lunes, 12 de junio de 2017

Running y atletismo, o cuando la lógica se ha separado del deporte

Hoy me pongo a escribir en el blog de un tema del que ya he hablado muchas veces, de esa “locura” que últimamente está en crecimiento, de este boom que están teniendo deportes como el atletismo, que ahora se llama “running”, del triatlón y, en menor medida, del ciclismo. Hemos llegado a un momento en el cual, las “locuras” pueden a la lógica, y no sabemos hasta dónde podemos llegar físicamente.

Comenzaré escribiendo sobre el deporte que más practico, el atletismo. O mejor dicho, la carrera a pie, porque el atletismo es un conjunto de varios deportes. Normalmente, llamamos atleta a aquel que corre, pero no solo él es atleta, también el lanzador de peso y el saltador de vallas, por ejemplo. Esto es algo que puede crear cierta confusión, como puede crearla la cuestión de si hacer “running” es lo mismo que practicar atletismo. Creo que intentar aclarar esto puede ser algo interesante, aunque está claro que cada uno tendremos una manera de entender todo esto, y por supuesto, todas estas formas de verlo son completamente respetables. Si preguntáramos, nos encontraríamos con gente cuya opinión es que no tiene nada que ver ser “atleta” con ser “runner”, mientras que otros comentarían que viene a ser lo mismo. A nivel personal, soy de los que piensan que no es lo mismo. Puede que, como me han comentado para otras cosas dentro del mundillo del deporte, sea un poco de la “vieja escuela”, no lo discuto, pero debo reconocer que sí distingo entre una cosa y otra. Para mi, tenemos por un lado a los atletas (ya digo, también un término ambiguo), que pueden ser populares y federados, y por otro, a los “runners”. Los primeros son gente que no hace falta que lleven muchos años corriendo, pero que saben cuáles son sus límites, saben llevar una escala lógica dentro del deporte e ir participando en pruebas de unas distancias u otras según se evolución como corredores, mientras que los “runners” son gente mucho más impulsiva, es decir, los deportistas que llevan un año corriendo y se animan a correr un maratón sin una base suficiente de kilómetros ni de pruebas en sus piernas. Un claro ejemplo de atleta sería un chaval que comienza a correr con catorce años, por ejemplo, y va quemando etapas en pista y demás, pero también una persona que comienza a correr con 25, 30 o 40 años sabe perfectamente cuál es su límite, en qué pruebas debe estar y en cuáles no. Un “runner” se apuntará a todo lo que pille por delante, sea un 5000 o una maratón, sin pararse a pensar si es adecuado o no lo que está haciendo. No quiero que esto suene como un comentario soberbio, no es mi intención, pero si quiero dejar clara mi opinión acerca de este tema.

A los corredores, con demasiada frecuencia, nos falta paciencia para hacer las cosas, pero ahí está la capacidad de cada uno de saber esperar el momento justo. A mi Teo siempre me dijo que se deben esperar al menos cinco años de práctica regular corriendo para empezar a ser atleta. A simple vista puede resultar una tontería, pero después de siete años corriendo, aunque no sean muchos, me han demostrado que es una teoría que suele funcionar. Siguiendo una preparación acorde a nuestras capacidades, pasados esos primeros cinco años creo que nos habremos desarrollado lo suficiente como para empezar a pensar en retos más o menos ambiciosos, y habremos hecho los suficientes kilómetros como para poder comenzar a preparar ciertos tipos de pruebas. Está claro que la capacidad de adaptación no será la misma en una persona sedentaria que en una persona deportista, aunque en ocasiones, ser deportista también pueda presentar sus aspectos negativos. Un ciclista que decida pasarse al atletismo (hay varios ciclistas que se pasan a la carrera a pie, y además, con unos resultados considerables) puede “acelerar” algunos aspectos al tener el cuerpo adaptado al deporte, pero no deja de ser un arma de doble filo, porque al ser una persona acostumbrada a esfuerzos de larga duración, a los dos días de empezar a entrenar ya está corriendo una hora. Y esto, para una persona que viene de un deporte donde, salvo caída, no hay prácticamente impacto, es sinónimo de lesión en breve. Salvando esto, está claro que un deportista capaz de estar encima de una bicicleta tres o cuatro horas, podrá evolucionar bastante más rápido que una persona sedentaria. Aun así, necesitamos llevar una escala lógica dentro de esto, y sobre todo, tirar de paciencia. No podemos olvidarnos de ir evolucionando con cierta paciencia y, una vez completadas dos carreras de diez kilómetros, tres medias y un par de tiradas de 18 kilómetros, apuntarnos a una maratón (digo maratón por ser una de las pruebas favoritas de los fondistas).

Algo semejante a lo que sucede con el atletismo, está sucediendo también en el ciclismo y el triatlón. En el caso de las dos ruedas, sucede algo semejante al atletismo, pero al revés. Es decir, muchos corredores lesionados comienzan a dar pedales, y como ven que tienen fondo, a los pocos días están haciendo salidas de 100 kilómetros, pero una “ventaja” que tiene el ciclismo en este aspecto de los abusos por parte de gente con fondo que viene de otros deportes es que es un deporte que necesita de muchas más horas que el correr, y con obligaciones laborales o familiares, es más complicado de entrenar. Sacar por ejemplo tres horas diarias para entrenar con estas obligaciones es bastante complicado, por lo que nos tendremos que conformar con entrenar lo que podamos y aprovechar cuando haya más tiempo libre para hacer algo más de horas. Aun así, también sucede como con el atletismo. Muchas veces, por hacer un par de marchas de 100 kilómetros y otros tres días unas salidas de 120 nos vemos capaces de hacerla Quebrantahuesos. En el caso de los triatlones, es lo mismo. Nos ponemos a nadar un poco, a dar pedales otro rato y a correr de vez en cuando, y nos vemos capacitados no para hacer un triatlón sprint o uno promoción, sino que nos vamos a por uno de distancia olímpica (1500 metros de natación, 40 kilómetros de ciclismo y 10 de carrera a pie).

Como siempre digo, creo que debemos ir por partes y no quemar etapas antes de tiempo. Debemos conocer perfectamente cuáles son nuestros límites, y a partir de ahí, comenzar a trabajar. Las prisas nunca han sido buenas compañeras, y en el deporte, tampoco. Al fin y al cabo, esto es un proceso que requiere de un tiempo. Podríamos compararlo con los estudios, donde se comienza en Infantil, para completar la Primaria, el instituto… Y está claro que no podemos pedir lo mismo a un niño de tercero de Primaria que a uno de primero de Bachillerato. Pues aquí, al fin al cabo, es lo mismo, con ciertos matices, pero lo mismo.

¿Cómo podríamos solucionar todo esto? No es algo sencillo viendo que, en muchas ocasiones, ésto se ha convertido en un negocio. Parece que esto se apodera de muchos de los eventos que hasta no hace tanto eran populares, y que ahora parecen tener unas campañas de marketing impresionantes, todo por lograr un número de participantes impresionantes. Para nada estoy de acuerdo con esto, porque no hacen sino que muchos deportistas se arriesguen a tomar la salida en una prueba para la cual no están preparados, pero que, gracias a la campaña publicitaria de la competición en cuestión, se ha hecho que acaben en la línea de salida. Si nos remontamos a la mentalidad que tenían los corredores de hace unos años, muchos consideraban que su vida deportiva se acabaría cuando comenzaran a correr maratón, parecía que el hecho de completar esos 42 kilómetros era el fin de un largo camino y de muchos, muchos kilómetros. Ahora, todo ésto se ha perdido, e incluso podríamos catalogar esta mentalidad como anticuada o como algo equivocado, pero, quizá, si mantuviéramos un pensamiento semejante, podríamos controlar mucho más nuestra lógica, no perder el respeto a todas las distancias, sea un 100 o una maratón. Quizá, de no tener tantos mensajes de diferentes pruebas casi obligándonos a correr en su carrera, y fuéramos capaces de tirar de lógica y hacer caso a un entrenador bien formado, nos iría mucho mejor.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 1 de junio de 2017

Giro, Tour, Vuelta y pista de atletismo

Resulta cargante tener muchas, pero muchas ganas de ponerme a escribir, pero no saber qué contar en la entrada o artículo, o quedarme bloqueado en la mitad. No me gusta nada, lleva ya demasiado tiempo pasándome, pero qué le voy a hacer. Voy a ponerme hoy a escribir un rato, improvisando, o mejor dicho, tocando temas que tengo en mente, pero que, como decía, me quedo en la mitad. Espero que, juntando todo en un mismo artículo, pueda sacar algo “decente”.

