sábado, 2 de junio de 2018

Atletismo, otros deportes y Bañobárez


Correr forma parte de mi. Es mi naturaleza. Lo necesito para sentirme vivo”. (Pedro Nimo).


Nos encontramos ya en el mes de junio, lo que indica que la temporada atlética está llegando a su fin. Aun quedan unas cuantas semanas para calzarse las zapatillas de clavos en la pista, y posiblemente junio y julio más de uno los aproveche para competir en distancias como el 1500, pero, aun así, tan solo serán, a lo sumo, dos meses. Luego, muchos seguirán entrenando, con más o menos intensidad, aprovechando para competir en las diversas pruebas populares de los pueblos, mientras que otros optarán por mezclar las sesiones de carrera continua con alguna que otra sesión de, por ejemplo, bicicleta, con la idea de cambiar un poco de deporte, aunque sea por unos pocos de días.

A nivel personal, esta temporada ha sido un auténtico desastre a nivel deportivo. Si valoramos desde septiembre, que suele ser el mes típico para reanudar los entrenamientos (aunque debo reconocer que en 2015 tan solo dejé de correr una semana y, desde entonces, en verano he seguido corriendo), apenas he podido hacer medio año con sesiones de carrera a pie. A mediados-finales de noviembre me partí dos costillas, lo que me llevó a estar durante mes y medio sin poder correr nada. Una vez recuperado, el dos de enero me puse manos a la obra de nuevo con sesiones de carrera continua, pero mi tendón, debido a unas molestias que llevaba arrastrando desde el verano, me hizo parar a principios de marzo, de lo que ya hace tres meses. Ésto me ha llevado a que, desde que comencé a correr allá por el verano de 2009, haya sido, posiblemente, la temporada que menos carreras he hecho (éso asegurado, tan solo una) y la que menos entrenamientos he podido realizar. Lo del tema de las costillas fue algo más o menos inevitable, me caí y me di un mal golpe en el costado, pero lo de la tendinitis me ha pasado por bruto. Como decía, llevaba con alguna que otra molestia desde el pasado verano, pero al tener que hacer el parón obligatorio con el tema de la costilla, esa molestia desapareció, lo que me llevó a ser optimista en cuanto a la recuperación, una esperanza que tan solo duró una semana tras regresar a los entrenamientos, pues decidió regresar, y en esta ocasión siendo algo más intensa. Finalmente, y en resumidas cuentas, a principios de marzo “me rompí”, después de haberlo forzado desde el verano, el tendón de Aquiles me obligó a tener que hacer otro paréntesis en los entrenamientos. Para más “emoción”, si cuando me fracturé la costilla sabía más o menos cuándo iba poder volver a correr, con ésto no ha sido así, y aun llevando tres meses lesionado, no tengo nada claro cuándo voy a poder volver a calzarme las zapatillas.

La verdad es que se me está empezando a hacer muy, muy cuesta arriba esto de estar tiempo sin poder correr. Nunca había estado tanto tiempo lesionado y tampoco había tenido lesiones tan seguidas, que es algo queme fastidia también bastante. Me paro a pensar en las pruebas en las que quería haber participado y no he podido por esta lesión, o veo que llega el buen tiempo y me toca hacer otros deportes, y la verdad es que me fastidia bastante. Es cierto que, en gran medida, el hecho de estar así me lo he buscado yo y, por lo tanto, tampoco puedo tener demasiados motivos para quejarme, porque si hubiera cuidado el tendón desde un principio, posiblemente ahora no estaría así. Pero bueno, si algo nos caracteriza a muchos corredores, y que, por cierto, he criticado en alguna ocasión, es ese “ansia” que tenemos por seguir haciendo kilómetros.

A lo largo de este tiempo, y tras haber estado 18 días sin hacer ningún tipo de ejercicio físico, he estado alternando sesiones de bicicleta con otras de natación. Ambos deportes me gustan bastante, incluso me atrevería a decir que ahora, después de tantas semanas haciendo natación, le estoy cogiendo el “gustillo” y me tira más que salir a dar pedales, pero es cierto que no llega ni de lejos al disfrute de las sesiones de carrera a pie. Es algo que en alguna ocasión he comentado con los compañeros ciclistas, que no acaban de comprender que me guste más gastar zapatilla que montar en bicicleta. Así es, las “sensaciones” que ellos aseguran tener cuando van pedaleando y que aseguran no tener cuando “han probado” a correr, son las que nosotros sí sentimos haciendo sesiones de carrera a pie o incluso compitiendo mientras gastamos zapatillas, pero que no llegamos a notar mientras pedaleamos. Desde hace mucho, pero que mucho tiempo, me considero un atleta o corredor (me niego a utilizar la denominación “raner”, tan de moda ahora, pero ya he escrito de esto en otras ocasiones) muy de la vieja escuela por un lado, y aficionado “televisivo” al ciclismo, que se limita a dar cuatro pedaladas cuando está lesionado. Claro ejemplo de que me limito a salir solo cuando alguna zona del cuerpo no me permite correr es que en 2017 tan solo salí un día en todo el año, y fue con el único objetivo de hacer una salida por el pueblo en compañía de mi padre y mi tío y que en 2016 salí un par de días en verano y en alguna que otra ocasión durante los casi dos meses (faltó una semana) que estuve “tocado” del pie derecho, pero tampoco demasiado, la verdad. Pero bueno, retomando un poco lo que comentaba a mitad del párrafo, como corredor, no noto esas famosas “sensaciones” que me comentan mis compañeros ciclistas, pero, como es lógico, tampoco voy a pedirles a ellos que experimenten lo que los atletas notamos cuando corremos, que, para mi, es mucho más bonito que dar pedales. Sí es verdad que algunos compañeros que han corrido durante cierto tiempo alternándolo con al bicicleta pero que, por diferentes motivos (normalmente las rodillas) han tenido que dejarlo y dedicarse en exclusiva al ciclismo, me han comentado que “la verdad es que lo echo bastante de menos correr” o “cómo me acuerdo de cuando podía salir a correr”. Yo siempre me acuerdo de una frase de un entrenador del club, que cuando estoy lesionado utilizo con mucha frecuencia (que se lo pregunten a mis padres): “Alejandro, si pudiera correr, iba yo a estar dando pedales”. Pero bueno, para gustos están los colores, y si todos hiciéramos el mismo deporte, ésto no tendría gracia.

