jueves, 25 de mayo de 2017

Recordando viejas historias

Pasa el tiempo. Con él, los momentos se alejan, los malos y los buenos. Hoy me paraba a pensar y resulta que hace ya tres años y medio que dejé de entrenar con Teo, para empezar a ser mi propio entrenador. Una “montaña rusa” a nivel deportivo ha sido lo que he estado desde entonces. Actualmente, en cuanto a ritmos, me encuentro en la parte baja de esa montaña, pero, como en todo, habrá momentos mejores. A todo esto voy a dedicar la entrada de hoy en el blog.

Recuerdo perfectamente cuando le dije a Teo que iba a dejar de entrenar con él por un tiempo, y todos los comentarios,o mejor dicho, charlas y consejos posteriores a este suceso. También recuerdo que los motivos que expuse en su momento eran aceptados o puestos en duda, según con quién hablase. La verdad, estaba muy saturado y creo que de no haber cambiado de filosofía, habría acabado dejando de correr. Estaba “cargado” de hacer series y de salir en las competiciones con un solo objetivo: ir lo más rápido posible, lo que está muy bien cuando sabes cuál es tu límite, no como hacía yo, que me empeñé en sobrepasar ese límite cuando me colgaba el dorsal de la camiseta. La cabea me dijo “basta”, hasta el punto de que me dejó de motivar la competición, algo que me había animado a correr desde que me inicié en esto del atletismo tras el verano de 2009. En este momento, me di cuenta de la importancia de tener cambios en los entrenamientos, y dejar de estar con Teo me pareció un punto importante. Con el paso del tiempo me he ido dando cuenta de la importancia que tanto él como mi buen amigo Bernardo, que fue quien me presentó a Teo, han tenido en mi vida deportiva, pues de otra forma, no hubiera sido atleta.

Desde que dejé de entrenar con Teo he vivido diferentes épocas. Durante un tiempo, me mosqueaba que me hablaran de series y carreras federadas. Me iba organizado yo el calendario de pruebas y entrenamientos en base a las ganas que tuviera, sin hacer nada específico, y solamente con el objetivo de, poco a poco, volver a disfrutar. A la hora de entrenar, estuve durante un tiempo rodando por sensaciones y también sin nada marcado. Por las fiestas navideñas, más o menos al final de las mismas, creo que podría decir que comenzó una nueva época. Empecé a verme un poco mejor a nivel mental, y me animé a tomar la salida en el Cross de Ávila y en la carrera de Don Bosco, sin ningún objetivo claro, sino más bien salir y ver cómo respondía, sobre todo mentalmente, dentro de una competición. La experiencia, viendo esto sin las “ansias” de querer correr a todo lo que daba, sin llegar a ver ni de lejos esas 200 pulsaciones que vi en varias ocasiones, me encantó y me dio un pequeño empujón para animarme, sin hacer series, solo cambios de ritmo y rodajes alternado con alguna salida en bicicleta, a preparar una de mis pruebas favoritas, El Salvador. A lo largo de los tres meses que preparé la carrera de La Bañeza fui observando que, con el paso de los días, me iba notando cada vez mejor, no solo físicamente, donde sí que vi que iba tocando de nuevo unos ritmos interesantes, sino que a nivel mental veía que esos pensamientos negativos, esa sensación de estar “quemado” desaparecía. Finalmente, pasada esta carrera, volví a hacer series, con la moral bastante alta y muchas, muchas ganas de volver a competir. Así comencé la temporada siguiente, hasta que, a los pocos días de empezar, me lesioné. Parar, volver. Parar, volver. Así estuve durante unas semanas. La moral para volver a hacer cosillas serias me bajó en un suspiro. Finalmente, volví a correr. Volví a hacer series, pero, cuando forzaba más de la cuenta, la zona de la lesión se me resentía, y la cabeza tiraba para atrás como consecuencia, y como rodando no se me cargaba, comencé a espaciar poco a poco las series y, sin apenas darme cuenta, también las competiciones. Y aunque tuve un intento bastante serio a principios de la pasada temporada, todo ha seguido más o menos igual, hasta llegar a la situación actual, en la que, tras haber hecho series una semana, me volví a lesionar, y decidí que, por ahora, dejaría por completo las series de lado y me dedicaría solamente a acumular kilómetros de carrera continua durante los habituales seis días semanales.

Creo que sería interesante sacar conclusiones de todo este tiempo. No querría caer en el pensamiento de que todo ha sido perfecto y tal, un pensamiento de autocomplaciencia que no quiero tener, pero creo que, a pesar de las lesiones y demás, creo poder sacar conclusiones bastante positivas. He tenido la suerte de que, a nivel mental, no me veo quemado, sino ya un poco “pasota” en el tema de introducir calidad, sencillamente porque me he acostumbrado a “salir a correr”, no a “salir a entrenar”, dos conceptos completamente diferentes. Me gusta salir a correr los seis días semanales, hacer unos cuantos kilómetros (éso sí que me gusta, quizá demasiado), y me veo con ganas de seguir haciéndolo. De vez en cuando, me apetece colgarme un dorsal y probarme con gente que sí se prepara con series y demás, quienes enseguida me colocan en mi sitio. Lo de volver a preparar una competición en serio, queda un tanto alejado, pero no es algo que descarte a largo plazo. Por ahora, me gustaría seguir dedicándome a sumar kilómetros disfrutando del simple hecho de hacerlo. Puede que, como muchos compañeros me han comentado y me comentan, esté perdiendo los mejores años como corredor de competición, y, siendo sincero, razón no les falta, porque, por mucho que lo intente, dentro de, por ejemplo, quince años (y sin irme a una edad exagerada, que con “treintaytantos”-cuarenta años se puede andar mucho, muchísimo), no voy a tener la misma capacidad de recuperación que tengo ahora. Pero creo que, ante todo, se trata de disfrutar y pasarlo bien con algo que no deja de ser una afición, y creo que, ahora mismo, lo estoy haciendo. Puede que esté dejando de lado la oportunidad de lograr unas marcas determinadas, pero disfruto con lo que hago, soy consciente de que físicamente ahora mismo no voy como iba hace unas temporadas, pero, como decía, ya habrá tiempo, si el cuerpo y la motivación vuelven, de “sacar ojos” de nuevo. Por ahora, voy a seguir disfrutando de esta manera de ver el atletismo, que, como me han comentado, es tan particular (“¿por qué haces tantos kilómetros sin preparar nada?”, ¿por qué entrenas con tantos kilómetros en los rodajes si luego no vas a las carreras?”).

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

martes, 23 de mayo de 2017

Ciclismo como deporte de algo riesgo


Estamos viviendo una época un tanto “negra” dentro del mundo del ciclismo, especialmente si hablamos del de carretera. Últimamente están saliendo varias noticias de atropellos a gente que va dando pedales, lo que nos hace sentarnos y reflexionar sobre si merece o no la pena arriesgarse y dar una vuelta en bicicleta de carretera, o pasarse a la BTT y evitar posibles riesgos en carretera. De entre esas noticias, donde se comenta que un ciclista ha sido arrollado por un vehículo, tendemos a acusar siempre al conductor del vehículo que ha arrollado, pero creo que, si bien es cierto que suelen ser los “culpables” (no sé si es la palabra adecuada) principales, no siempre son ellos, sino los propios ciclistas, quienes provocan el accidente, al no circular como es debido dentro del carril, saltándose semáforos o algunas señales. A todo esto me gustaría dedicar la entrada de hoy.

