domingo, 8 de enero de 2017

Pensando los entrenamientos

De nuevo, me veo con ganas de escribir. Tengo ganas de juntar letras sobre lo que se me venga a la cabeza. Me imagino, por la temática habitual, que acabaré escribiendo de lo de siempre, pero bueno, lo mismo hoy doy la campanada y acabo redactando una entrada sobre alguna otra historia que no tenga nada que ver con los temas habituales del blog. La verdad, no lo creo, pero nunca se sabe. Como siempre digo, me impresionan de una manera considerable la forma de escribir de los escritores profesionales, que son capaces de escribir un libro entero enganchando al lector, haciéndonos disfrutar y, en muchas ocasiones, sin que de la impresión de que lo están haciendo sobre una misma idea, a pesar de que así sea. Qué envidia, de verdad.

El otro día me paré a pensar cuánto hacía que dejé de entrenar con Teo, y decidí empezar a hacer algún balance de todo lo hecho desde entonces. A principios del mes de octubre hizo tres años que empecé a entrenar de forma autodidacta. Tras aquella primera edición de la Subida a Balborraz, donde fui tercero tras Agustín Ruiz y Alejandro González, decidí que tenía que dar un giro radical a mi vida deportiva. Me veía muy saturado y necesitaba un cambio de aires. Mi idea era la de volver al deporte federado en el mes de febrero de 2014, algo que finalmente incumplí (esa temporada tan solo corrí Atapuerca y fue más un entrenamiento de cinco kilómetros fuertes que una competición, pero de ésto ya escribiré otro día), pero, poco a poco, fui encontrando mi forma de entrenar, hasta que en el mes de febrero, tras competir en la carrera de Don Bosco de Valladolid, decidí preparar, con doce semanas de plan, El Salvador, en La Bañeza. Poco a poco, a base de alternar sesiones de cambios de ritmo con sesiones de rodaje y alguna salida en bici, tanto de montaña como de carretera, los fines de semana, recuperé parte del nivel que tenía, llegando a tocar ritmos en la carrera leonesa bastante interesantes. Eso me subió bastante la moral, y, aprovechando ese estado de forma, decidí comenzar de nuevo con las series y correr en Bañobárez, logrando la que hasta ahora es mi única victoria absoluta en una carrera popular. Estaba completamente decidido a volver a competir, eso sí, entrenando de manera autodidacta, porque, la verdad, le había cogido el gustillo, pero en el mes de agosto me lesioné, y a partir de ahí, ya sabéis cómo ha sido todo, regresos frustrados y, en septiembre de este año, de nuevo lesionado.

Durante todo este tiempo, especialmente durante la primera temporada, he ido conociéndome un poco mejor. Me he ido probando con diferentes entrenamientos, algo que quizá también me haya llevado a estar lesionado en estas dos ocasiones, pero de todo se aprende, incluso de las lesiones. También, con el paso del tiempo, ha cambiado mi filosofía hacia algunas situaciones. Aunque pienso lo mimo para algunas cosas, he modificado por completo otros pensamientos. Debo reconocer que hubo ciertos aspectos de mis entrenamientos guiados por Teo que en su momento no cuadraban con mi manera de ver esto, desde luego, desde un punto de vista con mucha menos experiencia que la de Teo. Sin embargo, poco a poco me he ido dando cuenta de que, en muchas cosas, estaba equivocado, y que mi entrenador desde septiembre de 2009 hasta octubre de 2013 tenía bastante más medidos de lo que nos parecía los entrenamientos que nos iba marcando. Durante este tiempo, hemos seguido viéndonos casi a diario, y he seguido varios de los entrenamientos que iba marcando al grupo en el que corría mi hermano, y la verdad, es impresionante cómo aprovecha los medios naturales para que los peques trabajen algo de fuerza o, con el propio terreno donde están entrenando, aprovechen para hacer unos cambios de ritmo, por ejemplo.

De todo este tiempo, tengo mejores y peores recuerdos. Guardo con especial cariño, como era de esperar, la carrera de El Salvador y de Bañobárez, porque creo que fueron algo muy importante en mi vida deportiva, pues me hicieron ver que podía verme competitivo de nuevo después de unos meses desmoralizado, y que si entrenaba como debía hacerlo, podía estar corriendo a ritmos bastante majos. También guardo buenos recuerdos de otras carreras, como aquella de unos once kilómetros que se celebra en Moraleja del Vino, del Cross de Ávila, sobre todo de mi primera participación, o de la carrera de La Zarza de Pumareda. Para ahora, mi objetivo es acabar de hacer “la base” y empezar a entrenar un poco más en serio, con el objetivo de poder empezar a acercarme a esos ritmos que manejaba cuando gané en Bañobárez. Tengo ganas de verme competitivo de nuevo, de probarme con diferentes retos con un dorsal colgado de la camiseta. Éso dije hace un tiempo y me lesioné, por lo que, sobre todo en lo que me reacostumbro a los entrenamientos serios, debo ir con tiento, intentando evitar las lesiones. Evidentemente, y aunque no nos gusta, los deportistas debemos aprender a convivir con ellas, pero si podemos tratar de evitarlas, pues mucho mejor. Tenía previsto hacer doce semanas solo de rodaje, pero creo que finalmente me decantaré por hacer algún cambio, y de la semana ocho a la doce introduciré ya algo de series. De esas cuatro semanas, espero competir tres de ellas (Ávila, Regional de cross y Don Bosco), pruebas que, en cierta manera, podríamos considerar “preparatorias”. Todas son importantes, pero creo que, de hacer un buen papel (ahora mismo es complicado), está claro que tengo más papeletas de hacerlo bien en Ávila bien en Don Bosco, porque me da que en el Regional, debutando además en la categoría Promesa en una prueba federada, me van a dar hasta palos por todos los lados. Pero bueno, habrá que esperar a ver qué es lo que sale. Durante esas cuatro semanas, la idea será hacer tres días de calidad, bien dos de series y uno de cuestas, o dos de series y uno de competición, según qué semana. Una vez completado este periodo de tiempo, tocará buscar un 10.000 y prepararlo. No quiero empezar de cero la preparación para esa distancia, de ahí que quiera utilizar el último mes de “la base” para readaptarme.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

martes, 3 de enero de 2017

Empezando el año dando zancadas

Pues nada, nos hemos ventilado otro año. 2016 se acabó el sábado pasado a las doce de la noche. Un año que habrá sido completamente diferente para cada uno de nosotros. A lo largo del año que acabó hace tres días, habremos tenido días donde habremos acabado muy contentos con lo sucedido a lo largo de esas 24 horas, mientras que otros, ese espacio de tiempo se habrá hecho interminable, llegando a parecer que el día no llegaba nunca a su fin.