Para acabar el artículo, ayer hizo un año que corrí en la carrera popular de Bañobárez, la última vez que se celebró esta prueba. Guardo un recuerdo muy especial de esta competición organizada por “Los Piratas”, pues fue mi primera victoria en la categoría Absoluta (y hasta la fecha, la última) y, además, logré algo que para nada me esperaba: batir el récord de la prueba, con un tiempo de 35’12, récord que comparto con la atleta salmantina Gema Martín Borgas, que lo batió con una marca de 42’33. Aquella temporada fue la primera que estuve entrenando por mi cuenta. Ésto me permitió para ir conociéndome un poco mejor a nivel deportivo, y debo reconocer que disfruté mucho de la nueva manera de entrenar. Pocos días antes de ir a Bañobárez volví a las series, después de haber estado tres meses preparando la carrera de El Salvador a base de cambios de ritmo, y la verdad es que llegaba bastante bien de forma, pero no contaba con llegar al nivel suficiente como para poder ganar la prueba. Las sensaciones en el calentamiento eran bastante buenas, lo que me animó a ponerme en primera fila y ver qué podía hacer. En la salida, que, por cierto, no la recuerdo muy rápida, se formó un grupo formado por muchos atletas, que fuimos juntos durante el primer kilómetro, momento en el cual, Ricardo y Serafín dieron un cambio de ritmo. Decidí ir con ellos, a ver qué sucedía. Total, no tenía nada que perder. Tengo el recuerdo de que los tres nos intentamos dar algún cambio de ritmo con la idea de ver qué pasaba con los otros dos, pero no se me olvidará la cantidad de cambios de ritmo que pudo hacer Ricardo mientras íbamos los tres juntos: se ponía delante, hacía unos cuantos metros muy fuertes, y se volvía a poner atrás. En un tramo decidí tomar la iniciativa y subir algo el ritmo, pero vi que me respondían, así que esperé a otra ocasión. Unos metros más adelante, en un tramo en bajada, probé, esta vez con un cambio más fuerte respecto al anterior. Vi que cogía unos metros de ventaja, así que decidí intentar mantenerla. Si no me cogían, de cine, y si lo hacían, pues ya buscaría otras opciones. Fueron pasando los kilómetros y ese trío que habíamos formado ya venía bastante desecho. Ricardo venía varios metros por atrás, mientras que Serafín y yo nos guardábamos cierta distancia, la cual se acortó enormemente en un repecho bastante largo, hasta el punto en el que me convencí de que me daría caza. Los dos últimos kilómetros eran bastante favorables y con aire a favor, así que aproveché para intentar retomar más ventaja respecto a Serafín, aunque para los dos era un terreno favorable, así que no era tarea fácil. Ya por las calles del pueblo me sucedió la anécdota del día: llevaba ya varios metros sin ver qué distancia llevábamos, por lo que no sabía muy bien cuánto nos quedaba para llegar a la meta. Iba centrado en seguir al coche que iba abriendo la carrera para evitar perderme (aunque el recorrido estaba marcado a la perfección) cuando, de golpe, giramos para coger una calle y me encuentro con que a unos 70-80 metros está la meta. Lo primero que se me vino a la cabeza fue “¿estás seguro de que no llevas a nadie delante?” No acababa de creerme que fuera a ganar mi primera carrera en la categoría Absoluta. Mirada para atrás para comprobar la distancia con el segundo, y a entrar en meta. Un tiempo después de celebrar esta carrera anunciaron que para 2015 ya no la celebrarían. Reconozco que me dio mucha pena recibir esa noticia. Independientemente del resultado, la carrera estaba perfectamente organizada y el pueblo se volcó con ella.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


lunes, 28 de mayo de 2018

Negocios en el mundo del deporte

Muchas veces intento no “cabrearme” con muchas de las cosas que leo a través de las redes socailes o medios de comunicación respecto al tema de eventos populares, sobre todo relacionados con el atletismo, que es lo que más sigo, pero resulta muy complicado no hacerlo. En estos he leído una noticia que, posiblemente sea la gota que colma el vaso: resulta que se va a celebrado en el zamorano bosque de Valorio unas pruebas de la famosa Farinato Race y me he enterado de que hay un Campeonato del Mundo. Voy a intentar explicar el por qué de mi “cabreo” y, a la vez, aportar alguna solución.

Puede que sea muy de la vieja escuela en cuanto a temas atléticos se refiere, pero debo reconocer que muchas de las situaciones que veo ahora en este mundillo no acaban de cuadrar en el concepto de atletismo que a mi se me enseñó en su día,, cuando comencé a correr con Teo. Pista, asfalto y cross. Si estamos centrados en el asfalto, por ejemplo, el cross nos puede servir como entrenamiento de calidad, igual para llevar el invierno de cara a ciertas pruebas en pista porque, como muchas veces nos decía Teo, “el cross vale para preparar muchas distancias”. Hacáimos series alternadas con rodajes (casi siempre, también es cierto, pero ésto es otro tema del que ya he hablado muchas veces), y siempre se nos insistía en llevar una preparación acorde a lo que fuéramos a preparar. Consejos lógicos que nos decían siendo ya Infantiles o Cadetes, pero que, por lo visto, se nos olvidan con una facilidad pasmosa.

Aquí es donde comienza la primera parte de mi “enfado”, algo de lo que ya he hablado (o, mejor dicho, escrito) en vairas ocasiones. No comprendo como nos dejamos llevar en muchas ocasiones por el echo de que una distancia nos pueda resultar “llamativa” para coger y apuntarnos sin tener un mínimo de kilómetros, ya no de preparación específica, en las piernas. Una prueba de 10 kilómetros, que en muchas veces nos las tomamos como un “juego”, puede ser muy larga para una persona que lleve dos meses corriendo y no haya hecho rodajes de más de 35 minutos. Lo mismo sucede con la media o la maratón. Pero los corredores (lo digo por propia experiencia, sino ahora no estaría como estoy) somos muy brutos, y en cuanto vemos que hemos corrido tres pruebas de 10.000 metros, nos venimos arriba, hacemos un par de rodajes de 15 kilómetros, ¡y a correr medias maratones! También puede ocurrirnos algo muy habitual: preparar una prueba específicamente y lesionarnos a falta de mes y medio para la competición en cuestión. Si estamos parados u mes, podremos volver a correr dos semanas antes del objetivo. Si no es una distancia muy larga (10 kilómetros, por ejemplo) y en un circuito no muy exigente (cross, cuestas, montaña…) podremos salir con la única y exclusiva idea de hacer un rodaje y ya habrá más pruebas. Pero si ya hablamos de medias maratones, lo suyo sería quedarse en casa, porque, siendo sinceros, no sería muy lógico meternos 21 kilómetros para el cuerpo en estas circunstancias. Aun así, nos encontraremos con casos de corredores que salen en pruebas de larga distancia, publicando tal “azaña” en la red social de turno con comentarios de lo más curiosos. Para mi, ésto no es un indicador de orgullo, sino más de pensar poco en nuestra salud y en las lesiones que pueden acarrear tal salvajada.

Y si ya hay locuras con pruebas de 21097 metros, no imaginemos con la maratón y pruebas de montaña. Está bien que nos motiven estos retos tan largos, pero debemos ser conscientes de cuáles son nuestros límites. Por ejemplo, no veo lógico que muchos corredores se apunten a pruebas de maratón para hacer muchos de los kilómetros caminando y llegar a meta en seis horas. Yo soy de los que piensan que en competiciones tan largas hay que acortar más el tiempo máximo de llegada a meta, porque no entiendo como algo saludable para nuestro organismo lo de participar en pruebas de 42 kilómetros (y en medias, pero en la “entera”, al ser más distancia, todo esto se encuentra mucho más acusado) sin estar debido preparado y pretendiendo acabar a toda costa, poniendo nuestra propia salud en salud e incluso teniendo que para a caminar en un montón de ocasiones. No todo vale para poder decir “que he acabado una maratón”. Hasta no hace mucho, los atletas que se decantaban por esta distancia habían “visto” ya muhco atletismo, llevaban varios años corriendo diferentes distancias, y, en cierta medida, correr los 42195 metros era como llegar a la parte más alta de su carrera deportiva. Gente, a fin de cuentas, ya muy hecha dentro del mundo del deporte. Se hacían muchos kilómetros dentro de la preparación, y, aunque sin miedo, siempre estaba el respeto a la prueba de Filípides. Ahora, todo éso ha cambiado y parece que toro sirve para correr una maratón, y no es a´si. ¿Todo el mundo está preparado para correr tantos kilómetros? Respetando a todo el mundo, me parece que no todos los deportistas están capacitados para acabar estos42 kilómetros. Y no quiero resultar soberbio, no es para nada mi intención, pues, creo que soy el primero no apto para participar en una maratón, pues, por un lado, no he “trillado” lo suficiente la distancia inmediatamente anterior, la media maratón, sino que tampoco me considero una persona capacitada para hacer tantos kilómetros. Me gustaría llegar a poder preparar una media maratón bien preparada, con sus series y demás, pero no hacerlo para esos 42 kilómetros.