Y vamos a ir por partes. En esas noticias que suelen salir con demasiada regularidad, comentando que un ciclista ha sido arrollado por un vehículo, el conductor se encontraba bajo los efectos de la droga o el alcohol. Todos sabemos de la problemática que tiene llevar un vehículo de esta forma, pues ya no solo estamos poniendo en peligro nuestra vida, que no es poco, sino que también estamos poniendo en peligro la vida de otros usuarios de la carretera. Y está claro que, cuando hay un accidente, algunos tendrán más posibilidades de sobrevivir que otros, dentro, claro está, de lo que es un accidente y de cómo se vaya circulando. Pero, a igualdad de condiciones, si hay un choque entre dos coches, los ocupantes del mismo tienen una “capa” previa a ellos, mientras que si hablamos de un choque con un motorista o ciclista, ésa “capa” que aporta el llevar un coche o un camión no existe, el golpe va directo contra la persona, sin nigún filtro previo. De ahí que el peligro de que un conductor ebrio ante un ciclista se multiplique de una manera considerable cuando se acerca a un ciclista. Muchos de los casos, como decía, se deben a conductores así. ¿Soluciones? ¿Cómo evitarlo? La verdad es que es una situación que ya, desde organizaciones como la DGT, se han intentando y se intentan solucionar, pero realmente es algo muy complicado de controlar, pues son muchos, muchísimos, los conducotres que cada día salen a la carretera, y controlar a todos ellos no es tarea fácil, desde luego. Quizá, campañas de concienciación para evitar que los conductores cojan así los coches, y desde autoescuelas o similares, seguir insistiendo más, si cabe, en este aspecto, siempre en busca de que, por un lado, las generaciones actuales de conductores se den cuenta del peligro que existe cuando conducen bajo los efectos del alcohol, y de que las nuevas generaciones al volante cojan el coche siendo plenamente conscientes de todos estos peligros.

Por otro lado, nos encontramos también con varios conductores cuyo problema no son ni las drogas ni el alcohol, sino la impaciencia. Parece que encontrase con un ciclista, esperar cinco minutos a poder adelantar con seguridad y tener que hacer una maniobra extra para dejar ese metro y medio extra es algo que requiere de un sobreesfuerzo inaguantable, porque, sino, no encuentro otra respuesta a que muchos conductores no tengan paciencia a la hora de adelantar a un ciclista, dejar ese metro y medio o adelantar a una velocidad adecuada. Creo que todos nosotros hemos vivido en alguna de nuestras salidas, solos o con la “grupeta”, a un conductor que nos adelanta rozando con el retrovisor, sin dejar ese metro y medio obligatorio, o que se lía a pitar e incluso baja la ventanilla y se lía a voces con los ciclistas. No llego a entender, de verdad, qué molestia puede causar un ciclista o grupo de ciclistas circulando por una carretera. ¿Que nos va a tocar esperar cinco minutos para poder adelantar? ¿Que nos va a tocar pasarnos al otro carril para poder hacerlo? Pues, siendo sinceros, no creo que pase nada negativo, y haciendo las cosas bien, creo que estaremos haciendo algo bastante beneficioso, pues estaremos evitando poner en riesgo la vida de unas personas que, simplemente, han salido a darse una vuelta en bicicleta. ¿Qué sucede si estamos en una carretera típica de las de los pueblos, estrechas y tal? Bueno, me imagino que también todos hemos circulado en bicicleta en alguna ocasión por estos lugares, y que hemos sido capaces de convivir con los coches. Creo que, en estas ocasiones, se trata de organizarse un poquito. Los ciclistas, lo más pegados posibles a la derecha, y el conductor, adelantar muy, muy despacito y lo más pegado a la izquierda, dentro de lo que se pueda, claro, y siempre asegurando la visibilidad frontal, para controlar en todo momento los coches que puedan venir de frente.

Pero no siempre son los vehículos los culpables de los accidentes. Resulta que nosotros, como ciclistas, a veces somos un poco brutos. Seguro que habréis visto, o incluso lo habréis hecho, a ciclistas circulando como si del pelotón del Tour se trata, invadiendo incluso el carril contrario en alguna ocasión. No podemos quejarnos de que los conductores no nos respetan cuando nosotros somos los primeros que nos saltamos las normas por el forro y creemos que vamos circulando con el tráfico cerrado. Se trata de que todos, conductores y ciclistas, podamos convivir lo mejor posible dentro de la carretera, y nosotros debemos poner de nuestra parte, circulando de dos en dos (ésto está permitido, no lo olvidemos), y siempre pegados a la derecha.

Tema aparte merece la equipación del ciclista, algo que parece una chorrada, pero que, bajo mi punto de vista y el de algunos compañeros y conocidos, no lo es tanto. Me parece casi un pecado salir a la carretera con un amillot (digo esta prenda porque, a simple vista, es la más llamativa) cmpletamente negro. Si nos sentamos y analizamos, no es una forma de llamar la atención de los conducotres en un escenario donde predomina el negro. Cuando salimos en bici, sea de montaña o carretera, creo que debemos llevar una equipación que nos permita destacar del asfalto y que el conductor, con solo mirar de reojo, observe que hay algo más en la carretera. Pese a ello, muchos nos empeñamos en salir con equipaciones con el negro o colores oscuros como color mayoritario. Yo he sido el primero en hacerlo, hasta que un día, leyendo una columna del gran Antonio Alix, que siempre se muestra muy crítico con esto, dio los motivos suficientes como para que evitara esa combinación de ropa cuando fuera a dar una vuelta en bici. Debo reconocer que, pensándolo, cadece de sentido ir todo de negro cuando hacemos las equipaciones para nuestros clubs o grupetas. Parece ser que elegancia o estética suelen ser los motivos principales para hacerlo, pero, siendo sincero, creo que esto no se trata de una entrevista de trabajo o una boda, lo que nos va a permitir saltarnos ciertas normas y poder tirar de unos colocres más chillones, que lo mismo en situaciones más serias no nos pondríamos, aunque tambien es cierto, o yo al menos lo veo así, que si el objetivo es crear algo donde sea fundamental la estética para luego vender el producto, podemos usar colores vivos sin necesidad de crear algo hortera.

¿Y qué hacer ante esta situación? ¿Sirven de algo las manifestaciones que se hacen desde el colectivo ciclista? Creo que puede ser interesante que se hagan este tipo de manifestaciones, pero, quizá, necesitemos algo más, un cierto apoyo por parte de federaciones, para lograr que las manifestaciones por parte de ciclistas tengan la ayuda de unas organizaciones metidas en el mundillo del ciclismo. Personalmente, soy partidario de todas estas manifestaciones y concentraciones (o movimientos en redes sociales), y si con ellas, se logra hacer el ruido necesario para apoyar al ciclista haya que hacerlo, mucho mejor. Pero tampoco nos olvidemos de que nosotros, como ciclistas, debemos respetar también las normas de tráfico. Si todos respetáramos las normas, seguramente a todos, conductores y ciclistas, nos iría mucho mejor.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

domingo, 7 de mayo de 2017

Crónica de la XXXI Carrera Popular "El Salvador"

Hoy se ha celebrado la XXXI Carrera Popular “El Salvador”. En una mañana sin viento, pero un tanto calurosa para la práctica de este deporte, en torno a 200 atletas tomaron la salida en la carrera principal, y varios fueron los niños que estuvieron también compitiendo en las categorías inferiores. Un año más, y con ésta ya van cinco ediciones, nos volvimos a acercar a la carrera de La Bañeza, una de mis pruebas favoritas, hasta tal punto que, en la temporada de 2014 me decidí a prepararla, con un plan de entrenamiento de doce semanas, alternando sesiones de cambios de ritmo y carrera continua con sesiones de bicicleta un día a la semana. Este año era consciente de que, físicamente, estaba bastante lejos de los estados de forma en los que había estado en otras ocasiones, pero, aun así, y tras mucho pensarlo, decidí apuntarme a la prueba y, sobre todo, disfrutar del ambiente, pues es una prueba donde se juntan atletas populares con atletas de primer nivel (este año, el ganador fue Sergio Sánchez).

