viernes, 21 de abril de 2017

Ideas y más ideas

"Defender mi ideología, buena o mala, pero mía, tan humana como la contradicción". ("Todo a pulmón·", Miguel Ríos).

Al fin, vuelvo a escribir en el blog. Entre unas cosas y otras, últimamente no estoy publicando prácticamente nada en el blog, y la verdad es que no es algo que me guste en exceso. Como siempre digo, me encanta escribir, pero hay momentos en los que, o bien no puedes hacer a todo, o necesitas depender de algunas cosas para poder centrarte en otras. En esta ocasión, teniendo la cabeza en otras historias, la verdad es que de lo que menos me he acordado ha sido de escribir, aunque en más de una ocasión me habría venido muy bien para “liberar tensiones”, como suele decirse, y olvidarme de algunas cosas. Pero bueno, el hecho es que lo he ido dejando, hasta hoy, en el que he decidido que no quiero dejar pasar más días, y ponerme a escribir un rato. No tengo ni la más remota idea de lo que voy a escribir, ni si la entrada será o no demasiado larga, pero voy a intentar disfrutar, al fin, de un rato de escritura. Vamos a ver qué tal se nos da.

Como decía, han pasado varios días desde la última vez que publicaba en el blog. A nivel deportivo, han sucedido varias cosas en este espacio de tiempo. Por un lado, sigo sin ningún objetivo a nivel competitivo, y la verdad, ahora mismo no echo demasiado de menos el hecho de colgarme un dorsal. Desde hace cierto tiempo, me veo con muchas ganas de salir a correr, pero olvidándome de lo que pueden ser entrenamientos enfocados a las carreras o con la cabeza puesta en carreras. Estoy sin objetivos, pero cada día que salgo a entrenar disfruto un poquito más de las zapatillas. ¿Puede ser una contradicción no tener objetivos a nivel de competición, y, sin embargo, tener la motivación suficiente para calzarme las zapatillas cada día y salir a rodar? Para mi, siendo sincero, no resulta contradictorio, aunque estoy completamente seguro de que muchos de los conocidos con los que hablo de este tema no están demasiado de acuerdo. Entiendo que muchos entienden el deporte como algo de competición, y me consta que, por supuesto, disfrutan de cada carrera y cada entrenamiento enfocado a rendir lo mejor posible dentro de ese objetivo con el dorsal, pero ahora mismo, no es mi caso. Quién me lo iba a decir a mi, cuando llegó un momento en el que parecía que en mi cabeza, a nivel deportivo, tan solo entraba la competición. No llegó a ser una obsesión, o al menos eso creo, pero sí debo reconocer que me encantaba colocarme en alguna línea de salida e intentar “sacar ojos”. La mentalidad que tenía era esa, pero con el paso del tiempo, ha tenido sus “idas y venidas”, hasta llegar a este punto en el cual ya ni me planteo hacer o no hacer series. Debo reconocer que han sido muchos los amigos y conocidos que me han comentado que estoy desaprovechando los mejores años para competir y hacer cosillas interesantes con un dorsal colgado en la camiseta, que a mi edad debería estar llevando a cabo una adecuada preparación enfocada a, al menos, buscar alguna marca interesante, pero no engaño si os digo que ahora mismo, éso no es algo que me motive. Es cierto que Teo se encargó de formarme para que, en la temporada en la que decidí dejarlo, empezara a ir en busca de ciertas marcas en alguna o algunas distancias, pero debo reconocer que en ese momento mentalmente no estaba preparado para ello, sino más bien bastante quemado en ciertos aspectos. Tres años después, he cambiado mucho mi mentalidad respecto a algunas cosas, pero en lo que al tema de competiciones se refiere, no me arrepiento de no haber continuado dándome caña para, a partir de esa temporada, haber comenzado a buscar una marca, igual que tampoco me arrepiento de que ahora mismo no esté participando en pruebas, porque realmente a la hora de salir a rodar estoy disfrutando con lo que hago, y creo que eso es lo más importante, disfrutar con lo que hacemos y conseguimos. Y ahora mismo, lo que me permite disfrutar es salir a entrenar con otra mentalidad.

Pero, como decía, entrenando sigo disfrutando, pero manteniendo una de mis manías incurables: elaborar un plan de entrenamiento. Sé que no tiene demasiado sentido elaborar una tabla de entrenamiento si no tengo previsto preparar ni salir en ninguna prueba. El motivo principal de hacerlo es sencillo. Desde que soy mi entrenador, debo reconocer que siempre he ido elaborando mis entrenamientos en una tabla para luego, llevarlos a cabo, una manía que aun ahora, sin ningún objetivo, sigue vigente, una manía más de las muchas que tengo a la hora de salir a rodar. Suelo programar todas las semanas prácticamente lo mismo, pero debo reconocer que también me gusta ir viendo cómo voy pasando los días que previamente he escrito. Sentido, lo que se dice sentido, no tiene demasiado, pero bueno… Como comentaba en el párrafo anterior, he introducido algunos cambios, y entre ellos, el de volver a entrenar por tiempo. Debo reconocer que ésto me llevaba tiempo rondando por la cabeza, pero no acababa de decidirme. Fue el domingo pasado cuando, sin apenas pensarlo, se me “cruzó el cable”, y decidí ese mismo día empezar a hacerlo. Y la verdad, creo que es una decisión bastante acertada. He entrenado tanto por distancia como por tiempo, y la verdad, creo que es mucho mejor hacerlo por minutos que por kilómetros. Como muchas veces me han dicho, los kilómetros son poco objetivos, dependen de muchas cosas, y, en cierta medida, vamos a estar corriendo de una forma más o menos irregular en cuanto a que puede que un día, por ejemplo, rodemos ocho kilómetros a un ritmo de 4'30, y al día siguiente salga una tarde desapacible, con lluvia y mucho viento y rodar a 4'45 sea un auténtico suplicio. Rodar, por ejemplo, 50 o 60 minutos es algo, por decirlo de alguna manera, “impepinable”, es decir, que corramos más rápido o más despacio, vamos a estar un tiempo constante corriendo. Espero haber explicado bien el motivo por el cual he cambiado el estilo de rodar. En lo que llevamos de semana, además del rodaje del domingo, he ido rodando por tiempo, y por ahora, creo que seguiré así durante unas cuantas semanas. En lo referente al pulsómetro, la semana pasada lo utilicé en tres ocasiones, pero me fue dando un fallo tras otro, hasta que el sábado, tras completar los primeros tres kilómetros, se puso rondando las 240 pulsaciones, y ahí se quedó hasta el kilómetro 15. Por ahora, a pesar de que quería ir entrenando con él, me tocará esperar hasta poder hacerme con otro.