¿Soluciones a ésto? Lo primero de todo, mucha paciencia y cabeza. Lo suyo sería buscar un entrenador (con experiencia como atleta, a poder ser con unos cuantos años a la espalda y, además, con una formación) o, por lo menos, intentar leer todo lo que se pueda sobre entrenamientos, contrastando la información que nos encontramos por Internet y, a partir de ahí, empezar a elaborar nuestro propio plan. Pero, sobre todo, apliquemos la lógica y pensemos que lo ideal sería poder estar el máximo tiempo posible corriendo (con “tiempo” creo que queda claro que no me refiero a las horas o minutos, sino a meses y años) sin lesiones y disfrutando con lo que hacemos. Seguir un método progresivo, aumentando poco a poco los kilómetros, y dejando las pruebas de larga distancia para el momento adecuado, no para cuando “nos pueda el ansia”. Puede que yo no sea la mejor persona dando estos consejos, pues soy el primero que mete la pata en muchas de estas cosas y, como muchas veces he comentado, soy muy reacio a tener un entrenador (ya hablaré en otra entrada, entre otras cosas, de esto), pero hay que reconocer que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, se agradece tener a alguien que, aunque no te haga directamente un plan de entrenamiento, al menos te aconseje sobre qué sería lo adecuado para cada momento.

Por otro lado, este fin de semana se ha celebrado en el zamorano bosque de Valorio una prueba del Farinato Race sobre diferentes distancias. A lo largo del circuito, los deportistas tendrían que solventar diversos obstáculos de lo más curiosos. Desconozco quién fue el “inventor” de estos eventos, pero creo que se ha ido mucho de las manos, hasta el punto de hacer un Campeonato del Mundo. Debo reconocer que, bajo mi punto de vista, éste evento no deja de ser un invento más para hacer un negocio vinculado al mundo del deporte y, en concreto, de las competiciones, no tengo muy claro de qué deporte. Puede que yo sea muy de la vieja escuela y no acabe de pillarle el truco a esto, pero muchas veces me acuerdo de un comentario que leí en una red social, en la cual, una persona decía algo así como “ahora la gente pone dinero por hacer lo que nosotros hacíamos obligados en la mili”. Es cierto que también se obligaba a correr, y ahora está de moda, demasiado me atrevería a decir, pero, a diferencia de estas pruebas, una persona puede decidir si pagar o no para salir a correr, basta con calzarse unas zapatillas, ropa deportiva y salir, mientras que para estos eventos, tienes que poner dinero sí o sí, pues es la única manera de encontrarse en esa situación de tener que pasar todos los obstáculos.

La verdad, y aunque pueda parece mentira, en muchos aspectos de este deporte, me gustaría retroceder unos pocos de años atrás, cuando el “ranin” aun no existía, y la gente que practicaba “footing” lo hacia con mucha más cabeza que los actuales “raners” (de hecho, para mi no tiene mucho que ver un concepto con el otro) y lo que predominaba eran los “atletas”, gente que competía, pero que, ante todo, era plenamente consciente de cuáles eran sus límites y de la importancia de llevar un buen entrenamiento de cara a las pruebas para las que se estaban preparando. Una época en la que el atletismo era cross, asfalto y pista y donde primaba el deporte frente al negocio. Nada más y nada menos.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 24 de mayo de 2018

Entrevista a Ángel de las Heras

Mis inicios en el mundo del atletismo se remontan al verano de 2009, cuando me dio por irme hasta las pistas de atletismo de Zamora y empezar a dar vueltas. Poco tiempo después comencé a entrenar con Teo de las Heras. Enseguida me di cuenta de que era una persona que, aparte de transmitir todos sus conocimientos a través de los entrenamientos que nos programaba, también nos contaba alguna “batallita” de situaciones que él había vivido a lo largo del tiempo. De entre las muchas conversaciones que teníamos con él, solía destacar con cierta frecuencia un nombre: Ángel de las Heras. Con el paso del tiempo, me fui dando cuenta de que en el mundo del atletismo, Zamora también ha dado grandes deportistas.

Ángel Heras, el nombre acortado que solía utilizar la prensa, comenzó a destacar desde muy joven, y ya siendo Junior acude al Europeo en la prueba de 4x100, la cual fue su primera prueba a nivel internacional. Desde ese momento, comienza una andadura deportiva más que interesante, que le ha llevado a ser el primer atleta zamorano que participa en los Juegos Olímpicos. Debutó en Montreal (1976). A esta experiencia olímpica le siguen Los Ángeles (1984) y Barcelona (1992).

Pero no todo ha sido un camino de rosas. En 1979, nuestro protagonista hace un parón hasta 1982, en cual apenas entrena. Por entonces, el tema económico en el atletismo no estaba para tirar cohetes, y junto a una lesión en el tobillo, estuve este tiempo un poco apartado de la competición, a la cual volvió para demostrar que seguía teniendo ganas de correr, y muy rápido.

A nivel personal, después de todas las “batallitas” que le había escuchado a Teo y todo lo que había leído en Internet, la verdad es que siento cierta admiración por Ángel. Lo primero, por haber sido el primer atleta de Zamora en acudir a unos Juegos Olímpicos, y por otro lado, por llegar tan alto en el mundo de la velocidad en un país en el que parecemos estar más centrados en el medio fondo y fondo, y en una época en la que el atletismo no era un deporta demasiado mayoritario, por lo menos en sus primeros años de deportista de alto nivel. Hace unos días me puse en contacto con él para saber si podía entrevistarle. Unos días después, aquí está el resultado. Espero que lo disfrutéis. Para mi, desde luego es todo un orgullo haber entrevistado a mi paisano.

1.- ¿Cómo fueron tus inicios en el mundillo del atletismo?
Jugábamos en el recreo saltando en el foso de arena del Claudio Moyano… competiciones en clases gimnasia. Todos los días “correteando “en la calle con los amigos y amigas. Fin de curso: carrera de 80ml en pista ceniza estadio Pantoja (ahora ya no existe zona Tres Cruces) quedé 3º siendo de 1º bachiller corriendo con los mayores.

2.- Desde muy joven logras destacar como corredor de velocidad. En la categoría Junior logras acudir al Europeo en la prueba de 4x100, logrando ser medalla de bronce. ¿Qué recuerdas de tu primera participación en un Europeo?
Hablamos de 1.975 Campeonato de Europa Junior y Atenas con 16 años y la primera competición internacional importante. La 1º medalla…fue una bonita experiencia para aprender y comenzar a ver el mundo… España era muy diferente en todos los niveles al resto de países. Aún no teníamos democracia.

3.- En el año 1979 dejas de lado el atletismo y vuelves en el 1982. ¿Te sirvió este parón para volver a competir con más ganas posteriormente?
La vida tiene su ritmo y necesitas otras cosas que el atletismo no daba… (no había tantos medios económicos). Te casas, trabajas. En 1.980 solo hice el Campeonato de España absoluto, en el 81 parón total…82 entrené muy poco… Aun así corrí 100ml -10.33 con (+2.1 vf) y 21.02 en 200ml. estuve Europeo p.c. Milán y a.l. Atenas. A veces es mejor parar para romper rutinas.