A nivel personal, el 2016 ha sido un año un tanto peculiar en varios aspectos, y del cual creo que he ido aprendiendo diferentes cosas. Comencé el año iniciando mi formación no reglada, lo que supe que se llamaba así al empezar el curso que durante tres meses me permitió, por un lado, conocer a nuevas personas vinculadas a la rama sanitaria, y por otro lado, seguir ampliando conocimientos dentro de dicha rama, algo que siempre es de agradecer. Finalizada esta parte, me puse con una nueva experiencia, la preparación de mis primeras oposiciones. No es algo sencillo y la verdad, he llegado a la conclusión de que, para poder aprobar una cosa de estas, se necesita ser muy, muy meticuloso, y ser capaz de memorizar un montón de datos. No sé cuál será el resultado, pero creo que estos meses preparando las oposiciones me pueden venir bastante bien para saber cómo es una cosa de estas, cómo se deben preparar, y llegar con más experiencia a otras ocasiones, algo que seguro que cuenta tanto como los conocimientos que se lleven guardados en la cabeza. Y para acabar el año formativo, el último viernes de 2016 comencé otro curso formativo que creo me puede venir fenomenal para seguir formándome. Creo que es muy importante que nos formemos, y que estos cursos de formación no reglada pueden venir genial para seguir adquiriendo conocimientos.

En lo deportivo, he tenido he seguido sumando sesiones de kilómetros, dejando bastante de lado las sesiones de series o cambios de ritmo. Me he centrado bastante en sumar kilómetros, unos días por sensaciones, otros días guiándome por el pulsómetro o el propio GPS, pero, al fin y al cabo, sumando kilómetros más o menos cómodos. He seguido probando conmigo a lo largo de estos 365 días, lo que me ha llevado a ir conociéndome un poquito más, y a estar lesionado durante prácticamente un par de meses (tan solo me faltó una semana para completar ese espacio de tiempo). En temas competitivos, he repetido en algunas pruebas y he conocido otras nuevas. Apenas he corrido en campo a través (solo Ávila), pero en carreras populares he debutado en alguna bastante interesante. De la carrera de Sardón de los Frailes guardo un recuerdo genial, un recorrido que, creo, me venía bastante bien y donde realmente puedo decir que disfruté muchísimo. En Becerril de Campos me tocó competir en la carrera que lleva el nombre de Mariano Haro, donde no tuve para nada malas sensaciones, pero el recorrido no se adaptó del todo a mi. Aun así, creo que hice un buen papel. De una carrera de la que no guardo un buen recuerdo es de la celebrada en Faramontanos de Tábara. Hubo muchos cambios de última hora y una medición del recorrido bastante errónea (inicialmente fueron ocho kilómetros; allí se nos dijo que por la lluvia caída, lo habían reducido a unos siete y medio, y finalmente corrimos seis kilómetros) y físicamente no me noté del todo bien, aunque he tenido días donde las sensaciones fueron bastante peores. Como carrera sufrida, podría recordar la de El Encinar, en Salamanca, un día donde las sensaciones no acompañaron para nada. Fueron 8000 metros con el pulso disparado desde el primer metro y en más de un momento pensé que no sería capaz de llegar a meta. Y como carrera donde haya mezclado sufrimiento y disfrute, sin duda, la carrera de La Zarza de Pumareda, también en Salamanca, una carrera muy bonita e interesante.

Y para cerrar el año, muchos habréis corrido la San Silvestre de Zamora. Sobre un recorrido de 3500 metros, los más rápidos fueron Alejandro González, en la categoría masculina, y Rosa Folgado, en la categoría femenina. En una edición bastante rápida y marcada por la lluvia (hubo varios resbalones y caídas), Zamora salió a la calle para despedir al 2016 dando zancadas. De entre los participantes, Diego Bravo sigue con su evolución como atleta, y se mantuvo siempre en el grupo cabecero, para finamente entrar en cuarta posición, siendo superado solamente por Alejandro González, Ángel Nieto y el veterano Fernando Lorenzo, un gran ejemplo de ilusión intacta tras varios años encadenando zancadas. Este año, como lleva siendo habitual desde hace alguna edición, tampoco estuve presente en la San Silvestre zamorana. Tanto por motivos personales como por el hecho de estar solamente haciendo rodajes, no tenía demasiado cuerpo para competir, menos en una prueba para cuya distancia sé que, por el ritmo que suele llevarse, no estoy ni de lejos para disputar. Mi cabeza seguía dándole vueltas a algunas situaciones vividas en el último mes, y que, por cierto, la carrera a pie me ha ayudado a superar, y por otro, era consciente de que, físicamente, estoy metiendo bastante volumen, pero solo eso, así que opté por esperarme hasta el cross de Ávila, que será el próximo 22 de enero, dándome así más tiempo para recuperarme tanto física como mentalmente.

Ávila será mi primera competición tras mi lesión. Será un test de unos 8500 metros para ver de dónde parto, para analizarme y ver cómo estoy para futuras competiciones. Quizá aun algo temprano, espero poder estar presente ene l Regional de cross. Este año allí me tocará correr 10.000 metros, y creo que, como suele decirse, “me darán hasta el DNI”. Tendré que salir con la única idea de acabar lo más entero posible. Ese circuito no es de los que mejor se me da, y si el primer año que corrí, donde creo recordar que corríamos algo menos de 5000 metros, las pasé canutas para acabar, haciendo más del doble de distancia, me puede pasar de todo. Pero bueno, habrá que intentar hacerlo lo más dignamente posible. Para seguir con objetivos competitivos, el fin de semana siguiente le he vuelto a echar el ojo a la carrera de Don Bosco, en Valladolid, una prueba que me encanta. Y, por ahora, son los únicos tres objetivos competitivos que me he marcado.

En lo que a los entrenamientos se refiere, comencé el año entrenando por tierras salmantinas. Rodando por la zona del estado de Salamanca, más conocido como el Helmántico, completé la tirada larga de la semana, 17 kilómetros justos en 1h15'47”, a 4'27 min/km y 164 pulsaciones (llevo entrenando con pulsómetro desde finales de la pasada semana). El lunes comencé la semana con un rodaje por la zona de Cabañales, una de mis vueltas favoritas, completándolo en 57'58, a 4'28 min/km y 162 pulsaciones medias. Un día en el que tuve bastante buenas sensaciones. Siguiendo, hoy tocó ir a rodar para la zona del carril bici, acabando con un total de 14 kilómetros justos en 1h03'05”, a 4'30 min/km y 162 pulsaciones medias. Por ahora, aun me faltan un par de semanas para acabar los dos primeros meses del plan. Toca ir valorando y ver si, una vez completados estos días, toca comenzar de nuevo con las series, o me hago un poco más conservador y sigo haciendo “la base” un mes más, como dicen los ciclistas.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Filosofeando un poco


Llegaron los últimos días del mes de diciembre, y cone llos, las fiestas navideñas. Días para juntarse con la familia y contarnos las “batallitas” sucedidas a lo largo del año. Reconozco que no son mis fiestas favoritas por varios motivos, y que en estos días no disfruto demasiado, pero sé de la importancia de estas fechas para muchas personas. Me gusta, o más bien me encanta reunirme con mi familia, pero no me gusta nada el consumismo que hay en estos días, resumiendo mucho mi punto e vista sobre estos días festivos.