Con esta mentalidad llegamos a La Bañeza a recoger el dorsal. Tras ello, nos animamos a escuchar la misa que el sacerdote de la iglesia de El Salvador iba a ofrecer a todos aquellos que se acercaran. Completada esta parte, que la verdad, se hizo bastante amena, llegó el turno de empezar a ver las primeras categorías del día. La mañana apuntaba maneras, y a las once de la mañana el calor se empezaba a notar. Poco a poco, el momento de ponerse a calentar fue acercándose, y con él, la temperatura iba en aumento. Una vez que mi compañero de club David tomó la salida, llegó el momento de cambiarse de ropa, ponerse pulsómetro y zapatillas de competir, y comenzar con el calentamiento previo a la competición. Como siempre, trote combinado con ejercicios de técnica de carrera, y también como de costumbre, ésto me sirvió para ir viendo cómo cada vez las calles de La Bañeza se iban llenando de más y más corredores dispuestos a darse caña, muchos de ellos conocidos. Por megafonía también anunciaron a los corredores que partían como favoritos para llevarse la prueba, entre ellos, el leonés Sergio Sánchez.

A las doce y cuarto estaba prevista la salida. Intenté apurar el máximo el calentamiento, sobre todo, en busca de tranquilizar un poco los nervios previos a la carrera, aun a sabiendas de que, jugarme, no es que me jugara nada. Aun así, decidí colocarme en primera fila y dejarme caer según fueran cayendo los metros, hasta encontrar mi sitio. Y con bastante puntualidad, se dio la salida. La estrategia iba a estar basada en lo que me dijera el pulsómetro. Durante las dos primeras vueltas iría rodando tocando ritmos en torno a las 183-185 pulsaciones en los tramos más favorables, y en los tramos en cuesta, en torno a las 190. Me fui dejando caer mientras iba controlando no pasarme en estos primeros kilómetros, lo que podría pasarme factura más tarde. Así, olvidándome de si llevaba o no corredores por delante o por detrás, iba intentando ir haciendo caso a las pulsaciones. Tras pasar la primera subida del día, nos tocó afrontar un tramo en bajada que me resultó bastante incómodo para correr. Nunca he sido un buen “bajador”, y ahí lo demostré, perdiendo muchísimo tiempo en cada vuelta hasta que lograba llegar a la parte baja. El resto del circuito, bajo mi opinión, permitía correr manteniendo un ritmo bastante constante, lo que me dejó ir controlando bastante bien el pulso. Mientras iban pasando metros, fui encontrando mi sitio. En un punto determinado de la prueba, se me pegó un corredor. Debo reconocer que iba bastante incómodo, no me encontraba nada bien con un atleta tan pegado. Decidí poner la mente en blanco, seguir con la estrategia que tenía pensada. Así, seguí tocando en torno a las 185 pulsaciones, hasta llegar a la última vuelta. Según fueron pasando los metros, pasé a otro atleta, que también se quedó a muy poca distancia. Otro punto a ponerse nervioso. Al llegar a la última vuelta, seguí con lo pensado y subí hasta tocar en torno a las 190 pulsaciones. Logré sacar unos cuantos metros de ventaja, que intenté mantener a lo largo de esos últimos tres kilómetros. Al encarar el último tramo, también en pendiente, intenté subir el ritmo para distanciar algo más en esos últimos metros. Finalmente, logré llegar a meta en el puesto décimosexto de la categoría Absoluta y noveno de la categoría Senior, donde se alzó con la victoria Sergio Sánchez. Los datos del GPS fueron: 9.59 kilómetros en 35'16”, a 3'40 min/km y 187 pulsaciones medias.

Debo reconocer que he disfrutado bastante de la mañana. El último año que corrí acabé un tanto decepcionado con la organización, pero en esta ocasión han vuelto por sus fueros y he acabado encantado. Creo que, en líneas generales, la prueba ha estado muy bien organizada, manteniendo la ilusión de hace más de treinta años. Como siempre digo, ésta es una prueba donde siempre he disfrutado compitiendo. Uno de los motivos es el ambiente zamorano que esta prueba ha tenido a lo largo de los años, pues, entre sus ganadores a nivel absoluto, están Carlos del Bien (1988 y 1989), Agustín Ruiz (2001) y Alma de las Heras (1991), todos ellos defendiendo los colores del Club Atletismo Zamora. Por otro lado, a nivel personal, en la temporada de 2014 supuso un punto de inflexión muy importante para recuperar la ilusión perdida aquella temporada por las competiciones. ¿Puntos negativos? Creo que todos los años que he corrido en la categoría Absoluta ha sido en un circuito diferente. Me gustaría que se mantuviera uno fijo a lo largo de las ediciones, aunque éso creo que es una opinión muy personal. Y por otro lado, creo que la bajada que teníamos hoy tras completar el primer “repechaco” de cada vuelta, era muy, muy incómodo para correr, más en competición. Por lo demás, creo que todo bastante bien organizado, destacando el carácter del sacerdote de la iglesia de El Salvador, que estuvo allí animándonos a lo largo de toda la mañana, que tuvo el gesto de preguntar de dónde veníamos, y con quien luego tuvimos el placer de estar hablando de deporte, de la prueba, de La Bañeza y Zamora o del Camino de Santiago.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

sábado, 6 de mayo de 2017

Maratón, dos horas y El Salvador

Siguiendo con la costumbre que últimamente me acompaña, hoy me vuelvo a sentar para escribir después de unos cuantos sin hacerlo. Teniendo la cabeza en otras historias, y mal que me pese, me toca ir seleccionando cosas para poder organizarme, y me ha tocado reducir el número de artículos en el blog. Como he comentado en varias ocasiones, no es algo que me resulte agradable ni positivo, me encanta escribir y me encuentro muy cómodo haciéndolo, pero me ha tocado aguantarme las ganas hasta poder sacar un hueco lo suficientemente amplio como para sentarme de frente al ordenador y juntar unas cuantas letras. En ese momento me encuentro ahora, así que voy a intentar no desaprovechar la ocasión. ¿Ideas para hoy? Como también es costumbre, voy a escribir sobre deporte, seguramente sobre atletismo, y en concreto, sobre la carrera del próximo domingo, El Salvador, una prueba a la que, desde el año 2012, donde corrí mi primera edición siendo aun Cadete, tan solo he faltado el año pasado, debido a que se celebró en lunes (coincidió creo que con el puente del uno de mayo) y el día antes había corrido el 10000 de Sardón de los Frailes.