4.- ¿Qué es lo que te llevó a volver a competir tras ese parón?
Las ganas de seguir compitiendo y los ánimos de mi entrenador e intentar vivir y disfrutar haciendo lo que más te gusta.

4.- A lo largo de tu trayectoria como atleta de élite, logras ser campeón de España tres veces en los 200 metros, y nueve sobre la distancia de 400 metros. Viendo que has logrado más veces ser campeón nacional en el 400, ¿era ésta la distancia que mejor se te daba, o eras más corredor de 200 metros?
Con 17 años logré el récord España absoluto 100ml- 10”3. El servicio militar obligatorio: 20 meses y una lesión de tobillo supusieron un parón importante en la progresión. Cuando regresé en 1.983 mi entrenador me convenció para probar el 400. Había déficit de buenas marcas desde hacía mucho tiempo en España. Y el resultado está en mi historial. No dejé de correr 60-100-200-300ml. Como velocista…era el más completo por marcas en diferentes pruebas.

5.- De todas tus victorias en los Nacionales de 400, tres de ellas las has logrado en pista cubierta, exactamente en los años 1983, 1984 y 1986. ¿Qué diferencia hay entre competir en una pista al aire libre y hacerlo en una pista cubierta?
La pista es más pequeña exactamente de cuerda es la mitad…200m y las curvas más cerradas… peraltadas… menos calles. El 400 se corre cambiando calle libre tras 150m…puede haber contactos con rivales, no afecta la meteorología.

6.- José Manuel Abascal y tu fuisteis los primeros españoles seleccionados para ir a la prueba de relevos del 4x400 de la Copa del Mundo. ¿Cómo recibes aquella noticia?
Estaba en Seúl (mitin preolímpico) gané el 400 con récord. El seleccionador europeo era alemán, ya había competido unas semanas antes en Berlín en 45.57” … (creo recordar estaba 3º/4º ranking) decidió por mí para el relevo. Una muy agradable noticia pues no habían seleccionado nunca a españoles.

7.- Tu andadura en los Juegos Olímpicos comienza allá por 1976 en Montreal. ¿Qué recuerdos te trae aquel debut en las Olimpiadas?
Imagina: con 17 años y poder competir, ver un continente y país muy diferente a España y Europa. Fui junto con otro atleta USA afroamericano el más joven en la Olimpiada. Siempre la 1ª vez en todo es una experiencia increíble y poco olvidable.

8.- Sigues sumando competiciones olímpicas, y a la ya mencionada en Montreal, le sumas la experiencia olímpica en Los Ángeles (1984) y Barcelona (1992). Comparando tus experiencias en Juegos Olímpicos, ¿con cuál de todas ellas te quedarías?
Cada una es distinta y diferente. No hay preferida…La última en Barcelona, estás en casa… En el 84 ver y conocer Disney y Hollywood… El sueño americano…

9.- En Barcelona corres tus últimos Juegos Olímpicos y donde pones punto y final a tu etapa como deportista de élite. ¿Qué fue lo que sentiste en Barcelona? ¿Viviste estas Olimpidas de una forma diferente?
Estás en tú país…el desayunar y hablar con nuestro actual Rey. Saber que puede ser la última en tu carrera deportiva. Muchas emociones y sensaciones agridulces.

10.- Tu carrera deportiva podríamos catalogarla de bastante larga. Desde mediados-finales de los años 70 hasta 1992 con Barcelona. ¿Con qué te quedas de todos esos años compitiendo al más alto nivel?
El conocer “mundo” y otras maneras de vivir y entender la vida, diferentes culturas. Aprender con todos a probar, experimentar y “aprehender” a ser ciudadano del planeta. Hacer lo que más te gusta siendo feliz.

11.- ¿Te has sentido valorado por los medios de comunicación en todos esos años en el alto nivel?
No tengo nada que objetar al trato recibido…Respeto todas las opiniones me agraden más o menos. Siempre he aceptado las críticas imparciales y objetivas.

12.- ¿Quiénes fueron tus referentes dentro del mundo del atletismo?
Destacaría a Valeri Borzov, velocista ruso, viendo TVE en Múnich 72 ganar: 100-200ml.

13.- Los logros deportivos, como todo, se logran tras muchas horas de entrenamientos. ¿Quién era tu entrenador y cómo estaban programados tus entrenamientos?
El Sr. Francisco López Álvarez me vio y ofreció la beca para la Residencia Joaquín Blume de Madrid en 1.974… (ahora CAR). Entrenábamos de lunes a sábado: 12 a 14h carrera y 17 a 19h fuerza.

14.- A la hora de competir, ¿qué es lo que más te motivaba para salir a las pistas?
Siempre me ha gustado competir y ganar. El reto personal para poder mejorar las marcas incluso en los entrenos.

15.- Hablemos un poco de la ciudad que te vio nacer, Zamora, allá por al año 1958. ¿Te sientes orgulloso de que, gracias a tus logros deportivos, el nombre de Zamora haya salido escrito en diferentes medios de comunicación deportivos?
Por supuesto, entonces solo sonaba Don Ángel Nieto por haber nacido, aunque él se consideraba madrileño. Un orgullo el “mote” del diario Marca: ¡Ángel Heras el huracán de Zamora!

16.- ¿Has entrenado o competido en Zamora?
Competí al comienzo de mi carrera en las pistas de la Universidad, bosque Valorio y entrenar durante las vacaciones. Además en la inauguración de la actual.

17.- Mi entrenador durante mis primeras cuatro temporadas dentro del mundillo del atletismo fue Teo de las Heras, tu primo. ¿Habéis entrenado juntos en alguna ocasión?
No hubo ocasión, mi primo Teo era “fondero” yo solo estaba por vacaciones o fuera de temporada.

18.- Mientras que tu estuviste centrado en la velocidad, Teo siempre fue un corredor con características para la larga distancia. ¿Os habéis parado alguna vez a hablar sobre esa diferencia como atletas, siendo familiares tan cercanos?
Hemos hablado de atletismo en general. Nuestros entrenamientos, pruebas y competiciones tienen poco en común.

19.- ¿Mantienes contacto con algún atleta zamorano de tu época o algo más reciente?
Ahora con las redes sociales siempre estás conectado con alguien, recordando “batallitas” y otras épocas algo diferentes del atletismo actual.

20.- ¿Es complicado ser velocista en un país en el que parece que predominan más los atletas de cross, medio fondo y fondo?
Las pruebas técnicas requieren más medios: módulos cubiertos, mejores condiciones climáticas durante el año, sin olvidar las características genéticas naturales del atleta. Siempre se ha dicho: “el velocista nace…el fondista se hace”.
21.- ¿Cómo ves el atletismo actual en cuanto a temas de velocistas? ¿Sigues el atletismo zamorano?
Hay una nueva generación qué viene progresando con un futuro prometedor. Veo alguna noticia en la web. Por desgracia en Zamora sigue siendo un deporte con muy escaso apoyo y de minorías.

22.- Una vez retirado del atletismo de alto nivel, ¿has seguido corriendo o practicando algún otro deporte?
Hay que seguir cuidando “the body” o te oxidas y no solo por edad…Procuro hacer deporte adaptado a mis casi 60 años. Importante: acondicionamiento con trabajo aeróbico y fuerza genérica.