Y voy a empezar escribiendo sobre ciclismo. El pasado domingo finalizó el Giro de Italia, una de las tres grandes, y para mi, una prueba bastante más interesante que el Tour de Francia, que, a pesar de su gran prestigio, y siendo sincero, en los últimos años me resulta bastante monótono. A nivel personal, me ha resultado un Giro interesante, donde la tensión se ha visto hasta esa crono final, donde todas las miradas estaban puestas en Nairo Quintana, Tom Dumoulin, Vicenzo Nibali y Thibaut Pinot. Finalmente, Dumoulin se alzó con la prestigiosa “maglia” rosa, en una edición en la que, para mi, ha sido el justo vencedor, quien, sin duda, más se lo merecía. Ha sido capaz de pelear día a día sin un equipo sólido que le pudiera echar una mano en los momentos cruciales de la prueba, ha sido una “lucha de gigantes”, como decía la canción del gran Antonio Vega, donde Tom ha tenido que luchar, especialmente, contra un bloque como ha sido el Movistar y el Bahrain-Merida de Nibali. Una vez que cogió el liderato, se vio obligado a soltarlo en la meta después de verse implicado en un corte, situación que benefició a Nairo Quintana, quien cogió ese maillot rosa hasta la crono final. Hasta entonces, vimos situaciones un tanto extrañas, pero que tengo la impresión de que ya son habituales. Nairo se negaba, en cierta medida, a colaborar, compitiendo siempre a rueda y apenas “enseñando el morro”. El italiano del Bahrain-Merida Vicenzo Nibali sí fue un poco más competitivo, pero, junto al colombiano del Movistar y el líder, Tom, vimos una situación extraña: Dumoulin, líder, y ninguno de los otros dos ciclistas le atacaban. ¿Qué forma de competir es esta? Se supone que si estás disputando una gran vuelta, el que tiene que atacar no es el líder, son sus rivales, él “solo” tiene que mantener el liderato, respondiendo a los ataques que le dan sus rivales o como sea, pero no viendo lo que hemos visto en este Giro, donde se llegó a ver cómo Vicenzo y Nairo no le “daban pal pelo” al líder. Finalmente, y tras un par de días con Nairo de líder, Tom sacó la ventaja en la crono final como para poder coger de nuevo la maglia y alzarse con una más que merecida victoria, porque, aparte de correr sin un equipo sólido, tuvo que competir con dos ciclistas con una gran calidad, pero que en algunos momentos han resultado ser poco competitivos, o muy poco colaboradores.

Me gustaría hacer una mención especial a Nairo Quintana, un ciclista que, para mi, tiene muchísima calidad como deportista, pero mucha, demostrándolo habiendo ganado, sin ir más lejos, un Giro de Italia. Sin embargo, creo que no podrá llegar a desarrollar todo su potencial como deportista. Está claro que ser segundo en el Giro de Italia de este año es un ejemplo también de que su gran calidad, y que está muy, muy bien, pero creo que, cambiando su forma de correr, podría llegar incluso a ganar más pruebas. Vemos cómo el del Movistar tiende a ir con demasiada facilidad a rueda, sin “asomar el morro”, como suele decirse, o, como vimos en una de las etapas de este último Giro, cuando le toca dar el relevo, enseguida hace el gesto típico con el codo pidiendo que el siguiente ciclista le sobrepase. Hemos visto cómo, cuando realmente ha sido capaz de salir a darlo todo, da una demostración magistral y es capaz de hacer mucho, mucho daño a sus rivales, pero son situaciones que, parece, a Nairo le cuesta hacer. No vemos un ciclista batallador, como puedan ser su compañero de equipo Alejandro Valverde, o Alberto Contador, deportistas que utilizan la frase que tantas veces me han dicho cuando voy a una competición, “morir matando”. Sin embargo, Nairo es un ciclista muy, muy conservador, que apenas da espectáculos. Como decía, si no fuera tan conservador y se asemejara más a los mencionados Valverde o Contador, creo que podría explotar más sus capacidades como ciclista, que, para nada, son escasas.

Ahora, aun nos quedan por delante dos de las tres grandes vueltas por etapas, el Tour de Francia y la Vuelta a España. Siendo sincero, la ronda francesa es, sin duda, la que más monótona (siempre desde el punto de vista del espectador) se me hace, mientras que Giro y Vuelta me resultan bastante más agradables. El Tour es “la prueba de las pruebas”, pero creo que en los últimos años ha perdido mucha emoción. Tengo la impresión de que, desde hace ciertas ediciones (no sabría definir una en concreto), en las primeras etapas es nerviosismo en su estado puro y caídas, sobre todo en las llegadas al sprint, mientras que, una vez que la montaña aparece, son los “jefes” los que corren. Unos palos por aquí, unos palos por allá y se acabó el Tour. Por no decir de las típicas etapas donde hay escapada a diez minutos, y el pelotón no se mueve hasta falta de cinco kilómetros, muy de la vuelta francesa. Para mi, Giro y Vuelta son competiciones mucho más emocionantes, y donde cada día te espera algo nuevo, sobre todo en lo que respecta a la vuelta italiana, a la que, por cierto, le encuentro más emoción. La Vuelta es la ronda de casa, y debo reconocer que me encanta ver cómo el pelotón pasa por lugares en los que alguna vez he estado e incluso por mi propia ciudad o provincia, pero creo que, en alguna ocasión, se está pecando un poco de llegadas o etapas un tanto exageradas, y aunque puede ser que ése sea el motivo por el cual la Vuelta resulta un poco diferente en comparación con el Tour, creo que no es la mejor opción. Tenemos el claro ejemplo en aquella etapa de Fuente Dé, una etapa donde, aparentemente, no iba a suceder nada, y Alberto Contador se puso líder de la clasificación General.

Cambio de tercio, pero sigo escribiendo sobre ciclismo. Me gusta mucho este deporte, y soy partidario de su uso entre los atletas como deporte cruzado o cuando hay una de estas odiosas lesiones que nos impiden correr, pero debo reconocer que llevo ya mucho tiempo en el cual tan solo estoy siguiendo este deporte como puro aficionado. Procuro seguir informado sobre cicloturismo, competiciones y noticias relacionadas con algunas de las novedades sobre componentes de bicicletas, pero, como participante, la verdad es que lo tengo bastante abandonado. He comentado en muchas ocasiones que, cuando comencé a correr, y durante bastante tiempo, no me consideraba corredor, sino ciclista, y llegué incluso a no participar en una edición de La Rosca porque mi padre me había dicho que ese día íbamos a dar pedales, a pesar que tanto él como Teo me insistieron en que podíamos salir al día siguiente y ese día correr la prueba. Ni con esas. Sin embargo, es cierto que he ido dejando de lado la bicicleta, sobre todo en los últimos dos-tres años. No la echo especialmente de menos, ahora, por suerte, estoy corriendo sin apenas molestias y no estoy lesionado, así que puedo hacer el deporte que ahora “me tira” más. La verdad es que no puedo decir que no me guste montar en bicicleta, porque creo que sería mentir, pero, por ahora, no entra dentro de los planes salir a dar una vuelta con la bici.