Con la llegada del fin del año, muchos correréis algunas de las miles de San Silbestres que se celebrarán a lo largo y ancho de nuestra geografía. Algunos os habréis descartado por correr una de las más famosas y conocidas, la Vallecana, sobre 10.000 metros, y con una participación impresionante, mientras que otros, seguramente, optaréis por correr otras pruebas no tan masivas o más cercanas a vuestros lugares de residencia. La de Zamora se celebrará, como es costumbre, el día 31 de diciembre sobre un recorrido urbano de unos 3500 metros por las calles más céntricas de la capital. Tras varias ediciones con el circuito de la catedral, al cual se daban un par de vueltas, Atletismo Zamora cambió en 2012 el recorrido. Como todo, con sus pros y sus contras, pero, ante todo, pensando en el corredor. Y, la verdad, este nuevo circuito me gusta bastante más

Este año, como llevo haciendo desde 2013, tampoco correré en la carrera de final de año de mi ciudad. Si soy sincero, no ha sido nunca una prueba que me haya motivado en exceso. Creo que mis resultados en la San Silvestre de Zamora no han sido lo suficientemente malos como para catalogarlos de pésimos (aquí logré mi primer podio con doce años, siendo tercero en la categoría Infantil, con mi compañero Steven en segunda posición), pero, a pesar de ello, no ha sido de las pruebas donde mejor me lo haya pasado. La verdad, me gustaría ver una carrera un poquito más larga. No hace falta subirse hasta los diez kilómetros, como hacen en la mencionada Vallecana o en la de Salamanca, pero sí del estilo a la de Palencia, donde, si no me equivoco, corren unos 6000 metros. Quizá, si fuera esa distancia o un 5000, por ejemplo, me pensaría un poco más en serio lo de participar. Y es que siempre me ha pasado lo mismo, para cuando quería empezar a coger el ritmo, la carrera se había acabado. La verdad, y solo como observación, en Zamora echo bastante de menos más carreras de diez kilómetros. Hay varias de tres, cuatro, cinco o seis kilómetros, de y ahí pasamos a la media maratón, 21097 metros por delante. Hablo, por supuesto, de asfalto, porque he visto que en Valorio harán para febrero una carrera de trail, donde una de las dos distancias disponibles es de unos 9500-10000 metros.

Y hablando de Valorio. El bosque zamorano es un lugar muy, muy transitado por “bikers”, ciclistas en bicis de ciclocross (la celebración del campeonato de España de esta especialidad dejó un circuito curioso), atletas y, por supuesto, personas caminando. En este lugar, muy propio para carreras de campo a través y ciclocross, apenas vemos la celebración de tres crosses y, desde 2011, apenas ha acogido un par de pruebas de ciclismo. En temas atléticos, hay que estar muy agradecidos al Club Mesa de Valorio, por la celebración de su cross popular, y a Teo de las Heras, quien, con la inestimable ayuda del club en el que está de entrenador, el Atletismo Zamora, ha logrado recuperar alguna carrera de campo a través en Valorio, carreras que suelen ser gratuitas, algo que cada ve es más raro de encontrar. Como decía, en las pruebas de 10.000 en la capital, me gustaría más carreras dentro de este bonito bosque que tenemos en Zamora.

Sobre entrenamientos, esta semana, una vez más, he vuelto a cambiar el día de descanso. Llevo ya unas cuantas semanas descansando los sábados y rodando los viernes. Por ahora, en este “periodo de acondicionamiento general” (no me acabo de adaptar a estos tecnicismos) la idea es mantener esta estructura de entrenamientos, pero, una vez acabadas todas las semanas, volveré a descansar los viernes, porque, con esa estructura que suelo utilizar en las series, me cuadra mejor descansar los viernes.

En este momento de la temporada, en el cual me ha tocado empezar de cero tras lesionarme, me toca acumular kilómetros de rodaje con el objetivo de ir cogiendo poco a poco algo de forma, hasta llegar a un punto ene el cual la carrera continua no pueda producir más mejoría, y será donde, lo quiera o no, tendrán que aparecer las primeras series después de lesionarme. Mi idea principal es hacer doce semanas solamente rodando, lo que los ciclistas llaman “hacer la base”, al inicio del plan con la idea de entrenar por tiempo y guiándome según los datos del pulsómetro, y desde una semana, guiándome por ensaciones y por kilómetros. Este periodo, en un principio, va a durar doce semanas, en las cuales debo ir aumentando poco a poco la distancia, para acabar los últimas semanas haciendo el mismo el mismo volumen que estuve tocando durante varias semanas de la pasada temporada, unos noventa kilómetros. Esto lo valoraré, pero, en un principio, completaré esas doce semanas.

Durante este periodo, en teoría y según lo que he leído, hay que controlarse y tal, y que si no se hace, nos cargamos “la base”, pero ésto me lo saltaré. Correré en Ávila, y aunque me den palos, intentaré correr todo lo rápido que el cuerpo me deje. No he mirado fechas, pero si el Regional y Don Bosco coinciden, pues las correré y no pasará nada por estar haciendo “la base”.

Esta semana había comentado cómo fueron las sesiones de entrenamiento hasta el miércoles, así que comentaré cómo han sido el resto de días. El jueves completé un rodaje de 14 kilómetros en 1h02'05”, a 4'26 min/km. El viernes, completando una ruta muy semejante, acabé con otros 14 kilómetros justos en 1h02'29, a 4'27 min/km. Hoy está marcado el día de descanso, y el domingo, el rodaje largo, que será de unos 17-18 kilómetros.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Sumando kilómetros

Hoy me pongo a escribir con la intención de que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que lo hacía, a principios de este mes. Han pasado unas tres semanas desde entonces, pero tengo la sensación de que ha sido un tiempo muchísimo mayor. Desconozco el motivo por el cual ésto sucede, pero es así. Quizá, el “mono” que muchas veces tenemos cuando, por diversos motivos, no podemos salir a entrenar, también aparece en este mundillo de la escritura. ¿Por qué no? Es algo que perfectamente puede suceder, y que estoy seguro de que, en esta ocasión, me ha sucedido. Para la entrada de hoy en mi blog más personal, me gustaría escribir sobre estos primeros entrenamientos, sus correspondientes sensaciones y alguna que otra “historieta” relacionada con este tema o con las competiciones. Al final, tengo la sensación de que ésto es un tanto monótono, siempre unos temas iguales o muy parecidos, pero, cuando uno está flojo de ideas, tiende a tirar de lo que mejor le sale a la hora de sentarse frente a un teclado para juntar unas cuantas líneas, y ésto es lo que me lleva pasando desde hace ya bastante tiempo.

