuerda es la mitad…200m y las curvas más cerradas… peraltadas… menos calles. El 400 se corre cambiando calle libre tras 150m…puede haber contactos con rivales, no afecta la meteorología.

6.- José Manuel Abascal y tu fuisteis los primeros españoles seleccionados para ir a la prueba de relevos del 4x400 de la Copa del Mundo. ¿Cómo recibes aquella noticia?
Estaba en Seúl (mitin preolímpico) gané el 400 con récord. El seleccionador europeo era alemán, ya había competido unas semanas antes en Berlín en 45.57” … (creo recordar estaba 3º/4º ranking) decidió por mí para el relevo. Una muy agradable noticia pues no habían seleccionado nunca a españoles.

7.- Tu andadura en los Juegos Olímpicos comienza allá por 1976 en Montreal. ¿Qué recuerdos te trae aquel debut en las Olimpiadas?
Imagina: con 17 años y poder competir, ver un continente y país muy diferente a España y Europa. Fui junto con otro atleta USA afroamericano el más joven en la Olimpiada. Siempre la 1ª vez en todo es una experiencia increíble y poco olvidable.

8.- Sigues sumando competiciones olímpicas, y a la ya mencionada en Montreal, le sumas la experiencia olímpica en Los Ángeles (1984) y Barcelona (1992). Comparando tus experiencias en Juegos Olímpicos, ¿con cuál de todas ellas te quedarías?
Cada una es distinta y diferente. No hay preferida…La última en Barcelona, estás en casa… En el 84 ver y conocer Disney y Hollywood… El sueño americano…

9.- En Barcelona corres tus últimos Juegos Olímpicos y donde pones punto y final a tu etapa como deportista de élite. ¿Qué fue lo que sentiste en Barcelona? ¿Viviste estas Olimpidas de una forma diferente?
Estás en tú país…el desayunar y hablar con nuestro actual Rey. Saber que puede ser la última en tu carrera deportiva. Muchas emociones y sensaciones agridulces.

10.- Tu carrera deportiva podríamos catalogarla de bastante larga. Desde mediados-finales de los años 70 hasta 1992 con Barcelona. ¿Con qué te quedas de todos esos años compitiendo al más alto nivel?
El conocer “mundo” y otras maneras de vivir y entender la vida, diferentes culturas. Aprender con todos a probar, experimentar y “aprehender” a ser ciudadano del planeta. Hacer lo que más te gusta siendo feliz.

11.- ¿Te has sentido valorado por los medios de comunicación en todos esos años en el alto nivel?
No tengo nada que objetar al trato recibido…Respeto todas las opiniones me agraden más o menos. Siempre he aceptado las críticas imparciales y objetivas.

12.- ¿Quiénes fueron tus referentes dentro del mundo del atletismo?
Destacaría a Valeri Borzov, velocista ruso, viendo TVE en Múnich 72 ganar: 100-200ml.

13.- Los logros deportivos, como todo, se logran tras muchas horas de entrenamientos. ¿Quién era tu entrenador y cómo estaban programados tus entrenamientos?
El Sr. Francisco López Álvarez me vio y ofreció la beca para la Residencia Joaquín Blume de Madrid en 1.974… (ahora CAR). Entrenábamos de lunes a sábado: 12 a 14h carrera y 17 a 19h fuerza.

14.- A la hora de competir, ¿qué es lo que más te motivaba para salir a las pistas?
Siempre me ha gustado competir y ganar. El reto personal para poder mejorar las marcas incluso en los entrenos.

15.- Hablemos un poco de la ciudad que te vio nacer, Zamora, allá por al año 1958. ¿Te sientes orgulloso de que, gracias a tus logros deportivos, el nombre de Zamora haya salido escrito en diferentes medios de comunicación deportivos?
Por supuesto, entonces solo sonaba Don Ángel Nieto por haber nacido, aunque él se consideraba madrileño. Un orgullo el “mote” del diario Marca: ¡Ángel Heras el huracán de Zamora!

16.- ¿Has entrenado o competido en Zamora?
Competí al comienzo de mi carrera en las pistas de la Universidad, bosque Valorio y entrenar durante las vacaciones. Además en la inauguración de la actual.