23.- Has ejercido como entrenador en deportes de equipo. ¿Cómo es el cambio de estar en el ambiente del atletismo, que tiende a ser un deporte individual, a estar en uno donde el equipo es tan importante?
La filosofía de la competición y la búsqueda de la competividad es inherente y común a todos los deportes, sean individuales o de equipos. Hay que encontrar y hacer hincapié en el alto rendimiento personal para lograr buenos resultados en conjunto.

24.- Para acabar, comenta lo que quieras a los lectores del blog.
Es primordial cuidar todos los hábitos saludables desde niños…Educar a los hijos siendo los padres ejemplo a seguir. Realizar siempre una actividad física adecuada a nuestro nivel deportivo y edad…Ser disciplinado y constante.

sábado, 5 de mayo de 2018

Argusino de Sayago

La presa de Almendra siempre ha levantado en mi cierta sensación de “admiración”. Una construcción de unas características más que llamativas, con una altura de unos 202 metros. Y no solo éso, sino la gran cantidad de agua que tiene y todo lo que se esparce tanto por pueblos zamoranos de la comarca de Sayago como por pueblos salmantinos. Pero, sin lugar a dudas, una de las cosas que más me llamaba y me llama la atención es saber cómo era aquello antes de su construcción, allá por los años 60, y saber en concreto qué había debajo del agua. Un día, hace ya algún que otro año, me puse a investigar por Internet en busca de una solución a estas últimas curiosidades. De una a otra web y de un vídeo a otro de Youtube, me encuentro con un nombre. Empiezo a saber que, bajo las aguas de la presa de Almendra hay un pueblo. Siguiendo con mis “investigaciones”, descubro que éste se llama Argusino, y que hasta septiembre de 1967, fecha en la que las aguas de la presa se lo llevaron, fue un pueblo más de la comarca zamorana de Sayago. La verdad es que viendo artículos y entrevistas tanto por webs como por Youtube de personas nacidas en Argusino y descendientes del mismo contando su historia, han levantado en mi una sensación de curiosidad enorme. Para hoy, me gustaría escribir sobre este pueblo sayagués y, sobre todo, de todos esos sentimientos que me han ido apareciendo según he ido leyendo y escuchando cosas sobre el mismo.
Argusino. (Foto: Argusino Vive).
Argusino, fue una población con unos cuantos siglos de historia. Debido a su cercanía con la provincia de Salamanca, por él pasaba el río Tormes, y se caracterizó por ser un pueblo bastante completo. En él había viñas, árboles frutales, pastos, tierras de cultivo, encinas y robles, además de contar con otros “artilugios”, como podían ser el molino, fuentes e incluso un batán. Un pueblo típico de la zona de Sayago, cuya fiesta se celebraba el primer domingo de mayo con una romería, que se ha mantenido hasta la actualidad, cuando la zona de la ermita, cerca de Salce, se llena de argusinejos, bien hijos o descendientes, pero argusinejos al fin y al cabo. Generaciones y generaciones de personas vivieron allí, trabajando por los caminos circundantes a Argusino. Muchas fueron las familias que habitaron sus casas, recorrieron sus calles, hicieron actos religiosos en la iglesia de Santa María Egipciaca o acudieron a su romería y correspondiente ofertorio, allá por el mes de mayo.
Salida de la primera edición de la carrera de Argusino.
(Foto: SmartChip).
Fueron pasando los años, Argusino siguió escribiendo su historia, pero llegó un momento en el que, por desgracia, esa historia se vería cortada. A mediados-finales de los años 60, los habitantes de esta localidad sayaguesa se ven obligados a abandonar el pueblo en el que se han crecido, han ido a la escuela y en el que, muchos de ellos, han formado una familia, un pueblo en el que han vivido sus antepasados desde muchas generaciones anteriores. La presa de Almendra, con su impresionante pared de hormigón, inundará Argusino en el mes de septiembre de 1967. Los argusinejos se ven obligados a dejar todos sus recuerdos bajo las aguas del embalse, pero, quizá, hay algo aun más duro que dejan atrás: a todos sus familiares enterrados en el cementerio, el cual ha aparecido en ciertas ocasiones, cuando ha bajado el nivel de la presa. Momentos durísimos. Los argusinejos tuvieron que buscarse la vida como pudieron, por diferentes lugares de la provincia, de otras cercanas e incluso del resto de España.
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Presa de Almendra. (Foto: Salamanca RTV al Día).
Unos pocos años más tarde de la inundación del pueblo, se levantó la ermita de la Santa Cruz , cerca de Salce, también en Sayago. Esta ermita sirve de punto de encuentro para todos los hijos y descendientes de Argusino, y es aquí donde, 50 años después de la inundación, se sigue haciendo la romería y el correspondiente ofertorio. Con el paso de los años, suceden un par de cosas importantes, cuyo objetivo principal es evidente: evitar que el nombre de Argusino caiga en el olvido. Por un lado, se publica el libro titulado “Argusino, un pueblo que duerme bajo las aguas”, cuyo autor es José Miranda, en el 2008, cuando habían pasado 41 de la inundación del pueblo. Por otro lado, en el 2017, se crea la asociación cultural Argusino Vive, cuyo objetivo es intentar juntar, de alguna manera, a los argusinejos y descendientes y, por otro, aprovechar este 50 aniversario para desarrollar unas cuantas actividades que sirvan para recordar al pueblo sayagués inundado.
Argusino, con su iglesia al fondo. (Foto: Argusino Vive).
¿Qué fue lo que sintieron los habitantes de esta población sayaguesa cuando tuvieron que marcharse del pueblo que les vio crecer? ¿Cómo tuvo que ser el hecho de dejar atrás a los familiares enterrados, sabiendo que poco después el cementerio de Argusino estaría inundado? La verdad, tiene que ser muy, muy duro abandonar los lugares en los que has crecido, en los que han vivido generaciones y generaciones de tu familia, sabiendo que no vas a poder volver allí, porque en poco tiempo, el pueblo ya no existirá. Por el motivo que fuera, tampoco se construyó otro pueblo, por lo que los argusinejos tuvieron que buscarse la vida como pudieron por pueblos cercanos, tanto de la parte de Zamora como de Salamanca, e incluso muchos optaron por marcharse a lugares más lejanos.
Imagen de Argusino en uno de los momentos
en los que ha bajado el agua de la presa de Almendra.
(Foto: Argusino Vive).
Está claro que la construcción de la presa de Almendra, a la cual ahora quieren denominar presa de Argusino, era algo necesario para lo que se denominaba como “progreso”, y claro ejemplo es que cincuenta años después sigue funcionando, pero, bajo mi punto de vista, y sin querer remover en algo duro y que sucedió hace muchos años, creo que aquí falto algo fundamental. Si bien, como decía, esta construcción era importante para conseguir energía eléctrica, algo sin lo cual nos sería realmente complicado vivir, sobre todo actualmente, cuando casi todo depende de dicha energía, creo que no hubiese estado de más que, desde la institución que correspondiera, se hubiese ayudado a los argusinejos en la creación de un poblado que acogiese a todas las personas que vivían en Argusino. Debemos tener en cuenta que esta gente se marchó dejando de lado, en muchos casos, toda su vida. Puede que el hecho de vivir en un pueblo de nueva creación no fuese lo mismo que vivir en su Argusino natal, pero habría permitido a las personas poder seguir viviendo todos juntos.
Logotipo de la asociación cultural "Argusino
Vive". (Foto: Sentir Zamora).
Me gustaría aplaudir la iniciativa que han tenido argusinejos y descendientes a la hora de formar la asociación cultural “Argusino Vive”, que aparece unos meses antes de que se cumpliera, ya el año pasado, el cincuenta aniversario de la inundación del pueblo, con un propósito claro: que Argusino no caiga en el olvido. Gracias a dicha asociación, el año pasado se hacen una serie de actividades un tanto diferentes, para que la gente recuerde que, bajo las aguas de la presa de Almendra, hay un pueblo sayagués. Me gustaría animarles desde aquí para que sigan manteniendo el nombre de Argusino. Y, por supuesto, les animo a seguir con la romería, la cual se ha seguido manteniendo desde hace muchos, muchos años, a pesar de todo lo que pasó en el 1967, una romería que este año tendrá lugar mañana con diversas actividades.

jueves, 26 de abril de 2018

Improvisando


Recuerda que al final, puede ocurrir
si una puerta se cierra se vuelve a abrir.
Grita fuerte y déjame oír tu voz”.
(Mago de Oz).