Desde que comencé a entrenar hasta hoy, han pasado cinco semanas completas y los tres días que llevamos de esta. En este tiempo, he podido empezar a entrenar de una forma más o menos regular, cumpliendo con los entrenamientos que estaban marcados dentro del plan de entrenamiento. La primera semana consistió en readaptarse a la carrera después de estar casi dos meses lesionado (faltó una semana), guiándome por pulsaciones y tiempo, sin hacer intervalos más fuertes y procurando no quemar etapas antes de tiempo. Completados esos primeros días, elaboré el primero de los tres meses de preparación con la idea de ir acumulando kilómetros a un ritmo cómodo, intentando mantenerme entre 160 y 165 pulsaciones, introduciendo, con el paso de los días, algún que otro intervalo a un ritmo más fuerte (180-185 pulsaciones), al ver, tras completar las primeras sesiones dentro de esta tabla, que me veía un tanto estancado a partir de la mitad del entrenamiento, y ya de paso, aprovechar para “quitarme la polvorilla” tras tantos kilómetros rodando a un ritmo constante, pero teniendo teniendo la sensación, en contra de lo que el GPS o, mejor dicho, el pulsómetro, solía indicarme, de que podía ir más rápido. Así, con estos intervalos de unos 15-20 minutos y sesiones guiadas por pulsaciones y por tiempo en vez de por distancia, he estado sumando los primeros kilómetros tras lesionarme. Poco a poco, aunque también, quizá, con excesiva rapidez, depende de cómo se mire, he llegado a alcanzar los 80 kilómetros semanales al final de este primer periodo.

Una de las ventajas que creo que puede tener el hecho de entrenar de forma autodidacta es que te permite modificar las sesiones de entrenamiento sin tener que consultar con nadie y teniendo como único objetivo ver cómo reacciona el cuerpo ante diferentes maneras de entrenar dentro de un mismo periodo. Después de estar estas primeras cinco semanas rodando por tiempo y basando el esfuerzo en las pulsaciones, opté, al empezar a organizar las siguientes cuatro semanas de entrenamiento, cambiar todo por completo y empezar a entrenar por kilómetros y sin ponerme la banda del pulsómetro. ¿Por qué este cambio? Por un lado, debo reconocer que el cambio a rodar por distancia lo he hecho un poco por comodidad a la hora de buscar rutas para rodar. Después de bastante tiempo entrenando por metros, tengo más o menos medidos unos cuantos circuitos, unos más largos que otros según lo que quiera hacer, lo que me permite ponerme a rodar casi sin hacer cálculos. Cuando he estado entrenando por minutos, me he dado cuenta de que tenía que acabar haciendo cálculos basándome en el ritmo que llevaba y el tiempo que faltaba para acabar, para así poder meterme por un sitio u otro. Al final, he tenido que darle una importancia relativamente amplia a los kilómetros para así, poder rodar por distancia (creo que no me he expresado nada bien), por lo que, al final, esos metros o kilómetros han tenido que ver igualmente en los entrenamientos, por lo que me decido a volver a rodar basándome en ellos y haciendo las rutas que tengo más o menos medidas según lo que quiera hacer cada día. Respecto al uso del pulsómetro, he vuelto a caer en el error de siempre. Le he acabado dando más importancia a lo que me iba marcando el reloj que a las sensaciones de mi cuerpo, quizá, en alguna ocasión, forzando más de lo que el cuerpo quería por mantenerme dentro de las pulsaciones marcadas, y en otras, teniendo la sensación de ir parado, en ambas ocasiones por el mismo motivo.

Así, siguiendo esta “nueva” forma de entrenamientos, llevo estos tres primeros días de la semana. El lunes comencé haciendo un rodaje de un pelín más de 13 kilómetros en 56'34, a 4'20 min/km. El martes rodé 14 kilómetros justos en 1h01'24”, a 4'23 min/km y bastante buenas sensaciones. Para seguir haciendo “la base”, como dicen los ciclistas, hoy completé otro rodaje de 15 kilómetros en 1h06'17, a 4'25 min/km con sensaciones de todo tipo, en algunos momentos muy buenas y en otros, no tanto.

En lo que se refiere a los próximos objetivos competitivos, ya estoy inscrito al Cross “Ciudad de Ávila”. Desde que corrí la primera vez en el 2014, he participado en todas las ediciones, y la verdad es que he disfrutado muchísimo compitiendo en Ávila. En todos los eventos deportivos que he visto por allí, no solo de atletismo (he corrido en Ávila y en Navalmoral) sino también de ciclismo (mi padre era un habitual de la Ciclomarcha Carlos Sastre) he visto una organización impecable y un trato hacia el corredor que podría catalogar de impecable. En lo que al cross se refiere, siempre he acabado muy contento y con la sensación de que la organización se esmeraba en darlo todo para que el corredor estuviera lo mejor posible en su prueba. Este año volveré, aunque mi estado físico nos será el mejor para competir. Unas semanas después espero poder competir en el Regional de campo a través, que se celebrará un año más en Valladolid. He estado echando un ojo y, siendo Promesa, me tocará correr los 10.000 metros junto a los atletas de la categoría Absoluta, por lo que más me vale llegar un poco decente, porque sino, me van a dar más “pal pelo” de lo que me podían dar estando al cien por cien. El recuerdo que tengo de ese circuito es de un terreno duro, y correr diez kilómetros allí se puede hacer muy, pero que muy largo, y más con los corredores que allí estarán presentes. Otro objetivo que será por esas fechas es la Carrera Popular de Don Bosco, también en Valladolid, otra prueba de la que me he enamorado. El año pasado no tuve del todo malas sensaciones, aunque al final pagué el hecho de no estar haciendo entrenamientos de calidad, y me costó muchísimo recuperarme del esfuerzo de ese día, aparte del bajón que tuve al llegar a meta. Por ahora, son las pruebas más o menos fijas. Tengo luego otras en mente, pero fijas, tan solo estas.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.



jueves, 8 de diciembre de 2016

Juntando música, escritura y entrenamientos

Entre unas cosas y otras, han pasado otra vez muchos días desde la última vez que escribía en el blog. Juntando situaciones complejas un tanto complicadas junto a la preparación de las oposiciones y los entrenamientos, la verdad es que he estado bastante desconectado en esto de la escritura, aunque, por suerte, he podido seguir manteniendo la lectura, otra de mis grandes aficiones, aunque, debo reconocerlo, tampoco con tanta intensidad como en otras ocasiones. Lo que sí he intentado mantener, junto a los entrenamientos, ha sido la música. En unos momentos un tanto complicados a nivel personal, unas zapatillas y unas cuantas notas musicales podríamos decir que “hacen milagros”.