Cambiando un poco de tema, hace unos días me paraba a reflexionar el tiempo que hacía que no me ponía a montar en bicicleta. Durante mucho tiempo, compaginando atletismo y ciclismo, me consideraba más ciclista que atleta, a pesar de que, como mucho, salía un par de días a la semana en bicicleta dentro de la temporada de atletismo, algo más en verano, pero tampoco en exceso. Me encantaba seguir el ciclismo de competición y me encantaba aun más ponerme el maillot y dar varios pedales por Zamora. Incluso hubo un momento en el cual, preferí irme a dar una vuelta en bici por la zona de Almaraz a correr la carrera de La Rosca, a pesar de que Teo y mi padre me insistieron en que corriera esa carrera, llegando hasta el extremo de que mi padre me dijo que salía él en la carrera y la haríamos juntos. Ni con esas. Me encantaba salir en bicicleta, y de hecho, durante un tiempo consideré incluso los entrenamientos corriendo, como una parte más de la preparación para luego notarme un poco mejor en bicicleta. Sin embargo, también esta mentalidad se ha visto modificada. Me sigue encantado el ciclismo, e intento mantenerme informado sobre cómo va el tema de las competiciones, sobre todo de los ciclistas o equipos de los que soy más aficionado, dentro de un deporte donde no existe ese fanatismo por un deportista o un equipo en concreto, y donde animar a todos es algo habitual, no como sucede en otros deportes, como el fútbol. Pero, en lo que al tema físico se refiere, he visto bastante reducido el kilometraje, llegando a superar con creces los que hago corriendo en comparación con los que hago en bicicleta. Pero, claro, entendamos que en bicicleta, sin ir más lejos, en el 2016 salí un par de días en verano, y luego, algunos de los fines de semana o alguna fiesta mientras estuve lesionado. La verdad, no me vendría nada mal salir algo más de lo que salgo en bicicleta, no digo salir todos los días, ni tampoco lo suficiente como para ponerme a preparar un triatlón, pero sí lo justo para hacerlo como entrenamiento cruzado, un día cada semana o cada dos semanas, para evitar que las rodillas y demás articulaciones sufran, pues es algo evidente que el ciclismo es un deporte con mucho menos impacto que la carrera a pie (salvo que nos vayamos al suelo, claro). Últimamente, llevo dándole vueltas a hacer una vuelta por mi pueblo, como hicimos en verano del año pasado, una idea que me llama mucho la atención, y que creo que me iba a permitir disfrutar de la bici un rato. Por ahora, seguiré dándome un poquito de caña con las zapatillas, y aunque este verano no tengo previsto abandonar las zapatillas, al igual que he hecho estos dos últimos años (de esto escribiré otro día), sí tengo previsto tocar la bicicleta, aunque solo sea para dar esa vuelta.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 30 de marzo de 2017

Filosofeando

Al fin, me vuelvo a sentar para escribir unas cuantas líneas. Últimamente tengo este espacio demasiado abandonado, algo que no me gusta demasiado, pero a lo que me tengo que acostumbrar, muy a mi pesar. No siempre podemos hacer todo lo que nos gustaría, y aunque las 24 horas del día dan para muchas cosas, creo que en ocasiones queremos hacer más de lo que podemos. Para esta ocasión, me gustaría poder decir que tengo un tema específico para desarrollar a lo largo de unas cuantas líneas, pero no tengo nada pensado. Ya sé que puede sonar contradictorio decir que tengo ganas de escribir, pero no tengo nada para contar, pero también lo es para mucha gente tener ganas de salir a correr y no tener objetivos competitivos. Me encanta escribir aunque no tenga nada que contar, el mero hecho de dejar que las palabras vayan saliendo según se me van apareciendo, lo que viene a ser la improvisación, me encanta.

Van pasando los días, y ya nos encontramos casi en el mes de abril. Los días se me han pasado volando en los últimos meses, algo que puede resultar bastante positivo. Poco a poco, los objetivos fuera del ámbito deportivo se van acercando, y en breve me tocará enfrentarme, junto a otros varios aspirantes, a algo que llevo preparando bastante tiempo, mis primeras oposiciones. Aprobar sería una auténtica gozada, pero también soy consciente de la complejidad de un examen de este tipo, y de lo complicado de alcanzar una de esas ansiadas plazas. Ésto, como sucede con las competiciones, es un trabajo diario, y no de unos cuantos días. Después de estar pensando en este examen, y a pesar de que últimamente he estado compartiendo los estudios de las oposiciones con los entrenamientos y un curso sanitario, debo reconocer que en estos últimos días me ha costado centrarme lo suficiente en lo que estaba estudiando. Me imagino que la cercanía con el examen ha sido uno de los factores más importantes, llevándome en algún momento a pensar más en él que lo que estaba estudiando, aunque también me imagino que el tiempo ha ido haciendo cierta mella. Como decía, aprobar la oposición y conseguir una plaza estaría muy bien, pero, acudiendo con la única experiencia de haber hecho tan solo un examen previo y sin saber exactamente como es esto cuando realmente te juegas algo importante creo que es algo que juega en mi contra, pero, como en todo, tampoco es plan de acudir con miedo. Vamos a ver cómo es esto y, por lo menos, a hacerlo lo mejor posible. Luego, el cúmulo de nervios, preguntas y demás historias serán los encargados de decir la nota que delimite quién sí y quién no tendrá en su poder ese tan deseado aprobado.