Escribiendo de atletismo, nos encontramos ya en el mes de junio. Las competiciones en pista empiezan a aparecer. La verdad, qué importancia tiene este óvalo de 400 metros en la formación de los corredores. Demuestra cuál es nuestro estado real, y, a lo largo de los años, nos puede proporcionar una “chispilla” curiosa para, más tarde, competir en otras distancias, ya dentro del mundillo del asfalto. Creo que en muchas ocasiones, infravaloramos la pista, no le damos toda la importancia que tiene, y nos empeñamos en crear corredores de fondo antes de tiempo, sin pararnos a pensar en esa frase que leí una vez, que decía algo así como que un gran corredor de maratón se forjaba compitiendo en 1500. Este óvalo de 400 metros es una gran manera de preparar la carrera deportiva de un atleta, ir aumentando las distancias dentro de ella y, poco a poco, ir incrementando.

Actualmente, nos encontramos con que en las carreras populares hay un nivel medio más alto en comparación a hace unos años, pero, sin embargo, las marcas son un tanto más bajas en comparación con aquellas pruebas. Creo que gran parte de que ahora se corra menos es que los atletas que entonces entraban entre los primeros atletas tenían una gran cantidad de kilómetros hechos en la pista, sobre diferentes distancias dentro de este óvalo, lo que les proporcionó una gran base para luego, poder correr a unos ritmos bastante elevados en el asfalto. Ahora, muchos de los atletas que están ganando las pruebas populares son corredores que comienzan a correr a una edad relativamente avanzada, y se saltan la época de la pista, por lo que muchos no tienen esa chispa que comentaba.

A nivel personal, ahora mismo no tengo la cabeza puesta en la cabeza. Uno de mis problemas ha sido ese, creo que en su momento la infravaloramos, dando más valor a otro tipo de pruebas, lo que me llevaba a que en esta época del año tan solo participaba en pruebas populares. Por ahora, sigo sin tener demasiado claro en qué pruebas participar. La verdad, no me acabo de ver del todo motivado para colgarme un dorsal y salir a darme caña, aunque luego, me sucede como siempre, veo una carrera que me llama la atención, y cuando me veo con el dorsal, me pico más de lo que tenía previsto. Pero, siendo sincero, últimamente el cuerpo no pide sufrir, darme caña. Disfruto con lo que hago, sumando kilómetros. Si hay que volver a competir en condiciones, será mi cuerpo, o mejor dicho, mi cabeza, quien lo mande, al igual que sucedió cuando corrí en Bañobárez (donde, por cierto, hace hoy tres años que gané allí), y por ahora parece que no está muy por la labor.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 25 de mayo de 2017

Recordando viejas historias

Pasa el tiempo. Con él, los momentos se alejan, los malos y los buenos. Hoy me paraba a pensar y resulta que hace ya tres años y medio que dejé de entrenar con Teo, para empezar a ser mi propio entrenador. Una “montaña rusa” a nivel deportivo ha sido lo que he estado desde entonces. Actualmente, en cuanto a ritmos, me encuentro en la parte baja de esa montaña, pero, como en todo, habrá momentos mejores. A todo esto voy a dedicar la entrada de hoy en el blog.

Recuerdo perfectamente cuando le dije a Teo que iba a dejar de entrenar con él por un tiempo, y todos los comentarios,o mejor dicho, charlas y consejos posteriores a este suceso. También recuerdo que los motivos que expuse en su momento eran aceptados o puestos en duda, según con quién hablase. La verdad, estaba muy saturado y creo que de no haber cambiado de filosofía, habría acabado dejando de correr. Estaba “cargado” de hacer series y de salir en las competiciones con un solo objetivo: ir lo más rápido posible, lo que está muy bien cuando sabes cuál es tu límite, no como hacía yo, que me empeñé en sobrepasar ese límite cuando me colgaba el dorsal de la camiseta. La cabea me dijo “basta”, hasta el punto de que me dejó de motivar la competición, algo que me había animado a correr desde que me inicié en esto del atletismo tras el verano de 2009. En este momento, me di cuenta de la importancia de tener cambios en los entrenamientos, y dejar de estar con Teo me pareció un punto importante. Con el paso del tiempo me he ido dando cuenta de la importancia que tanto él como mi buen amigo Bernardo, que fue quien me presentó a Teo, han tenido en mi vida deportiva, pues de otra forma, no hubiera sido atleta.

Desde que dejé de entrenar con Teo he vivido diferentes épocas. Durante un tiempo, me mosqueaba que me hablaran de series y carreras federadas. Me iba organizado yo el calendario de pruebas y entrenamientos en base a las ganas que tuviera, sin hacer nada específico, y solamente con el objetivo de, poco a poco, volver a disfrutar. A la hora de entrenar, estuve durante un tiempo rodando por sensaciones y también sin nada marcado. Por las fiestas navideñas, más o menos al final de las mismas, creo que podría decir que comenzó una nueva época. Empecé a verme un poco mejor a nivel mental, y me animé a tomar la salida en el Cross de Ávila y en la carrera de Don Bosco, sin ningún objetivo claro, sino más bien salir y ver cómo respondía, sobre todo mentalmente, dentro de una competición. La experiencia, viendo esto sin las “ansias” de querer correr a todo lo que daba, sin llegar a ver ni de lejos esas 200 pulsaciones que vi en varias ocasiones, me encantó y me dio un pequeño empujón para animarme, sin hacer series, solo cambios de ritmo y rodajes alternado con alguna salida en bicicleta, a preparar una de mis pruebas favoritas, El Salvador. A lo largo de los tres meses que preparé la carrera de La Bañeza fui observando que, con el paso de los días, me iba notando cada vez mejor, no solo físicamente, donde sí que vi que iba tocando de nuevo unos ritmos interesantes, sino que a nivel mental veía que esos pensamientos negativos, esa sensación de estar “quemado” desaparecía. Finalmente, pasada esta carrera, volví a hacer series, con la moral bastante alta y muchas, muchas ganas de volver a competir. Así comencé la temporada siguiente, hasta que, a los pocos días de empezar, me lesioné. Parar, volver. Parar, volver. Así estuve durante unas semanas. La moral para volver a hacer cosillas serias me bajó en un suspiro. Finalmente, volví a correr. Volví a hacer series, pero, cuando forzaba más de la cuenta, la zona de la lesión se me resentía, y la cabeza tiraba para atrás como consecuencia, y como rodando no se me cargaba, comencé a espaciar poco a poco las series y, sin apenas darme cuenta, también las competiciones. Y aunque tuve un intento bastante serio a principios de la pasada temporada, todo ha seguido más o menos igual, hasta llegar a la situación actual, en la que, tras haber hecho series una semana, me volví a lesionar, y decidí que, por ahora, dejaría por completo las series de lado y me dedicaría solamente a acumular kilómetros de carrera continua durante los habituales seis días semanales.

Creo que sería interesante sacar conclusiones de todo este tiempo. No querría caer en el pensamiento de que todo ha sido perfecto y tal, un pensamiento de autocomplaciencia que no quiero tener, pero creo que, a pesar de las lesiones y demás, creo poder sacar conclusiones bastante positivas. He tenido la suerte de que, a nivel mental, no me veo quemado, sino ya un poco “pasota” en el tema de introducir calidad, sencillamente porque me he acostumbrado a “salir a correr”, no a “salir a entrenar”, dos conceptos completamente diferentes. Me gusta salir a correr los seis días semanales, hacer unos cuantos kilómetros (éso sí que me gusta, quizá demasiado), y me veo con ganas de seguir haciéndolo. De vez en cuando, me apetece colgarme un dorsal y probarme con gente que sí se prepara con series y demás, quienes enseguida me colocan en mi sitio. Lo de volver a preparar una competición en serio, queda un tanto alejado, pero no es algo que descarte a largo plazo. Por ahora, me gustaría seguir dedicándome a sumar kilómetros disfrutando del simple hecho de hacerlo. Puede que, como muchos compañeros me han comentado y me comentan, esté perdiendo los mejores años como corredor de competición, y, siendo sincero, razón no les falta, porque, por mucho que lo intente, dentro de, por ejemplo, quince años (y sin irme a una edad exagerada, que con “treintaytantos”-cuarenta años se puede andar mucho, muchísimo), no voy a tener la misma capacidad de recuperación que tengo ahora. Pero creo que, ante todo, se trata de disfrutar y pasarlo bien con algo que no deja de ser una afición, y creo que, ahora mismo, lo estoy haciendo. Puede que esté dejando de lado la oportunidad de lograr unas marcas determinadas, pero disfruto con lo que hago, soy consciente de que físicamente ahora mismo no voy como iba hace unas temporadas, pero, como decía, ya habrá tiempo, si el cuerpo y la motivación vuelven, de “sacar ojos” de nuevo. Por ahora, voy a seguir disfrutando de esta manera de ver el atletismo, que, como me han comentado, es tan particular (“¿por qué haces tantos kilómetros sin preparar nada?”, ¿por qué entrenas con tantos kilómetros en los rodajes si luego no vas a las carreras?”).