Para un músico, sus composiciones son como para un escritor un libro, una manera de expresar unos sentimientos concretos ante una situación determinada. Estos días he dejado de lado las canciones que me gustan más por el sonido que su significado, para centrarme en buscar temas donde los músicos expresaran unos sentimientos semejantes a los que sentía en ese momento, o al menos, que lo que me transmitían esos temas levantaran crearan esos sentimientos, algo que la música, como también puede ocurrir con la escritura, permite hacer. Como siempre, he recurrido a mis “clásicos personales”. Miguel Ríos o Antonio Vega han sido dos de los españoles que, con su voz, me han acompañado estos días, haciendo caso a esa frase del granadino que dice “la música estará siempre ahí para reconfortarnos”. Rebuscando, me he encontrado con temas que hacía muchísimo tiempo que no escuchaba y que realmente cumplían los “requisitos” para ser oídos en este momento. Por supuesto, he seguido escuchando a Roger Taylor, Freddie Mercury, Brian May y John Deacon. “These are the days of our lives” es uno de esos temas que, en cierta medida, podrían cuadrarme. Me he puesto no solo a los cuatro juntos, sino que también he buscado algunos temas que han interpretado en sus correspondientes etapas en solitario y de la banda sin Freddie, como el tema que comentaba interpretado por Roger Taylor o la canción titulada “Too much love will kill you” interpretada por Brian May. También he escuchado a David Bowie, aunque debo reconocer que a este último bastante menos que a los comentados anteriormente. Pero bueno, el tema principal y donde más cómodo me encuentro escribiendo es el deporte, así que para esta ocasión retomaré esto. No es que me disguste escribir de música, pero debo reconocer que se me acaban bastante rápido las ideas para hacerlo sobre este tema, y es que mis conocimientos sobre esto no son demasiado amplios. Tampoco es que sepa demasiado sobre deporte, pero me resulta bastante más sencillo escribir sobre esto, así que me pondré manos a la obra con algún que otro tema vinculado a las zapatillas o la bicicleta.

Nos encontramos en el mes de diciembre, la temporada de cross está en auge y nos encontramos a relativas pocas semanas de cerrar el año de una manera deportiva, con esa prueba tan popular como es la San Silvestre, unas pruebas donde prima más el disfrutar del ambiente popular que el hecho de competir, aunque nos encontramos con pruebas de este tipo con un nivel impresionante. A pesar de todas las San Silvestres que hay, muchas de ellas cerca de mi ciudad, la verdad es que no he participado en muchas, solamente en la de Zamora, y no en todas sus ediciones. Si tuviera que echar la vista atrás para buscar mi primera participación en una prueba de estas, tendría que irme a finales del año 2008, cuando, aun sin entrenar con Teo (a correr empezaría casi un año después), mi padre y yo nos calzamos las zapatillas y nos apuntamos, en mi caso sin saber muy bien qué era eso de las competiciones. Tenía alguna noción de cómo iba esto del atletismo, gracias al profesor de Educación Física del colegio, que era atleta, pero nunca me había puesto en una línea de salida de una competición, por lo que creo que hacerlo en una San Silvestre, además como la de Zamora, que no es demasiado larga (unos 3500 metros) fue una gran idea. A partir de ahí, corrí las ediciones de 2009, 2010, 2011 y 2012, esta última ya con el nuevo recorrido que el Atletismo Zamora elaboró pasando primero por la zona un poco más céntrica de la ciudad, para, tras un primer paso por meta, meternos en el recorrido que se había estado celebrando en las ediciones anteriores. Y debo reconocer que, a pesar de ser una prueba que en la que físicamente siempre notaba que no me acaba de adaptar al circuito, sí es cierto que me gustaba hacerla. Disfrutaba compitiendo en la San Silvestre “de casa”, como suele decirse. Ahora mismo, cuando han pasado cuatro años desde la última vez que corrí esta prueba, no tengo previsto participar. He cambiado por completo la manera de entrenar, y ahora mismo creo que competir en una prueba de 3500 metros, aunque podría venirme bien para darme algo de chispilla de cara a otras distancias, creo que sería una manera de “arrastrarme” y de ver que, cuatro años después, cuando se suponía que tenía que estar tocando unos ritmos bastante más elevados que los que ahora estoy manejando, no he cumplido con la evolución que me correspondía con el paso de los años y que tampoco me he quedado estancado en los ritmos que tocaba hace cuatro años, sino que he retrocedido y me he acabado convirtiendo en un “trotón”, algo de lo que en su día quise huir.

Van pasando los días, y ya llevo tres semanas más lo que llevamos de esta entrenando. De estas casi cuatro semanas, ésta y las dos anteriores están ya incluidas dentro de un plan de entrenamiento, mientras que la primera opté por tomarla un poco de adaptación. El objetivo para estos días es “hacer la base”, como dicen los ciclistas. He planteado doce semanas para este periodo, aunque he optado por introducir algún que otro cambio. Aunque a priori no haré series durante estas doce semanas, sí que tengo he organizado alguna sesión donde la idea es hacer algo un poco más fuerte. Como decía, no tengo previsto hacer series, ni si quiera cambios de ritmo o fartlek, la idea es un tanto diferente. Consiste en ir rodando a un ritmo normal, para acabar los últimos quince-veinte minutos del rodaje a un ritmo que no sea al cien por cien, pero sí que sea exigente, que me permita poder decir al acabar que “he sudado la gota gorda” o, como dije el otro día al llegar a casa, “qué cansado es esto de querer correr más rápido de lo que estoy acostumbrado”. Vamos, en resumidas cuentas, introducir algún intervalo a un ritmo más fuerte que el habitual para variar un poco la sesión y hacer que el cuerpo trabaje a otras intensidades.

Sobre la duración de este periodo, ¿es demasiado? Puede ser que doce semanas (o tres meses) sea demasiado tiempo para estar solo rodando, pero debo reconocer que tengo ganas de preparar unos entrenamientos con la metodología de la que tantas veces me han hablado los ciclistas. Ese periodo que muchos llaman de acondicionamiento general, también más conocido como “la base” me ha demostrado que a los compañeros ciclistas que la han seguido, les ha salido de cine, así que, ¿por qué no intentarlo? He ido leyendo artículos que me han ido recomendando relacionados con es tema, unos artículos que me han resultado un tanto interesantes, y que me han venido bastante bien para aprender cosillas vinculadas a esto. Se trata de ir incrementando de una manera progresiva el volumen y la intensidad de las sesiones, llegando al tercer mes metiendo una cantidad de kilómetros y una intensidad considerables. Hay quien considera que en ese tercer mes ya habría que hacer algunas series, mientras que otros se decantan por seguir incrementando el volumen y hacer unos intervalos no al cien por cien, pero sí con una intensidad bastante elevada. También, si vamos con algo de prisa, se puede recortar este periodo cuatro semanas, quedándonos en dos meses u ocho semanas. Es una opción que también podría entrar dentro de mis planes, y que quizá podría valorar, pero ahora mismo es muy temprano para pensar en reducir este periodo a ocho semanas, así que, por ahora, creo que mantendré los tres meses. Llevo, con esta, tres semanas entrenando con un plan, rumbo a las cuatro contando la que hice como readaptación, y viendo los progresos, creo que la mejor opción será alargar y hacer las doce semanas completo.