A nivel deportivo, me encuentro en un momento muy curioso. Tengo la impresión de estar viviendo algo nuevo, pero a la vez, algo ya vivido hace bastante tiempo. Las ganas competitivas, el afán por colgarme un dorsal y “sacar los ojos” a todo el que se pusiera delante se ha rebajado de una manera impresionante en los últimos meses, o mejor dicho, en el último año, mientras que las ganas por salir a disfrutar, a pasármelo bien mientras recorro Zamora a base de zancadas está en aumento. Sigo entrenando seis días semanales, pero con una filosofía bastante diferente. Salgo a rodar con el simple objetivo de hacer unos cuantos kilómetros por sensaciones, disfrutando de cada zancada, sin pensar en objetivos competitivos ni en series. Mis objetivos cuando me calzo las zapatillas han cambiado sustancialmente, y si antes salía, por ejemplo, con el objetivo de hacer un rodaje a un ritmo de 4'00 min/km, ahora salgo con la idea de hacer los mismos kilómetros, pero intentando que el ritmo medio sea por debajo de los 4'30 min/km. La filosofía con la que entiendo esto se ha visto muy afectada, y a pesar de seguir haciendo unos cuantos kilómetros cada semana, poco o nada tienen que ver con los que hice cuando entrené con Teo o cuando logré la que, hasta ahora, es mi única victoria en la categoría Absoluta, en Bañobárez.

Por un lado, me gusta entender el deporte como ahora lo entiendo. No me preocupo tanto de ritmos ni de pulsaciones (he dejado de lado el pulsómetro, para poder así entrenar escuchando a mi cuerpo y no a esta herramienta), pero, sin embargo, me preocupo más de salir cada día por sensaciones o de fijarme en cada detalle de la vuelta que estoy haciendo mientras sumo unos cuantos kilómetros. Vamos, la filosofía que mi padre me enseñó a aplicar en la bicicleta y que, aunque con cierto retraso en relación al deporte de las dos ruedas, ha acabado llegando también a las zapatillas. Me parece, como decía, una aportación bastante positiva. Aun así, muchos compañeros y conocidos me siguen comentando que me anime a buscar de nuevo ese gusanillo competitivo que tuve en su momento y me decida a no hacer tantos rodajes e introducir sesiones de calidad en su sustitución. Es cierto que podría intentarlo, plantarme como objetivo volver a tocar los ritmos que manejaba cuando, por ejemplo, gané en Bañobárez (para mi, aquellos han sido los mejores meses desde que comencé a correr, y sobre todo, cuando más competitivo y con más ganas de series me he visto), pero ahora mismo, no es algo que me llame. La verdad, he conocido una forma diferente de entender del deporte y debo reconocer que me ha gustado lo suficiente como para quedarme. Como me han dicho también varios compañeros, a nivel competitivo estoy desaprovechando unos años muy buenos para colgarse un dorsal y seguir formándome como atleta, e incluso plantearme temas de marcas y demás, pero, la verdad, no creo tener las suficientes cualidades como para poder dedicarme de manera exclusiva a esto, y aunque entrenando, creo que podría estar relativamente delante en algunas carreras populares, me parece que es mejor mantener esos seis días semanales de carrera continua, y dedicar el esfuerzo que podría suponer darme caña con las series o en busca de alguna marca, en otros apartados que sí puedan ayudarme en cuanto a solucionar mi vida.

Pero, aunque más de uno se sorprenderá, sigo he mantenido una de las muchas manías que me han acompañado a lo largo de estos años como corredor. El tema de las preparaciones físicas siempre me ha llamado un tanto la atención, y aunque ahora mismo no esté llevando una planificación específica, sí es cierto que sigo elaborando un plan de entrenamiento. Maniático que es uno, tengo la costumbre de salir de casa sabiendo la distancia (estoy rodando por kilómetros) que voy a hacer cada en cada sesión de entrenamientos. A nivel deportivo siempre me han dicho que soy una persona con ciertas manías, y desde en este aspecto no puedo negar que todo quien me lo dice está en lo cierto. No sabría explicar el motivo por el cual, incluso sin un objetivo competitivo necesito tener “un algo” que me diga que me indique la sesión diaria. Quizá, de no ser así, me costaría mucho más salir a rodar, no lo sé, pero el hecho es este. Debo reconocer que, si bien tengo una tabla, solo programo los kilómetros. El ritmo suelo dejarlo a decisión del cuerpo, según cómo se encuentre cada día. En este aspecto la verdad es que suelo ir por sensaciones, y con lograr ir a 4'30 me conformo, y a partir de ahí, si unos días sale más rápido, perfecto. Maniático que es uno, en definitivas cuentas.

Para cerrar el artículo, me gustaría escribir sobre ciclismo. Jaime Rosón logró hace unos días ser tercero en la clasificación general de la Semana Coppi-Bartali. El zamorano, integrante del equipo Caja Rural, sigue demostrando su calidad como ciclista, y más en concreto como escalador, haciendo una gran actuación en esta prueba italiana, que le ha llevado a lograr otro gran puesto dentro del complicado mundo del ciclismo profesional, un podio que suma a su victoria en el Tour de Turqía hace un año. La verdad, esperemos que Jaime siga creciendo como deportista de élite, y de aquí en unos años podamos verle peleando por las pruebas más prestigiosas del calendario internacional, como pueden ser el Tour o la Vuelta.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

lunes, 20 de marzo de 2017

XXXIII Media Maratón "Ciudad de Zamora"-Comentarios

Ayer se celebró la XXXIII edición de la Media Maratón “Ciudad de Zamora”, con victoria para Rui Muga y Andrea Román, con unas marcas de 1h10'48 y 1h23'22, respectivamente. En una mañana un tanto calurosa, pero donde, por suerte, el viento decidió no estar presente, algo más de 600 atletas se dieron cita en la Plaza Mayor de Zamora para completar los 21097 metros por las calles de la capital.

Tras mi debut en la distancia el año pasado en Ávila, y debutar unos meses después en la media de casa, rondando en ambas ocasiones la hora y media (1h30'06 y 1h30'54, respectivamente), para esta ocasión decidí que solo estaría en la línea de salida. Me parecía que, ahora mismo, no tenía demasiado sentido aumentarla distancia de una tirada larga normal por el mero hecho de completar una prueba de tan larga distancia, sin tener objetivos cronométricos o competitivos. Por lo tanto, el único objetivo para ayer sería el de colocarme en la línea de salida y disfrutar de un rodaje en compañía de otros 600 atletas, hasta el lugar decidido para retirarme, que a priori sería en el kilómetro 18, lo que viene a ser la distancia habitual que lo completar en una tirada larga.