17.- Mi entrenador durante mis primeras cuatro temporadas dentro del mundillo del atletismo fue Teo de las Heras, tu primo. ¿Habéis entrenado juntos en alguna ocasión?
No hubo ocasión, mi primo Teo era “fondero” yo solo estaba por vacaciones o fuera de temporada.

18.- Mientras que tu estuviste centrado en la velocidad, Teo siempre fue un corredor con características para la larga distancia. ¿Os habéis parado alguna vez a hablar sobre esa diferencia como atletas, siendo familiares tan cercanos?
Hemos hablado de atletismo en general. Nuestros entrenamientos, pruebas y competiciones tienen poco en común.

19.- ¿Mantienes contacto con algún atleta zamorano de tu época o algo más reciente?
Ahora con las redes sociales siempre estás conectado con alguien, recordando “batallitas” y otras épocas algo diferentes del atletismo actual.

20.- ¿Es complicado ser velocista en un país en el que parece que predominan más los atletas de cross, medio fondo y fondo?
Las pruebas técnicas requieren más medios: módulos cubiertos, mejores condiciones climáticas durante el año, sin olvidar las características genéticas naturales del atleta. Siempre se ha dicho: “el velocista nace…el fondista se hace”.
21.- ¿Cómo ves el atletismo actual en cuanto a temas de velocistas? ¿Sigues el atletismo zamorano?
Hay una nueva generación qué viene progresando con un futuro prometedor. Veo alguna noticia en la web. Por desgracia en Zamora sigue siendo un deporte con muy escaso apoyo y de minorías.

22.- Una vez retirado del atletismo de alto nivel, ¿has seguido corriendo o practicando algún otro deporte?
Hay que seguir cuidando “the body” o te oxidas y no solo por edad…Procuro hacer deporte adaptado a mis casi 60 años. Importante: acondicionamiento con trabajo aeróbico y fuerza genérica.

23.- Has ejercido como entrenador en deportes de equipo. ¿Cómo es el cambio de estar en el ambiente del atletismo, que tiende a ser un deporte individual, a estar en uno donde el equipo es tan importante?
La filosofía de la competición y la búsqueda de la competividad es inherente y común a todos los deportes, sean individuales o de equipos. Hay que encontrar y hacer hincapié en el alto rendimiento personal para lograr buenos resultados en conjunto.

24.- Para acabar, comenta lo que quieras a los lectores del blog.
Es primordial cuidar todos los hábitos saludables desde niños…Educar a los hijos siendo los padres ejemplo a seguir. Realizar siempre una actividad física adecuada a nuestro nivel deportivo y edad…Ser disciplinado y constante.