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

martes, 23 de mayo de 2017

Ciclismo como deporte de algo riesgo


Estamos viviendo una época un tanto “negra” dentro del mundo del ciclismo, especialmente si hablamos del de carretera. Últimamente están saliendo varias noticias de atropellos a gente que va dando pedales, lo que nos hace sentarnos y reflexionar sobre si merece o no la pena arriesgarse y dar una vuelta en bicicleta de carretera, o pasarse a la BTT y evitar posibles riesgos en carretera. De entre esas noticias, donde se comenta que un ciclista ha sido arrollado por un vehículo, tendemos a acusar siempre al conductor del vehículo que ha arrollado, pero creo que, si bien es cierto que suelen ser los “culpables” (no sé si es la palabra adecuada) principales, no siempre son ellos, sino los propios ciclistas, quienes provocan el accidente, al no circular como es debido dentro del carril, saltándose semáforos o algunas señales. A todo esto me gustaría dedicar la entrada de hoy.

Y vamos a ir por partes. En esas noticias que suelen salir con demasiada regularidad, comentando que un ciclista ha sido arrollado por un vehículo, el conductor se encontraba bajo los efectos de la droga o el alcohol. Todos sabemos de la problemática que tiene llevar un vehículo de esta forma, pues ya no solo estamos poniendo en peligro nuestra vida, que no es poco, sino que también estamos poniendo en peligro la vida de otros usuarios de la carretera. Y está claro que, cuando hay un accidente, algunos tendrán más posibilidades de sobrevivir que otros, dentro, claro está, de lo que es un accidente y de cómo se vaya circulando. Pero, a igualdad de condiciones, si hay un choque entre dos coches, los ocupantes del mismo tienen una “capa” previa a ellos, mientras que si hablamos de un choque con un motorista o ciclista, ésa “capa” que aporta el llevar un coche o un camión no existe, el golpe va directo contra la persona, sin nigún filtro previo. De ahí que el peligro de que un conductor ebrio ante un ciclista se multiplique de una manera considerable cuando se acerca a un ciclista. Muchos de los casos, como decía, se deben a conductores así. ¿Soluciones? ¿Cómo evitarlo? La verdad es que es una situación que ya, desde organizaciones como la DGT, se han intentando y se intentan solucionar, pero realmente es algo muy complicado de controlar, pues son muchos, muchísimos, los conducotres que cada día salen a la carretera, y controlar a todos ellos no es tarea fácil, desde luego. Quizá, campañas de concienciación para evitar que los conductores cojan así los coches, y desde autoescuelas o similares, seguir insistiendo más, si cabe, en este aspecto, siempre en busca de que, por un lado, las generaciones actuales de conductores se den cuenta del peligro que existe cuando conducen bajo los efectos del alcohol, y de que las nuevas generaciones al volante cojan el coche siendo plenamente conscientes de todos estos peligros.

Por otro lado, nos encontramos también con varios conductores cuyo problema no son ni las drogas ni el alcohol, sino la impaciencia. Parece que encontrase con un ciclista, esperar cinco minutos a poder adelantar con seguridad y tener que hacer una maniobra extra para dejar ese metro y medio extra es algo que requiere de un sobreesfuerzo inaguantable, porque, sino, no encuentro otra respuesta a que muchos conductores no tengan paciencia a la hora de adelantar a un ciclista, dejar ese metro y medio o adelantar a una velocidad adecuada. Creo que todos nosotros hemos vivido en alguna de nuestras salidas, solos o con la “grupeta”, a un conductor que nos adelanta rozando con el retrovisor, sin dejar ese metro y medio obligatorio, o que se lía a pitar e incluso baja la ventanilla y se lía a voces con los ciclistas. No llego a entender, de verdad, qué molestia puede causar un ciclista o grupo de ciclistas circulando por una carretera. ¿Que nos va a tocar esperar cinco minutos para poder adelantar? ¿Que nos va a tocar pasarnos al otro carril para poder hacerlo? Pues, siendo sinceros, no creo que pase nada negativo, y haciendo las cosas bien, creo que estaremos haciendo algo bastante beneficioso, pues estaremos evitando poner en riesgo la vida de unas personas que, simplemente, han salido a darse una vuelta en bicicleta. ¿Qué sucede si estamos en una carretera típica de las de los pueblos, estrechas y tal? Bueno, me imagino que también todos hemos circulado en bicicleta en alguna ocasión por estos lugares, y que hemos sido capaces de convivir con los coches. Creo que, en estas ocasiones, se trata de organizarse un poquito. Los ciclistas, lo más pegados posibles a la derecha, y el conductor, adelantar muy, muy despacito y lo más pegado a la izquierda, dentro de lo que se pueda, claro, y siempre asegurando la visibilidad frontal, para controlar en todo momento los coches que puedan venir de frente.

Pero no siempre son los vehículos los culpables de los accidentes. Resulta que nosotros, como ciclistas, a veces somos un poco brutos. Seguro que habréis visto, o incluso lo habréis hecho, a ciclistas circulando como si del pelotón del Tour se trata, invadiendo incluso el carril contrario en alguna ocasión. No podemos quejarnos de que los conductores no nos respetan cuando nosotros somos los primeros que nos saltamos las normas por el forro y creemos que vamos circulando con el tráfico cerrado. Se trata de que todos, conductores y ciclistas, podamos convivir lo mejor posible dentro de la carretera, y nosotros debemos poner de nuestra parte, circulando de dos en dos (ésto está permitido, no lo olvidemos), y siempre pegados a la derecha.

Tema aparte merece la equipación del ciclista, algo que parece una chorrada, pero que, bajo mi punto de vista y el de algunos compañeros y conocidos, no lo es tanto. Me parece casi un pecado salir a la carretera con un amillot (digo esta prenda porque, a simple vista, es la más llamativa) cmpletamente negro. Si nos sentamos y analizamos, no es una forma de llamar la atención de los conducotres en un escenario donde predomina el negro. Cuando salimos en bici, sea de montaña o carretera, creo que debemos llevar una equipación que nos permita destacar del asfalto y que el conductor, con solo mirar de reojo, observe que hay algo más en la carretera. Pese a ello, muchos nos empeñamos en salir con equipaciones con el negro o colores oscuros como color mayoritario. Yo he sido el primero en hacerlo, hasta que un día, leyendo una columna del gran Antonio Alix, que siempre se muestra muy crítico con esto, dio los motivos suficientes como para que evitara esa combinación de ropa cuando fuera a dar una vuelta en bici. Debo reconocer que, pensándolo, cadece de sentido ir todo de negro cuando hacemos las equipaciones para nuestros clubs o grupetas. Parece ser que elegancia o estética suelen ser los motivos principales para hacerlo, pero, siendo sincero, creo que esto no se trata de una entrevista de trabajo o una boda, lo que nos va a permitir saltarnos ciertas normas y poder tirar de unos colocres más chillones, que lo mismo en situaciones más serias no nos pondríamos, aunque tambien es cierto, o yo al menos lo veo así, que si el objetivo es crear algo donde sea fundamental la estética para luego vender el producto, podemos usar colores vivos sin necesidad de crear algo hortera.