La recogida de dorsales de la prueba estaba programada para el sábado, tanto por la mañana como por la tarde, y para el domingo por la mañana. En mi caso, decidí acercarme el sábado después de salir a completar el rodaje correspondiente. La bolsa de corredor que se entregaba con el dorsal correspondiente, a mi entender, es una bolsa bastante repleta, con camiseta técnica (que me ha resultado bastante más cómoda que la del año anterior, con un tejido más suave), garbanzos, vino y queso, entre otras cosas. Debo reconocer que la bolsa de corredor que se da en esta prueba, por norma general, siempre me ha resultado bastante completa, y este año, a mi entender, tampoco ha defraudado. Sin duda alguna, lo que más me ha gustado es, como decía, que la tela de la camiseta técnica se haya cambiado. Siendo sincero, la camiseta del año pasado me resultaba un tanto incómoda porque tenía la sensación de que me “raspaba” un poco la piel.

Con el dorsal en casa, tan solo quedaba esperar al domingo. No hubo nervios, no se trataba de una competición donde quisiera salir a darlo todo, sino de una prueba que no tenía previsto terminar, y donde el único objetivo era el de sumar unos cuantos kilómetros en compañía de varios atletas y por lugares que en muchas ocasiones no transito debido al tráfico. Por la mañana, desayuno lo que normalmente tomo para una sesión larga y, tras acercarme por la Ciudad Deportiva para ver a los compañeros del Club que estaban entregando los dorsales, marcho a la Plaza Mayor. Cuando llegué, ya había por allí varios atleta cambiados, y todo estaba más o menos colocado. Charlo con unos, con otros, y al cabo de un rato, a colocarse en la línea de salida. Opto por no salir demasiado delante, sobre todo por no molestar a aquellos que quieran hacer una carrera más rápida que la mía, aunque debo reconocer que me equivoqué un tanto en la situación de la salida, ya que me pilló una parte del “embudo” que se formó al salir de una parte bastante ancha a una bastante estrecha en muy pocos metros. Decidí plantear el rodaje por sensaciones, dejando que fuera el cuerpo el encargado de marcar el ritmo. El primer kilómetro, con todo el mogollón, lo pasé en casi 5'10, que me vino genial para activarme un poco de cara a los siguientes kilómetros, pues debo reconocer que estaba un poco atrancado. Poco a poco los kilómetros fueron pasando, a un ritmo bastante constante. Voy pasando diferentes grupos, sin acoplarme a ninguno. Debo reconocer que, en líneas generales, poco tengo que contar hasta la parte final. El GPS iba marcando ritmos en torno a los 4'15 y 4'20 min/km. Hasta la subida de San Frontis, en torno al kilómetro 14, tuve sensaciones bastante interesantes, pero creo que quise hacer ese tramo a un ritmo un poco más elevado del que debía, lo que me llevó a cargar un poco las piernas al final de la subida, que, poco a poco, fue en aumento. Así, sufrí algo de lo que me habían hablado muchas veces los días previos. Como decía, a partir de ahí las piernas empezaron a acusar el esfuerzo del rodaje del día previo (15 kilómetros) con el hecho de no haber controlado bien en la subida, pero, insensato de mi, al terminar de completar la bajada del cementerio y girar en el puente de hierro, creyendo que habría recuperado, pues había intentado no gastar demasiado en ese tramo hacia abajo, decidí intentar aumentar el ritmo. Y ahí me vino error. Quise correr más rápido de lo que estoy acostumbrado en los rodajes habituales (en torno a los 4'05-4'08 min/km), y el cansancio de los kilómetros previos y los 15 del día anterior empezaron a hacer efecto. Quizá, estaba acercándome al momento de parar y dar por completada la tirada larga. La idea era parar en el 18, y en ello estaba, pero despistado que es uno, me pasé el punto kilométrico. Así, decidí tirar hasta el siguiente y ahí parar. Mi padre, que había estado acompañando a los primeros en bicicleta, se vino en busca, y me pilló poco después de pasar el 18. Me había comentado la posibilidad de completar los 21 kilómetros antes de salir. “¿Cómo vamos?”. “En el siguiente me paro, las piernas dicen que no quieren más”. En el punto marcado, paro el cronómetro y abandono la prueba. Analizando, creo que debí pararme antes, cuando me di cuenta de que me había pasado el kilómetro 18. Aunque el ritmo no fue desorbitado, llevo mucho tiempo tocando ritmos un poco más lentos, y en las tiradas largas hacía mucho, mucho que, primero, no rodaba por debajo de 4'20 y, segundo, hacía casi un año que no completaba más de 18 kilómetros rodando. Como curiosidad, en el kilómetro 19, el GPS me marcaba casi 19,300.

Me gustaría hacer un pequeño comentario acerca de lo que vi hasta el kilómetro 19. Por norma general, el circuito creo que no estaba mal señalizado, pero, bajo mi punto de vista, se debería señalizar mejor el trazado de las rotondas. Lo dije el año pasado y lo vuelvo a decir este año. Por la zona del Puente de los Poetas creo que habría que indicar cuál es el carril por que deben ir los atletas, porque estaban colocados unos conos que, por lo menos a mi, me hicieron dudar sobre cuál era por el que debía pasar corriendo. Al final, cogí la trazada que consideré oportuna, no sé si haciéndolo o no bien. Por otro lado, en uno de los pasos por ese mismo puente, nos tocó subirnos a la acerca al encontrarnos con un camión y uno o dos coches en nuestro carril, y me consta que no han sido los únicos vehículos que se han metido en la prueba. Por lo demás, creo que todo ha estado bastante bien. Me gustó especialmente ver a los jueces en diferentes puntos de la prueba controlando que todo fuese en orden. Vamos, una mañana interesante de atletismo popular.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.

viernes, 10 de marzo de 2017

XXXIII Media Maratón "Ciudad de Zamora"

El próximo 19 de marzo a las once de la mañana se dará la salida de la trigésimotercera edición de la Media Maratón “Ciudad de Zamora”, con salida en la Plaza Mayor de la capital y llegada en la Ciudad Deportiva de la ciudad, tras completar los 21097 metros por las calles de Zamora.