Aunque en este tiempo tengo previsto hacer rodajes, me sigue rondando por la cabeza la idea de preparar algún 10.000. Está claro que ahora mismo, correr diez kilómetros a un ritmo de 3'30 es realmente complicado, cuando hoy mismo he hecho los últimos veinte minutos del rodaje a un ritmo medio de 3'50 sin bajar de las 180 pulsaciones, lo que me hacer ver que ese objetivo para el 10.000 queda lejísimos, pero tampoco creo que tenga que tener prisa. Es un objetivo, por decirlo de alguna manera, a largo plazo. Objetivos a corto plazo, me he planteado dos carreras de campo a través y una de asfalto como pruebas donde irme a probar y ver cómo estoy de forma en ese momento. El cross de Ávila y el Regional de Valladolid son las dos pruebas de campo a través en las que me gustaría participar, en la abulense porque es una prueba que me encanta y donde realmente se disfruta compitiendo, y en la segunda, por probarme junto a corredores de mi nueva categoría (Promesa) en una prueba federada. Quizá no sea la idónea para debutar en la categoría, pero tampoco me quedan demasiadas opciones de colgarme en dorsal en una prueba de campo a través federada. Y sobre carreras populares, me encantaría volver a competir en la Carrera Popular “Don Bosco” de Valladolid, una popular donde también me he sentido muy cómodo compitiendo, donde el trato hacia el corredor siempre ha sido buenísimo, y que ha demostrado a lo largo de los años que aun quedan carreras gratuitas que pueden reunir a buen número de participantes.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.


martes, 22 de noviembre de 2016

Vuelta a la escritura

"Antes se decía que correr era de cobardes; yo creo que ahora cobarde es el que no corre, porque se necesita valor para salir a correr". (Chema Martínez).

Han pasado varios días desde la última entrada que publiqué, que si no me equivoco, data del día seis de noviembre. En este espacio de tiempo, han sucedido unas cuantas cosillas dentro del mundo deportivo. Por un lado, hemos visto cómo la temporada de campo a través ha dado su inicio con Atapuerca, Soria o la Espada Toledana. Pero ésto no ha sido lo único atlético que hemos vivido en estas dos semanas, y es que nos hemos encontrado con dos pruebas de asfalto de bastante renombre, como son la Behobia-San Sebastián y la maratón de Valencia, donde, paralelamente a la prueba de 42 kilómetros, se hizo otra de diez kilómetros. En el plano más personal, después de estar dos meses menos una semana sin poder entrenar, hace ya una semana que me calcé las zapatillas y me puse de nuevo a entrenar. Nuevos proyectos, nuevas preparaciones y un denominador común: ganas de poder volver a entrenar y a competir.

Con noviembre, han llegado unas cuantas citas atléticas de lo más interesantes, todas ellas con un nivel considerable. Atapuerca abrió hace una semana la temporada invernal. Como es habitual, el dominio africano fue claro, y los atletas del continente que seguramente más corredores de alto nivel ha estado sacando en los últimos años. Lo mismo sucedió en el cross de Soria, con un claro denominador de estos corredores, mientras que la Espada Toledana tuvo como atletas victoriosos a Toni Abadía y a Alessandra Aguilar, quienes a priori eran los atletas que más posibilidades tenían de alzarse con la victoria, cumpliendo así con los pronósticos establecidos.

De todos estos tres crosses, tan solo he competido en Atapuerca. Allí estuvimos durante seis años consecutivos, de los cuales, tan solo cuatro fui con la intención de competir “en serio”, ya que las dos últimas participaciones me pillaron ya como “jubilado” y no me las tomé tan en serio como en las ediciones anteriores. Pero, casualidades de la vida, el año donde más contento he acabado fue el primero de esos dos años, en 2013, donde, a pesar de que llegué no bastante lejos, sino lejísimos de los atletas de cabeza (si no recuerdo mal, fui el 105), fue el año donde mejores sensaciones tuve, sin duda alguna. Fueron cinco kilómetros que completé en un tiempo de 17'27, escuchando las sensaciones que me iba transmitiendo mi cuerpo. Aquello lo recuerdo como mi mejor recuerdo en este cross burgalés, a pesar de haber logrado un par de años entrar entre los veinte primeros (en 2010 fui décimo segundo y en 2011 décimo cuarto, ambos en la categoría Cadete), y el primer año de Juvenil haber entrado en el puesto vigésimo segundo. Como ya he comentado alguna vez, siempre me ha pasado lo mismo en Atapuerca, y es que me notaba atrancado, como si aun no hubiera alcanzado ese pico de forma que luego, unas semanas después, sí que notaba que había llegado. Quizá, por la forma de entrenar que teníamos por entonces, la idea era ir mejor en los crosses de diciembre, éso es algo que desconozco, pero de lo que estoy bastante seguro es que en Atapuerca siempre tenía la sensación de que lo podía haber hecho algo mejor. En 2013 fue todo completamente diferente, y la verdad, me sorprendió verme bastante más suelto que otros años a ritmos de 3'30-3'35. Pero bueno, supongo que todos tenemos derecho a que de vez en cuando se nos junten los astros, incluso en pruebas en las que nunca nos hemos notado especialmente bien.

Esto del campo a través no ha hecho más que empezar, y aun faltan varios importantes, como Cantimpalos, Aranda, Venta de Baños o Itálica. Los tres primeros también los corrí, y salvo en Cantimpalos, en los otros dos he repetido participación, corriendo tres veces en Aranda y dos en Venta de Baños. Del que mejor recuerdo guardo creo que es de Cantimpalos. El año que corrí, llegué en un estado de forma creo que bastante interesante, aunque, las cosas como son, pudo haber salido una mejor carrera de no haberme quedado en la salida cerrando el grupo, una experiencia que, por otro lado, no estuvo del todo mal, y es que es toda una experiencia ir el último, mirar el GPS y ver ritmos de 3'15. Aquel año, aunque con sol y frío, hubo una temperatura bastante más agradable de la esperada a esas alturas del año, pero el viento se empeñó en hacer acto de presencia, y por si no tuve bastante con salir tan atrás, me quedé en tierra de nadie tras ir remontando durante gran parte de la carrera, y me tocó ir durante muchos metros tragándome todo el aire. Mi objetivo principal era el de intentar enganchar con los primeros. Llegué a un punto, que me llevó a sufrir al final de la carrera más de lo deseado, en el que los veía a unos pocos de metros, pero yo ya iba al límite, y por más que intentaba engancharme a la parte trasera de ese primer grupo, lo único que conseguí fue reventarme después de remontar, tragarme el aire y tirarme a por algo que, visto ahora, podríamos decir que fue una quimera, como fue intentar engancharme a ese grupo. De Aranda de Duero tampoco tengo mal recuerdo. En mis dos primeras participaciones, sobre todo en la primera, tuve unas sensaciones buenísimas. El segundo año cometí un serio error, que se ha quedado entre los compañeros que corrieron aquel año como la anécdota en la que me dijeron que corriera “con cabeza” y yo entendí que corriera “en cabeza”, y ya en la segunda vuelta al circuito iba fundido. Fue un error que, quizá, de no haber cometido, me hubiera permitido estar un poquito más arriba… o no. Algo que tiene la competición es que, en muchas ocasiones, tendemos a pensar en lo que pudo o no pudo ser, y al fin y al cabo, solo sabemos seguro lo que pasó, todos esos pensamientos de “qué hubiera pasado si...” no dejan de ser eso, pensamientos. El último año que corrí fue en 2014. Salía de una lesión, llevaba entrenando unos dos meses y medio o tres meses, y aunque ya empezaba a notar ciertas sensaciones positivas, aun faltaba mucho para mejorar. De Venta de Baños guardo dos recuerdos completamente diferentes. El año de mi debut en esta prueba palentina (2012) acudía con ganas porque para mi era (y sigue siendo) un cross diferente, con cierta magia. Posiblemente, el que más ganas tenía de correr. Aquel año corrí sin clavos, con unas Nike Pegasus, y con la cantidad de barro y agua que hubo, las pasé bastante canutas. Mi segunda (y última) participación en Venta de Baños fue en la edición de 2014, y con un día completamente diferente. Aunque a lo largo de la mañana, y mientras el resto de compañeros del club competían, la niebla se empeñó en hacernos compañía, cuando nos tocó competir a los Veteranos y a los Juveniles, donde estábamos mi compañero Carmelo y un servidor, el día se despejó por completo y pasamos hasta cierto calor mientras nos las veíamos con los clavos, la pista de ceniza y los caminos de sus alrededores. Aquel año, en lo que a agua se refiere, tuvimos bastante más suerte que en el año de mi debut, y nos encontramos unos caminos completamente diferentes de los que me había encontrado en 2012.