Comentaba en el párrafo anterior que escribiré sobre deporte, sobre todo atletismo, así que voy a comenzar juntando letras acerca de un tema que parece que en los últimos meses se ha puesto muy de moda, o al menos, parece que se está comentando cada poco en las redes sociales: bajar de las dos horas en maratón. No es mi intención explayarme demasiado con este tema, pero también digo que voy a expresar mi opinión acerca de algo que se está convirtiendo no sé si en una manera de hacer publicidad, una obsesión o en una locura dentro de un deporte que está viendo cómo cada vez aparecen más historias para asaltar. Bajo el punto de vista de un corredor que nunca ha corrido pruebas de maratón, y que su experiencia en pruebas de larga distancia se limita a haber corrido un par de medias maratones, creo que el hecho de intentar hacer menos de dos horas en los 42195 metros es, cuanto menos, una locura, por no decir quimera. Tengo la impresión de que nos estamos obsesionando con el tema de reducir marcas con esto hasta el extremo de no pararnos a pensar, primero, en las repercusiones que ésto pueda tener en la salud de los atletas que lleven sus cuerpos hasta unos límites impresionantes (ya se llevan en las competiciones “normales”, más cuando buscamos hacer una marca de este calibre y en una prueba de tan larga distancia como es la maratón) ni en las futuras repercusiones que luego pueda tener en muchas de las pruebas de esta misma distancia, las cuales parecen estar obsesionadas también con lograr la mejor marca o llevar a los mejores atletas para lograr mejor registro que otras maratones, creando una rivalidad y una presión bajo esos atletas de primer nivel que van a disputar, que, para mi, no tiene demasiado sentido.

Pero, lo más importante, dejando todo lo comentado en el párrafo anterior de lado, ¿está el ser humano capacitado para correr 42 kilómetro en menos de dos horas? Podríamos catalogar ésta pregunta como la del millón. Realmente, si nos paramos a pensar los ritmos que se deben manejar para lograrlo, puede resultar, y de hecho resulta, algo prácticamente imposible. Haile Gebreselassie, uno de los mejores atletas, que bien sabe lo que es correr muy rápido en pruebas de maratón, ha llegado a comentar que, siguiendo la evolución natural del organismo humano, puede que se llegue a ver en el cronómetro ese ansiado sub-2 horas, pero que perfectamente podríamos ver dentro de dos años. También comentaba que, con ayudas tecnológicas, podrían lograse dentro de menos tiempo. Yo me pregunto qué clase de tecnología se podría incluir para lograr correr tan rápido. ¿Zapatillas con más propulsión? Eso viene algo parecido a lo que Adidas está haciendo con el sistema Boost. Ahora no voy a entrar en si este tipo de sistemas (no solo de Adidas, sino de cualquier otra marca que lo haya intentado mediante otros sistemas en sus zapatillas) son o no fiables, solo que creo que, incluso con un sistema de este tipo, este sub-2 horas en maratón sigue siendo muy complicado. Es cierto que no deja de ser una ayuda, y que toda ayuda beneficia cuando buscamos un objetivo, pero no deja de ser un granito, y creo que se necesitarían muchos más granitos para poder lograrlo. He llegado a leer en las redes temas de zapatillas y bebidas “mágicas”, que no dejan de ser aportaciones, pero me gustaría comprobar el funcionamiento de esto a la hora de lograr un resultado tan exigente. Siendo sinceros, puede que, como dice el gran Haile, dentro de diez años, dejando que sea la naturaleza la encargada de ir “perfeccionando” todo esto, por decirlo de alguna manera, se logre ese sub-2 horas, pero creo que, incluso así, bajar de las 2h02'-2h03' que comentaba el gran Haile, ya es algo muy, muy exigente.

Y dicho todo, llega Eliud Kipchoge y se casca 2h00'24”. En un circuito automovilístico, al cual debían dar diecisiete vueltas y media, con un coche que le ayudó, quitando el viento, con liebres, con avituallamientos cada poco tiempo… Y, pese a todo, la Federación Internacional de Atletismo no dará por válida esta marca, aunque es de esperar que la prestigiosa marca Nike, una de las principales colaboradoras dentro del reto de bajar de las dos horas en maratón, buscar el máximo rendimiento económico a este hecho. Como empresa, creo que es normal que se busque sacar beneficio de este tipo de eventos. Pero, siendo sinceros, creo que será una situación un tanto peculiar, donde, seguramente, todo este “negocio” estará limitado a eventos como este. Porque, bajo mi punto de vista, en una maratón normal, sin tantas liebres y, por qué no, en un circuito normal de maratón y sin un coche que ayude a quitar el viento, creo que estas 2h00'24” se convertirán, por qué no, en una marca que, como efectivamente decía el gran Haile, podría ser de 2h02'-2h03', que ya es correr muy, muy rápido. Pero, como decía antes, todo ésto no deja de ser la opinión de un inexperto en pruebas de tan larga distancia.


Siguiendo con la costumbre que últimamente me acompaña, hoy me vuelvo a sentar para escribir después de unos cuantos sin hacerlo. Teniendo la cabeza en otras historias, y mal que me pese, me toca ir seleccionando cosas para poder organizarme, y me ha tocado reducir el número de artículos en el blog. Como he comentado en varias ocasiones, no es algo que me resulte agradable ni positivo, me encanta escribir y me encuentro muy cómodo haciéndolo, pero me ha tocado aguantarme las ganas hasta poder sacar un hueco lo suficientemente amplio como para sentarme de frente al ordenador y juntar unas cuantas letras. En ese momento me encuentro ahora, así que voy a intentar no desaprovechar la ocasión. ¿Ideas para hoy? Como también es costumbre, voy a escribir sobre deporte, seguramente sobre atletismo, y en concreto, sobre la carrera del próximo domingo, El Salvador, una prueba a la que, desde el año 2012, donde corrí mi primera edición siendo aun Cadete, tan solo he faltado el año pasado, debido a que se celebró en lunes (coincidió creo que con el puente del uno de mayo) y el día antes había corrido el 10000 de Sardón de los Frailes.

Comentaba en el párrafo anterior que escribiré sobre deporte, sobre todo atletismo, así que voy a comenzar juntando letras acerca de un tema que parece que en los últimos meses se ha puesto muy de moda, o al menos, parece que se está comentando cada poco en las redes sociales: bajar de las dos horas en maratón. No es mi intención explayarme demasiado con este tema, pero también digo que voy a expresar mi opinión acerca de algo que se está convirtiendo no sé si en una manera de hacer publicidad, una obsesión o en una locura dentro de un deporte que está viendo cómo cada vez aparecen más historias para asaltar. Bajo el punto de vista de un corredor que nunca ha corrido pruebas de maratón, y que su experiencia en pruebas de larga distancia se limita a haber corrido un par de medias maratones, creo que el hecho de intentar hacer menos de dos horas en los 42195 metros es, cuanto menos, una locura, por no decir quimera. Tengo la impresión de que nos estamos obsesionando con el tema de reducir marcas con esto hasta el extremo de no pararnos a pensar, primero, en las repercusiones que ésto pueda tener en la salud de los atletas que lleven sus cuerpos hasta unos límites impresionantes (ya se llevan en las competiciones “normales”, más cuando buscamos hacer una marca de este calibre y en una prueba de tan larga distancia como es la maratón) ni en las futuras repercusiones que luego pueda tener en muchas de las pruebas de esta misma distancia, las cuales parecen estar obsesionadas también con lograr la mejor marca o llevar a los mejores atletas para lograr mejor registro que otras maratones, creando una rivalidad y una presión bajo esos atletas de primer nivel que van a disputar, que, para mi, no tiene demasiado sentido.