Ha llegado la primavera, aunque parece ser que con cierta inestabilidad en forma de lluvias, algo normal por otro lado. Aunque es verdad que me gusta correr en todas las épocas del año, ésta puede que sea el momento en el que más me gusta hacerlo. Las temperaturas, pudiendo escoger el momento adecuado, son bastante agradables para sacar las zapatillas y hacer unos cuantos kilómetros por nuestros lugares habituales de entrenamiento, y los paisajes están aun bastante bonitos, no están aun secos, como sucederá dentro de unos meses, cuando las temperaturas sigan en ascenso y el verano aparezca un año más. El problema de esta estación está en las alergias, pues tener problemas de este tipo es un auténtico suplicio para cualquier cosa, y el tema del deporte no es ninguna excepción. Recuerdo muchos días de entrenamientos en primavera cuando algunos compañeros tenían alergias y se las veían y deseaban para poder completar lo marcado por nuestro entrenador, e incluso tenían que parar durante unos días, hasta que conseguían recuperarse un poco.

Y estando en mi estación favorita para correr, yo sigo lesionado. Mi tendón de Aquiles sigue empeñado en que no corra, aunque por primera vez desde que tuve que parar estoy empezando a tener esperanzas. Llevo un par de días en los que la zona afectada por la inflamación está ya muy a un nivel muy similar a la misma zona del otro pie, y las molestias que aun seguían apareciendo muy de vez en cuando, han desaparecido de una manera más que considerable, dedicándose a momentos muy, muy puntuales. La verdad, ésto me hace ser un poco positivo ante la circunstancia que comentaba, aunque me sigue resultando algo duro estar sin poder encadenar zancadas. Intento no darle muchas vueltas al tema, intentando tener la cabeza ocupada con otras cosas fuera del deporte, o con lo que tengo pensado hacer nadando o con la bicicleta, con la que, por cierto, no estoy saliendo todo lo que me gustaría. Entre semana lo he tenido algo más complicado estas últimas semanas, y la lluvia ha quitado alguna que otra salida con la misma, pero debo reconocer que, de las veces que he salido, he aprovechado para hacer unos cuantos kilómetros. En lo que se refiere a la natación, no voy demasiado rápido, pero, poco a poco, voy marcándome algunos objetivos e intento cumplirlos. Esto último quizá es lo que más me ayuda a mantenerme activo, pues un poco es a lo que estoy acostumbrado cuando estoy corriendo.

Viendo que ahora mismo estoy nadando y montando en bicicleta, se me ha pasado por la cabeza en alguna ocasión la idea de, una vez recuperado de la tendinitis, intentar preparar algún triatlón. Pero debo reconocer que, pensándolo de una manera lógica, es cierto que ambos deportes me gustan, pero está claro que donde mejor me lo paso y, al fin y al cabo, mi favorito, es el atletismo. Bueno, en realidad, la carrera a pie, que es una modalidad del atletismo. No sabría dar un motivo, pero correr me gusta muchísimo más que nadar o andar en bicicleta, y al final, en cuanto pueda volver a hacerlo sin ninguna molestia (importante, pues estoy un poco aburrido de hacerlo con molestias, en los últimos entrenamientos en la zona del tendón de Aquiles) está bastante claro que me centraré de nuevo en este deporte, en participar en alguna prueba (popular en un principio, aunque no me importaría retomar las federadas, pero solo si me veo capaz de manejar ciertos ritmos, sobre todo para evitar ser doblado) y dejaré de lado la natación, y con la bicicielta, pues como en los últimos años, tocándola en un par de ocasiones contadas o, como sucedió el año pasado, cuando la cogí un solo día para dar una vuelta por los pueblos alrededores al de mi padre en su compañía y en la de mi tío. Por lo tanto, me da que lo del triatlón es tan solo una idea pasajera cuando ando algo desmotivado. Como una vez me dijo un entrenador del club, “Alejandro, si pudiera correr, iba yo a estar dando pedales”.

Siguiendo con el tema de las lesiones, hoy me encontré con un compañero del club, con el que he compartido algunos kilómetros de carrera continua, sobre todo con la idea de hacer algún rodaje largo de cara a la media de Zamora. Hablábamos de que quizá, el haber tenido en cosa de año y medio tres lesiones que me han tenido parado durante un tiempo relativamente largo (dos meses la primera, mes y medio la segunda, y rumbo a los dos que llevo con esta) podía hacernos pensar que era una manera que el cuerpo tenía de dejarle tranquilo durante un rato, y que la mejor manera que iba a tener para recuperarme era sencilla: dejar un tiempo largo hasta volver a correr, y centrarme en los otros dos deportes que ahora estoy practicando. Que precisamente me lo haya dicho este compañero me hace recapacitar bastante, es una de las personas que más me ha aconsejado sobre este deporte (opinión más que cualificada, por otro lado) y uno de esos corredores con los que más he disfrutado correteando. Es cierto que en las últimas temporadas he hecho muchos kilómetros, y estoy seguro de que éso ha hecho que, de las tres lesiones que he tenido últimamente, dos hayan sido provocadas por ello (la fractura de costilla me imagino que tendrá que ver más con la mala pisada que di en una zona donde los baldosines estaban mal colocados). Ésto es algo innegable, pero bueno, también, en cierta medida, intento refugiarme pensando en que es algo habitual en el mundo del deporte, y con lo que debemos intentar convivir. La verdad es que no tenía previsto estar una larga temporada sin correr, sino solamente el tiempo necesario para que el el tendón se arregle. Me explico. Comentábamos la posibilidad de parar durante unos cuantos meses, dejar que la cabeza y el cuerpo se recuperen, y mientras tanto, montar en bicicleta y nadar. Quiero estar el suficiente tiempo para recuperar mi tendón y volver a correr sin ninguna molestia, como comentaba anteriormente, pero, una vez que mi tobillo esté al cien por cien, quiero volver a ponerme las zapatillas e irme a recorrer la orilla del Duero y el bosque de Valorio a base de zancadas. Ése es mi objetivo. Aun así, la verdad es que me encantó encontrarme con este compañero y poder estar un ratito hablando sobre dicho tema.