sábado, 5 de mayo de 2018

Argusino de Sayago

La presa de Almendra siempre ha levantado en mi cierta sensación de “admiración”. Una construcción de unas características más que llamativas, con una altura de unos 202 metros. Y no solo éso, sino la gran cantidad de agua que tiene y todo lo que se esparce tanto por pueblos zamoranos de la comarca de Sayago como por pueblos salmantinos. Pero, sin lugar a dudas, una de las cosas que más me llamaba y me llama la atención es saber cómo era aquello antes de su construcción, allá por los años 60, y saber en concreto qué había debajo del agua. Un día, hace ya algún que otro año, me puse a investigar por Internet en busca de una solución a estas últimas curiosidades. De una a otra web y de un vídeo a otro de Youtube, me encuentro con un nombre. Empiezo a saber que, bajo las aguas de la presa de Almendra hay un pueblo. Siguiendo con mis “investigaciones”, descubro que éste se llama Argusino, y que hasta septiembre de 1967, fecha en la que las aguas de la presa se lo llevaron, fue un pueblo más de la comarca zamorana de Sayago. La verdad es que viendo artículos y entrevistas tanto por webs como por Youtube de personas nacidas en Argusino y descendientes del mismo contando su historia, han levantado en mi una sensación de curiosidad enorme. Para hoy, me gustaría escribir sobre este pueblo sayagués y, sobre todo, de todos esos sentimientos que me han ido apareciendo según he ido leyendo y escuchando cosas sobre el mismo.
Argusino. (Foto: Argusino Vive).
Argusino, fue una población con unos cuantos siglos de historia. Debido a su cercanía con la provincia de Salamanca, por él pasaba el río Tormes, y se caracterizó por ser un pueblo bastante completo. En él había viñas, árboles frutales, pastos, tierras de cultivo, encinas y robles, además de contar con otros “artilugios”, como podían ser el molino, fuentes e incluso un batán. Un pueblo típico de la zona de Sayago, cuya fiesta se celebraba el primer domingo de mayo con una romería, que se ha mantenido hasta la actualidad, cuando la zona de la ermita, cerca de Salce, se llena de argusinejos, bien hijos o descendientes, pero argusinejos al fin y al cabo. Generaciones y generaciones de personas vivieron allí, trabajando por los caminos circundantes a Argusino. Muchas fueron las familias que habitaron sus casas, recorrieron sus calles, hicieron actos religiosos en la iglesia de Santa María Egipciaca o acudieron a su romería y correspondiente ofertorio, allá por el mes de mayo.
Salida de la primera edición de la carrera de Argusino.
(Foto: SmartChip).
Fueron pasando los años, Argusino siguió escribiendo su historia, pero llegó un momento en el que, por desgracia, esa historia se vería cortada. A mediados-finales de los años 60, los habitantes de esta localidad sayaguesa se ven obligados a abandonar el pueblo en el que se han crecido, han ido a la escuela y en el que, muchos de ellos, han formado una familia, un pueblo en el que han vivido sus antepasados desde muchas generaciones anteriores. La presa de Almendra, con su impresionante pared de hormigón, inundará Argusino en el mes de septiembre de 1967. Los argusinejos se ven obligados a dejar todos sus recuerdos bajo las aguas del embalse, pero, quizá, hay algo aun más duro que dejan atrás: a todos sus familiares enterrados en el cementerio, el cual ha aparecido en ciertas ocasiones, cuando ha bajado el nivel de la presa. Momentos durísimos. Los argusinejos tuvieron que buscarse la vida como pudieron, por diferentes lugares de la provincia, de otras cercanas e incluso del resto de España.
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Presa de Almendra. (Foto: Salamanca RTV al Día).
Unos pocos años más tarde de la inundación del pueblo, se levantó la ermita de la Santa Cruz , cerca de Salce, también en Sayago. Esta ermita sirve de punto de encuentro para todos los hijos y descendientes de Argusino, y es aquí donde, 50 años después de la inundación, se sigue haciendo la romería y el correspondiente ofertorio. Con el paso de los años, suceden un par de cosas importantes, cuyo objetivo principal es evidente: evitar que el nombre de Argusino caiga en el olvido. Por un lado, se publica el libro titulado “Argusino, un pueblo que duerme bajo las aguas”, cuyo autor es José Miranda, en el 2008, cuando habían pasado 41 de la inundación del pueblo. Por otro lado, en el 2017, se crea la asociación cultural Argusino Vive, cuyo objetivo es intentar juntar, de alguna manera, a los argusinejos y descendientes y, por otro, aprovechar este 50 aniversario para desarrollar unas cuantas actividades que sirvan para recordar al pueblo sayagués inundado.
Argusino, con su iglesia al fondo. (Foto: Argusino Vive).
¿Qué fue lo que sintieron los habitantes de esta población sayaguesa cuando tuvieron que marcharse del pueblo que les vio crecer? ¿Cómo tuvo que ser el hecho de dejar atrás a los familiares enterrados, sabiendo que poco después el cementerio de Argusino estaría inundado? La verdad, tiene que ser muy, muy duro abandonar los lugares en los que has crecido, en los que han vivido generaciones y generaciones de tu familia, sabiendo que no vas a poder volver allí, porque en poco tiempo, el pueblo ya no existirá. Por el motivo que fuera, tampoco se construyó otro pueblo, por lo que los argusinejos tuvieron que buscarse la vida como pudieron por pueblos cercanos, tanto de la parte de Zamora como de Salamanca, e incluso muchos optaron por marcharse a lugares más lejanos.
Imagen de Argusino en uno de los momentos
en los que ha bajado el agua de la presa de Almendra.
(Foto: Argusino Vive).
Está claro que la construcción de la presa de Almendra, a la cual ahora quieren denominar presa de Argusino, era algo necesario para lo que se denominaba como “progreso”, y claro ejemplo es que cincuenta años después sigue funcionando, pero, bajo mi punto de vista, y sin querer remover en algo duro y que sucedió hace muchos años, creo que aquí falto algo fundamental. Si bien, como decía, esta construcción era importante para conseguir energía eléctrica, algo sin lo cual nos sería realmente complicado vivir, sobre todo actualmente, cuando casi todo depende de dicha energía, creo que no hubiese estado de más que, desde la institución que correspondiera, se hubiese ayudado a los argusinejos en la creación de un poblado que acogiese a todas las personas que vivían en Argusino. Debemos tener en cuenta que esta gente se marchó dejando de lado, en muchos casos, toda su vida. Puede que el hecho de vivir en un pueblo de nueva creación no fuese lo mismo que vivir en su Argusino natal, pero habría permitido a las personas poder seguir viviendo todos juntos.
Logotipo de la asociación cultural "Argusino
Vive". (Foto: Sentir Zamora).
Me gustaría aplaudir la iniciativa que han tenido argusinejos y descendientes a la hora de formar la asociación cultural “Argusino Vive”, que aparece unos meses antes de que se cumpliera, ya el año pasado, el cincuenta aniversario de la inundación del pueblo, con un propósito claro: que Argusino no caiga en el olvido. Gracias a dicha asociación, el año pasado se hacen una serie de actividades un tanto diferentes, para que la gente recuerde que, bajo las aguas de la presa de Almendra, hay un pueblo sayagués. Me gustaría animarles desde aquí para que sigan manteniendo el nombre de Argusino. Y, por supuesto, les animo a seguir con la romería, la cual se ha seguido manteniendo desde hace muchos, muchos años, a pesar de todo lo que pasó en el 1967, una romería que este año tendrá lugar mañana con diversas actividades.