En 1984 se celebró laprimera edición de la media de Zamora. El record de inscritos ronda los 800, pero en aquel primer año solo fueron 23 los llegados a meta. Sobre un recorrido que no estuvo bien medido, Aníbal Rapado abrió el palmarés de ganadores, con una marca de 56'55. Entre los corredores, nos encontramos con muchos que aun siguen gastando zapatilla e incluso participando de vez en cuando en algunas competiciones, junto con otros habituales de los podios en las competiciones. Ramiro Morán, José Luis Velasco, José Ignacio Vecilla, Fernando Marbán, Carlos del Bien… De entre aquellos 23 atletas también hay dos fundamentales para que la media haya logrado llegar a este 2017. Teo del las Heras y Ángel Martín, que, con el respaldo del Club Atletismo Zamora han dado todo para que “su” media haya ido saliendo con el paso de los años y, con mucho fuerzo, haya logrado solventar las diferentes vicisitudes que han ido apareciendo, sobre todo en los últimos años, donde se ha visto afectada por la aparición de otras nuevas pruebas de la misma distancia.

Precisamente, ése ha sido uno de los mayores problemas de la media maratón de Zamora: la coincidencia con otras pruebas de reciente creación, algo sobre lo que, más que hacer una crítica, me gustaría reflexionar. Hubo una época en la cual, muchos venían a Zamora para “estrenar” la temproada de asfalto. Sin ser nunca una prueba masiicada (algo que es de agradecer viendo otras medias cercanas, o al menos, para mi es una ventaja), esta prueba, con el paso de las ediciones, ha tenido una participación más que interesante, con un ambiente entre popular y competitivo que le ha dado un toque especial. Sin embargo, con la aparición de otras nuevas medias, la participación se ha visto afectada. Durante algunos años, pude e, el circuito del carril bici era muy monótono, pero se cambió de circuito en 2014 y, además, creo que otros facotres, como la bolsa de corredor, son impecables, por lo que, para mi, no podemos decir nada de la organización. Por un lado, otros organizadores deberían acoplarse a la media de Zamora, no Zamora al resto, sin que esto suene egoísta. Creo que la antigüedad de esta media al menos debería tener el peso suficiente como para que otras medias no coincidieran pocos días antes, después o incluso el mismo día. Está claro que, al final, es el corredor el que decide dónde correr, e irá donde más cómo esté, dentro del esfuerzo que supone correr una prueba de 21 kilómetros, pero creo que deberíamos reflexionar TODOS sobre este aspecto.

Este año, y ya van varios, la media vuelve al circuito por el carril bici para, luego, meterse al centro de la ciudad y acabar en la Ciudad Deportiva. Son 21 kilómetros que, por norma general, son bastante favorables, aunque no debemos olvidarnos la subida desde Cristo Rey a La Marina, y la subida del kilómetro 13.5-14, que es un tramo que puede hacer daño, pero, por lo demás, me parece que tampoco es una prueba demasiado complicado, dentro de lo que, como decía antes, tiene correr 21 kilómetros. Bueno, se me olvidaba el Puente de los Poetas, que también pica algo para arriba, y por él se pasa dos veces (aproximadamente en los kilómero s13 y 18), pero, repito, no es una media complicada, y es más, me atrevería a decir que es hasta favorable para hacer una marca personal.

La prueba zamorana, aunque siempre ha sido una competición con un gran ambiente popular, ha ido viendo el gran cambio que ha sufrido el atletismo, desde aquellas ediciones en las que se hacía atletismo de competición, con unas marcas curiosillas entre los primeros clasificados, hasta lo que se ve ahora, algo muchísimo más popular, donde lo importante y por encima de todo es disfrutar de unos cuantos kilómetros por la ciudad. Evidentemente, no es tan llamativo como puede ser en otras ciudad, pero también es cierto que no es una prueba multitudinaria.

Personalmente, es una prueba que, por decirlo de alguna forma, tiene cierta “magia”. Mis primeros contactos con la media maratón de Zamora están vinculados con las botellas de agua, cuando mi padre y yo íbamos a reventarlas a alguna parte del recorrido. Más adelante, comenzamos a acudir a la prueba, echando una mano a mi club de toda la vida, el Atletismo Zamora, e incluso algún año me metí en el circuito para sumar algún kilómetro. El año pasado, conseguí uno de mis retos, completar los 21 kilómetros de esta media, con una marca de 1h31'54. Este año, salvo que todo cambie mucho, espero poder estar en la línea de salida. Donde no creo estar, al menos vestido de corredor, es en la de llegada. No tengo pensado acabarla. La experiencia del año pasado me encantó, pero ene sta ocasión, esas “ansias” que tenía por acabar los 21 kilometros no son tan fuertes, por lo que, salvo una cruzada de cables de última hora, pararé unos kilómetros antes.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.

lunes, 27 de febrero de 2017

Medias maratones y experiencias

Cuando llega el mes de febrero, se produce un pequeño cambio ene l calendario de pruebas atléticas. Tras unos meses centrados en el mundo del campo a través, le llega el momento a las medias maratones e incluso pruebas en pista, de las que hemos visto varias en la nueva pista cubierta de Salamanca en las últimas semanas. Llegó, por lo tanto, el momento de abandonar el barro y cambiar de pruebas, en busca de, para muchos, los grandes objetivos de la temporada.

La pista, ese óvalo de 400 metros, puede forjar muchos más atletas de lo que podemos llegar a pensar. Creo que hay que llevar una escala ógica, empezar corriendo pruebas más cortas y rápidas (800-1500) para uego, según van pasando los años, aumentar el al 5000, 10000… Una escala que, con el boom del atletismo popular, creo que ha desaparecido, lo que nos leva a ver que muchos corredores, llevando uno o dos años corriendo, se ven capacitados para hacer maratones.