Pero, lo más importante, dejando todo lo comentado en el párrafo anterior de lado, ¿está el ser humano capacitado para correr 42 kilómetro en menos de dos horas? Podríamos catalogar ésta pregunta como la del millón. Realmente, si nos paramos a pensar los ritmos que se deben manejar para lograrlo, puede resultar, y de hecho resulta, algo prácticamente imposible. Haile Gebreselassie, uno de los mejores atletas, que bien sabe lo que es correr muy rápido en pruebas de maratón, ha llegado a comentar que, siguiendo la evolución natural del organismo humano, puede que se llegue a ver en el cronómetro ese ansiado sub-2 horas, pero que perfectamente podríamos ver dentro de dos años. También comentaba que, con ayudas tecnológicas, podrían lograse dentro de menos tiempo. Yo me pregunto qué clase de tecnología se podría incluir para lograr correr tan rápido. ¿Zapatillas con más propulsión? Eso viene algo parecido a lo que Adidas está haciendo con el sistema Boost. Ahora no voy a entrar en si este tipo de sistemas (no solo de Adidas, sino de cualquier otra marca que lo haya intentado mediante otros sistemas en sus zapatillas) son o no fiables, solo que creo que, incluso con un sistema de este tipo, este sub-2 horas en maratón sigue siendo muy complicado. Es cierto que no deja de ser una ayuda, y que toda ayuda beneficia cuando buscamos un objetivo, pero no deja de ser un granito, y creo que se necesitarían muchos más granitos para poder lograrlo. He llegado a leer en las redes temas de zapatillas y bebidas “mágicas”, que no dejan de ser aportaciones, pero me gustaría comprobar el funcionamiento de esto a la hora de lograr un resultado tan exigente. Siendo sinceros, puede que, como dice el gran Haile, dentro de diez años, dejando que sea la naturaleza la encargada de ir “perfeccionando” todo esto, por decirlo de alguna manera, se logre ese sub-2 horas, pero creo que, incluso así, bajar de las 2h02'-2h03' que comentaba el gran Haile, ya es algo muy, muy exigente.

Y dicho todo, llega Eliud Kipchoge y se casca 2h00'24”. En un circuito automovilístico, al cual debían dar diecisiete vueltas y media, con un coche que le ayudó, quitando el viento, con liebres, con avituallamientos cada poco tiempo… Y, pese a todo, la Federación Internacional de Atletismo no dará por válida esta marca, aunque es de esperar que la prestigiosa marca Nike, una de las principales colaboradoras dentro del reto de bajar de las dos horas en maratón, buscar el máximo rendimiento económico a este hecho. Como empresa, creo que es normal que se busque sacar beneficio de este tipo de eventos. Pero, siendo sinceros, creo que será una situación un tanto peculiar, donde, seguramente, todo este “negocio” estará limitado a eventos como este. Porque, bajo mi punto de vista, en una maratón normal, sin tantas liebres y, por qué no, en un circuito normal de maratón y sin un coche que ayude a quitar el viento, creo que estas 2h00'24” se convertirán, por qué no, en una marca que, como efectivamente decía el gran Haile, podría ser de 2h02'-2h03', que ya es correr muy, muy rápido. Pero, como decía antes, todo ésto no deja de ser la opinión de un inexperto en pruebas de tan larga distancia.

Enlazando con el título de la entrada, y hablando de retos menos exigentes, el domingo tocará estar en la línea de salida de la treinta y una edición de la Carrera Popular “El Salvador”, en La Bañeza. La primera vez que participé en esta prueba fue en 2012, siendo aun Cadete. En aquella edición corríamos fuera de la categoría Absoluta, dando, si no me equivoco, un par de vueltas a un circuito de 2000 metros. Hablando con Teo unos días antes, me estuvo comentando cómo debía correr aquella carrera, pues si no me sabía controlar, podría pagar el esfuerzo de las primeras subidas. Intentando cumplir todo lo que me dijo lo mejor que pude, logré ganar aquella carrera, creo recordar que en 14', a un ritmo de 3'30 min/km. Al año siguiente debutaba en la categoría Absoluta, tocaban correr unos 8000 metros y, la verdad, recuerdo estar un poco nervioso. Me plantee como objetivo correr por debajo de los 3'30 min/km, llegando a meta con un ritmo medio en torno a los 3'27 min/km, y alzándome con la victoria en mi categoría. Aquel año recuerdo que corrimos varios zamoranos, entre ellos, Quique, que me pasó como un avión creo que en las dos últimas vueltas al circuito, y al que me fue imposible dar caza. ¡Parecía un avión! El año siguiente viví, seguramente, la edición más importante a nivel personal. Tras un inicio de temporada un tanto regular, dejando de entrenar con Teo ese mismo año, me intenté demostrar, tras tres meses de preparación a base de cambios de ritmo, que con mi edad, desde luego que podía seguir siendo competitivo. Si no lo era entonces (y ahora), ¿cuándo iba (voy) a serlo? Finalmente, logré también alzarme con la victoria en mi categoría y acabar con una moral bastante alta, que me llevó, un mes después, a ganar en Bañobárez. Mi última participación fue en 2015. Aquel año creía llegar en un estado de forma inferior al de otros años, pero el hecho es que ya en carrera me fui notando bastante bien, acabando en torno a los 3'23 min/km. Del puesto en la categoría no tengo recuerdo ahora de cuál fue, pero lo importante que, a pesar de haber estado entrenando de una manera tan desorganizada, logré correr por debajo de los 3'25. El año pasado no participé, corrí el día anterior en Sardón de los Frailes y hacer un día un 10000 y al siguiente una carrera de nueve kilómetros me parecía una paliza importante.

Y tras el año pasado de ausencia, mañana volveré a colgarme un dorsal en El Salvador. Siendo sincero, creo que es el año que llego más flojo en comparación al resto de participaciones en esta prueba leonesa. Creo que todos los años que he participado en El salvador he logrado correr por debajo de los 3'30 min/km, pero este año, manejar estos ritmos será algo tirando a complicado. Esta prueba, por la experiencia en otras ediciones, no es una prueba fácil, suele tener algún que otro tramo en subida que hace bastante daño, y también debo reconocer que últimamente, subir, estoy subiendo poco. Estoy entrenando bastante por zonas llanas, pero lo que son cuestas, algún día que voy por Valorio toco alguna de las que hay por allí, pero quitando esos días, que son “cuatro”, como suele decirse, todo llano. Y claro, con el circuito de mañana, me parece que voy “las voy a pasar canutas”. Pero bueno, a pesar de todo ello, saldré a disfrutar y a ver hasta dónde puedo llegar. Como dice la canción de Miguel Rios, “hasta que el cuerpo aguante”.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

viernes, 21 de abril de 2017

Ideas y más ideas

"Defender mi ideología, buena o mala, pero mía, tan humana como la contradicción". ("Todo a pulmón·", Miguel Ríos).

Al fin, vuelvo a escribir en el blog. Entre unas cosas y otras, últimamente no estoy publicando prácticamente nada en el blog, y la verdad es que no es algo que me guste en exceso. Como siempre digo, me encanta escribir, pero hay momentos en los que, o bien no puedes hacer a todo, o necesitas depender de algunas cosas para poder centrarte en otras. En esta ocasión, teniendo la cabeza en otras historias, la verdad es que de lo que menos me he acordado ha sido de escribir, aunque en más de una ocasión me habría venido muy bien para “liberar tensiones”, como suele decirse, y olvidarme de algunas cosas. Pero bueno, el hecho es que lo he ido dejando, hasta hoy, en el que he decidido que no quiero dejar pasar más días, y ponerme a escribir un rato. No tengo ni la más remota idea de lo que voy a escribir, ni si la entrada será o no demasiado larga, pero voy a intentar disfrutar, al fin, de un rato de escritura. Vamos a ver qué tal se nos da.