Cambiando un poco de tercio, y volviendo más a la actualidad, al fin, después de casi dos meses, he logrado volver a calzarme las zapatillas y empezar a entrenar. Hace una semana, un domingo que teníamos pensado salir en bicicleta, se levantó el día con cierta niebla, lo que me animó a dejar las dos ruedas de lado y ver qué era lo que le pasaría al pie si me ponía a correr. Sin pensármelo demasiado, acabé rodando poco más de nueve kilómetros en 46'14. Quizá, para ser el primer día, haber estado lesionado y no saber cómo me iba a responder el pie, me pasé un poquillo, pero acabé bastante contento y pensando en empezar a organizar los primeros entrenamientos de cara a los siguientes días. Como creo que ya he comentado en alguna entrada, entraba dentro de los planes, cuando pudiera volver a correr después de la lesión, organizar los primeros tres meses de entrenamiento según los consejos que me han dado mis compañeros ciclistas, sobre todo mi tío. En muchas ocasiones me han comentado que siga esa metodología utilizada dentro del mundillo de las dos ruedas, que vienen a ser tres meses de acondicionamiento general (qué técnico suena eso), lo que ellos vienen a llamar “hacer la base”. Al final, me he decantado por organizar este “reinicio” de la temporada de esta manera. Dentro del atletismo, la forma de planificar los entrenamientos creo que viene a ser muy parecida, aunque bajo mi experiencia cuando tenía entrenador, esa forma de empezar la temporada distaba un poco de cómo lo hacen los ciclistas.

La idea principal para este periodo de tres meses (o de doce semanas) es el de hacer la parte “fácil” de la temporada, limitarme a hacer rodajes, unos rodajes que con el paso de los meses deberían ir incrementándose en distancia. Respecto a la intensidad, se trata también de ir progresivamente aumentándola, aunque esos intervalos fuertes los introduciré a partir del segundo mes de preparación y nunca al cien por cien. El objetivo es, por un lado, quitarme un poco la carbonilla, y por otro, lo más importante, que es el de ir preparando al cuerpo para sesiones de más específicas de series. ¿Tres meses de preparación centradas en rodajes es demasiado? Bueno, puede ser, teniendo en cuenta que me planto en a finales de febrero (porque “la base” la he comenzado esta semana, la anterior la utilicé para readaptarme a los entrenamientos después de casi dos meses sin hacerlo), por lo que la temporada de cross puedo ir dándola por perdida, pero al tener eso asumido, no tengo demasiada prisa, así que iré con calma. Doce semanas dedicándome a rodar pueden hacerse largas, o no, en mi caso opto por el hecho de que no se harán largas, porque me encanta hacerlo, pero, sobre todo, porque he visto a varios compañeros ciclistas a los que les ha salido bien, así que, ¿por qué no intentarlo? No sé si tengo algo que ganar, pero por lo menos, no pierdo nada, y aprovecho para entrenar de una manera diferente durante los primeros meses de entrenamientos.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Reflexiones, nueva temporada y crosses en Valorio

Siempre he defendido la música y la escritura como medio para, por lo menos, intentar transmitir unos sentimientos determinados o nuestro estado de ánimo en un momento concreto de nuestra vida. Mi objetivo para la entrada de hoy es ese, ponerme a juntar unas cuantas letras para, entre otras cosas, intentar expresar mi estado de ánimo dentro de lo que se refiere a mi vida deportiva. Ése será el objetivo principal para la entrada de hoy en el blog.

El martes, coincidiendo con el inicio del mes de noviembre y con el de la nueva temporada, se cumplieron ya seis semanas desde que me lesioné. Seis semanas que, en el tema deportivo, han sido diferentes, y en más de una ocasión, un tanto desesperantes. En este tiempo, después de haber parado diez días por completo, me puse manos a la obra con sesiones de bicicleta y natación para, por lo menos, intentar mantener el corazón activo y que el día que pueda volver a correr, el palo al ver la forma física sea un poco menor. He probado a corretear tres días, y en los tres he acabado dolorido, aunque, por suerte, en el último intento, hace justo una semana, fue mucho más suave y su duración, bastante menor que en los otros dos intentos, aunque con el tiempo suficiente como para no dejarme correr al día siguiente. Pero bueno, por lo menos, he ido “salvando los muebles”, como suele decirse, y aunque no haya sido corriendo, sí he podido mantenerme activo a través de otros deportes. El problema, como suele ser habitual cuando nos lesionamos, viene más relacionado al tema mental. Durante los días que estuve inactivo por completo, que tampoco creo que fueran demasiados para una lesión, me estuve comiendo la cabeza prácticamente las 24 horas del día, pensando en cuándo iba a poder volver ya no a correr, sino a poder practicar deporte sin dolor. Fueron pasando los días, y, tras volver a estar activo y ver que el pie respondía, empecé a darle vueltas a la idea de ponerme de nuevo a entrenar. “Total, si no tengo dolor dando pedales, seguramente pueda correr ya”. Pues nada, de nuevo cojo, a seguir la piscina y con la bici. Pasaron otros tantos días así, y decidí, tras ver que volvía a caminar sin dolor, volver a rodar. Acabé peor que en ese primer intento, volviendo a notar cierto dolor en el dedo afectado, lo que me llevó a volver a alternar bicicleta y natación, hasta que el domingo pasado volví a ponerme de nuevo las zapatillas y, en compañía de mi padre, ver qué podía pasar. Logré rodar tres cuartos de hora sin dolor ni molestia alguna, pero, al parar y quedarme frío, volví a notar molestias, unas molestias que por suerte fueron bastante más suaves que en los otros intentos y que, aunque me impidieron volver a correr al día siguiente, por lo menos me dejaban caminar sin tener que forzar la pisada.