Pero, para esta ocasión, voy a intentar centrarme en otro asunto, en cierta medida relacionado con lo anterior, aunque creo que me costará bastante no ser capaz de no tocar de una forma más profunda el tema que comentaba. Voy a tratar sobre los beneficios que puede tener la pista para la formación de los atletas. Los 400 metros pueden dar mucho, mucho de sí a la hora de desarrollar unas capacidades físicas que más adelante nos llevarán a ser buenos corredores de, por ejemplo, 10000 metros. Pruebas como el 1500 nos permitirán correr lo suficientemente rápido como para, con el paso del tiempo, tener un buen cambio de ritmo en los últimos metros de una distancia más larga. Siempre tiendo a hablar del 1500 como una distancia ideal para la formación de un atleta, aunque otras distancias un poco más largas, también aportan bastantes aspectos positivos, pero, como todo, son distancias que iremos tocando con el paso de los años, aunque tampoco sin irnos demasiado en el tiempo, pues creo que, como decía, son pruebas muy positivas. Siguiendo con el 1500, es una prueba que tiene algo que la hace ideal para la formación. En ocasiones, tendemos a pensar eso de “buah, en esa distancia no da tiempo a calentar”, o lo típico de “que para kilómetro y medio...” Bajo el punto de vista de un inexperto que nunca ha corrido un 1500 (vale, ya sé que no soy un buen ejemplo), la distancia puede hacer más “dño” de lo que creemos en demasiadas ocasiones, porque, precisamente por ser un kilómetro y medio, es una carrera muy, muy rápida, que, de no saber colocarnos en nuestro lugar, se puede “multiplicar”. Pero, precisamente el hecho de que sea tan rápida, permite ganar la capacidad de tocar unos ritmos que, dentro de unos años, o quizá no tantos, vengan de cine para ser capcaes de correr a unas velocidades muy interesantes en distancias más largas. Por esto, creo que no deberíamos querer crear fondistas antes de tiempo, y no nos olvidemos de que un maratoniano se forja corriendo 1500.

Pasándonos a las medias maratones, el 19 de marzo se celebrara la de Zamora, una de las más antiguas de Castilla y León. En 1984 se celebró la primera edición, ganada por el atleta Aníbal Rapado, y que tan solo contó con 23 participantes. Algunos de ellos, más de 30 años después, siguen vinculados al atletismo, como entrenadores o como atletas. Teo de las Heras y Angel Martin, dos de aquellos 23 corredores, siguen vinculados a la prueba, que, gracias a la ayuda del Club Atletismo Zamora, del que Teo es entrenador, sigue saliendo hacia delante, a pesar de las muchas críticas que ha recibido la prueba a lo largo de los últimos años, sobre todo durante el periodo en el que se hizo el recorrido en la zona del carril bici, donde los atletas deberían dar un par de vueltas. A lo largo de estos años, esta media ha ido incrementando sus participantes hasta los 500, llegando a ser en el año 2000 Campeonato de España de la distancia. La Media de Zamora también ha sufrido, aunque quizá de una manera más negativa que positiva, este boom del atletismo a nivel popular. También se ha podido comprobar cómo ha ido cambiando la mentalidad de los atletas que han participado en esta prueba, desde aquellos años en los que los corredores salían a competir en su estado más puro, hasta la situación actual, donde predomina el atletismo popular (que, para mi, nada tiene que ver con el running), algo a lo que estoy a favor, entre otras cosas porque cada vez me identifico más con esta mentalidad. Pero, con lo que no estoy muy de acuerdo, es con otra situación que hemos vivido durante varios años.

Cambiando un poco de tema, me pongo a escribir un poco acerca de los entrenamientos. Después de completar esas primeras trece semanas de rodajes, doce de ellas dentro de un plan de entrenamiento, haciendo lo que los ciclistas llaman “hacer la base”, tocaba sentarse a pensar en cómo iba a programar las próximas semanas. Me encontraba ante la posibilidad de volver a hacer series, buscar un objetivo y prepararlo, o, por el contrario, seguir con la forma de entrenar que había mantenido durante varios meses, continuar rodando, esta vez por sensaciones, dejando que fuese el cuerpo el encargado de marcar el ritmo. En un principio, esa idea de hacer series tomó bastante vida, pero, finalmente, todo se quedó en eso, una idea. Tras darle varias vueltas, decidí mantener los rodajes, que al fin y al cabo es lo que me gusta, y olvidarme de las sesiones de calidad. La verdad, debo reconocer que para nada me arrepiento de haber tomado esta decisión. Me encanta rodar, salir a correr por sensaciones, y tan solo forzar cuando las piernas y la cabeza quieran, no cuando lo marque un plan de entrenamiento. Por esto mismo, por ahora tampoco me planteo volver a colgarme un dorsal de la camiseta. No me he planteado ningún objetivo ni a corto ni a largo plazo, y creo que, hasta que no me vea con ganas de volver a zurrarme con un plan concreto y motivado para competir, seguiré centrado en sumar kilómetros de carrera continua por sensaciones.

Me resulta llamativo cómo he ido cambiando de mentalidad desde aquel octubre de 2013 que empecé a entrenar de forma autodidacta. Aquella temporada prácticamente podría decir que volví a competir, y me veía con bastantes ganas de correr, sobre todo en asfalto, la siguiente temporada. Me lesioné, y desde entonces, he tenido varios regresos que podríamos catalogar en su mayoría de “frustrados”. No sé si la lesión tuvo o no algo que ver, pero desde entonces creo que he ido perdiendo esa actitud competitiva a favor de una mentalidad más popular, de correr por disfrute y no por competir, lo que toda la vida ha sido el atletismo popular. Durante bastante tiempo me he catalogado como “atleta popular machacón”, sobre todo en la época en la que gané en Bañobárez, que, por lo menos hasta ahora, ha sido mi mejor momento como atleta, o por lo menos, en el que “más fino”, como suele decirse, me he notado. Viendo esta evolución, me doy cuenta de que he caído en algo que durante bastante tiempo nunca quise ser, en un trotón. Durante un tiempo, ésto me parecía impensable, pero, quizá aun con algo de esa sensación de estar quemado que me hizo parar aquel 2013, o simplemente la necesidad de un cambio de aires, creo que ha tenido y tiene bastante que ver en ese “rechazo” hacia los entrenamientos serios, y que, sin embargo, me ha llevado a querer disfrutar cada vez más de los rodajes y kilómetros a base de zancadas por las calles de mi ciudad.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


martes, 21 de febrero de 2017

Pensamientos, reflexiones...