Como decía, han pasado varios días desde la última vez que publicaba en el blog. A nivel deportivo, han sucedido varias cosas en este espacio de tiempo. Por un lado, sigo sin ningún objetivo a nivel competitivo, y la verdad, ahora mismo no echo demasiado de menos el hecho de colgarme un dorsal. Desde hace cierto tiempo, me veo con muchas ganas de salir a correr, pero olvidándome de lo que pueden ser entrenamientos enfocados a las carreras o con la cabeza puesta en carreras. Estoy sin objetivos, pero cada día que salgo a entrenar disfruto un poquito más de las zapatillas. ¿Puede ser una contradicción no tener objetivos a nivel de competición, y, sin embargo, tener la motivación suficiente para calzarme las zapatillas cada día y salir a rodar? Para mi, siendo sincero, no resulta contradictorio, aunque estoy completamente seguro de que muchos de los conocidos con los que hablo de este tema no están demasiado de acuerdo. Entiendo que muchos entienden el deporte como algo de competición, y me consta que, por supuesto, disfrutan de cada carrera y cada entrenamiento enfocado a rendir lo mejor posible dentro de ese objetivo con el dorsal, pero ahora mismo, no es mi caso. Quién me lo iba a decir a mi, cuando llegó un momento en el que parecía que en mi cabeza, a nivel deportivo, tan solo entraba la competición. No llegó a ser una obsesión, o al menos eso creo, pero sí debo reconocer que me encantaba colocarme en alguna línea de salida e intentar “sacar ojos”. La mentalidad que tenía era esa, pero con el paso del tiempo, ha tenido sus “idas y venidas”, hasta llegar a este punto en el cual ya ni me planteo hacer o no hacer series. Debo reconocer que han sido muchos los amigos y conocidos que me han comentado que estoy desaprovechando los mejores años para competir y hacer cosillas interesantes con un dorsal colgado en la camiseta, que a mi edad debería estar llevando a cabo una adecuada preparación enfocada a, al menos, buscar alguna marca interesante, pero no engaño si os digo que ahora mismo, éso no es algo que me motive. Es cierto que Teo se encargó de formarme para que, en la temporada en la que decidí dejarlo, empezara a ir en busca de ciertas marcas en alguna o algunas distancias, pero debo reconocer que en ese momento mentalmente no estaba preparado para ello, sino más bien bastante quemado en ciertos aspectos. Tres años después, he cambiado mucho mi mentalidad respecto a algunas cosas, pero en lo que al tema de competiciones se refiere, no me arrepiento de no haber continuado dándome caña para, a partir de esa temporada, haber comenzado a buscar una marca, igual que tampoco me arrepiento de que ahora mismo no esté participando en pruebas, porque realmente a la hora de salir a rodar estoy disfrutando con lo que hago, y creo que eso es lo más importante, disfrutar con lo que hacemos y conseguimos. Y ahora mismo, lo que me permite disfrutar es salir a entrenar con otra mentalidad.

Pero, como decía, entrenando sigo disfrutando, pero manteniendo una de mis manías incurables: elaborar un plan de entrenamiento. Sé que no tiene demasiado sentido elaborar una tabla de entrenamiento si no tengo previsto preparar ni salir en ninguna prueba. El motivo principal de hacerlo es sencillo. Desde que soy mi entrenador, debo reconocer que siempre he ido elaborando mis entrenamientos en una tabla para luego, llevarlos a cabo, una manía que aun ahora, sin ningún objetivo, sigue vigente, una manía más de las muchas que tengo a la hora de salir a rodar. Suelo programar todas las semanas prácticamente lo mismo, pero debo reconocer que también me gusta ir viendo cómo voy pasando los días que previamente he escrito. Sentido, lo que se dice sentido, no tiene demasiado, pero bueno… Como comentaba en el párrafo anterior, he introducido algunos cambios, y entre ellos, el de volver a entrenar por tiempo. Debo reconocer que ésto me llevaba tiempo rondando por la cabeza, pero no acababa de decidirme. Fue el domingo pasado cuando, sin apenas pensarlo, se me “cruzó el cable”, y decidí ese mismo día empezar a hacerlo. Y la verdad, creo que es una decisión bastante acertada. He entrenado tanto por distancia como por tiempo, y la verdad, creo que es mucho mejor hacerlo por minutos que por kilómetros. Como muchas veces me han dicho, los kilómetros son poco objetivos, dependen de muchas cosas, y, en cierta medida, vamos a estar corriendo de una forma más o menos irregular en cuanto a que puede que un día, por ejemplo, rodemos ocho kilómetros a un ritmo de 4'30, y al día siguiente salga una tarde desapacible, con lluvia y mucho viento y rodar a 4'45 sea un auténtico suplicio. Rodar, por ejemplo, 50 o 60 minutos es algo, por decirlo de alguna manera, “impepinable”, es decir, que corramos más rápido o más despacio, vamos a estar un tiempo constante corriendo. Espero haber explicado bien el motivo por el cual he cambiado el estilo de rodar. En lo que llevamos de semana, además del rodaje del domingo, he ido rodando por tiempo, y por ahora, creo que seguiré así durante unas cuantas semanas. En lo referente al pulsómetro, la semana pasada lo utilicé en tres ocasiones, pero me fue dando un fallo tras otro, hasta que el sábado, tras completar los primeros tres kilómetros, se puso rondando las 240 pulsaciones, y ahí se quedó hasta el kilómetro 15. Por ahora, a pesar de que quería ir entrenando con él, me tocará esperar hasta poder hacerme con otro.

Cambiando un poco de tema, hace unos días me paraba a reflexionar el tiempo que hacía que no me ponía a montar en bicicleta. Durante mucho tiempo, compaginando atletismo y ciclismo, me consideraba más ciclista que atleta, a pesar de que, como mucho, salía un par de días a la semana en bicicleta dentro de la temporada de atletismo, algo más en verano, pero tampoco en exceso. Me encantaba seguir el ciclismo de competición y me encantaba aun más ponerme el maillot y dar varios pedales por Zamora. Incluso hubo un momento en el cual, preferí irme a dar una vuelta en bici por la zona de Almaraz a correr la carrera de La Rosca, a pesar de que Teo y mi padre me insistieron en que corriera esa carrera, llegando hasta el extremo de que mi padre me dijo que salía él en la carrera y la haríamos juntos. Ni con esas. Me encantaba salir en bicicleta, y de hecho, durante un tiempo consideré incluso los entrenamientos corriendo, como una parte más de la preparación para luego notarme un poco mejor en bicicleta. Sin embargo, también esta mentalidad se ha visto modificada. Me sigue encantado el ciclismo, e intento mantenerme informado sobre cómo va el tema de las competiciones, sobre todo de los ciclistas o equipos de los que soy más aficionado, dentro de un deporte donde no existe ese fanatismo por un deportista o un equipo en concreto, y donde animar a todos es algo habitual, no como sucede en otros deportes, como el fútbol. Pero, en lo que al tema físico se refiere, he visto bastante reducido el kilometraje, llegando a superar con creces los que hago corriendo en comparación con los que hago en bicicleta. Pero, claro, entendamos que en bicicleta, sin ir más lejos, en el 2016 salí un par de días en verano, y luego, algunos de los fines de semana o alguna fiesta mientras estuve lesionado. La verdad, no me vendría nada mal salir algo más de lo que salgo en bicicleta, no digo salir todos los días, ni tampoco lo suficiente como para ponerme a preparar un triatlón, pero sí lo justo para hacerlo como entrenamiento cruzado, un día cada semana o cada dos semanas, para evitar que las rodillas y demás articulaciones sufran, pues es algo evidente que el ciclismo es un deporte con mucho menos impacto que la carrera a pie (salvo que nos vayamos al suelo, claro). Últimamente, llevo dándole vueltas a hacer una vuelta por mi pueblo, como hicimos en verano del año pasado, una idea que me llama mucho la atención, y que creo que me iba a permitir disfrutar de la bici un rato. Por ahora, seguiré dándome un poquito de caña con las zapatillas, y aunque este verano no tengo previsto abandonar las zapatillas, al igual que he hecho estos dos últimos años (de esto escribiré otro día), sí tengo previsto tocar la bicicleta, aunque solo sea para dar esa vuelta.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