Lo dicho, a ver si me acabo de recuperar y puedo volver a correr. Ahora, después de casi dos meses, empiezo a ser optimista con esto y espero que, no tardando mucho, pueda volver a calzarme las zapatillas. Mientras tanto, tocará seguir tirando de paciencia y a seguir con la bicicleta y la natación.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

domingo, 22 de abril de 2018

Lesiones, bicicleta, natación y Argusino


Han pasado unos cuantos días desde la última vez que actualicé el blog. A lo largo de este tiempo debo reconocer que no han pasado cosas demasiado llamativas, pero el “mono” por escribir me puede. Así, voy a ponerme manos a la obra con una entrada, pero sin un tema demasiado concreto, dejando que sea la propia imaginación, o, mejor dicho, la improvisación, quien se encargue de redactar las siguientes líneas. No sé sobre qué voy a escribir, pero espero que no os resulte demasiado aburrido. Vamos a ello.

Mi lesión del tendón de Aquiles me sigue teniendo sin poder correr, lo que está provocando que, tras 18 días sin haber hecho nada de ejercicio físico, esté alternando sesiones de bicicleta con sesiones de largos en la piscina. Voy rumbo a los dos meses en esta situación (el último día que he salido a rodar a pie fue el pasado día 5 de marzo), y aunque el pie ha mejorado una barbaridad y aquella contractura que tuve desapareció a los pocos días de parar, aun me tocará estar un tiempo más sin poder calzarme las zapatillas y salir a hacer unos kilómetros a orillas del Duero. En parte, debo reconocer que el principal culpable de esta lesión he sido yo. Llevaba arrastrando unas molestias en el tendón desde el verano, las cuales desaparecieron cuando me rompí las dos costillas y estuve parado seis semanas. A la semana de empezar a correr, esas molestias decidieron reaparecer. Unos días eran más fuertes y otros menos, pero ahí estaban. Así, hasta que en un momento dado la zona se inflama un poquito. Tras acudir al médico, toca, pocos días después, parar por completo y recuperase. Como es de esperar, no me hace mucha gracia tener que aparcar de nuevo las zapatillas, más si tenemos en cuenta que llevaba solo tres meses entrenando desde la última lesión que había tenido, pero debo reconocer que estaba un poco cansado de entrenar todos los días con molestias en el tendón, así que, en parte, intento refugiarme en eso para no estar demasiado mosqueado. Pero, como decía, tampoco puedo quejarme, pues si hubiese tomado las medidas correspondientes en su momento, lo más probable es que ahora no estuviera sin correr. Pero bueno, ya sabemos que los deportistas, en ocasiones, somos demasiado cabezones o, por lo menos, no queremos ver muchas cosas que, ante los ojos del resto de personas, son lógicas, lo que nos lleva a tener pensamientos como los que tuve entrenando tantos días con estas molestias: “Bueno, será algo pasajero, si no se quita esta semana, se quitará la que viene”.

Como decía, estoy aprovechando estos días para hacer largos en la piscina y retomar la práctica de la bicicleta. Tras estar en 2017 sin prácticamente haberla tocado (creo recordar que tan solo salí un día), este año no me ha tocado más remedio que quitarle el polvo. Debo reconocer que, si bien es cierto que puede ser un deporte, bajo mi punto de vista, bastante interesante como entrenamiento cruzado para los corredores, para mi no tiene ese “encanto” que tiene la carrera a pie. Me imagino que algo semejante sucederá a los “ciclistas puros”. En mi caso, montar en bicicleta no es que me decepcione, porque sí es verdad que me gusta, pero debo reconocer que me gusta mucho más correr. No sabría dar un motivo claro, pero es así. Quizá, una de las cosas que menos me gustan del ciclismo es que es un deporte que requiere de mucho más tiempo que correr para hacer un entrenamiento. Creo que eso es algo que me declina más por las zapatillas que por los pedales. Siempre suelo decir que no es lo mismo hacer tres cuartos de hora de carrera continua que tres cuartos de hora de bicicleta, aunque sí debo ser sincero que deberíamos comparar el esfuerzo de un atleta de élite en una media maratón, que estará en torno a la 1h05', y un récord de la hora en ciclismo, pues ahí posiblemente, el esfuerzo del deportista sea muy parecido. Pero bueno, estamos hablando de gente cuyo objetivo es salir a disfrutar del deporte. En lo que respecta a la natación, debo reconocer que me lo paso bastante bien, pero creo que, en este caso, el problema está claro: la monotonía de tener que hacer largos. La verdad es que tener que estar “pa acá pa allá” durante 25 ó 50 metros, cuando vienes de un deporte en el que estás cambiando de paisaje continuamente, se hace muy monótono. Peor, salvando eso, la verdad es que es un deporte que me gusta bastante y que también veo como un buen complemento para la carrera a pie, pues no deja de ser una manera de trabajar el tronco superior, algo que normalmente no trabajamos.

Una de las cosas que más me fastidia de estar lesionado, aparte de no poder entrenar, es perderme la carrera que organiza la asociación cultural Argusino Vive. Una prueba de 6 y 10 kilómetros por las inmediaciones de la ermita de Argusino. La verdad, desde hace un tiempo estoy intentando informarme acerca de la historia de este pueblo de la comarca zamorana de Sayago, y me parece impresionante la gran labor que los nacidos y descendientes de Argusino están haciendo para que el pueblo no caiga en el olvido. Esta población, en septiembre de 1967, fue inundada por las aguas de la presa de Almendra. Desde entonces, y en contadas ocasiones, debido a bajadas del agua de la presa, algunas partes del pueblo han salido a la luz. 50 años después, unos cuantos hijos y descendientes de esta población decidieron hacer la asociación Argusino Vive, para rememorar este 50 aniversario, y con ello, organizar una serie de actividades, entre las que está la competición que este año celebra su segunda edición. A ver si acabo de recuperarme de esta lesión y en la próxima edición pueda estar en la ermita de Argusino para hacer los 10 kilómetros. Otra de las pruebas que me perderé será la de El Salvador, que me imagino será por las mismas fechas que la mencionada prueba sayaguesa, pero debo reconocer que este año hubiese preferido competir en Argusino.

Una de las cosas que no me esperaba es la de llegar incluso a echar de menos las series, y éso que hace año y medio de la ultima vez que hice unas. Una de las cosas que se me ha metido en la cabeza es la de, ya de cara a la próxima temporada (espero estar ya recuperado), preparar algún 10.000 y, además, la media maratón de Zamora. No me he parado aun a pensar el tema de volver a sacarme la licencia con el Atletismo Zamora, equipo con el que sigo corriendo pruebas populares (cuando no estoy lesionado). Éso tendré que ir viéndolo, pero esos dos objetivos competitivos la verdad es que me llaman bastante la atención.

En definitiva, y a pesar de estar en mi estación favorita para correr, me tocará tirar de paciencia hasta poder volver a calzarme las zapatillas. Como decía, no es que la bicicleta y la natación me decepcionen, pero correr para mi es mi deporte favorito. La verdad, cuánto me acuerdo de una frase que surgió de una conversación en la cual hablaba con una persona que en su día fue corredor y que ahora, debido a problemas con las rodillas, salía con la bicicleta. Me comentaba que le gustaba mucho el tema de dar pedales, pero que le gustaba mucho más correr, añadiendo “Alejandro, si pudiera correr, iba yo a estar dando pedales”. Algo semejante me sucede a mi.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

viernes, 30 de marzo de 2018

Cuestión de mentalidades

En plena recuperación de una lesión, que me está teniendo más tiempo parado del que me hubiese gustado, pero que espero me permita volver a entrenar no tardando mucho, me he sentado a pensar, o, mejor dicho, a repasar, cómo ha ido cambiando la manera de tomarme los entrenamientos y las competiciones con el paso de los años. Desde que comencé a entrenar con Teo hace ya unas cuantas temporadas, hasta llegar a la manera de correr que tengo actualmente, han pasado unos años, en los cuales, he vivido épocas en las que he competido bastantes con otras donde he llegado a estar nueve meses sin colgarme un dorsal. De esto me gustaría escribir en esta ocasión.