¿Y qué hacer ante esta situación? ¿Sirven de algo las manifestaciones que se hacen desde el colectivo ciclista? Creo que puede ser interesante que se hagan este tipo de manifestaciones, pero, quizá, necesitemos algo más, un cierto apoyo por parte de federaciones, para lograr que las manifestaciones por parte de ciclistas tengan la ayuda de unas organizaciones metidas en el mundillo del ciclismo. Personalmente, soy partidario de todas estas manifestaciones y concentraciones (o movimientos en redes sociales), y si con ellas, se logra hacer el ruido necesario para apoyar al ciclista haya que hacerlo, mucho mejor. Pero tampoco nos olvidemos de que nosotros, como ciclistas, debemos respetar también las normas de tráfico. Si todos respetáramos las normas, seguramente a todos, conductores y ciclistas, nos iría mucho mejor.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

domingo, 7 de mayo de 2017

Crónica de la XXXI Carrera Popular "El Salvador"

Hoy se ha celebrado la XXXI Carrera Popular “El Salvador”. En una mañana sin viento, pero un tanto calurosa para la práctica de este deporte, en torno a 200 atletas tomaron la salida en la carrera principal, y varios fueron los niños que estuvieron también compitiendo en las categorías inferiores. Un año más, y con ésta ya van cinco ediciones, nos volvimos a acercar a la carrera de La Bañeza, una de mis pruebas favoritas, hasta tal punto que, en la temporada de 2014 me decidí a prepararla, con un plan de entrenamiento de doce semanas, alternando sesiones de cambios de ritmo y carrera continua con sesiones de bicicleta un día a la semana. Este año era consciente de que, físicamente, estaba bastante lejos de los estados de forma en los que había estado en otras ocasiones, pero, aun así, y tras mucho pensarlo, decidí apuntarme a la prueba y, sobre todo, disfrutar del ambiente, pues es una prueba donde se juntan atletas populares con atletas de primer nivel (este año, el ganador fue Sergio Sánchez).

Con esta mentalidad llegamos a La Bañeza a recoger el dorsal. Tras ello, nos animamos a escuchar la misa que el sacerdote de la iglesia de El Salvador iba a ofrecer a todos aquellos que se acercaran. Completada esta parte, que la verdad, se hizo bastante amena, llegó el turno de empezar a ver las primeras categorías del día. La mañana apuntaba maneras, y a las once de la mañana el calor se empezaba a notar. Poco a poco, el momento de ponerse a calentar fue acercándose, y con él, la temperatura iba en aumento. Una vez que mi compañero de club David tomó la salida, llegó el momento de cambiarse de ropa, ponerse pulsómetro y zapatillas de competir, y comenzar con el calentamiento previo a la competición. Como siempre, trote combinado con ejercicios de técnica de carrera, y también como de costumbre, ésto me sirvió para ir viendo cómo cada vez las calles de La Bañeza se iban llenando de más y más corredores dispuestos a darse caña, muchos de ellos conocidos. Por megafonía también anunciaron a los corredores que partían como favoritos para llevarse la prueba, entre ellos, el leonés Sergio Sánchez.

A las doce y cuarto estaba prevista la salida. Intenté apurar el máximo el calentamiento, sobre todo, en busca de tranquilizar un poco los nervios previos a la carrera, aun a sabiendas de que, jugarme, no es que me jugara nada. Aun así, decidí colocarme en primera fila y dejarme caer según fueran cayendo los metros, hasta encontrar mi sitio. Y con bastante puntualidad, se dio la salida. La estrategia iba a estar basada en lo que me dijera el pulsómetro. Durante las dos primeras vueltas iría rodando tocando ritmos en torno a las 183-185 pulsaciones en los tramos más favorables, y en los tramos en cuesta, en torno a las 190. Me fui dejando caer mientras iba controlando no pasarme en estos primeros kilómetros, lo que podría pasarme factura más tarde. Así, olvidándome de si llevaba o no corredores por delante o por detrás, iba intentando ir haciendo caso a las pulsaciones. Tras pasar la primera subida del día, nos tocó afrontar un tramo en bajada que me resultó bastante incómodo para correr. Nunca he sido un buen “bajador”, y ahí lo demostré, perdiendo muchísimo tiempo en cada vuelta hasta que lograba llegar a la parte baja. El resto del circuito, bajo mi opinión, permitía correr manteniendo un ritmo bastante constante, lo que me dejó ir controlando bastante bien el pulso. Mientras iban pasando metros, fui encontrando mi sitio. En un punto determinado de la prueba, se me pegó un corredor. Debo reconocer que iba bastante incómodo, no me encontraba nada bien con un atleta tan pegado. Decidí poner la mente en blanco, seguir con la estrategia que tenía pensada. Así, seguí tocando en torno a las 185 pulsaciones, hasta llegar a la última vuelta. Según fueron pasando los metros, pasé a otro atleta, que también se quedó a muy poca distancia. Otro punto a ponerse nervioso. Al llegar a la última vuelta, seguí con lo pensado y subí hasta tocar en torno a las 190 pulsaciones. Logré sacar unos cuantos metros de ventaja, que intenté mantener a lo largo de esos últimos tres kilómetros. Al encarar el último tramo, también en pendiente, intenté subir el ritmo para distanciar algo más en esos últimos metros. Finalmente, logré llegar a meta en el puesto décimosexto de la categoría Absoluta y noveno de la categoría Senior, donde se alzó con la victoria Sergio Sánchez. Los datos del GPS fueron: 9.59 kilómetros en 35'16”, a 3'40 min/km y 187 pulsaciones medias.

Debo reconocer que he disfrutado bastante de la mañana. El último año que corrí acabé un tanto decepcionado con la organización, pero en esta ocasión han vuelto por sus fueros y he acabado encantado. Creo que, en líneas generales, la prueba ha estado muy bien organizada, manteniendo la ilusión de hace más de treinta años. Como siempre digo, ésta es una prueba donde siempre he disfrutado compitiendo. Uno de los motivos es el ambiente zamorano que esta prueba ha tenido a lo largo de los años, pues, entre sus ganadores a nivel absoluto, están Carlos del Bien (1988 y 1989), Agustín Ruiz (2001) y Alma de las Heras (1991), todos ellos defendiendo los colores del Club Atletismo Zamora. Por otro lado, a nivel personal, en la temporada de 2014 supuso un punto de inflexión muy importante para recuperar la ilusión perdida aquella temporada por las competiciones. ¿Puntos negativos? Creo que todos los años que he corrido en la categoría Absoluta ha sido en un circuito diferente. Me gustaría que se mantuviera uno fijo a lo largo de las ediciones, aunque éso creo que es una opinión muy personal. Y por otro lado, creo que la bajada que teníamos hoy tras completar el primer “repechaco” de cada vuelta, era muy, muy incómodo para correr, más en competición. Por lo demás, creo que todo bastante bien organizado, destacando el carácter del sacerdote de la iglesia de El Salvador, que estuvo allí animándonos a lo largo de toda la mañana, que tuvo el gesto de preguntar de dónde veníamos, y con quien luego tuvimos el placer de estar hablando de deporte, de la prueba, de La Bañeza y Zamora o del Camino de Santiago.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

sábado, 6 de mayo de 2017

Maratón, dos horas y El Salvador

Siguiendo con la costumbre que últimamente me acompaña, hoy me vuelvo a sentar para escribir después de unos cuantos sin hacerlo. Teniendo la cabeza en otras historias, y mal que me pese, me toca ir seleccionando cosas para poder organizarme, y me ha tocado reducir el número de artículos en el blog. Como he comentado en varias ocasiones, no es algo que me resulte agradable ni positivo, me encanta escribir y me encuentro muy cómodo haciéndolo, pero me ha tocado aguantarme las ganas hasta poder sacar un hueco lo suficientemente amplio como para sentarme de frente al ordenador y juntar unas cuantas letras. En ese momento me encuentro ahora, así que voy a intentar no desaprovechar la ocasión. ¿Ideas para hoy? Como también es costumbre, voy a escribir sobre deporte, seguramente sobre atletismo, y en concreto, sobre la carrera del próximo domingo, El Salvador, una prueba a la que, desde el año 2012, donde corrí mi primera edición siendo aun Cadete, tan solo he faltado el año pasado, debido a que se celebró en lunes (coincidió creo que con el puente del uno de mayo) y el día antes había corrido el 10000 de Sardón de los Frailes.