jueves, 30 de marzo de 2017

Filosofeando

Al fin, me vuelvo a sentar para escribir unas cuantas líneas. Últimamente tengo este espacio demasiado abandonado, algo que no me gusta demasiado, pero a lo que me tengo que acostumbrar, muy a mi pesar. No siempre podemos hacer todo lo que nos gustaría, y aunque las 24 horas del día dan para muchas cosas, creo que en ocasiones queremos hacer más de lo que podemos. Para esta ocasión, me gustaría poder decir que tengo un tema específico para desarrollar a lo largo de unas cuantas líneas, pero no tengo nada pensado. Ya sé que puede sonar contradictorio decir que tengo ganas de escribir, pero no tengo nada para contar, pero también lo es para mucha gente tener ganas de salir a correr y no tener objetivos competitivos. Me encanta escribir aunque no tenga nada que contar, el mero hecho de dejar que las palabras vayan saliendo según se me van apareciendo, lo que viene a ser la improvisación, me encanta.

Van pasando los días, y ya nos encontramos casi en el mes de abril. Los días se me han pasado volando en los últimos meses, algo que puede resultar bastante positivo. Poco a poco, los objetivos fuera del ámbito deportivo se van acercando, y en breve me tocará enfrentarme, junto a otros varios aspirantes, a algo que llevo preparando bastante tiempo, mis primeras oposiciones. Aprobar sería una auténtica gozada, pero también soy consciente de la complejidad de un examen de este tipo, y de lo complicado de alcanzar una de esas ansiadas plazas. Ésto, como sucede con las competiciones, es un trabajo diario, y no de unos cuantos días. Después de estar pensando en este examen, y a pesar de que últimamente he estado compartiendo los estudios de las oposiciones con los entrenamientos y un curso sanitario, debo reconocer que en estos últimos días me ha costado centrarme lo suficiente en lo que estaba estudiando. Me imagino que la cercanía con el examen ha sido uno de los factores más importantes, llevándome en algún momento a pensar más en él que lo que estaba estudiando, aunque también me imagino que el tiempo ha ido haciendo cierta mella. Como decía, aprobar la oposición y conseguir una plaza estaría muy bien, pero, acudiendo con la única experiencia de haber hecho tan solo un examen previo y sin saber exactamente como es esto cuando realmente te juegas algo importante creo que es algo que juega en mi contra, pero, como en todo, tampoco es plan de acudir con miedo. Vamos a ver cómo es esto y, por lo menos, a hacerlo lo mejor posible. Luego, el cúmulo de nervios, preguntas y demás historias serán los encargados de decir la nota que delimite quién sí y quién no tendrá en su poder ese tan deseado aprobado.

A nivel deportivo, me encuentro en un momento muy curioso. Tengo la impresión de estar viviendo algo nuevo, pero a la vez, algo ya vivido hace bastante tiempo. Las ganas competitivas, el afán por colgarme un dorsal y “sacar los ojos” a todo el que se pusiera delante se ha rebajado de una manera impresionante en los últimos meses, o mejor dicho, en el último año, mientras que las ganas por salir a disfrutar, a pasármelo bien mientras recorro Zamora a base de zancadas está en aumento. Sigo entrenando seis días semanales, pero con una filosofía bastante diferente. Salgo a rodar con el simple objetivo de hacer unos cuantos kilómetros por sensaciones, disfrutando de cada zancada, sin pensar en objetivos competitivos ni en series. Mis objetivos cuando me calzo las zapatillas han cambiado sustancialmente, y si antes salía, por ejemplo, con el objetivo de hacer un rodaje a un ritmo de 4'00 min/km, ahora salgo con la idea de hacer los mismos kilómetros, pero intentando que el ritmo medio sea por debajo de los 4'30 min/km. La filosofía con la que entiendo esto se ha visto muy afectada, y a pesar de seguir haciendo unos cuantos kilómetros cada semana, poco o nada tienen que ver con los que hice cuando entrené con Teo o cuando logré la que, hasta ahora, es mi única victoria en la categoría Absoluta, en Bañobárez.

Por un lado, me gusta entender el deporte como ahora lo entiendo. No me preocupo tanto de ritmos ni de pulsaciones (he dejado de lado el pulsómetro, para poder así entrenar escuchando a mi cuerpo y no a esta herramienta), pero, sin embargo, me preocupo más de salir cada día por sensaciones o de fijarme en cada detalle de la vuelta que estoy haciendo mientras sumo unos cuantos kilómetros. Vamos, la filosofía que mi padre me enseñó a aplicar en la bicicleta y que, aunque con cierto retraso en relación al deporte de las dos ruedas, ha acabado llegando también a las zapatillas. Me parece, como decía, una aportación bastante positiva. Aun así, muchos compañeros y conocidos me siguen comentando que me anime a buscar de nuevo ese gusanillo competitivo que tuve en su momento y me decida a no hacer tantos rodajes e introducir sesiones de calidad en su sustitución. Es cierto que podría intentarlo, plantarme como objetivo volver a tocar los ritmos que manejaba cuando, por ejemplo, gané en Bañobárez (para mi, aquellos han sido los mejores meses desde que comencé a correr, y sobre todo, cuando más competitivo y con más ganas de series me he visto), pero ahora mismo, no es algo que me llame. La verdad, he conocido una forma diferente de entender del deporte y debo reconocer que me ha gustado lo suficiente como para quedarme. Como me han dicho también varios compañeros, a nivel competitivo estoy desaprovechando unos años muy buenos para colgarse un dorsal y seguir formándome como atleta, e incluso plantearme temas de marcas y demás, pero, la verdad, no creo tener las suficientes cualidades como para poder dedicarme de manera exclusiva a esto, y aunque entrenando, creo que podría estar relativamente delante en algunas carreras populares, me parece que es mejor mantener esos seis días semanales de carrera continua, y dedicar el esfuerzo que podría suponer darme caña con las series o en busca de alguna marca, en otros apartados que sí puedan ayudarme en cuanto a solucionar mi vida.

Pero, aunque más de uno se sorprenderá, sigo he mantenido una de las muchas manías que me han acompañado a lo largo de estos años como corredor. El tema de las preparaciones físicas siempre me ha llamado un tanto la atención, y aunque ahora mismo no esté llevando una planificación específica, sí es cierto que sigo elaborando un plan de entrenamiento. Maniático que es uno, tengo la costumbre de salir de casa sabiendo la distancia (estoy rodando por kilómetros) que voy a hacer cada en cada sesión de entrenamientos. A nivel deportivo siempre me han dicho que soy una persona con ciertas manías, y desde en este aspecto no puedo negar que todo quien me lo dice está en lo cierto. No sabría explicar el motivo por el cual, incluso sin un objetivo competitivo necesito tener “un algo” que me diga que me indique la sesión diaria. Quizá, de no ser así, me costaría mucho más salir a rodar, no lo sé, pero el hecho es este. Debo reconocer que, si bien tengo una tabla, solo programo los kilómetros. El ritmo suelo dejarlo a decisión del cuerpo, según cómo se encuentre cada día. En este aspecto la verdad es que suelo ir por sensaciones, y con lograr ir a 4'30 me conformo, y a partir de ahí, si unos días sale más rápido, perfecto. Maniático que es uno, en definitivas cuentas.