Llevo un tiempo en el que, ocupándome de otras historias, he dejado mi afición a la escritura bastante de lado. Como era de esperar, tengo ganas, muchas, de escribir algo, aunque breve. Y es que en esto, como me sucede con otras cosas, es una afición que realmente me tiene enganchado y que me encanta llevar a cabo. Siempre me he considerado una persona que se expresa mejor escribiendo que hablando, lo que me imagino también tendrá que ver a la hora de echar de menos esto. No lo sé, la verdad, pero el hecho es que hoy vuelvo a sentarme de frente al ordenador para intentar juntar unas cuantas líneas. No tengo un tema definido, voy a dejar que la improvisación se vaya abriendo hueco y sea la encargada de redactar la entrada de hoy en el blog.

Hace algo más de una semana que completé ese periodo de acondicionamiento o “base”, como dirían los ciclistas, un periodo que comenzó en el mes de noviembre tras una primera semana de contacto después de lesionarme, y que finalizó en la Carrera de Don Bosco de Valladolid. Durante estas doce semanas, el objetivo principal era sumar kilómetros de carrera continua, en un principio guiándome por el pulso y sin pasarme, para luego modificar un poco e introducir algún intervalo más fuerte, para acabar rodando sin pulsómetro y por sensaciones durante gran parte de esos tres meses. Creo que, en ciertos aspectos, ha sido un periodo un tanto desastre, pero que me ha ido permitiendo recuperar todo lo que había perdido en los casi dos meses que estuve lesionado, logrando volver a tocar los ritmos que manejaba antes de eso más o menos dentro de lo pensado, poquito a poquito, sin que las mejorías fuesen muy grandes de un día para otro, pero sí constantes. Debo reconocer que me ha gustado la experiencia de hacer estos tres meses rodando, y para nada descarto volver a hacerlo en temporadas futuras, pero con algún que otro cambio y, en algunas cosas, un poco más organizado. Pero bueno, me imagino que de todo se aprende, y de ésta, aprender, seguro que lo hemos hecho.

Desde noviembre, después de todo este tiempo haciendo “la base”, tenía previsto haber comenzado con las primeras sesiones de series la pasada semana, pero debo reconocer que, por todo el morro, me las he saltado. Bueno, más que saltarme, realmente no he llegado a programarlas. Y creo que, salvo que me cambie mucho, mucho la mentalidad o me venga la inspiración de golpe, voy a estar bastante alejado de todo esto. ¿Por qué? Creo que hay algún que otro motivo, o por lo menos, a mi me parece que tengo alguno. Por un lado, más a nivel personal que deportivo, mi cuerpo me sigue pidiendo salir a correr a diario, mantengo esa “necesidad”, por decirlo de alguna manera, pero no con las ganas suficientes o la cabeza puesta en sufrir, sino, simplemente en salir a correr un rato para despejarme e intentar, si se diera el caso, solucionar algún problema que se me haya aparecido y que, gracias a las zapatillas, puedo, al menos, intentar buscarle una solución. Por otro lado, y siguiendo en cierta medida con lo que comentaba, ahora mismo estoy disfrutando muchísimo de los rodajes y de recorrer gran parte de mis rincones favoritos de la ciudad e incluso de conocer otros, a base de zancadas. Una de las maneras que me gusta utilizar para despejarme (otra es la música), y enganchando con lo que comentaba al principio del párrafo, es precisamente con lo que ahora mismo tanto disfruto, salir a rodar unos cuantos kilómetros, sufriendo si me apetece y rodando más cómodo si las piernas están para poco. Vamos, lo que llevo haciendo desde hace bastante tiempo, pero sin pensar en ningún momento en hacer entrenamientos de calidad, como estuve durante los primeros meses, cuando decidí empezar a entrenar de forma autodidacta.

No me he programado tampoco ningún objetivo competitivo para preparar. Al igual que con otras cosas, improvisaré, por decirlo de alguna manera, el calendario de competiciones. Todo dependerá de los compromisos, familiares o estudiantiles. Pero está claro que mi objetivo con un dorsal será, una vez más, salir a pasármelo bien, correr por sensaciones y aprovechar para variar un poco del resto de los días. No me planteo preparar una competición, por ejemplo de 10000, con la idea de acercarme a un tiempo determinado, al igual que tampoco entra dentro de los planes preparar otra carrera como la de El Salvador de 2014. Seguiré participando en carreras, éso lo tengo claro, sobre todo porque disfruto del ambiente popular de las pruebas y me gusta colgarme un dorsal, éso lo voy a negar, pero sin grandes aspiraciones ni pretensiones, simplemente por el hecho de hacerlo, de estar ahí. Por supuesto, y sobre todo tras la experiencia en el Regional, creo que es bastante evidente que mi “relación” con el atletismo federado es algo bastante complicado, por lo que, de nuevo, al igual que de las series, me despido por una temporada creo que bastante, bastante larga.

En ocasiones miro un poco atrás, a los años en los que estuve entrenando con Teo, sobre todo a la última temporada, y la verdad es que podríamos decir que gran parte del trabajo que hizo Teo se ha desecho por completo. Recuerdo que en alguna ocasión hablamos de preparar el salto a la pista, y creo que la temporada de 2013-2014, de no haberlo dejado, hubiera sido el momento idóneo para dar ese salto e ir en busca de alguna mínima en 5000. Lo del 5000 es un añadido mío, desconozco si Teo quería en busca de alguna marca en esa o en otra distancia, pero siendo sincero, creo que es la prueba para la que mejor estaba preparado, pues, sin duda, en las pruebas populares que corrí sobre distancias semejantes (4500-5000 metros) era más cómo me vi compitiendo durante ese tiempo, aunque luego, con el paso del tiempo, me he visto con más facultades para el 10000. Sin embargo, como decía, tras comenzar a entrenar sin entrenador y sin tampoco demasiados conocimientos ni motivación suficiente como para ponerme de nuevo a entrenar en condiciones, me he ido decantando por cada vez más sesiones de rodaje cómodo, menos sesiones de series, y las que he ido haciendo, bastante espaciadas. Me he decantado por otra manera de ver y entender el deporte, una vertiente en la cual cada ve me encuentro más cómodo, lo que ha hecho que todo aquel trabajo no solo se haya estancado, sino que hace ya un tiempo comenzara a pasos agigantados un retroceso, que, como era de esperar, se ha manifestado en un bajón de forma en comparación a como estaba entonces, donde, sin tocar ritmos de atleta de élite (siempre he estado a millones de años luz de todos ellos, eso es algo evidente), manejaba unos ritmos con mucha más facilidad que ahora. En su momento disfruté de eso, y si lo dejé, fue precisamente por dejar de hacerlo. Ahora mismo, disfruto con lo que hago, con esta manera de entrenar. Y así seguiré, correteando por Zamora, sumando kilómetros por mis vueltas favoritas.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

domingo, 12 de febrero de 2017

Crónica de la XX Carrera Popular "Don Bosco"