Una semana después del último intento, y ya con un diagnóstico médico establecido (cazurro que es uno, acudí el miércoles a la consulta, un mes y medio después de lesionarme), he seguido haciendo natación y algo de bicicleta, pero con los ánimos un poco (bastante) tocados. Aunque por norma he seguido acudiendo a la piscina con ganas (ahora que le voy cogiendo el truco, me va gustando cada vez más, aunque sigo pareciendo un pato), igual que con la bici, ha habido días en los que me he quedado cerca de quedarme en casa. La cabeza fallaba al ver que no podía hacer el deporte que, al fin y al cabo, más me gusta de los tres que suelo practicar, y, como decía, he tenido días de estar a nada de no hacer nada. Quería salir a correr, pero sabía que éso no era algo factible, y me desquiciaba. Todos los corredores, cuando nos lesionamos, tendemos a tener pensamientos negativos durante los primeros días, es algo habitual y que debemos aprender a afrontar, pero cuando se es una persona ya de por sí un tanto negativa, como es mi caso, quitar esos pensamientos es complicado, incluso aunque hayan pasado varios días desde que la lesión apareció, como es mi caso. Incluso se me ha pasado por la cabeza dejar de lado el atletismo y dedicarme a la bici y a la natación a la que, como decía, le voy cogiendo cada vez más gusto. Pero bueno, éste último pensamiento fue una idea que, aunque me ha durado varios días, podríamos catalogar de un calentón de un día; de hecho, ya he firmado los papeles para sacarme la licencia esta temporada, aunque a este paso no sé si le daré mucho uso. Por ahora, después de este último calentón que comentaba y tras ver que el médico fue bastante optimista, parce que la cosa se ha calmado, aunque éso no quiere decir que siga teniendo ganas de salir a correr y que siga dando vueltas al tema de estar lesionado.

De todo se aprende, y de una lesión creo que también. Lo primero, he aprendido la importancia que tiene el deporte, y sobre todo el atletismo, para mi. Todo lo que me ha enseñado este mundillo y todos los buenos momentos que me ha dado, son complicados de igualar. He visto que muchas veces no valoramos cada entrenamiento o cada kilómetro hasta que no podemos hacerlo. Es entonces cuando nos damos cuenta de que todos esos kilómetros que hemos estado haciendo muchas veces como rutina, tenían un valor muy importante para nosotros. Creo que cuando coges esto como una rutina, acabas dejando de lado algunas cosas, y es algo de lo que te empiezas a dar cuenta cuando, por diferentes circunstancias, no puedes correr. Sobre los entrenamientos, creo que esta lesión, teniendo en cuenta el diagnóstico médico, no es una lesión causada a raíz de haber “hecho el loco” con las escasas sesiones de series que he hecho o con los entrenamientos de carrera continua con cierto volumen, de los que sí he hecho bastantes. A diferencia de la última lesión seria que tuve, que sí vino provocada por cazurro, ésta ha llegado a raíz de una mala pisada, por lo que creo que no puedo culpar a los entrenamientos. Pero, aun así, quizá sería interesante pararse a pensar sobre mi filosofía de encarar los entrenamientos para evitar futuras lesiones vinculadas a los mismos. Desde que entreno de forma autodidacta, la verdad es que siempre he tendido a meter bastante volumen, llegando a hacer la temporada pasada semanas de hasta 90 kilómetros. Me gustan bastante, quizá demasiado, los entrenamientos centrados en sumar kilómetros, a diferencia de los entrenamientos de calidad, que suelo dejarlos más de lado para centrarme en los rodajes, pero está claro que, a más kilómetros, más riesgo de lesión, por lo que tengo un riesgo relativamente elevado de sufrir bastantes lesiones musculares e incluso articulares, teniendo en cuenta un factor muy importante, y es que tiendo a estirar poco (o mejor dicho, nada) y el trabajo de fuerza lo he tenido bastante abandonado, sobre todo desde que dejé de entrenar con Teo, pues las sesiones de cuestas, unos entrenamientos que creo que vienen genial para trabajar la fuerza mientras corremos, las he reducido bastante, salvo en una época a inicios de la temporada pasada, donde sí la trabajé. Quizá debo replantearme los planes de entrenamiento y empezar a meter kilómetros más útiles, que me sirvan de cara a los objetivos que me propongan. Aunque sí es cierto que, si bien he metido bastantes kilómetros “basura”, debo decir que los he disfrutado con creces.

Se ha iniciado ya la temporada 2016-2017, y el Cross de Atapuerca y la Behobia-San Sebastián están a la vuelta de la esquina. Pero, para cerrar el artículo, me gustaría hablar de otra carrera. Hoy en Zamora nos hemos encontrado con que el Club Atletismo Zamora, el club con el que seguiré corriendo este año, ha organizado hoy el “Cross de Otoño” en el Bosque de Valorio, ese bosque que ha visto crecer a tantos y tantos corredores zamoranos. Diego Bravo, que este año se encuentra en su primer año de Junior, logró la victoria absoluta por delante de dos grandes deportistas, como son Fernando Lorenzo y Angel Nieto, segundo y tercero, respectivamente. La verdad, me gusta esta iniciativa por parte del Club para retomar este tipo de pruebas. Publicaba hace poco una entrada en mi blog escribiendo sobre las carreras populares y tal. Retomando el hilo, creo que este tipo de competiciones, eventos que se hacen en lugares naturales, como es el Bosque de Valorio, gratuitos, un poco a la antigua usanza, son las que se deberían fomentar, pues creo que son eventos que perfectamente nos van a poder formar e ir quemando etapas, algo que, como comentaba en dicho artículo, muchos se están saltando y van directamente a competir en pruebas de larga distancia sin haber apenas competido en otros eventos más apropiados, y por otro lado, vienen fenomenal para todos aquellos corredores cuyo objetivo sea competir de verdad, y probarse para ver cuál es su estado real de forma. En definitiva, que si volviéramos a este tipo de eventos, donde perfectamente pueden convivir los populares y los federados, creo que podríamos fomentar bastante más el deporte y el atletismo. Solo es cuestión de dejar de lado muchas de las pijadillas a las que nos hemos acostumbrado, y yo el primero (que si camiseta, que si chips, que si las clasificaciones casi instantáneas) y volver a competir sin tener que poner dinero, algo que cada vez se está poniendo más complicado. Ojalá de aquí a unos años, veamos que el número de carreras como la celebrada hoy en Valorio sean más multitudinarias.

Nos vemos… haciendo deporte, claro.