Comentaba en el párrafo anterior que escribiré sobre deporte, sobre todo atletismo, así que voy a comenzar juntando letras acerca de un tema que parece que en los últimos meses se ha puesto muy de moda, o al menos, parece que se está comentando cada poco en las redes sociales: bajar de las dos horas en maratón. No es mi intención explayarme demasiado con este tema, pero también digo que voy a expresar mi opinión acerca de algo que se está convirtiendo no sé si en una manera de hacer publicidad, una obsesión o en una locura dentro de un deporte que está viendo cómo cada vez aparecen más historias para asaltar. Bajo el punto de vista de un corredor que nunca ha corrido pruebas de maratón, y que su experiencia en pruebas de larga distancia se limita a haber corrido un par de medias maratones, creo que el hecho de intentar hacer menos de dos horas en los 42195 metros es, cuanto menos, una locura, por no decir quimera. Tengo la impresión de que nos estamos obsesionando con el tema de reducir marcas con esto hasta el extremo de no pararnos a pensar, primero, en las repercusiones que ésto pueda tener en la salud de los atletas que lleven sus cuerpos hasta unos límites impresionantes (ya se llevan en las competiciones “normales”, más cuando buscamos hacer una marca de este calibre y en una prueba de tan larga distancia como es la maratón) ni en las futuras repercusiones que luego pueda tener en muchas de las pruebas de esta misma distancia, las cuales parecen estar obsesionadas también con lograr la mejor marca o llevar a los mejores atletas para lograr mejor registro que otras maratones, creando una rivalidad y una presión bajo esos atletas de primer nivel que van a disputar, que, para mi, no tiene demasiado sentido.

Pero, lo más importante, dejando todo lo comentado en el párrafo anterior de lado, ¿está el ser humano capacitado para correr 42 kilómetro en menos de dos horas? Podríamos catalogar ésta pregunta como la del millón. Realmente, si nos paramos a pensar los ritmos que se deben manejar para lograrlo, puede resultar, y de hecho resulta, algo prácticamente imposible. Haile Gebreselassie, uno de los mejores atletas, que bien sabe lo que es correr muy rápido en pruebas de maratón, ha llegado a comentar que, siguiendo la evolución natural del organismo humano, puede que se llegue a ver en el cronómetro ese ansiado sub-2 horas, pero que perfectamente podríamos ver dentro de dos años. También comentaba que, con ayudas tecnológicas, podrían lograse dentro de menos tiempo. Yo me pregunto qué clase de tecnología se podría incluir para lograr correr tan rápido. ¿Zapatillas con más propulsión? Eso viene algo parecido a lo que Adidas está haciendo con el sistema Boost. Ahora no voy a entrar en si este tipo de sistemas (no solo de Adidas, sino de cualquier otra marca que lo haya intentado mediante otros sistemas en sus zapatillas) son o no fiables, solo que creo que, incluso con un sistema de este tipo, este sub-2 horas en maratón sigue siendo muy complicado. Es cierto que no deja de ser una ayuda, y que toda ayuda beneficia cuando buscamos un objetivo, pero no deja de ser un granito, y creo que se necesitarían muchos más granitos para poder lograrlo. He llegado a leer en las redes temas de zapatillas y bebidas “mágicas”, que no dejan de ser aportaciones, pero me gustaría comprobar el funcionamiento de esto a la hora de lograr un resultado tan exigente. Siendo sinceros, puede que, como dice el gran Haile, dentro de diez años, dejando que sea la naturaleza la encargada de ir “perfeccionando” todo esto, por decirlo de alguna manera, se logre ese sub-2 horas, pero creo que, incluso así, bajar de las 2h02'-2h03' que comentaba el gran Haile, ya es algo muy, muy exigente.

Y dicho todo, llega Eliud Kipchoge y se casca 2h00'24”. En un circuito automovilístico, al cual debían dar diecisiete vueltas y media, con un coche que le ayudó, quitando el viento, con liebres, con avituallamientos cada poco tiempo… Y, pese a todo, la Federación Internacional de Atletismo no dará por válida esta marca, aunque es de esperar que la prestigiosa marca Nike, una de las principales colaboradoras dentro del reto de bajar de las dos horas en maratón, buscar el máximo rendimiento económico a este hecho. Como empresa, creo que es normal que se busque sacar beneficio de este tipo de eventos. Pero, siendo sinceros, creo que será una situación un tanto peculiar, donde, seguramente, todo este “negocio” estará limitado a eventos como este. Porque, bajo mi punto de vista, en una maratón normal, sin tantas liebres y, por qué no, en un circuito normal de maratón y sin un coche que ayude a quitar el viento, creo que estas 2h00'24” se convertirán, por qué no, en una marca que, como efectivamente decía el gran Haile, podría ser de 2h02'-2h03', que ya es correr muy, muy rápido. Pero, como decía antes, todo ésto no deja de ser la opinión de un inexperto en pruebas de tan larga distancia.


Siguiendo con la costumbre que últimamente me acompaña, hoy me vuelvo a sentar para escribir después de unos cuantos sin hacerlo. Teniendo la cabeza en otras historias, y mal que me pese, me toca ir seleccionando cosas para poder organizarme, y me ha tocado reducir el número de artículos en el blog. Como he comentado en varias ocasiones, no es algo que me resulte agradable ni positivo, me encanta escribir y me encuentro muy cómodo haciéndolo, pero me ha tocado aguantarme las ganas hasta poder sacar un hueco lo suficientemente amplio como para sentarme de frente al ordenador y juntar unas cuantas letras. En ese momento me encuentro ahora, así que voy a intentar no desaprovechar la ocasión. ¿Ideas para hoy? Como también es costumbre, voy a escribir sobre deporte, seguramente sobre atletismo, y en concreto, sobre la carrera del próximo domingo, El Salvador, una prueba a la que, desde el año 2012, donde corrí mi primera edición siendo aun Cadete, tan solo he faltado el año pasado, debido a que se celebró en lunes (coincidió creo que con el puente del uno de mayo) y el día antes había corrido el 10000 de Sardón de los Frailes.

Comentaba en el párrafo anterior que escribiré sobre deporte, sobre todo atletismo, así que voy a comenzar juntando letras acerca de un tema que parece que en los últimos meses se ha puesto muy de moda, o al menos, parece que se está comentando cada poco en las redes sociales: bajar de las dos horas en maratón. No es mi intención explayarme demasiado con este tema, pero también digo que voy a expresar mi opinión acerca de algo que se está convirtiendo no sé si en una manera de hacer publicidad, una obsesión o en una locura dentro de un deporte que está viendo cómo cada vez aparecen más historias para asaltar. Bajo el punto de vista de un corredor que nunca ha corrido pruebas de maratón, y que su experiencia en pruebas de larga distancia se limita a haber corrido un par de medias maratones, creo que el hecho de intentar hacer menos de dos horas en los 42195 metros es, cuanto menos, una locura, por no decir quimera. Tengo la impresión de que nos estamos obsesionando con el tema de reducir marcas con esto hasta el extremo de no pararnos a pensar, primero, en las repercusiones que ésto pueda tener en la salud de los atletas que lleven sus cuerpos hasta unos límites impresionantes (ya se llevan en las competiciones “normales”, más cuando buscamos hacer una marca de este calibre y en una prueba de tan larga distancia como es la maratón) ni en las futuras repercusiones que luego pueda tener en muchas de las pruebas de esta misma distancia, las cuales parecen estar obsesionadas también con lograr la mejor marca o llevar a los mejores atletas para lograr mejor registro que otras maratones, creando una rivalidad y una presión bajo esos atletas de primer nivel que van a disputar, que, para mi, no tiene demasiado sentido.