Para cerrar el artículo, me gustaría escribir sobre ciclismo. Jaime Rosón logró hace unos días ser tercero en la clasificación general de la Semana Coppi-Bartali. El zamorano, integrante del equipo Caja Rural, sigue demostrando su calidad como ciclista, y más en concreto como escalador, haciendo una gran actuación en esta prueba italiana, que le ha llevado a lograr otro gran puesto dentro del complicado mundo del ciclismo profesional, un podio que suma a su victoria en el Tour de Turqía hace un año. La verdad, esperemos que Jaime siga creciendo como deportista de élite, y de aquí en unos años podamos verle peleando por las pruebas más prestigiosas del calendario internacional, como pueden ser el Tour o la Vuelta.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

lunes, 20 de marzo de 2017

XXXIII Media Maratón "Ciudad de Zamora"-Comentarios

Ayer se celebró la XXXIII edición de la Media Maratón “Ciudad de Zamora”, con victoria para Rui Muga y Andrea Román, con unas marcas de 1h10'48 y 1h23'22, respectivamente. En una mañana un tanto calurosa, pero donde, por suerte, el viento decidió no estar presente, algo más de 600 atletas se dieron cita en la Plaza Mayor de Zamora para completar los 21097 metros por las calles de la capital.

Tras mi debut en la distancia el año pasado en Ávila, y debutar unos meses después en la media de casa, rondando en ambas ocasiones la hora y media (1h30'06 y 1h30'54, respectivamente), para esta ocasión decidí que solo estaría en la línea de salida. Me parecía que, ahora mismo, no tenía demasiado sentido aumentarla distancia de una tirada larga normal por el mero hecho de completar una prueba de tan larga distancia, sin tener objetivos cronométricos o competitivos. Por lo tanto, el único objetivo para ayer sería el de colocarme en la línea de salida y disfrutar de un rodaje en compañía de otros 600 atletas, hasta el lugar decidido para retirarme, que a priori sería en el kilómetro 18, lo que viene a ser la distancia habitual que lo completar en una tirada larga.

La recogida de dorsales de la prueba estaba programada para el sábado, tanto por la mañana como por la tarde, y para el domingo por la mañana. En mi caso, decidí acercarme el sábado después de salir a completar el rodaje correspondiente. La bolsa de corredor que se entregaba con el dorsal correspondiente, a mi entender, es una bolsa bastante repleta, con camiseta técnica (que me ha resultado bastante más cómoda que la del año anterior, con un tejido más suave), garbanzos, vino y queso, entre otras cosas. Debo reconocer que la bolsa de corredor que se da en esta prueba, por norma general, siempre me ha resultado bastante completa, y este año, a mi entender, tampoco ha defraudado. Sin duda alguna, lo que más me ha gustado es, como decía, que la tela de la camiseta técnica se haya cambiado. Siendo sincero, la camiseta del año pasado me resultaba un tanto incómoda porque tenía la sensación de que me “raspaba” un poco la piel.

Con el dorsal en casa, tan solo quedaba esperar al domingo. No hubo nervios, no se trataba de una competición donde quisiera salir a darlo todo, sino de una prueba que no tenía previsto terminar, y donde el único objetivo era el de sumar unos cuantos kilómetros en compañía de varios atletas y por lugares que en muchas ocasiones no transito debido al tráfico. Por la mañana, desayuno lo que normalmente tomo para una sesión larga y, tras acercarme por la Ciudad Deportiva para ver a los compañeros del Club que estaban entregando los dorsales, marcho a la Plaza Mayor. Cuando llegué, ya había por allí varios atleta cambiados, y todo estaba más o menos colocado. Charlo con unos, con otros, y al cabo de un rato, a colocarse en la línea de salida. Opto por no salir demasiado delante, sobre todo por no molestar a aquellos que quieran hacer una carrera más rápida que la mía, aunque debo reconocer que me equivoqué un tanto en la situación de la salida, ya que me pilló una parte del “embudo” que se formó al salir de una parte bastante ancha a una bastante estrecha en muy pocos metros. Decidí plantear el rodaje por sensaciones, dejando que fuera el cuerpo el encargado de marcar el ritmo. El primer kilómetro, con todo el mogollón, lo pasé en casi 5'10, que me vino genial para activarme un poco de cara a los siguientes kilómetros, pues debo reconocer que estaba un poco atrancado. Poco a poco los kilómetros fueron pasando, a un ritmo bastante constante. Voy pasando diferentes grupos, sin acoplarme a ninguno. Debo reconocer que, en líneas generales, poco tengo que contar hasta la parte final. El GPS iba marcando ritmos en torno a los 4'15 y 4'20 min/km. Hasta la subida de San Frontis, en torno al kilómetro 14, tuve sensaciones bastante interesantes, pero creo que quise hacer ese tramo a un ritmo un poco más elevado del que debía, lo que me llevó a cargar un poco las piernas al final de la subida, que, poco a poco, fue en aumento. Así, sufrí algo de lo que me habían hablado muchas veces los días previos. Como decía, a partir de ahí las piernas empezaron a acusar el esfuerzo del rodaje del día previo (15 kilómetros) con el hecho de no haber controlado bien en la subida, pero, insensato de mi, al terminar de completar la bajada del cementerio y girar en el puente de hierro, creyendo que habría recuperado, pues había intentado no gastar demasiado en ese tramo hacia abajo, decidí intentar aumentar el ritmo. Y ahí me vino error. Quise correr más rápido de lo que estoy acostumbrado en los rodajes habituales (en torno a los 4'05-4'08 min/km), y el cansancio de los kilómetros previos y los 15 del día anterior empezaron a hacer efecto. Quizá, estaba acercándome al momento de parar y dar por completada la tirada larga. La idea era parar en el 18, y en ello estaba, pero despistado que es uno, me pasé el punto kilométrico. Así, decidí tirar hasta el siguiente y ahí parar. Mi padre, que había estado acompañando a los primeros en bicicleta, se vino en busca, y me pilló poco después de pasar el 18. Me había comentado la posibilidad de completar los 21 kilómetros antes de salir. “¿Cómo vamos?”. “En el siguiente me paro, las piernas dicen que no quieren más”. En el punto marcado, paro el cronómetro y abandono la prueba. Analizando, creo que debí pararme antes, cuando me di cuenta de que me había pasado el kilómetro 18. Aunque el ritmo no fue desorbitado, llevo mucho tiempo tocando ritmos un poco más lentos, y en las tiradas largas hacía mucho, mucho que, primero, no rodaba por debajo de 4'20 y, segundo, hacía casi un año que no completaba más de 18 kilómetros rodando. Como curiosidad, en el kilómetro 19, el GPS me marcaba casi 19,300.

Me gustaría hacer un pequeño comentario acerca de lo que vi hasta el kilómetro 19. Por norma general, el circuito creo que no estaba mal señalizado, pero, bajo mi punto de vista, se debería señalizar mejor el trazado de las rotondas. Lo dije el año pasado y lo vuelvo a decir este año. Por la zona del Puente de los Poetas creo que habría que indicar cuál es el carril por que deben ir los atletas, porque estaban colocados unos conos que, por lo menos a mi, me hicieron dudar sobre cuál era por el que debía pasar corriendo. Al final, cogí la trazada que consideré oportuna, no sé si haciéndolo o no bien. Por otro lado, en uno de los pasos por ese mismo puente, nos tocó subirnos a la acerca al encontrarnos con un camión y uno o dos coches en nuestro carril, y me consta que no han sido los únicos vehículos que se han metido en la prueba. Por lo demás, creo que todo ha estado bastante bien. Me gustó especialmente ver a los jueces en diferentes puntos de la prueba controlando que todo fuese en orden. Vamos, una mañana interesante de atletismo popular.


Nos vemos… haciendo deporte, claro.