jueves, 26 de abril de 2018

Improvisando


Recuerda que al final, puede ocurrir
si una puerta se cierra se vuelve a abrir.
Grita fuerte y déjame oír tu voz”.
(Mago de Oz).

Ha llegado la primavera, aunque parece ser que con cierta inestabilidad en forma de lluvias, algo normal por otro lado. Aunque es verdad que me gusta correr en todas las épocas del año, ésta puede que sea el momento en el que más me gusta hacerlo. Las temperaturas, pudiendo escoger el momento adecuado, son bastante agradables para sacar las zapatillas y hacer unos cuantos kilómetros por nuestros lugares habituales de entrenamiento, y los paisajes están aun bastante bonitos, no están aun secos, como sucederá dentro de unos meses, cuando las temperaturas sigan en ascenso y el verano aparezca un año más. El problema de esta estación está en las alergias, pues tener problemas de este tipo es un auténtico suplicio para cualquier cosa, y el tema del deporte no es ninguna excepción. Recuerdo muchos días de entrenamientos en primavera cuando algunos compañeros tenían alergias y se las veían y deseaban para poder completar lo marcado por nuestro entrenador, e incluso tenían que parar durante unos días, hasta que conseguían recuperarse un poco.

Y estando en mi estación favorita para correr, yo sigo lesionado. Mi tendón de Aquiles sigue empeñado en que no corra, aunque por primera vez desde que tuve que parar estoy empezando a tener esperanzas. Llevo un par de días en los que la zona afectada por la inflamación está ya muy a un nivel muy similar a la misma zona del otro pie, y las molestias que aun seguían apareciendo muy de vez en cuando, han desaparecido de una manera más que considerable, dedicándose a momentos muy, muy puntuales. La verdad, ésto me hace ser un poco positivo ante la circunstancia que comentaba, aunque me sigue resultando algo duro estar sin poder encadenar zancadas. Intento no darle muchas vueltas al tema, intentando tener la cabeza ocupada con otras cosas fuera del deporte, o con lo que tengo pensado hacer nadando o con la bicicleta, con la que, por cierto, no estoy saliendo todo lo que me gustaría. Entre semana lo he tenido algo más complicado estas últimas semanas, y la lluvia ha quitado alguna que otra salida con la misma, pero debo reconocer que, de las veces que he salido, he aprovechado para hacer unos cuantos kilómetros. En lo que se refiere a la natación, no voy demasiado rápido, pero, poco a poco, voy marcándome algunos objetivos e intento cumplirlos. Esto último quizá es lo que más me ayuda a mantenerme activo, pues un poco es a lo que estoy acostumbrado cuando estoy corriendo.