Pero, lo más importante, dejando todo lo comentado en el párrafo anterior de lado, ¿está el ser humano capacitado para correr 42 kilómetro en menos de dos horas? Podríamos catalogar ésta pregunta como la del millón. Realmente, si nos paramos a pensar los ritmos que se deben manejar para lograrlo, puede resultar, y de hecho resulta, algo prácticamente imposible. Haile Gebreselassie, uno de los mejores atletas, que bien sabe lo que es correr muy rápido en pruebas de maratón, ha llegado a comentar que, siguiendo la evolución natural del organismo humano, puede que se llegue a ver en el cronómetro ese ansiado sub-2 horas, pero que perfectamente podríamos ver dentro de dos años. También comentaba que, con ayudas tecnológicas, podrían lograse dentro de menos tiempo. Yo me pregunto qué clase de tecnología se podría incluir para lograr correr tan rápido. ¿Zapatillas con más propulsión? Eso viene algo parecido a lo que Adidas está haciendo con el sistema Boost. Ahora no voy a entrar en si este tipo de sistemas (no solo de Adidas, sino de cualquier otra marca que lo haya intentado mediante otros sistemas en sus zapatillas) son o no fiables, solo que creo que, incluso con un sistema de este tipo, este sub-2 horas en maratón sigue siendo muy complicado. Es cierto que no deja de ser una ayuda, y que toda ayuda beneficia cuando buscamos un objetivo, pero no deja de ser un granito, y creo que se necesitarían muchos más granitos para poder lograrlo. He llegado a leer en las redes temas de zapatillas y bebidas “mágicas”, que no dejan de ser aportaciones, pero me gustaría comprobar el funcionamiento de esto a la hora de lograr un resultado tan exigente. Siendo sinceros, puede que, como dice el gran Haile, dentro de diez años, dejando que sea la naturaleza la encargada de ir “perfeccionando” todo esto, por decirlo de alguna manera, se logre ese sub-2 horas, pero creo que, incluso así, bajar de las 2h02'-2h03' que comentaba el gran Haile, ya es algo muy, muy exigente.

Y dicho todo, llega Eliud Kipchoge y se casca 2h00'24”. En un circuito automovilístico, al cual debían dar diecisiete vueltas y media, con un coche que le ayudó, quitando el viento, con liebres, con avituallamientos cada poco tiempo… Y, pese a todo, la Federación Internacional de Atletismo no dará por válida esta marca, aunque es de esperar que la prestigiosa marca Nike, una de las principales colaboradoras dentro del reto de bajar de las dos horas en maratón, buscar el máximo rendimiento económico a este hecho. Como empresa, creo que es normal que se busque sacar beneficio de este tipo de eventos. Pero, siendo sinceros, creo que será una situación un tanto peculiar, donde, seguramente, todo este “negocio” estará limitado a eventos como este. Porque, bajo mi punto de vista, en una maratón normal, sin tantas liebres y, por qué no, en un circuito normal de maratón y sin un coche que ayude a quitar el viento, creo que estas 2h00'24” se convertirán, por qué no, en una marca que, como efectivamente decía el gran Haile, podría ser de 2h02'-2h03', que ya es correr muy, muy rápido. Pero, como decía antes, todo ésto no deja de ser la opinión de un inexperto en pruebas de tan larga distancia.

Enlazando con el título de la entrada, y hablando de retos menos exigentes, el domingo tocará estar en la línea de salida de la treinta y una edición de la Carrera Popular “El Salvador”, en La Bañeza. La primera vez que participé en esta prueba fue en 2012, siendo aun Cadete. En aquella edición corríamos fuera de la categoría Absoluta, dando, si no me equivoco, un par de vueltas a un circuito de 2000 metros. Hablando con Teo unos días antes, me estuvo comentando cómo debía correr aquella carrera, pues si no me sabía controlar, podría pagar el esfuerzo de las primeras subidas. Intentando cumplir todo lo que me dijo lo mejor que pude, logré ganar aquella carrera, creo recordar que en 14', a un ritmo de 3'30 min/km. Al año siguiente debutaba en la categoría Absoluta, tocaban correr unos 8000 metros y, la verdad, recuerdo estar un poco nervioso. Me plantee como objetivo correr por debajo de los 3'30 min/km, llegando a meta con un ritmo medio en torno a los 3'27 min/km, y alzándome con la victoria en mi categoría. Aquel año recuerdo que corrimos varios zamoranos, entre ellos, Quique, que me pasó como un avión creo que en las dos últimas vueltas al circuito, y al que me fue imposible dar caza. ¡Parecía un avión! El año siguiente viví, seguramente, la edición más importante a nivel personal. Tras un inicio de temporada un tanto regular, dejando de entrenar con Teo ese mismo año, me intenté demostrar, tras tres meses de preparación a base de cambios de ritmo, que con mi edad, desde luego que podía seguir siendo competitivo. Si no lo era entonces (y ahora), ¿cuándo iba (voy) a serlo? Finalmente, logré también alzarme con la victoria en mi categoría y acabar con una moral bastante alta, que me llevó, un mes después, a ganar en Bañobárez. Mi última participación fue en 2015. Aquel año creía llegar en un estado de forma inferior al de otros años, pero el hecho es que ya en carrera me fui notando bastante bien, acabando en torno a los 3'23 min/km. Del puesto en la categoría no tengo recuerdo ahora de cuál fue, pero lo importante que, a pesar de haber estado entrenando de una manera tan desorganizada, logré correr por debajo de los 3'25. El año pasado no participé, corrí el día anterior en Sardón de los Frailes y hacer un día un 10000 y al siguiente una carrera de nueve kilómetros me parecía una paliza importante.

Y tras el año pasado de ausencia, mañana volveré a colgarme un dorsal en El Salvador. Siendo sincero, creo que es el año que llego más flojo en comparación al resto de participaciones en esta prueba leonesa. Creo que todos los años que he participado en El salvador he logrado correr por debajo de los 3'30 min/km, pero este año, manejar estos ritmos será algo tirando a complicado. Esta prueba, por la experiencia en otras ediciones, no es una prueba fácil, suele tener algún que otro tramo en subida que hace bastante daño, y también debo reconocer que últimamente, subir, estoy subiendo poco. Estoy entrenando bastante por zonas llanas, pero lo que son cuestas, algún día que voy por Valorio toco alguna de las que hay por allí, pero quitando esos días, que son “cuatro”, como suele decirse, todo llano. Y claro, con el circuito de mañana, me parece que voy “las voy a pasar canutas”. Pero bueno, a pesar de todo ello, saldré a disfrutar y a ver hasta dónde puedo llegar. Como dice la canción de Miguel Rios, “hasta que el cuerpo aguante”.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

viernes, 21 de abril de 2017

Ideas y más ideas

"Defender mi ideología, buena o mala, pero mía, tan humana como la contradicción". ("Todo a pulmón·", Miguel Ríos).

Al fin, vuelvo a escribir en el blog. Entre unas cosas y otras, últimamente no estoy publicando prácticamente nada en el blog, y la verdad es que no es algo que me guste en exceso. Como siempre digo, me encanta escribir, pero hay momentos en los que, o bien no puedes hacer a todo, o necesitas depender de algunas cosas para poder centrarte en otras. En esta ocasión, teniendo la cabeza en otras historias, la verdad es que de lo que menos me he acordado ha sido de escribir, aunque en más de una ocasión me habría venido muy bien para “liberar tensiones”, como suele decirse, y olvidarme de algunas cosas. Pero bueno, el hecho es que lo he ido dejando, hasta hoy, en el que he decidido que no quiero dejar pasar más días, y ponerme a escribir un rato. No tengo ni la más remota idea de lo que voy a escribir, ni si la entrada será o no demasiado larga, pero voy a intentar disfrutar, al fin, de un rato de escritura. Vamos a ver qué tal se nos da.