No miento si digo que empecé a hacer atletismo de pura casualidad. Un verano, ocasionalmente me puse a correr algún que otro día. Durante un tiempo, no corría más de siete minutos seguidos, y recuerdo que hubo un día que llegué a hacer cinco kilómetros en la pista de atletismo, algo que me parecía semejante a correr una maratón. Sin embargo, en ningún momento se me había pasado por la cabeza competir en en este deporte. Yo lo que quería era ser ciclista. Siempre estaba insistiendo a mis padres para que me dejaran apuntarme a la escuela de ciclismo de Zamora, pero nunca conseguía que me dejaran hacerlo. Así, un día se me pasó por la cabeza decirles que, si no me dejaban competir en ciclismo, que me dejaran hacerlo en atletismo. Ante mi sorpresa, me dijeron que si quería ser atleta, adelante, pero seguían en la negativa de no dejarme hacerlo en bicicleta. El hecho es que me puse a darle vueltas a la respuesta. Lo de poder tener acceso a la competición me gustaba, pero no me acababa de cuadrar lo de que no fuera sobre una bicicleta. Aun así, había conseguido los “permisos” para lograr una parte, así que empecé a hablar con Bernardo, atleta de toda la vida, con el objetivo de que me pusiera en contacto con algún entrenador de atletismo o con algún club. Me habló de Teo de las Heras, un amigo suyo que llevaba muchos años entrenando a gente y con el que él había entrenado y competido en muchas ocasiones. Recuerdo que, cuando nos acercamos a hablar con él, nos estuvo hablando cómo programa él las sesiones, y me pregunta fue clara: “Oye, pero ésto será compatible con la bicicleta, ¿no?”, a lo que él me respondió que no. A pesar de esa respuesta, la verdad es que seguía dándole vueltas a empezar a ir con Teo. Lo que me acabó de convencer fue la respuesta de Bernardo cuando le hice a él la misma pregunta: “Pues claro que son compatibles”.


A partir de ahí, empecé a bajar a correr con Teo. Enseguida se dio cuenta de mi condición de fondista y mis nulas características para hacer series cortas, lo cual no me libró de tener que hacer unas cuantas series de 100, 200 o 300 metros. Por entonces, seguía manteniendo mi afición al ciclismo, llegando incluso a no querer participar en una edición de La Rosca porque, previamente, mi padre y yo ya habíamos quedado en irnos a dar una vuelta con la bicicleta. Primero Teo, y luego mi padre, que me decía que ya saldríamos otro día, me insistían en que participara en aquella prueba, que era una manera de ir cogiendo experiencia en las competiciones, pero ese dia ya estaba marcado para dar pedales, y no hubo manera de cambiar mi idea. Sin embargo, con el paso de las temporadas fui dejando bastante de lado las salidas en bicicleta, de una manera progresiva, llegando al punto de, como sucedió en 2017, salir tan solo un día, o como en años anteriores, cuando me he montado en la bicicleta por lesiones. Me he ido centrando cada vez más en el atletismo, dejando de lado la bicicleta. Mi idea de competir en ciclismo se desvaneció con relativa rapidez. Solo me hizo falta ver que en las pruebas de atletismo empezaba a mejorar y, poco a poco, a llegar en mejores puestos. Debo reconocer que no me arrepiento de que aquella idea desapareciera y, poco a poco, me haya ido centrando en el atletismo como deporte principal. Al final, esto se trata de un hobbie, y lo que nos permiten estas actividades es centrarnos en las cosas que más nos hacen disfrutar. En mi caso, no voy a negar que en bicicleta no me lo haya pasado bien, sobre todo saliendo con la de carretera, que es la que más me gusta, pero debo reconocer que lo de correr está muy por encima. He tenido la suerte de competir, que fue lo que más me llamó para empezar en esto, he podido participar en un montón de pruebas en las que, de otra manera, no hubiera participado, viendo en muchas de ellas a los mejores atletas disputarse las carreras, y también he podido conocer a un montón de atletas populares (y no tan populares), de Zamora y de fuera, con los que he entrenado y competido.

Han ido pasando las temporadas, y mi manera de tomarme los entrenamientos y las competiciones también han cambiado. Mis primeras cuatro temporadas estuve entrenando con Teo. Sin embargo, cuando empecé la quinta, en la que, al parecer, el objetivo marcado era el de andar bastante bien en la pista, me vi muy desanimado, y posiblemente algo quemado. Necesitaba un pequeño cambio de aires, así que empecé a entrenar de una manera autodidacta. Aquella temporada, decidí empezar a ser un “atleta popular machacón”, dedicándome solo a participar en pruebas populares. Y fue precisamente entonces cuando logré vencer en Bañobárez y ser cuarto en la carrera de Peñausende, mismo puesto que conseguí al año siguiente. Pero aquí comenzó otro periodo progresivo. Poco a poco, también me fui distanciando de las carreras, comenzando por las federadas (el año pasado solo corrí el Regional, y me doblaron) y luego, por las populares. Sin ir más lejos, la penúltima carrera que he corrido fue en el mes de mayo, y la última, hace un mes, poco antes de tener que parar, en Valladolid. Nueve meses sin colgarme un dorsal en la camiseta. Vale que estuve un mes y medio sin entrenar por una fractura de costilla, pero la diferencia hubiese estado en que, en vez de volver a competir en Valladolid, hubiese sido en Ávila, poco tiempo antes.

La verdad, diferentes cambios desde que comencé a correr. Y eso que no me he puesto a hablar de todas las personas con las que he entrenado, porque, puede parecer una tontería, pero cómo van cambiando los grupos según pasan las temporadas. Debo reconocer que todo estos cambios me han permitido ir viendo desde diferentes puntos de vista este deporte, y, además, he podido ir conociéndome mejor a nivel deportivo. En temas de entrenamientos, es cierto que los ritmos a los que he entrenado y competido han cambiado mucho (qué tiempos aquellos cuando rodaba a 4'20 y decía que había sido un día tranquilo, o hacía las carreras a ritmos de 3'30 o incluso por debajo), pero en estas últimas temporadas he disfrutado una barbaridad del atletismo, a pesar de esta última época, en la que no he tenido demasiada suerte con las lesiones. Ahora, ¿cambiaría alguna cosa? Siempre hay cosas que cambiar, no hacemos todo perfecto, y estoy seguro de que, desde luego, mi manera de entrenar no ha sido la más adecuada. Quizá, de no haber hecho tantos kilómetros, no hubiera tenido esta tendinitis en el tobillo o no me habría lesionado en septiembre de 2016, cuando tuve que estar dos meses sin poder calzarme las zapatillas. Quizá, si variara más los entrenamientos y no siempre me dedicara a rodar, que es lo que más me gusta de esto, también podría haber evitado, en cierta medida, estas lesiones. Pero, en fin, me imagino que de todo se aprende y, cuando pueda volver a correr, algo habremos aprendido.

En definitiva, desde octubre de 2009, han sido muchos los cambios que, para bien o para mal, se han ido sucediendo con el paso del tiempo. Lo mas importante, es que he podido disfrutar de mi afición al atletismo, y he acabado cumpliendo con algo a lo que tenía muchas ganas: competir. Ahora, toca recuperarse de las lesiones e intentar volver con más ganas.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.