Viendo que ahora mismo estoy nadando y montando en bicicleta, se me ha pasado por la cabeza en alguna ocasión la idea de, una vez recuperado de la tendinitis, intentar preparar algún triatlón. Pero debo reconocer que, pensándolo de una manera lógica, es cierto que ambos deportes me gustan, pero está claro que donde mejor me lo paso y, al fin y al cabo, mi favorito, es el atletismo. Bueno, en realidad, la carrera a pie, que es una modalidad del atletismo. No sabría dar un motivo, pero correr me gusta muchísimo más que nadar o andar en bicicleta, y al final, en cuanto pueda volver a hacerlo sin ninguna molestia (importante, pues estoy un poco aburrido de hacerlo con molestias, en los últimos entrenamientos en la zona del tendón de Aquiles) está bastante claro que me centraré de nuevo en este deporte, en participar en alguna prueba (popular en un principio, aunque no me importaría retomar las federadas, pero solo si me veo capaz de manejar ciertos ritmos, sobre todo para evitar ser doblado) y dejaré de lado la natación, y con la bicicielta, pues como en los últimos años, tocándola en un par de ocasiones contadas o, como sucedió el año pasado, cuando la cogí un solo día para dar una vuelta por los pueblos alrededores al de mi padre en su compañía y en la de mi tío. Por lo tanto, me da que lo del triatlón es tan solo una idea pasajera cuando ando algo desmotivado. Como una vez me dijo un entrenador del club, “Alejandro, si pudiera correr, iba yo a estar dando pedales”.

Siguiendo con el tema de las lesiones, hoy me encontré con un compañero del club, con el que he compartido algunos kilómetros de carrera continua, sobre todo con la idea de hacer algún rodaje largo de cara a la media de Zamora. Hablábamos de que quizá, el haber tenido en cosa de año y medio tres lesiones que me han tenido parado durante un tiempo relativamente largo (dos meses la primera, mes y medio la segunda, y rumbo a los dos que llevo con esta) podía hacernos pensar que era una manera que el cuerpo tenía de dejarle tranquilo durante un rato, y que la mejor manera que iba a tener para recuperarme era sencilla: dejar un tiempo largo hasta volver a correr, y centrarme en los otros dos deportes que ahora estoy practicando. Que precisamente me lo haya dicho este compañero me hace recapacitar bastante, es una de las personas que más me ha aconsejado sobre este deporte (opinión más que cualificada, por otro lado) y uno de esos corredores con los que más he disfrutado correteando. Es cierto que en las últimas temporadas he hecho muchos kilómetros, y estoy seguro de que éso ha hecho que, de las tres lesiones que he tenido últimamente, dos hayan sido provocadas por ello (la fractura de costilla me imagino que tendrá que ver más con la mala pisada que di en una zona donde los baldosines estaban mal colocados). Ésto es algo innegable, pero bueno, también, en cierta medida, intento refugiarme pensando en que es algo habitual en el mundo del deporte, y con lo que debemos intentar convivir. La verdad es que no tenía previsto estar una larga temporada sin correr, sino solamente el tiempo necesario para que el el tendón se arregle. Me explico. Comentábamos la posibilidad de parar durante unos cuantos meses, dejar que la cabeza y el cuerpo se recuperen, y mientras tanto, montar en bicicleta y nadar. Quiero estar el suficiente tiempo para recuperar mi tendón y volver a correr sin ninguna molestia, como comentaba anteriormente, pero, una vez que mi tobillo esté al cien por cien, quiero volver a ponerme las zapatillas e irme a recorrer la orilla del Duero y el bosque de Valorio a base de zancadas. Ése es mi objetivo. Aun así, la verdad es que me encantó encontrarme con este compañero y poder estar un ratito hablando sobre dicho tema.

Lo dicho, a ver si me acabo de recuperar y puedo volver a correr. Ahora, después de casi dos meses, empiezo a ser optimista con esto y espero que, no tardando mucho, pueda volver a calzarme las zapatillas. Mientras tanto, tocará seguir tirando de paciencia y a seguir con la bicicleta y la natación.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.