Este domingo se celebró la vigésima edición de la Carrera Popular “Don Bosco” en en el barrio vallisoletano de Valladolid, con victoria para Eudardo Ordax y Andrea Roman. Un año más, nos desplazamos hasta Valladolid para competir en esta última edición de una prueba que, a lo largo de los años, ha logrado instaurarse dentro del calendario de la ciudad y, por qué no, también del calendario de Castilla y León.

En Zamora, el día se levantó bastante desapacible, con algo de lluvia, que decidió acompañarnos durante gran parte del viaje, aunque una vez en Valladolid, decidió que no quería estar presente en la prueba. Mirando cada poco tiempo hacia el cielo, deseando que no lloviera, llegamos al barrio de Pajarillos. Tras la típica de recogida de dorsales, como siempre muy bien organizada, y sin descuidarse con la hora de calentamiento (la categoría Absoluta salía a las 10.30), tocó ir a ver a los primeros atletas del Club, que correrían sobre una distancia de unos 2200 metros. Tras su salida, a las diez de la mañana, tocaba cambiarse y empezar con los ejercicios típicos del calentamiento, algo que hoy, con la temperatura que había a esas horas, era algo más que necesario. Poco a poco, la zona de la salida y de la llegada se fue llenando de corredores, todos con un mismo objetivo: intentar correr lo mejor posible a lo largo de esos 9500 metros de recorrido por las calles de Pajarillos.

La hora de salida estaba programada para las 10.30 de la mañana. Unos minutos antes, la línea de salida se abarrotó. Quizá en un pequeño error por parte de la organización, o quizá de los atletas, se colocó una cinta, detrás de la cual, debíamos estar todos los corredores. Creo que fuimos varios los que esperamos hasta última hora, pensando que se nos dejaría alargar el calentamiento hasta el último momento. Pensamiento inadecuado, pues no la quitaron hasta que todos estuvimos detrás de ella, lo que provocó una situación un tanto incómoda para muchos, y es que realmente estábamos “apretujados” unos contra otros, llegando incluso algún juez a mandar a los atletas más rezagados que se incorporaban a la primera fila, a filas más traseras, porque en las primeras ya no entraba “ni un piojo”. Tras unos primeros metros donde hubo codazos y golpes a manta (incluso escuché voces entre algunos atletas), el grupo se fue deshaciendo y se fueron poco a poco formando grupos. En mi caso, no me acababa de encontrar cómodo en ninguno, por lo que decidí hacer mi carrera, olvidándome de grupos, e intentar hacer la carrera lo más progresiva posible, aplicando la ley que tantas veces me dijo Ángel en su día: “Lo importante es que pases cadáveres, no que tu seas un cadáver”. Dejando que fueran mis piernas las que marcaran el ritmo, pero teniendo siempre en la cabeza la idea de intentar correr por debajo de los 3'40 min/km, hice gran parte de la carrera. En los últimos kilómetros me salió la vena competitiva en su máximo esplendor tras ver que un atleta al que acababa de rebasar, se me iba pegando. Durante unos cuantos metros, vi que perdía el puesto en el que iba, traía un paso más que interesante y yo ya iba casi al límite. Aproveché el último tramo que teníamos con un poco más de subida, pero que no dejaba de ser una ligera pendiente, y que ya estábamos llegando al último kilómetro, para echar esas escasas fuerzas que me quedaban y, por lo menos, luchar por el puesto que llevaba. En el último kilómetro noté el esfuerzo hecho a lo largo de los ocho kilómetros anteriores, y debo reconocer que veía bastante negro poder mantener ese ansiado puesto.

Finalmente, logré mantenerlo, entrando en décimoséptima posición y primero de la categoría Juvenil. Los datos del Garmin fueron: 9280 metros en 33'45”, a 3'38 min/km. Después de un par de pruebas compitiendo a ritmos algo por encima de los 3'40, hoy logré correr un par de segundos por debajo. Durante unos kilómetros logré tocar ritmos en torno a los 3'35, pero debo reconocer que era un ritmo bastante exigente, y no fui capaz de mantenerlo.

Siendo sincero, la organización de la prueba apenas tiene puntos negativos. Buen recorrido, buena organización, y rápida entrega de dorsales, algo que otros años recuerdo como algo pesado. Por supuesto, no pudo faltar el caldo, ideal para reponer fuerzas y entrar en calor después de los más de nueve kilómetros pateando por el asfalto. También fue una gozada contar con dos grandísimos atletas, como son Fermín Cacho y Mayte Martínez. Como punto negativo a la prueba, pondría el tema de la salida. No me gustó que tuviéramos que “entrar con calzador” y que algunos atletas rezagados, que llegaron a la línea de salida en el último momento, tuvieran que irse a filas más traseras. Hablando un poco desde la ignorancia, creo que se puede preparar una salida sin necesidad de colocar una cinta que delimite el lugar donde deban colocarse los corredores y sin necesidad de “apelotonar” a los atletas.

En definitiva, creo que una mañana de atletismo para disfrutar. Ahora, toca replantearse nuevos objetivos competitivos. No tengo muy claro en qué pruebas participaré, pero bueno, aun hay tiempo para ir programando. Los 10 kilómetros de Fuentesaúco pueden ser un gran momento para probarme sobre mi distancia favorita. Este año estaré, si no surge nada, en la línea de salida de la Media Maratón “Ciudad de Zamora”, que se celebrará el 19 de marzo, pero creo que en esta edición no completaré los 21 kilómetros, sino que me centraré en completar hasta el kilómetro 18, y ahí, dar por terminada la sesión. Bueno, iremos valorando dónde nos gustaría andar bien y dónde realmente podremos hacerlo.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.