Como decía, han pasado varios días desde la última vez que publicaba en el blog. A nivel deportivo, han sucedido varias cosas en este espacio de tiempo. Por un lado, sigo sin ningún objetivo a nivel competitivo, y la verdad, ahora mismo no echo demasiado de menos el hecho de colgarme un dorsal. Desde hace cierto tiempo, me veo con muchas ganas de salir a correr, pero olvidándome de lo que pueden ser entrenamientos enfocados a las carreras o con la cabeza puesta en carreras. Estoy sin objetivos, pero cada día que salgo a entrenar disfruto un poquito más de las zapatillas. ¿Puede ser una contradicción no tener objetivos a nivel de competición, y, sin embargo, tener la motivación suficiente para calzarme las zapatillas cada día y salir a rodar? Para mi, siendo sincero, no resulta contradictorio, aunque estoy completamente seguro de que muchos de los conocidos con los que hablo de este tema no están demasiado de acuerdo. Entiendo que muchos entienden el deporte como algo de competición, y me consta que, por supuesto, disfrutan de cada carrera y cada entrenamiento enfocado a rendir lo mejor posible dentro de ese objetivo con el dorsal, pero ahora mismo, no es mi caso. Quién me lo iba a decir a mi, cuando llegó un momento en el que parecía que en mi cabeza, a nivel deportivo, tan solo entraba la competición. No llegó a ser una obsesión, o al menos eso creo, pero sí debo reconocer que me encantaba colocarme en alguna línea de salida e intentar “sacar ojos”. La mentalidad que tenía era esa, pero con el paso del tiempo, ha tenido sus “idas y venidas”, hasta llegar a este punto en el cual ya ni me planteo hacer o no hacer series. Debo reconocer que han sido muchos los amigos y conocidos que me han comentado que estoy desaprovechando los mejores años para competir y hacer cosillas interesantes con un dorsal colgado en la camiseta, que a mi edad debería estar llevando a cabo una adecuada preparación enfocada a, al menos, buscar alguna marca interesante, pero no engaño si os digo que ahora mismo, éso no es algo que me motive. Es cierto que Teo se encargó de formarme para que, en la temporada en la que decidí dejarlo, empezara a ir en busca de ciertas marcas en alguna o algunas distancias, pero debo reconocer que en ese momento mentalmente no estaba preparado para ello, sino más bien bastante quemado en ciertos aspectos. Tres años después, he cambiado mucho mi mentalidad respecto a algunas cosas, pero en lo que al tema de competiciones se refiere, no me arrepiento de no haber continuado dándome caña para, a partir de esa temporada, haber comenzado a buscar una marca, igual que tampoco me arrepiento de que ahora mismo no esté participando en pruebas, porque realmente a la hora de salir a rodar estoy disfrutando con lo que hago, y creo que eso es lo más importante, disfrutar con lo que hacemos y conseguimos. Y ahora mismo, lo que me permite disfrutar es salir a entrenar con otra mentalidad.

Pero, como decía, entrenando sigo disfrutando, pero manteniendo una de mis manías incurables: elaborar un plan de entrenamiento. Sé que no tiene demasiado sentido elaborar una tabla de entrenamiento si no tengo previsto preparar ni salir en ninguna prueba. El motivo principal de hacerlo es sencillo. Desde que soy mi entrenador, debo reconocer que siempre he ido elaborando mis entrenamientos en una tabla para luego, llevarlos a cabo, una manía que aun ahora, sin ningún objetivo, sigue vigente, una manía más de las muchas que tengo a la hora de salir a rodar. Suelo programar todas las semanas prácticamente lo mismo, pero debo reconocer que también me gusta ir viendo cómo voy pasando los días que previamente he escrito. Sentido, lo que se dice sentido, no tiene demasiado, pero bueno… Como comentaba en el párrafo anterior, he introducido algunos cambios, y entre ellos, el de volver a entrenar por tiempo. Debo reconocer que ésto me llevaba tiempo rondando por la cabeza, pero no acababa de decidirme. Fue el domingo pasado cuando, sin apenas pensarlo, se me “cruzó el cable”, y decidí ese mismo día empezar a hacerlo. Y la verdad, creo que es una decisión bastante acertada. He entrenado tanto por distancia como por tiempo, y la verdad, creo que es mucho mejor hacerlo por minutos que por kilómetros. Como muchas veces me han dicho, los kilómetros son poco objetivos, dependen de muchas cosas, y, en cierta medida, vamos a estar corriendo de una forma más o menos irregular en cuanto a que puede que un día, por ejemplo, rodemos ocho kilómetros a un ritmo de 4'30, y al día siguiente salga una tarde desapacible, con lluvia y mucho viento y rodar a 4'45 sea un auténtico suplicio. Rodar, por ejemplo, 50 o 60 minutos es algo, por decirlo de alguna manera, “impepinable”, es decir, que corramos más rápido o más despacio, vamos a estar un tiempo constante corriendo. Espero haber explicado bien el motivo por el cual he cambiado el estilo de rodar. En lo que llevamos de semana, además del rodaje del domingo, he ido rodando por tiempo, y por ahora, creo que seguiré así durante unas cuantas semanas. En lo referente al pulsómetro, la semana pasada lo utilicé en tres ocasiones, pero me fue dando un fallo tras otro, hasta que el sábado, tras completar los primeros tres kilómetros, se puso rondando las 240 pulsaciones, y ahí se quedó hasta el kilómetro 15. Por ahora, a pesar de que quería ir entrenando con él, me tocará esperar hasta poder hacerme con otro.

Cambiando un poco de tema, hace unos días me paraba a reflexionar el tiempo que hacía que no me ponía a montar en bicicleta. Durante mucho tiempo, compaginando atletismo y ciclismo, me consideraba más ciclista que atleta, a pesar de que, como mucho, salía un par de días a la semana en bicicleta dentro de la temporada de atletismo, algo más en verano, pero tampoco en exceso. Me encantaba seguir el ciclismo de competición y me encantaba aun más ponerme el maillot y dar varios pedales por Zamora. Incluso hubo un momento en el cual, preferí irme a dar una vuelta en bici por la zona de Almaraz a correr la carrera de La Rosca, a pesar de que Teo y mi padre me insistieron en que corriera esa carrera, llegando hasta el extremo de que mi padre me dijo que salía él en la carrera y la haríamos juntos. Ni con esas. Me encantaba salir en bicicleta, y de hecho, durante un tiempo consideré incluso los entrenamientos corriendo, como una parte más de la preparación para luego notarme un poco mejor en bicicleta. Sin embargo, también esta mentalidad se ha visto modificada. Me sigue encantado el ciclismo, e intento mantenerme informado sobre cómo va el tema de las competiciones, sobre todo de los ciclistas o equipos de los que soy más aficionado, dentro de un deporte donde no existe ese fanatismo por un deportista o un equipo en concreto, y donde animar a todos es algo habitual, no como sucede en otros deportes, como el fútbol. Pero, en lo que al tema físico se refiere, he visto bastante reducido el kilometraje, llegando a superar con creces los que hago corriendo en comparación con los que hago en bicicleta. Pero, claro, entendamos que en bicicleta, sin ir más lejos, en el 2016 salí un par de días en verano, y luego, algunos de los fines de semana o alguna fiesta mientras estuve lesionado. La verdad, no me vendría nada mal salir algo más de lo que salgo en bicicleta, no digo salir todos los días, ni tampoco lo suficiente como para ponerme a preparar un triatlón, pero sí lo justo para hacerlo como entrenamiento cruzado, un día cada semana o cada dos semanas, para evitar que las rodillas y demás articulaciones sufran, pues es algo evidente que el ciclismo es un deporte con mucho menos impacto que la carrera a pie (salvo que nos vayamos al suelo, claro). Últimamente, llevo dándole vueltas a hacer una vuelta por mi pueblo, como hicimos en verano del año pasado, una idea que me llama mucho la atención, y que creo que me iba a permitir disfrutar de la bici un rato. Por ahora, seguiré dándome un poquito de caña con las zapatillas, y aunque este verano no tengo previsto abandonar las zapatillas, al igual que he hecho estos dos últimos años (de esto escribiré otro día), sí tengo previsto tocar la bicicleta, aunque solo sea para dar esa vuelta.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.